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LAGRIMAS DE MUJER

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«¿Por que lloras mamá?» le preguntó un niñito a su madre.

«Porque soy mujer» le contestó la mujer.

«Pero, yo no entiendo», dijo el niño.

Su madre se inclinó hacia él y abrazándolo le dijo, «Y nunca lo entenderás»…

Más tarde el niñito le preguntó a su padre: «¿Por qué mamá llora a veces sin ninguna razón?».

«Todas las mujeres lloran siempre sin ninguna razón». Era todo lo que el padre le podía contestar.

El pequeño niño creció y se convirtió en todo un hombre, preguntándose todavía por qué era que las mujeres lloraban.

Un día el niño convertido en hombre se arrodilló y le preguntó a Dios:

«Dios : ¿Por qué lloran tan fácilmente las mujeres?»

Y Dios le dijo :

– Cuando hice a la mujer tenía que ser algo especial. Hice sus hombros suficientemente fuertes como para cargar el peso del mundo entero, pero a la misma vez lo suficientemente suave para confortar a quien lo necesite.

– Le di una inmensa fuerza interior para que pudiera soportar el dolor de dar a luz y hasta el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos.

– Le di una dureza que le permite seguir adelante y cuidar a su familia a pesar de las edades y la fatiga y sin quejarse aun cuando otros se rinden.

– Le di la sensibilidad para amar a un niño bajo cualquier circunstancia, aun cuando su niño la haya lastimado mucho. Esa misma sensibilidad que hace que cualquier tristeza, llanto o dolor del niño desaparezca y que le hace compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia e incluso de la edad madura…

– Le di la fuerza suficiente para que pudiera perdonar las faltas a su esposo y la moldeé de una de sus costillas para que ella pudiera cuidar de su corazón.

– Le di sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y a veces le pongo pruebas para medir su fuerza y su determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo.

– Le di lágrimas de las reales que brotan de ella exclusivamente cuando su ser necesita expresarse más allá de las palabras.

– Esa es su única debilidad…lágrimas que piden perdón por los errores y la dureza del corazón de la humanidad».

Le doy gracias a Dios por haber creado a la mujer. Le doy gracias a Dios por mi madre, mis hermanas, mis hijas, mis amigas, mis primas…

Y …. a esos hombres que tienen mujeres en sus vidas, que aprendan a valorarlas y a conocerlas en la dimensión en que Dios las creó.

RENOVACIÓN

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El espiritualismo moderno descansa sobre testimonios universales, apóyase en hechos experimentales observados en todos los puntos del globo por hombres de las más diversas condiciones, entre quienes se encuentran sabios pertenecientes a todas las grandes universidades y a muchas academias célebres. Gracias a ellos, merced a su esfuerzos, la ciencia contemporánea, a pesar de sus vacilaciones, se ha visto poco a poco arrastrada a interesarse en el estudio del mundo invisible.

Crece de año en año el número de los experimentadores; sucédense unas a otras Investigaciones, y afirmaciones precedentes. De tales observaciones, multiplicadas hasta lo infinito, se ha desprendido una certeza: la supervivencia del ser humano, y con ella, las más precisas nociones acerca de las condiciones de la vida futura.

Por el atento estudio de los fenómenos, por la comunicación permanente establecida con el más allá, el espiritualismo moderno viene a reafirmar las grandes tradiciones del pasado, las enseñanzas de todas las religiones, de todas las filosofías elevadas en lo que concierne a la inmortalidad del ser y a la existencia de una causa reguladora del Universo. Les ha prestado una sanción definitiva. Cuanto anterior a él fue hipótesis y especulación del pensamiento, fue después un hecho reconocido tal.

