Psicografías

DEBER Y RESPONSABILIDAD

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Desde mi ignorancia en el inicio del camino espiritual nunca supe de la responsabilidad y compromiso que mi espíritu endeudado traía a la tierra. No obstante, a medida que profundizaba en las circunstancias que me acontecían y en la comprensión de la Justicia Divina al amparo de los conocimientos que me aportaba el conocimiento de la filosofía espírita, algo en mi interior se agitaba de forma inquieta, advirtiéndome de que mi vida tenía un sentido y un propósito que todavía no había alcanzado a comprender.

Sin una base racional que sustentara tal impresión; pero con la fuerte convicción interna de que se trataba de una realidad auténtica, me fui decantando por saber, estudiar, profundizar y agrandar mis conocimientos y mis actitudes al tiempo que iba caminando en el nuevo derrotero que se abría ante mí.

Ahora, desde este plano, puedo comprender con claridad la fuerza de impulsión de mi ser interno, de mi espíritu, que presionaba al ego, a la personalidad que yo representaba para que no perdiera el tiempo y encontrara cuanto antes el sentido de mi misión y responsabilidad en la tierra.

Las circunstancias materiales que me rodeaban, me hubieran permitido la formación de una familia, no obstante tal circunstancia nunca se dio de manera rotunda; por lo que poco a poco las inquietudes y aspiraciones de mi alma encarnada se iban decantando por un trabajo espiritual que iba calmando la ansiedad de las ilusiones materiales hasta convertirlas en meros obstáculos que de vez en cuando se presentaban, pero que, con determinación y confianza en mis nuevas expectativas de progreso y superación personal se solventaban cada vez con mayor facilidad ante mi propia sorpresa.

Así pues, comencé a preguntarme cuál sería el trabajo que venía a realizar y de qué manera podría acertar para incrementar en mi interior la calma y la serenidad que iba alcanzando cada vez más, y que contrastaba rotundamente con la angustia, la zozobra, la ansiedad y la competitividad que mis actividades profesionales me exigían a diario.

Sin duda, las exigencias de un trabajo sometido a gran presión y responsabilidades continuas, eran una traba enorme para adquirir el equilibrio y la paz necesaria que me permitiera desarrollar y crecer en mi vida interior. La auténtica vida de mi espíritu que comenzaba a descubrir y admirar.

Fue en los momentos de encarnizada lucha entre mi parte espiritual y material cuando, elevando mi pensamiento y orando con profunda emoción al Padre de todos, recibí la inestimable ayuda, el consuelo necesario y la protección del espíritu que luego, mucho más tarde, se identificó como mi protector, mi guía espiritual.

Este espíritu; al que estaré agradecido por siempre, supo educarme espiritualmente; consolarme en los momentos de tribulación y protegerme ante los sinsabores que mis propias imperfecciones me producían. Situaciones que amenazaban con debilitar mi resistencia psicológico-espiritual, a fin de hundirme en la tristeza, el desconsuelo y la depresión que me impidiera levantarme de los tropiezos y errores.

Él me inspiraba fortaleza y, lejos de justificar mis faltas, me las hacía patentes con delicadeza para que prestara atención sobre ellas y no volviera a repetirlas; al tiempo que insuflaba mi mente de pensamientos positivos y optimistas para trascender y superar el error cometido, ayudando a levantarme y haciéndome ver que la grandeza del espíritu se mide no por las veces que acierta, sino por las veces que nos equivocamos y somos capaces de levantarnos y superarnos.

Así fue como iba adquiriendo consciencia del deber con el que debía cumplir, de la importancia de luchar por cambiar nuestra naturaleza imperfecta, de la ayuda que todo ser humano tiene desde el plano espiritual si somos capaces de solicitarla con humildad y merecerla por nuestras intenciones y acciones.

Ahora, ya desde aquí compruebo con alegría cómo una parte importante del trabajo que me llevó a encarnar en la tierra fue realizado, con mayor o menor precisión, con más o menos acierto; pero con la voluntad de trabajar en el servicio del bien y de mi propia redención espiritual.

El sentido del deber; y la impresión de mi conciencia acerca de un compromiso espiritual que todavía se me antojaba difuso y sin mucha claridad, me llevó a tomar parte de forma activa en las organizaciones e instituciones que divulgaban estas ideas en mi país, llegando a ostentar importantes representaciones, con el fin de ayudar a la causa de la divulgación de la verdad filosófico-moral del espiritismo.

Estas labores y trabajos me abrieron otras puertas a nivel internacional; dónde pude conocer a muchísimos compañeros de ideal que nutrieron mi mente, mi corazón y mi alma con ejemplos, conocimientos y experiencias valiosísimas para mi avance y progreso moral.

Tanto es así que, en franca convivencia, fraternidad y trabajos mutuos en multitud de eventos a nivel internacional, iba aprendiendo, contrastando, sintiendo y viviendo cada vez más el acierto de la decisión adoptada de dedicar mi vida al bien; a la divulgación de la verdad y a la superación moral que el código moral de Jesús nos recomienda a través de las obras de Kardec.

En una etapa más avanzada, estas relaciones me brindaron la oportunidad de trabajar junto a otros compañeros, ayudándoles en la divulgación de sus obras por todo el mundo; en la justa reciprocidad de que ese era uno de los compromisos que yo acepté voluntariamente pero que el mundo espiritual había puesto también en mi camino.

A consecuencia de esto último, y en etapas finales de mi transitar en la tierra, tuve la osadía de intentar también publicar algunos libros de mi autoría, inspirados por los espíritus que me guiaban, preparándome así para trabajos ulteriores como el que ahora mismo estoy llevando a cabo, a fin de ser útil, servir a mis semejantes, con aquello que humildemente puediera aportar.

Como bien sabemos, todos traemos a la tierra responsabilidades, obligaciones y deberes que cumplir; unos son pruebas para el fortalecimiento de nuestro espíritu, otros son expiaciones que debemos afrontar con abnegación, sin murmuración y con paciencia, al tratarse de rescates de nuestros errores del pasado.

Lo importante es comprender cuál es el deber y la responsabilidad que nos compete, y poco a poco ir descubriéndolo y ejecutándolo, a fin de no regresar a la patria espiritual con las manos vacías, aprovechando la oportunidad de progreso que Dios nos brinda en su infinita misericordia y bondad con cada encarnación.

Benet de Canfield

Psicografiado por Antonio Lledó

©2016, Amor, paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usaremos él nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

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