DESTINOS Y FATALISMO

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Destinos y fatalismo

“Si una persona muere antes de tiempo, ¿qué ocurre con la vida que no ha vivido, sus alegrías y tristezas, las ideas que no tuvo tiempo de desarrollar, las obras que no pudo realizar? Una vida humana no puede perderse. Cuando alguien muere antes de tiempo su alma regresa para completar el periodo de vida que se le dio en la Tierra, para terminar el trabajo que empezó, para sentir las alegrías y tristezas que no llegó a conocer en vida”.

 S. Ansky,  Escritor y Etnógrafo – Libro: El Dybbuck

Como bien se deduce de la frase de arriba, las vidas sucesivas son “solidariamente responsables entre sí”. Es decir, en el devenir de las múltiples reencarnaciones existe una continuidad causal y sus consecuencias. Nadie escapa a su conciencia, y por ello, todo lo que hacemos, pensamos y sentimos forja nuestro destino futuro. Si dejamos algo por terminar, deberemos volver a completar la tarea. 

Pongamos el ejemplo de la persona que falleció por accidente y acortó su existencia en treinta años respecto a la previsión inicial. Es muy probable que reencarne para cumplir ese ciclo, e incluso que, una vez realizado el trabajo, si su evolución es notable, regrese prematuramente de nuevo al mundo espiritual para seguir progresando una vez hayan transcurrido los años pendientes, cerrando el ciclo y preparándose de nuevo para nuevos retos en la Tierra o en el espacio.

Otro ejemplo verídico es el de una madre que desencarnó a los tres meses de dar a luz a su único hijo. Años después se comunicó mediúmnicamente explicando su caso. Los 28 años que estuvo en la Tierra, momento en que desencarnó por una enfermedad incurable, eran la parte que le quedaba por realizar de una vida anterior, donde determinadas circunstancias le impidieron finalizar lo que tenía asignado. Debía, pues, regresar para terminar aquello que dejó inconcluso. 

Interiormente sabía que solo viviría esos años y que su compromiso en esta nueva vida consistía en alumbrar un nuevo ser antes de marcharse. Y a pesar de estar enferma de gravedad durante gran parte de su embarazo, siguió adelante sin renunciar a traer al mundo a su hijo, sabiendo que debería dejarlo sin su amparo durante el resto de su vida. Son parte de las pruebas y expiaciones que tenemos que pasar en mundos como el nuestro y que nos ayudan a evolucionar.

Esto significa que somos los dueños de nuestro destino y que podemos cambiarlo, modificarlo y transformarlo para bien, a fin de recoger las consecuencias de nuestras acciones en esta misma vida o en las siguientes. 

Comprobemos, pues, qué lejos se halla este razonamiento del sentido de la justicia arbitraria de un Dios antropomórfico y cruel que castiga o premia eternamente a su capricho por seguir tal o cual dogma humano o religioso. Somos nosotros mismos, con nuestro libre albedrío a la hora de actuar, los que forjamos el presente inmediato y el futuro que nos aguarda, feliz o desdichado, pues debemos recordar que “la siembra es voluntaria, la cosecha obligatoria”.

Dicho esto, no debemos confundir destino con fatalismo. El fatalismo no existe en el destino del ser humano (*), lo que existe es el determinismo de las causas sembradas por nosotros mismos. Las personas solemos achacar la fuente de nuestros males a Dios, a la suerte, el azar, el vecino, la familia, el cónyuge, el jefe, etc. Siempre buscamos la causa de nuestras desdichas en el exterior, en los demás, y nunca nos paramos a pensar que esas causas que determinan nuestro destino y nuestro presente están en nuestro interior, originadas por nosotros. 

Es la forma que tenemos de actuar y vivir la vida, y la herencia inconsciente de nuestro pasado de vidas anteriores, las que reflejan permanentemente lo que somos y cómo somos. Es precisa, por tanto, una reflexión para darnos cuenta de que está en nosotros la posibilidad de alcanzar un destino dichoso si somos capaces de mejorar nuestro interior, de transformar nuestra vida en base a los valores superiores del espíritu que otorgan paz, equilibrio y armonía pisco-física.