Ha hecho más el espiritualismo, con toda esa suma de estudios e investigaciones proseguida curante medio siglo, con todos los hechos y con todas las revelaciones que de ellos derivan, ha constituído una enseñanza nueva, despojada de todo formalismo oscuro o simbólico, de fácil acceso, aun para los más humildes, y que abre a los eruditos y a los varias perspectivas acerca de los grados más elevados del humano conocimiento, acerca de la concepción de un ideal superior.

Tal enseñanza puede satisfacer así a los espíritus más refinados como a los modestos; pero va dirigida, sobre todo, a los que sufren, a los que gimen bajo el peso de gravosa carga o de pruebas difíciles, a todos los que tienen necesidad de una fe que les sostenga en el camino de la Vida, en sus trabajos, en sus dolores.

El espirirtualismo moderno responde a esas necesidades ingénitas en el alma humana. Con la ley de las existencias sucesivas nos presenta la Justicia regulando el destino de todos los seres, con lo que desaparen las gracias particulares y los privilegios, la redención de la sangre por un justo, los desheredados y los favorecidos; todos los espíritus que pueblan la inmensidad, ya diseminados por el espacio, ya morando en los mundos materiales, son hijos de sus propias obras: todas las almas, sea que animen cuerpos carnales, sea que esperen ulteriores encarnaciones, proceden de idéntico origen y estan llamadas al mismo porvenir. Distinguenlas sus méritos, las virtudes adquiridas, no otra cosa; pero todas pueden elevarse por sus esfuerzos y recorrer la vía de los perfeccionamientos
infinitos. Todos esos espíritus, encaminándose hacia un fin común, forman una sola familia subdividida en numerosas agrupaciones simpáticas, , en asociaciones espirituales, de las que la familia humana es una reducción o un reflejo, y cuyos miembros se siguen unos a otros y asisten mutuamente a través de sus múltiples existencia viviendo alternativamente la vida terrestre y la vida libre de los espacios, para volver a reunirse tarde o temprano.

Siendo ello así, la muerte ha perdido ya ese carácter lúgubre y terrorífico con que hasta hoy se la ha revestido. Todas nuestras existencias se entrelazan formando un conjunto único; la ‘muerte no es más que el tránsito, el paso de una a otra: para el hombre de bien, puerta de oro que abre ante sus ojos horizontes cada vez más hermosos.

Con el materialismo, la fraternidad era no más que una palabra; el altruísmo, una teoría sin raices y sin alcance alguno. Sin el porvenir, el hombre había de concretar forzosamente su atención en el presente, y a los goces que en él puedan tener satisfacción. Si es la muerte el fin de todo, ¿a qué imponerse privaciones que nada habrán de compensar? ¿Para qué la virtud y el sacrificio si todo acaba en la nada?

Resultado inevitable de tales doctrinas había de ser el desarrollo del egoísmo, febril ansia de riqueza la preocupación exclusiva por los placeres materiales, lo que equivalia al desencadenamiento de las pasiones. A impulsos de esos hálitos destructores, la sociedad oscila sobre sus bases, y con ella, todas las nociones de moralidad, de fraternidad y de solidaridad que el nuevo espiritualismo se presenta a restaurar y consolidar.

Nuestra época, impelida a la duda y a la negación por las exageraciones teológicas, perdía de
vista esa idea salvadora. El espiritualismo experimental le devuelve la fe perdida, apoyándola sobre bases nuevas e indestructibles.

LEON DENIS

CONCIENCIA Y FELICIDAD

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Es importante tener las ideas claras sobre diversas cuestiones que en ocasiones se nos plantean, para ello nada mejor que acudir a las explicaciones y reflexiones que los conocimientos espirituales nos pueden ofrecer.

La mejor forma de comprender unas ideas espirituales es realizarse infinidad de preguntas en torno a ellas, procurando ver los pros y contras de las respuestas que nos ofrezcan, buscando siempre que todo ello no esté reñido con la sensatez, la lógica y la razón, pues de esa forma evitaremos toda fantasía, sensacionalismo y lo que es peor: el fanatismo, verdadera lacra que contamina los mejores principios y la buena voluntad de muchas personas que, sin pensar ni razonar, acogen y admiten toda idea por ilógica que sea.

