CALAMIDADES DESTRUCTORAS

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Calamidades destructoras

Calamidades destructoras

En estos momentos en los que la humanidad se está tomando, por así decirlo, un tiempo de relax obligatorio, un descanso, consecuencia del impacto social de ese agente vírico denominado coronavirus o COVID-19 que está asolando el planeta, resultaría adecuado o al menos conveniente llevar a cabo una pequeña introspección, echar un vistazo al interior de cada cual para preguntarse las razones de su existencia, su origen, su causa real y, de paso, analizar si obedece a causas desconocidas o simplemente al azar. Quizás sea el momento de formularse estas preguntas: ¿qué enseñanza puede extraerse de la situación? ¿qué representa esta experiencia para el género humano? ¿en qué sentido puede ayudarle? ¿y si realmente puede ayudarle o por el contrario, perjudicarle?

Por las enseñanzas recibidas de los mentores espirituales se desprende que toda destrucción conlleva nuevas oportunidades: se destruye lo viejo, lo caduco, para reconstruir sobre sus cimientos. El ser humano aprende de sus experiencias, de sus  errores, del dolor y del sufrimiento. Por tal motivo, quizás el individuo no debiera afligirse en exceso a causa del momento que atraviesa y considerar que esta experiencia es posiblemente una más; una experiencia necesaria y conveniente en este momento crítico. Quizás deba pensar que se trata de una lección de vida que busca promover su crecimiento interior, una catarsis más del género humano en su camino evolutivo. Bien aprovechada la lección, el hombre deberá alzarse con espíritu renovado, emprendedor, entusiasta; con deseos de asimilar la lección de solidaridad que se le presenta y crecer en su reforma interna, en su camino evolutivo.

No cometamos el error de estimar que el ser humano deba centrarse únicamente en sanar el cuerpo y la economía. Quizás deba enfocar sus esfuerzos en extraer la quintaesencia de este aprendizaje doloroso y forzado. De no hacerlo puede encontrarse con que la situación vuelva a repetirse y cada vez más virulenta. Cuando la naturaleza busca ese impacto ¿no será que resulta necesaria para el avance evolutivo del ser humano? ¿no será que la civilización necesita un empellón?

¿Es posible que las circunstancias que estamos viviendo sean un paso obligado para el entendimiento general? ¿una experiencia de vida necesaria y útil para todo individuo de este conglomerado humano?, ¿para este conglomerado necesitado de transcender por la única vía provechosa, el dolor y el sufrimiento? ¿es posible que las estructuras sociales existentes deban alterarse? ¿que deba modificarse el patrón de vida, su enfoque?

El ser humano continúa ignorando los mecanismos rectores; los mecanismos que dirigen sus estructuras basadas en el más puro egoísmo, en el más burdo materialismo, en el poder económico y militar. Y esas estructuras están condenadas al fracaso. La historia y la experiencia colectiva vienen a demostrar, una vez más, que el actual modo de vida, basado en el capitalismo, una vez derribados los muros del socialismo, es también un camino de ilusiones, un sistema de vida obsoleto y caduco. Un sistema que no ha podido resolver los problemas endémicos de la sociedad, sus desigualdades, sus diferencias, únicamente ha modificado el modo de verlas. Los modelos económicos han ido derrumbándose uno tras otro para demostrar, una vez más, que la dirección que ha de tomar la sociedad futura se aleja de dichos estandares.

Como cito, dicho modelo no ha venido a resolver los problemas endémicos de la sociedad, pues siguen las guerras, la pobreza, la miseria de unos en beneficio de otros. Las desigualdades continúan y las condiciones de vida apenas se han modificado. ¿Qué espera el ser humano para concienciarse de que su destino es otro? ¿que un sistema de vida basado en el perjuicio ajeno está condenado al fracaso?

Todas las calamidades experimentadas por que el género humano y las que seguirá experimentando en el futuro próximo obedecen a una experiencia colectiva que tiene por premisa el aprendizaje. Un aprendizaje que supere la inutilidad de las estructuras vigentes. Asistimos a una época, a un momento diferente, donde cada ser, cada conciencia, siente que su status necesita cambiar y que no puede seguir adelante por un camino ilusorio. El hombre siente que necesita cambiar sus estructuras, sus perspectivas y enfoques, tomar conciencia que no se dirige a ninguna parte.

El hombre percibe que es imperativo cambiar los modelos productivos, educativos, medioambientales y establecer nuevos modelos que busquen un modo de convivencia diferente, un giro total de las estructuras económico-sociales, para llevarlas hacia un formato donde prime la hermandad entre pueblos, entre pueblos ricos y el resto, los maltrechos, que comparten este cascarón planetario. Y ¿quién se atreverá a dar los primeros pasos?