La mayor expresión de la justicia divina la encontramos en los destinos que sufrimos y experimentamos todos. Existen destinos felices en existencias placenteras, no exentas de trabajo y dedicación al prójimo, donde espíritus sacrificados de otras vidas que lucharon hasta la extenuación y sufrieron incomprensiones, traiciones y venganzas, regresan con el ánimo dispuesto a ayudar a aquellos que les perjudicaron. El mérito de sus vidas anteriores se refleja en esta mediante una existencia tranquila, entregada al bien, pero sin las huellas del sufrimiento y el dolor que ya experimentaron.

Existen destinos dolorosos o compulsorios, consecuencia del mal uso del libre albedrío, de los actos criminales llevados a cabo, de la pérdida de conciencia derivada de arrastrarse en el fango del vicio y las pasiones que nos llevaron a perjudicar a muchos. Es precisa entonces la reparación mediante el sufrimiento, si no somos capaces de restablecer antes mediante el amor, aquello que hicimos mal.

“La Ley de Causa y Efecto ofrece al ser espiritual el tiempo necesario para su reajuste voluntario; pero llegado el límite marcado por la Ley, esta actúa produciendo el reajuste indispensable para mantener el equilibrio del propio ser, lo cual se efectúa por medio del dolor purificador”.

S. Arauco. Libro: Tres Enfoques sobre la reencarnación Cap.3

La mayoría de las vidas difíciles y llenas de obstáculos y sufrimiento son consecuencia de nuestras faltas pasadas. Sin embargo, existen vidas y destinos voluntarios a fin de facilitar un progreso más rápido del espíritu. Son los de aquellos espíritus que, preparándose a conciencia en el plano espiritual, vienen a la Tierra escogiendo vidas penosas y de dolor en misiones de amor fraterno, de entrega total a los demás, de ayuda y ejemplo al semejante, a fin de auxiliar, consolar, ayudar y dar ejemplo a aquellos más retrasados en la senda del progreso que todavía se debaten en el barro de las pasiones desequilibrantes y no encuentran salida, o en el egoísmo cruel e inhumano que les impulsa a agredir y violentar a aquellos que se oponen a sus deseos. 

El sacrificio y abnegación de muchos de estos espíritus nobles, que se prestan a estas vidas de dolor para ayudar, sirve de ejemplo luminoso a muchos que, cansados de transitar por el sufrimiento de sus propios actos criminales, deciden arrepentirse e iniciar una nueva etapa de redención y paz espiritual.

Estos espíritus que se sacrifican por los demás a veces saldan pequeñas deudas que quedaban en su pasado remoto con estos ejemplos de sacrificio personal, pero la mayoría de las veces su acto de renuncia y amor les permite acceder al día de mañana a un destino feliz, dichoso y elevado. La decisión es siempre de ellos mismos, por lo que el sufrimiento que experimentan no deriva del fatalismo ni la predestinación en sus vidas y sí de una planificación aceptada previamente con noble intención y amor al prójimo.

Como vemos, el uso de nuestro libre albedrío en la acción del bien o el ejercicio del mal condiciona siempre nuestro destino feliz o desdichado. Nuevas vidas de dolor o de redención y reequilibrio en paz y armonía nos esperan según sean nuestras decisiones y acciones en esta que ahora vivimos. 

Es, sin duda, la máxima expresión de la justicia divina que se manifiesta a través de sus leyes, especialmente la Ley de Causa y Efecto, que nos devuelve a nuestra conciencia aquello que sembramos de bien o de mal para ir creciendo y puliendo las aristas todavía embrutecidas de nuestra alma inmortal. De este trabajo personal de inclinación al bien y los valores del espíritu depende alcanzar la felicidad y el amor que todos aspiramos antes o después. 

Pongámonos a ello; pues el único fatalismo (*) de la criatura humana lo colocó Dios en su conciencia cuando la creó: “la plenitud y felicidad absoluta a la que todos estamos destinados por el Amor de Dios”.

Destinos y fatalismo por: Antonio Lledó Flor

©Amor, Paz y Caridad, 2021

“La mayor parte de nuestras desventuras se deben a nuestras imperfecciones y errores, y no a destinos prefijados”  

S. A. – Libro: «Tres Enfoques sobre la Reencarnación”

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