 En este espacio, que ahora iniciamos, también tienen cabida las cuestiones que los lectores nos planteen sobre temas muy diversos, preguntas puntuales que atienden a inquietudes concretas que necesitan de una explicación lo más clara y razonada posible, la cual despejará esas dudas y ofrecerá una nueva visión que quizás antes les había pasado por alto.

Para comenzar, abordaremos uno de los temas que más preguntas y dudas suele generar: la felicidad; y aún más porque a todos nos atañe y nos preocupa.

HAY MUCHAS PERSONAS QUE PIENSAN QUE LA FELICIDAD LA DA EL DINERO Y LOS BIENES MATERIALES. ¿HASTA QUÉ PUNTO ES ESTO CIERTO?

El mayor índice de depresiones, incluso de suicidios, lo ostentan los países más desarrollados económicamente, y ocurre con mucha frecuencia en personas con un nivel muy alto, quienes tienen todo aquello que desean, salvo precisamente lo que más ansían: la felicidad.

Aunque también es cierto que carecer de lo más elemental para subsistir y ver como la propia familia padece hambre y todo tipo de carencias, resulta una prueba demasiado dura y difícilmente se suele llevar con alegría, por lo que tampoco hemos de achacar al dinero y a los bienes materiales en su conjunto todo el mal que se le supone, sino más bien al uso, bueno o malo, que realicemos de él, lo que nos permitirá adoptar en la vida una actitud más o menos acertada.

“El dinero no da la felicidad pero ayuda a conseguirla”, este dicho popular es cierto siempre que no tomemos los bienes materiales como un fin en sí mismos sino como un medio para obtener algo. Si únicamente nos preocupamos por atesorar bienes y posesiones físicas, a costa incluso de perjudicar o pisotear a los que nos rodean, nuestro comportamiento nos llevará a una actitud interior egoísta muy lejos de granjearnos la amistad y la simpatía de los demás, circunstancia que tarde o temprano nos creará un gran vacío interior e insatisfacción personal.

Existen personas que a pesar de tener que afrontar una situación económica difícil son capaces de sonreír, de tomarse la vida con alegría, de compartir con los demás lo poco que tienen, y en el fondo son personas felices, que viven la vida con mayor ilusión y esperanza que muchas personas que teniéndolo todo no saben aprovecharlo y administrarlo convenientemente.

¿SENTIMOS LA FELICIDAD A RAÍZ DE NUESTRAS ACTUACIONES Y CREENCIAS ESPIRITUALES, O MÁS BIEN ES ALGO PASAJERO QUE ÚNICAMENTE PERCIBIMOS EN CONTADAS OCASIONES?

Contar con la ayuda de una creencia de tipo espiritual es un primer paso para poder aspirar a la felicidad, o por lo menos a los primeros estados de ella, léase: satisfacción o paz interiores, conciencia tranquila, etc. Aunque no por el sólo hecho de pertenecer a ésta o aquella religión ya lo tenemos todo realizado, ni mucho menos, es en la práctica diaria, en nuestras actuaciones, pensamientos y sentimientos, donde demostraremos la veracidad de las ideas aprendidas.

Todos podemos hablar de la felicidad por la forma en que la hemos sentido y a raíz de qué situaciones vividas la hemos percibido, aunque a grandes rasgos se ha captado esa agradable sensación interior al realizar obras de bien por los semejantes, al ofrecer nuestra ayuda de forma totalmente desinteresada y altruista, al ser solidarios ante los problemas o vicisitudes ajenas, en fin siempre que hemos puesto en juego nuestras cualidades interiores en beneficio de los demás o incluso cuando hemos logrado dominar ciertas debilidades personales que nos perjudicaban seriamente, entonces hemos captado, aunque quizás tan sólo por unos leves instantes, esa FELICIDAD en su nivel más elevado.