La falta de mejoras ha propiciado que desde los planos espirituales superiores, desde el plano rector de este planeta, se deje paso a la ley; que el peso de las acciones humanas recaiga sobre el hombre; que las leyes naturales hagan su labor y muestren al ser humano que ha traspasado los límites. El Supremo Hacedor ha dotado al hombre de libre albedrío y le da completa libertad para experimentar su entorno y aprender de sus errores… la ley es paciente. Pero cuando la sociedad sobrepasa los límites; unos límites de los que no es consciente; la ley actúa buscando reestablecer el equilibrio perdido. Y la experiencia que estamos viviendo es apenas un mecanismo más de aviso, uno más.

El hombre, en su ceguera, como barco entre la niebla, es incapaz de ver sus límites y poner freno a sus desmanes; de poner los remedios adecuados para encauzar la sociedad hacia su destino. Se hace entonces imperativa la intervención de los mentores planetarios. Entonces, mediante el dolor, muestran al género humano su nuevo modelo evolutivo, el medio para alcanzar su nuevo status; el status de un planeta en proceso de regeneración.

El hombre, en el fondo de su conciencia sabe que actúa bien, sabe que los modelos actuales, ya caducos, no le conducen a ningún lugar. Se siente incapaz de efectuar por sí mismo los cambios necesarios, de modificar sus actitudes y hábitos para enfocarlos hacia el bien común. Se siente lastrado en su andadura, carece de fuerzas para rebelarse ante el “establishment”, ante lo establecido, ante los sistemas corruptos, faltos de moral y visión general. Vive absorto en su propio mundo de ilusión, en un mundo de necesidades artificiales con las que llenar su vacío y del que no sabe escapar.

Todas las ramas del conocimiento humano llevan en una misma dirección, la era del espíritu. Surgen por doquier modelos nuevos de pensamiento, nuevas actitudes, nuevas formas de percibir la vida, los sentimientos, las creencias. Surgen por doquier personas predicando un diferente modelo de vida, una vuelta a la Naturaleza, una comprensión más humana de los fenómenos que le afectan.

El hombre se ve impelido a respetar al hombre, a los animales, a la naturaleza. Vemos florecer la preocupación por la ecología, por el medio ambiente, por la alimentación natural. El hombre se ve impelido a enfocar los problemas cotidianos de diferente manera, con diferente actitud. Ve florecer nuevas formas de tratamientos psicológicos, meditación, autoanálisis. El ser humano asiste sorprendido a nuevas corrientes sociales que le invitan a expandir su conciencia; que le invitan a conocer su origen, su fin, su trascendencia. Se siente invitado a transformarse, él y su conciencia, su yo interior; impelido a analizarse como un ente que debe construirse a sí mismo, a conocerse mejor cada día, a experimentar su entorno social, a compartir su tiempo y experiencias con el resto de la sociedad, a buscar un crecimiento común, a mejorar su entorno y la sociedad donde vive y se expresa.

El ser humano, ese ente evolutivo que transita hacia un nuevo modelo planetario, hacia el nuevo mundo de regeneración que le espera, debe ser consciente de que su actual andadura le conduce hacia “nowhere”, hacia ningún lugar. Y por ello ha de ser consciente de que debe modificar su interior, corregirse él mismo y también su entorno, alterar su sistema de valores hacia otro en el que predominen los valores del espíritu, los valores morales. Y que de no hacerlo, la historia que vivimos habrá de repetirse una y otra vez, y su virulencia será cada vez mayor.

El hombre debe reconciliarse consigo mismo, encontrar la paz interior. Y conseguido esto, ayudar al género humano. El hombre está bloqueado, paralizado, incapaz de modificarse a sí mismo y a su entorno; continúa reñido con su conciencia, continúa mirando hacia su ombligo, hacia sus propios intereses; se refugia en sí mismo, tras las redes sociales, incapaz de relacionarse, de participar de una vida en común.

El hombre actual ha convertido la economía, el dinero, el trabajo, en su ídolo de barro; se ha convertido en su propio esclavo. Ahora más que nunca necesita reflexionar, sacar a luz sus valores y trabajar en pos del bien común, reconstruir y encauzar el mundo en que vive. Necesita construir nuevos modelos basados en la libertad, la igualdad y la fraternidad. El resto, como bien sabéis, viene por añadidura.

Hagamos de este mensaje una alabanza al ser humano. Busquemos un destino común, avancemos unidos hacia el futuro, limpiemos el ambiente de pensamientos y sentimientos insalubres; ayudemos a la Naturaleza a renovarse, mimémosla, cuidémosla, permitámosle regenerarse. Permitámosle regenerar el entorno atmosférico y psíquico, lo que traerá la desaparición de pandemias como la actual. Lacras que nacen de la ambición, del ansia de poder y la falta de respeto hacia el género humano.

Calamidades destructoras por: Fermin Hernández

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