Trabajo Interior

LA DOCILIDAD

      El diccionario define como dócil; ser apacible, que recibe fácilmente la enseñanza.

      Hija de la prudencia y la humildad, la docilidad es tener una disposición abierta para el aprendizaje, la corrección, la resignación para aceptar lo inevitable…de forma serena,  dándole sentido a los hechos que nos acontecen para encaminarnos hacia el bien.

      Francisco de Asís dijo: “Luchemos por alcanzar la serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambiar las cosas que podamos, y la sabiduría para poder distinguir unas de las otras.”

      La docilidad es la aceptación consciente de su destino, y tiene como características: La fe que se tiene en el porvenir, la esperanza de que todo sufrimiento, amargura, prueba llega a su fin, y la paciencia como la capacidad que facilita la comprensión de las cosas.

      La docilidad es una virtud que nos ayuda a ponderar y comprender las circunstancias que vivimos con calma, es aceptar conscientemente todos los compromisos y pruebas con los que venimos en una encarnación. Nos da la confianza en ese Ser Supremo que es quien nos guía hacia nuestro perfeccionamiento espiritual. Nos hace entender que esa orientación contribuye a conocernos, a ver  y aceptar nuestros fallos.

      De la misma forma que nuestros padres nos guían desde bien pequeñitos, nos  educan para moldear el carácter e inculcarnos principios morales, y para que el día de mañana podamos abrir las puertas y emprender nuestro camino en el futuro. Los guías protectores, nos guían para poder ir desprendiéndonos de lo que nos entorpece, nos perjudica, de manera que poco a poco vayamos limpiándonos y poder elevarnos espiritualmente. Y de la misma manera que la educación necesita perseverancia y firmeza, para que fructifique, estos verdaderos ángeles guardianes también son pacientes e indulgentes con nosotros, poniendo todo su amor y dedicación para nuestro adelanto espiritual.

        Sólo cuando empezamos a ser adultos nos damos cuenta de la labor tan importante que han realizado con todo su amor y entrega. Comprendemos su grado de paciencia y generosidad hacia nosotros, y que gracias a sus indicaciones, apoyo y consejos, nos han estado encaminando para que seamos felices, y para que las pruebas y obstáculos naturales de la vida nos sean más llevaderos

          También se trata de que, en la educación que los padres damos a los hijos, ya sean niños o adolescentes, conseguir con paciencia y amor orientarles por una senda correcta, demostrándoles con nuestro ejemplo los mismos valores que les queremos transmitir. No podemos pretender inculcarles docilidad cuando nosotros somos los primeros que tratamos de imponernos sin justificación ni explicación alguna.

       Como nos indican en la obra El Evangelio según el Espiritismo: “La obediencia es el consentimiento de la razón, y la resignación es el consentimiento del corazón”; es decir, una parte importante de la docilidad,  pero tenemos defectos que no dejan que aflore todo el potencial de nuestro espíritu, todo lo aprendido en nuestras vidas pasadas. Puede pasar que si no dominamos nuestras tendencias materiales, puede aparecer la rebeldía  o la comodidad, y nos resulte más difícil cumplir con los compromisos adquiridos.

      La rebeldía nos sumerge en un remolino que no nos deja pensar con claridad, analizar el modo de realizar una acción correctamente. Cuando no estamos de acuerdo o simplemente no tenemos ganas de cambiar, nos provoca un estado de negación que no nos deja reflexionar con serenidad; si lo que tenemos que hacer, es acertado o no, nuestro discernimiento queda anulado por nuestro estado de rechazo.

      El libre albedrío del que disfrutamos, nos permite elegir la forma de actuar en cada situación. Es un atributo universal que nos responsabiliza individualmente, tanto encarnados como cuando estamos desencarnados. La diferencia estriba en la siembra voluntaria durante la estancia en el plano físico, con la cosecha obligatoria de nuestros actos, una vez libres en el mundo espiritual; contrastando los compromisos que teníamos adquiridos antes de nacer, con unos resultados que nos colocan en una situación más o menos feliz o desdichada.

      Estará en función del grado de discernimiento, el hacer más o menos caso a nuestra consejera personal, que es nuestra conciencia, que nos dará el sentido adecuado para asumir con valentía las vicisitudes por las que tengamos que pasar. Pero pensemos que mientras más arraigados tengamos los defectos como son el orgullo, la vanidad o el  egoísmo…estos harán que rechacemos ideas y opiniones por propia necedad, porque si anteponemos nuestras tendencias, lo único que demostraremos es resistencia y poca apertura a todo lo que suponga un cambio en nuestra vida. El rechazo que se tenga para aceptar las pruebas que presenta la vida, y la falta de energía y decisión para afrontarlas puede llevar en última instancia hasta un punto emocional de desesperación.

       La ignorancia, puede hacer creer que una persona dócil es dependiente, sumisa, sin personalidad o carácter,  pero lo que no se ve es que esta virtud posee una gran dosis de sabiduría porque proporciona una mayor serenidad para discernir que toda situación relevante, tiene un sentido necesario para nuestro progreso, y asumirlo nos proporcionara la entereza necesaria para aceptar las situaciones inevitables que debamos pasar, con esfuerzo y buena voluntad.

       En otro orden de cosas, la docilidad también nos facilita calibrar los consejos de  personas que tienen otros puntos de vista, otras experiencias; aquellas que vamos conociendo a lo largo de nuestra existencia, aportándonos valores y enseñanzas muy recomendables. De todo el mundo podemos aprender algo, nadie está en una posición que le exima de aprender algo de los demás. Esto también es un acto de humildad muy importante para el desenvolvimiento en la vida.

        Para desarrollar las cualidades, ponerlas en práctica y que nos ayuden en la evolución de nuestro espíritu, lo primero que debemos saber es qué camino queremos seguir, analizar nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones ante los desafíos que podamos tener delante, como pueden ser enfermedades, perdida de seres queridos, falta de trabajo, injusticias, limitaciones, calamidades, etc.

      También debemos saber que la facilidad para aprender no significa únicamente docilidad, sino la capacidad de estar abiertos, asumir responsabilidades sin desviarse ni distraerse. La ley de afinidad y vibración actuará como siempre hace, por lo cual nos interesa trabajar nuestro interior mejorando todos nuestros valores, porque nos ayudará a escuchar a nuestra conciencia, estar en sintonía con los hermanos superiores y rodearnos de personas buenas para que cuando tropecemos, estén dispuestas a ayudarnos, a hacernos ver  cuál  es la mejor forma de rectificar, y cuando se vuelva a presentar la dificultad saber de  qué manera podemos solventarla.

      En el evangelio según el espiritismo capítulo IX, en el precepto obediencia y resignación, podemos encontrar la siguiente frase: “Felices aquellos que son mansos, porque prestarán oído dócil a las enseñanzas” 

 

                                                                                                                        Gloria Quel

©2016, Amor, Paz y Caridad

“Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.”

(François de La Rochefoucauld)

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