¿PUEDE EXISTIR UNA VOZ INTERIOR QUE NOS INDIQUE EL CAMINO A SEGUIR EN LA VIDA ?

Por supuesto que sí, la voz de la conciencia. Esta nos indica qué debemos de hacer en cada instante, aunque es necesario que la escuchemos y que sepamos distinguirla entre nuestros gustos y deseos egoístas que muchas veces intentan confundirnos para tomar un camino o decisión equivocada.

Todos sabemos, porque hemos llegado a percibirlo en muchas ocasiones, que algo muy dentro de nosotros, la voz de nuestro espíritu, nos ha indicado que un determinado comportamiento, actitud, pensamiento o sentimiento, no han sido correctos, y que debemos de evitarlos en lo sucesivo. Si escuchamos ese sentir interior muchos de los problemas que hoy tenemos, muchos errores cometidos, hubiéramos sido capaces de evitarlos. Esa voz, no podemos explicarla muchas de la veces, ni siquiera tiene que ver en determinados casos, con la educación recibida, forma parte de nosotros, es nuestro bagaje interior, la experiencia de las múltiples existencias vividas, es la voz del propio espíritu que nos indica el camino a seguir, la misión que debemos de cumplir.

Muchas personas no son capaces de estar equilibradas y sentir paz interior porque no escuchan la voz de sus conciencias que les indican continuamente el trabajo a realizar, y porque se empeñan en hacer precisamente lo contrario, se sienten vacías, insatisfechas incluso depresivas. Ser felices es estar en armonía con nuestra propia conciencia, no lo olvidemos, pero sepamos distinguirla de esa otra conciencia material que únicamente mira por nuestros gustos y deseos egocéntricos.

Tras estas cuestiones, indudablemente, se nos pueden volver a presentar otras muchas, sin embargo cualquiera de ellas es posible contestarla y lo más importante aclararla a la luz del conocimiento espiritual. No nos detengamos ante cuestiones complejas si a primera vista no les encontramos solución, sigamos trabajando y esforzándonos pues ante muchas situaciones, será la experiencia y la constancia, además del consejo de otras personas con más años en el camino, las que nos irán conduciendo por un rumbo seguro. Utilicemos nuestra razón sin olvidarnos también del corazón, “pues éste tiene razones que la misma razón desconoce.

 

F.M.B.

EL FINAL DE LOS TIEMPOS

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Conferencia El final de los tiempos, ofrecida por nuestro amigo Fernando Espelho, en la que de forma sencilla, nos invita a hacer un interesante recorrido por este controvertido tema.

Redacción
 
 

UNA HISTORIA MÁS

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Leyendo los artículos de los periódicos me fijé, muy especialmente, en los sueltos que a continuación transcribo y que ¡a tantas consideraciones dan motivo!

EL MARTIRIO DE UN NIÑO

París 18. A las 19,40 en la morgue se ha efectuado una «confrontación» o careo de lo más horrible, aun en aquel recinto en que lo horrible es común.

Tres personas han sido puestas delante del cadáver de un niño que fue encontrado tirado en la calle, el que murió victima de los tormentos que le prodigaba su propio padre.

Llámase este hombre Gregoire, quien con cinismo que solamente explica la alienación mental ha confesado que efectivamente martirizaba a su hijo, y que lo abandonó vivo en la calle de Vaneau.

Al hacerle notar el juez que en las ropas del niño no se veía un solo agujero, cuando el cuerpo estaba acribillado a punzadas, explicó tranquilamente Gregoire que al pinchar a su hijo con un cuchillo le descubría las carnes, a fin de no echarle a perder la ropa.

Una mujer, querida de Gregoire, ha declarado luego que le era imposible impedir los martirios del niño, porque tenía la seguridad de que la habría maltratado también a ella.

