AL PIE DE LA HOGUERA

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Al pie de la hoguera

Al pie de la hoguera

Transcurría el año 1861, apenas cuatro después de la publicación del “Libro de los Espíritus”, y en Francia la nueva filosofía espiritista ganaba adeptos por miles. La expansión y divulgación de esta obra era extraordinaria a pesar de las críticas e inconvenientes de la Iglesia y otros estamentos de poder. Un amigo de Kardec exilado en Barcelona y entusiasmado por la nueva doctrina filosófica solicitó el envío de varias cajas de libros y estos fueron enviados por el profesor Rivail, ya conocido como Allán Kardec.

Llegados a puerto la carga fue confiscada por el Obispo de Barcelona D. Antonio Palau y Termens, el cual dictaminó que se trataba de obras “inmorales y contrarias a la fe católica”, motivo por el cual deberían ser quemados en plaza pública por orden del Santo Oficio, hecho que aconteció el 9 de Octubre de ese mismo año. ¿Cómo respondió Kardec a este desafío de la inquisición, el absolutismo y la censura?

La repercusión en Francia fue enorme. Kardec apeló para que le devolvieran los libros, pero no consiguió nada; parecía imposible que un Obispo se convirtiera en juez, y estaba dispuesto a recurrir a la vía diplomática para evitar la quema de las obras cuando recibió el siguiente mensaje del Espíritu de Verdad:

“Tienes derecho a reclamar y conseguirás que te restituyan las obras. No obstante te afirmo que este auto de fe resultará un mayor bien que de la lectura de los libros quemados, pues la pérdida material de las obras no es nada en comparación con la repercusión que semejante hecho producirá en favor de la doctrina”.

Una vez más, las indicaciones eran sumamente precisas y acertadas. Lejos de suponer una censura, el interés que despertó este acto por conocer el Espiritismo en España y la difusión internacional del hecho colaboraron notablemente en la proyección y divulgación internacional de la doctrina espírita en todo el mundo. 

Además, mientras se desarrollaba el auto de fe una multitud silenciosa acompañó el acto, y en cuanto el fuego convirtió en cenizas los libros un grito resonó en toda la plaza por parte de la multitud: “Abajo la Inquisición”. Presente en el mismo acto estaba el Capitán Lagier. Este marino experimentado prometió traer a Alicante desde Marsella todos los libros de la codificación que fueran necesarios, promesa que cumplió y que sirvió para una mayor difusión del Espiritismo en España.

Fue tal la repercusión que muy pronto, a través de las traducciones al español de Jose Mª Fernández Colavida, que entró en contacto con Kardec manteniendo una regular relación epistolar, el Libro de los Espíritus, El Libro de los Médiums y ¿Qué es el Espiritismo? consiguieron un estatus de bet-seller en la época por la cantidad de obras que eran distribuidas y vendidas en España.

 Se cumplía nuevamente la instrucción o aviso que le habían adelantado los espíritus al maestro lyones al afirmarle que del acto inquisitorial saldría una mayor repercusión y difusión de la doctrina Espírita en España y a nivel internacional.

La respuesta de Kardec llegó en la Revista Espírita de Noviembre de ese mismo año en un artículo titulado “Los restos de la Edad Media: el auto de fe de las obras espírita en Barcelona”, donde entre otras cosas afirmaba que todas las persecuciones son provechosas para la idea que se quiere prohibir, y continuaba diciendo podrán quemar los libros, pero no se queman las ideas: las llamas de la hoguera las súperexcitan en vez de apagarlas.

No era la primera vez que Kardec se veía frente a las hogueras de la inquisición; es de dominio público que en una existencia anterior, cuando reencarnó en la Tierra bajo el nombre del reformador checo Juan Hus, fue quemado en la hoguera de la inquisición por denunciar públicamente los abusos de la Iglesia de la época, corrompida por el abuso de poder y el alejamiento de la caridad y el amor por los necesitados que predicaba el evangelio de Jesús.

En ese siglo XV fue un valiente profesor y sacerdote, filósofo, teólogo y rector de la Universidad de Praga; excomulgado por sus críticas a la Iglesia, fue condenado a morir en la hoguera por hereje en 1415 a los 45 años. Antes de morir en la hoguera se afirma que Hus dijo las siguientes palabras:

«Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar”.

Los protestantes afirman que se refirió a Lutero, pues, justo un siglo después, Lutero clavó sus 95 tesis en Wittenberg dando inicio a la reforma protestante, y en el escudo de armas de Lutero figuraba como emblema un cisne.

Es también interesante mencionar que, respecto al auto de fe, un año después de producirse, más concretamente en septiembre de 1862, en la Sociedad Espírita de París se manifestó un espíritu identificándose como el obispo de Barcelona Antonio Palau y Termens, muerto el 9 de agosto anterior. Esta noticia se publicó en la Revista Espírita y en ella se reproducía el mensaje que ofreció bajo el título “Aquel que fue obispo y que no pasa de ser un penitente”.

Entre confesiones de culpa y arrepentimiento dijo lo siguiente: No rechacéis ninguna de las ideas anunciadas porque un día esas ideas gritarán con la voz de los ángeles: “¿Qué hiciste de nuestro poder que debía consolar y elevar a la humanidad? Esa voz terrible me dice: Quemaste las ideas y las ideas te quemarán”.

Y el mensaje del obispo inquisidor terminaba así: “Orad por mí, porque es agradable a Dios la oración que le es dirigida por el perseguido en favor del perseguidor”.

Una vez más, Kardec supo responder con la caridad por bandera, y sin resentimiento alguno, cerró el artículo que incluía ese mensaje solicitando el perdón para el obispo, como todos quisiéramos que se nos perdonaran las ofensas que realizamos, rogando a Dios por él en el aniversario del Auto de fe de 1861.

Esta fue otra de las respuestas de Kardec que pone de relieve la evidencia de hasta qué punto el maestro de Lyon era consecuente con los principios morales del perdón de las ofensas y la ayuda a aquel que nos hiere o nos persigue, siguiendo así la estela del más puro ejemplo del Maestro Jesús al perdonar a sus enemigos y orar por ellos a Dios.

 

Al pie de la hoguera por: Antonio Lledó

2020, Amor Paz y Caridad

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