Leyes Universales

CRÍTICA 2

Para que una crítica sea constructiva, deberá ser siempre hecha con fundamento y pleno conocimiento, pero nunca a la ligera.

La crítica o críticas a la ligera, además de las energías mentales y anímicas que se desperdician, puede ser dañina por los efectos que en los demás pueda producir y para el mismo que la hace. Y conociendo, como nosotros conocemos, de que somos responsables de las consecuencias que se deriven de todo juicio emitido, mucho debemos cuidarnos de emitir juicio alguno sobre alguien, que pueda perjudicarle. Muy al contrario, nuestra obligación es, ser comprensivos hacia las imperfecciones de los demás, y aun defenderles contra los ataques de la maledicencia.

Antes de emitir un juicio sobre alguien, miremos hacia nosotros mismos, penetremos sobre nuestro interior mental y afectivo. Analicemos: ¿soy yo perfecto?, ¿no seré injusto en mi apreciación? Y ante la duda… abstenerse de todo comentario y más aún de la murmuración, esa tendencia insidiosa de hablar en perjuicio de alguien, de lo cual mucho debemos cuidarnos.

Para juzgar acertadamente, tendríamos que conocer bien, no tan sólo el aspecto externo o aparente, sino el aspecto interno de la persona; a más de sentir el amor y deseo sano de ser justo, y poseer la sabiduría de la que carecemos.

En las relaciones humanas, hay quienes exigen perfección en los demás. Y sólo quienes sean perfectos, estarán en condiciones para ello. Pero, curiosamente, cuanto más la persona va perfeccionándose, va siendo menos exigente para con los demás y más exigente para consigo misma; y por ende, más comprensivo.

Cuanto más ignorante es el individuo, mayor es su predisposición a la crítica mordaz, a la censura y al vituperio. Exigen de los demás, lo que ellos no dan.

¡Cuán fácil es opinar y aun criticar; pero, cuán difícil es realizar! Cuando en nosotros surja el deseo de juzgar o criticar a alguien por sus ideas o conducta debemos preguntarnos: ¿lo hago yo mejor? Todos somos imperfectos, por ello, seamos comprensivos y no exigentes.

La crítica sana, bien intencionada y con fundamento, es útil ya que puede contribuir a una revisión y hasta un mejoramiento. Pero la crítica mordaz y enconosa, y aun la murmuración taimada, es perjudicial en todo sentido.

No obstante, el criticado jamás deberá sentirse ofendido, sino comprensivo; aun cuando la crítica o murmuración haya lastimado su sensibilidad. Porque, ¿qué ventajas puede proporcionar dando cabida en el alma a un sentimiento de ofensa?

Ninguna. Pero sí, desventaja dañina; ya que, ese sentimiento comenzará a perturbar la tranquilidad, con el consiguiente perjuicio.

Analizar sí, lo más imparcialmente posible, a fin de poder conocer el fundamento de la crítica y aun censura, aprovechando la enseñanza que tal crítica contenga.

Si en el análisis de esa crítica, apreciamos que carece de fundamento, olvidarlo es lo indicado. Si tiene fundamento, aprendamos la lección y actuemos en consonancia, agradeciendo al crítico su colaboración.

Sintetizando:

Todo aquél que realice algo, está siempre expuesto a ser criticado y aun vituperado, por quienes son incapaces de hacer otro tanto.

Antes de juzgar y criticar a alguien sobre algo, estemos seguros de ser capaces de hacerlo mejor. No permitamos que penetre en nosotros la insana manía del criticón (*).

Desacertado es, juzgar a las personas por su apariencia, ya que no siempre refleja el valor real. Y más desacertado aún es, juzgarlas por su manifestación en un momento dado; si son ignoradas las circunstancias o estado afectivo por el cual pueden estar pasando en esos momentos.

Nunca la crítica habrá de ser efectuada obedeciendo a los impulsos de una pasión, cual ella sea; ya que toda pasión turba la mente, impidiendo a la facultad raciocinativa analizar con equidad y discernir con acierto.

La peor crítica es la enconosa y mordaz, porque envenena el alma de quien de ella se vale para herir. Y no digamos cuando la crítica va impregnada de vituperio. Estas modalidades de crítica son propias de almas ruines.

La crítica, aun cuando bien intencionada, jamás habrá de ser hiriente, y sí constructiva. La crítica hiriente, demuestra bajeza.

Toda crítica deberá ser edificante, con intención sana de colaborar y conocimiento pleno del motivo de la crítica.

Como en todo juicio y crítica hay una responsabilidad de las consecuencias que la misma pueda ocasionar; seamos comprensivos y prudentes, y nunca exigentes para los demás, y sí para nosotros mismos.

La crítica 2 por:  Sebastián de Arauco

(*) CRITICÓN. Se dice de la persona que es aficionada a opinar y censurar todo lo que difiere de su estrecho criterio. Es una tendencia creada por ciertos individuos de una inferioridad manifiesta.

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