Explicó que logró salvar al niño de que le echaran al Sena y que ella fue quien aconsejó el abandono en medio de la calle creyendo de esta manera salvar la vida a la criatura.

EL ENTIERRO DE UN MÁRTIR

París presenció ayer uno de esos espectáculos que nunca se borran de la memoria de un pueblo. El pequeño Pedro, aquel niño de tres años martirizado por sus padres, fue llevado desde la morgue al cementerio, seguido de un acompañamiento de 300.000 personas. No hay potentado en la Tierra que haya tenido otro igual. Su pequeño ataúd desaparecía entre los montones de flores, ofrendas de padres y madres obreras en nombre de sus hijos. Y cuando el cadáver fue depositado en la fosa, todas aquellas personas desfilaron ante ella depositando un puñado de tierra sobre esta víctima de la barbarie de unos padres desnaturalizados. El pueblo de París quiso, con aquella gran manifestación, probar al mundo que la inhumanidad es una rara excepción entre sus miembros.

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Me impresioné profundamente con el horrible relato del martirio de un niño y del entierro de un mártir. El primero revela una perversidad espantosa; el segundo pone de manifiesto el adelanto de la humanidad, que, indudablemente, se va sensibilizando, se va dulcificando, perdiendo lentamente su ferocidad.

«No juzgues tan a la ligera (me dice un espíritu), la humanidad obra según las circunstancias y créeme, hace muchos siglos que la humanidad terrena sabe compadecer al desvalido y sabe perseguir al delincuente.

A ese Espiritu que el pueblo de Paris ha tributado el homenaje de su pensamiento, ese mismo pueblo, esa gran masa que siempre es la misma, en todas las épocas (impresionable y justiciera), ese pueblo a ese mismo Espíritu, en los primeros días del siglo XVIII, le persiguió por las calles de Paris con el único afán de arrastrarle y descuartizarlo. ¿Sabes por qué? Porque el Espiritu del pequeño Pedro era en los albores del siglo pasado un noble de la casa de Francia, pero todo lo que le sobraba de blasones y de pergaminos le faltaba de sentimiento y de humanidad. De un carácter violentísimo, irascible sobre toda ponderación, tenia atemorizada a su numerosa servidumbre, en particular a unos cuantos niños que tenia en calidad de pajes. Uno de ellos, el hermoso Isaias, era un niño que todo Paris conocia por su gallarda figura, por lo bien que manejaba su caballo. Las mujeres del pueblo cuando lo veian pasar envidiaban a la madre de aquel niño tan hermoso. Una mañana iba Isaias con su señor, ambos a caballo; el de Isaias tropezó y cayó, el jinete quedó ileso, mas no su cabalgadura, que resultó con gravisimas lesiones, y el noble señor obligó a Isaias a que se echara en el suelo y a latigazos lo dejó muerto. El pueblo se amotinó, las mujeres rugieron como fieras y persiguieron al noble tan de cerca que éste tuvo que refugiarse en la morada real y hasta alli fue el pueblo en masa pidiendo su muerte por la mano del verdugo, ya que no habian podido destrozarle a su placer. Y tan indignado se vio al pueblo, que para evitar males mayores tuvo que condenarse a muerte al noble, quien subió al cadalso escuchando las maldiciones de un pueblo generoso.

