Leyes Universales

CRÍTICA 3

Crítica 3.- Para completar el estudio de este tema, conozcamos la opinión de los guías espirituales que, con su amor y sabiduría están tratando de ayudar a la humanidad en su evolución. El siguiente es un mensaje recibido, relativo a la crítica en su aspecto negativo. Dice así:

Salvo algunas excepciones, el hombre tiene el más elevado concepto de sí mismo. Y su vanidad le lleva a suponer y sentir que encierra en sí la perfección. Y como reflejo de esa supuesta perfección, son todos sus actos, sentimientos y deseos. Y esa sensación de perfección, agudiza en el hombre el sentido de la crítica, tornándose exigente hacia los actos, sentimientos y deseos de los demás; sintiéndose con derecho a juzgar, sin preocuparse en conocer los aspectos internos que llevan a sus hermanos a los hechos, sentimientos o deseos que manifiestan.

Son tan complejas las causas que originan esos aspectos externos, que vosotros criticáis en los demás, que nadie debe sentirse con derecho a juzgarlas. No obstante, vuestro deber es, envolver amorosamente con el manto de la comprensión, las faltas y defectos ajenos, tratando de que llegue a todos la luz del verdadero conocimiento, que es el medio de capacitarles para que ellos mismos comprendan y reconozcan sus errores, y así puedan corregirlos y mejorarse.

La crítica crea siempre enemistades y separaciones. En cambio, la comprensión y la ayuda, os unirá con los mantos de la fraternidad.

«Quién esté exento de la culpa, que tire la primera piedra», fue dicho hace dos mil años. Y hoy se os repite el mismo concepto al deciros: Mirad y cuidad de reparar vuestras faltas, antes de juzgar las faltas de vuestros hermanos.

En el camino espiritual deberéis tener siempre presente que, no debéis juzgaros los unos a los otros. No estáis capacitados para conocer la causa real, la causa espiritual que originan los hechos y situaciones de la presente vida humana en los demás. No forméis conceptos severos ni estrictos de lo que, a vuestro juicio debe ser un espiritualista en su vida humana; aplicadlo a vosotros mismos y nunca a vuestros hermanos. No exijáis en los demás, lo que vosotros no estáis en condiciones de hacer.

El verdadero espiritualista jamás proferirá palabras duras ni comentarios de censura para quien ha caído o para quien ha obrado mal; y sí deberá ser en toda circunstancia, comprensivo y amoroso, dando la mano para levantarse a quien haya errado. Así estaréis más unidos y seréis más fuertes los unos y los otros; porque, la fuerza del uno sostendrá y apoyará al otro.

Cuando hayáis obtenido la superación interna, cuando seáis realmente mejores que el humano común, entonces veréis que, en virtud de esa misma superioridad, nada exigiréis a los demás. Por ello, jamás seáis severos en vuestros juicios, no pretendáis convertiros en jueces; dejad a la Ley, que conoce mejor el porqué de su sentir, pensar y actuar. Analizaos y juzgaos a vosotros mismos, tratando de mejoraros constantemente, que vuestros hermanos mejorarán más con vuestro ejemplo, con vuestros hechos de bien y con vuestras palabras de amor, que con vuestra crítica acerba.

Ese es el modo y manera que debéis conduciros los unos para con los otros, sin juicios ni acerbos, sin palabras duras; y sí con amor y comprensión. No os sintáis superiores, ni tampoco inferiores, ante los demás, ya que todos sois iguales ante la Ley. Todos vosotros tenéis mucho que superary mucho que realizar internamente. Y quien supere primero esa etapa, tiene el deber de ayudar a los demás a superarla.

La verdadera fraternidad deberá uniros constantemente. No una fraternidad de palabra, de fórmula, sino la fraternidad verdadera, que os haga sentir hermanos de los demás, de amaros los unos a los otros. Porque de ese sentido de fraternidad, de ese amor recíproco, nacerá el verdadero entendimiento, la auténtica comprensión y la fuerza; única capaz de detener a la humanidad en el camino de destrucción por el que transita, cegada por ambiciones y odios, y por su ignorancia de la verdad.

Jamás debéis mirar a vuestros hermanos con la intención de ver sus defectos. No busquéis el aspecto que el hermano no ha logrado aún superar. Y cuando veáis sus defectos, grandes o pequeños, no los consideréis un punto sobre el cual tenéis derecho a incidir; sino como un espejo que os muestra vuestros grandes defectos. Porque, todos los defectos que apreciáis en vuestros hermanos, los tenéis vosotros mismos y tal vez mayores.

Mirad entonces a vosotros mismos, internamente, y de ese modo podréis ver vuestra propia falta y remediarla, agradeciendo el gran favor que os ha hecho al mostraros vuestros propios defectos. Entonces, proyectad vuestro amor sobre aquél en quien visteis el defecto que os permitió encontrar el vuestro. Y en vez de la vibración negativa de la crítica, esa vibración de comprensión y amor le ayudará a esforzarse en reparar sus faltas. La crítica que busca poner en evidencia las faltas y defectos ajenos, nunca puede ser constructiva y sí perjudicial (por la naturaleza negativa del sentimiento de quien así actúa).

Vosotros denomináis también crítica, al cambio de ideas o expresiones sobre determinados seres o sobre determinados hechos con finalidades constructivas. Pero, eso, en realidad no es crítica, sino ayuda para encontrar la verdad.

La crítica es dañina, en la forma negativa que tenéis los humanos de enfocar y de co- mentar los defectos, aparentes o reales, de vuestros hermanos.

Debéis saber que la palabra hablada contiene una vibración de acuerdo con el significado de esa palabra. Una misma palabra puede ser pronunciada con diferente significado, conteniendo así diferente vibración. Y así una misma palabra puede ser caricia o puede ser látigo, puede ser lápida o puede ser esperanza. Y siendo la misma palabra, la energía vibratoria es diferente, así como su efecto. Por ello, debéis usar la palabra siempre en sentido positivo, edificante, impregnada de la vibración de amor, cual corresponde a todo espíritu misionero.

LA CRÍTICA 3 POR:      Sebastián de Arauco

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