El noble de ayer es el pequeño Pedro, que reconociendo su inferioridad gracias al Espíritu de Isaías, que es, se puede decir, su ángel tutelar, eligió uno de sus muchos enemigos para crearse familia en la Tierra. Pedro venia dispuesto a comenzar un ensayo de reconciliación, pero su padre, que en otro tiempo fue victima de su crueldad y murió en el patíbulo por causa suya, no ha podido ver en su hijo más que a un ser que odiaba con todo su corazón, por lo que se ha complacido en atormentarle con ferocidad inaudita, lo que es un baldón de ignominia para todo Espíritu, porque un niño siempre inspira lástima por su impotencia, siendo éste el único medio de reconciliación que se puede emplear en la Tierra. Se necesita ser un monstruo de iniquidad para no sentirse conmovido ante un niño que por feo, por repulsivo que sea, es impotente, no puede defenderse y necesita de todos; si un irracional inspira compasión cuando carece de alimento, ¿qué deberá suceder con un pequeñuelo que no puede defenderse? Por eso el padre de Pedro es un verdadero criminal que ha puesto nuevos eslabones a su larga cadena, y ahora tendrá que ir tras el Espíritu de su víctima pidiéndole clemencia, pues aunque el Espíritu de Pedro está dispuesto a progresar, su perdón no le quita ni un átomo a la enormidad de la cruel venganza de su antiguo y vencido enemigo. Pedro no venia por esta vez a sufrir tal martirio, era un ensayo de reconciliación el que pretendía hacer, dispuesto como se encuentra a trabajar en su progreso. El castigo de sus culpas no necesita que nadie se lo imponga, él será juez y parte a la vez, como lo son todos los Espíritus. No es de fatal necesidad que ningún ser se convierta en verdugo de otro porque éste tenga que saldar muchas cuentas, cada uno es el verdugo de sí mismo. Cuando se tiene que morir de un modo violento o en la mayor miseria, sufriendo cruentos dolores, el odioso papel de atormentador lo hace el Espíritu dominado por su mal instinto, no porque venga a la Tierra con órdenes superiores para torturar a los culpables de ayer. La ley se cumple sin necesidad de ningún agente ejecutivo; no tenéis más que mirar en torno vuestro y os convenceréis. ¿No habéis visto o leído muchas veces que hombres poderosos, con bienes de fortuna, con vida regalada, con familia cariñosa, ponen fin a sus días del modo más horrible? ¿No recordáis a aquel anciano que, en París, disfrutando de una buena renta y de excelente salud, dejando una cartera llena de inmensos valores, se colocó delante de la chimenea completamente desnudo, se untó todo el cuerpo con petróleo y escondió su cabeza entre los troncos candentes? ¿Qué os prueba su modo de morir? Que tenía irremediablemente que carbonizar su cuerpo para sufrir los dolorosos pasajes que a otros ocasionó en la hoguera.

Cuando la prensa relata crímenes horribles compadeced a los verdugos, porque se han condenado a trabajos forzados muchísimos siglos. El placer de la venganza es verdaderamente un placer infernal. ¡Ay de aquéllos que gozan viendo sufrir a un Ser impotente! ¡Ay de aquéllos que se hacen sordos a los gemidos de los niños! Adiós.»

Estoy muy conforme con la comunicación que he recibido; siempre he creído que el papel de verdugo no era necesario a la humanidad; basta al hombre su propia historia para subir a los cielos o descender a los abismos.

AMALIA DOMINGO SOLER

Artículo extraído de su obra «HECHOS QUE PRUEBAN».

LA MEDIUMNIDAD ANTE LA CIENCIA AUDIO

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Audio de la conferencia, del Dr. Raúl Texeira en la ciudad de Villena el 13 de Septiembre de 1993.

Y LA VIDA CONTINUA AUDIO

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Audio de la conferencia, impartida por Divaldo Pereira Franco, en el Auditorio de «La Lonja» Orihuela, el dia 5 de diciembre de 2012. Organizado por: Grupo espírita «La luz del Camino».

CUATRO FORMAS DE TOLERANCIA

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La mayor fuerza de la humanidad no consiste en armas de fuego, puños, ni en un poderío militar, sino en la capacidad de tolerancia. Todo tipo de fuerza debe inclinarse delante de quien tolera.

Hay cuatro principios para la tolerancia:

1. No responder a las blasfemias

Cuando somos insultados, provocados o acusados injustamente debemos responder con el silencio. Si respondemos de la misma forma cuando somos víctimas de la blasfemia, nos igualamos con aquellos que nos insultan, rebajando nuestro nivel. Si nos mantenemos en silencio usándolo como arma contra las blasfemias, evocando la conciencia de quien las pronunció, esta fuerza es, naturalmente, mayor.

2. Mantenerse calmo frente a los infortunios

Cuando nos encontramos con personas que nos quieren incomodar derrumbar u oprimir, debemos enfrentarlas con calma, evitando cualquier confrontación. No responder con un puñetazo cuando se recibe uno, ni responder con un puntapié cuando se recibe otro, pues de esta confrontación nadie sale vencedor. Si la intención es buscar venganza de un odio momentáneo, no alcanzará el éxito de grandes hazañas.

3. Compasión frente a la envidia y el odio

Frente a la envidia y el odio de otros no debemos responder igualmente con odio y envidia, sino con corazón abierto y alma compasiva, ofrecer nuestra amistad y mostrarles nuestra intención pacífica.

4. Gratitud frente a las difamaciones

Si alguien lo insulta y difama, no se enoje con quien lo provocó, sino acuérdese de los beneficios que esa persona le proporcionó en el pasado y sea agradecido por eso. Principalmente, no se olvide de que en el fango más inmundo crece la impecable flor de loto. Cuanto más oscuro es el lugar, mayor es la necesidad de mantener encendida la luz del alma. Por lo tanto, ante las difamaciones, aquellos que nos difaman deben ser influenciados con ética, compasión y misericordia; solamente así la superaremos, con moralidad y tolerancia.

El verdadero vencedor tiene la fuerza de la tolerancia y el coraje de asumirla frente a los insultos, opresiones.

SENTIMIENTOS Y SENTIMENTALISMOS

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Autenticidad

En el transcurso de nuestra existencia nos vamos a encontrar con situaciones que van a poner a prueba nuestra comprensión de estos dos conceptos, sentimiento y sentimentalismo, porque aunque a primera vista creamos que estamos hablando de lo mismo, observaremos a qué nos conduce cada comportamiento.

Al descubrir lo positivo que resulta ofrecer ayuda a los demás, nuestros valores morales se van sensibilizando, y nos encontramos motivados a seguir pensando y viviendo inspirados por esos sentimientos altruistas. Sin embargo, dejarse llevar únicamente por el sentimiento puede resultar contraproducente y causar el efecto contrario al deseado: perjudicar a los demás en vez de ayudarles.

 Aquí es donde pasamos a confundir el sentimiento con el sentimentalismo. El primer concepto es positivo, porque nos permite desarrollar esos valores humanos que todos llevamos dentro, es decir esas cualidades que nos permiten valorar a los demás, sus necesidades, sentimientos, comportamiento y aspiraciones, y no permanecer indiferentes ante los problemas o dificultades que pueden estar atravesando. Por el contrario, si nos dejamos llevar por una emoción desmedida y no la controlamos a tiempo, correremos el riesgo de acudir al sentimentalismo, de afectarnos en exceso por los problemas ajenos, o de caer en un estado desmedido de pena y desconsuelo por lo que a otros les ocurre, y por tanto no encontrarnos en disposición de ofrecerles el apoyo o ánimo que precisan.

La melancolía y la depresión pueden hacer mella al sentimental, sobre todo si no comprende el porqué de los males que bien a él o a otros le aquejan; y por si fuera poco, también puede llegar a sentirse angustiado y rebelde al comprobar que es difícil solucionar esos problemas (generalmente ajenos) los cuales desearíamos que nunca hubieran aparecido.

La principal causa que puede conducirnos al sentimentalismo hemos de buscarla en la interpretación de la palabra «ayudar». Cuando ofrecemos ayuda a alguien queremos observar los resultados al instante, bien sea porque haya admitido y puesto en práctica nuestros consejos o porque sus problemas se le resuelvan rápidamente. No tenemos la paciencia suficiente para esperar a que poco a poco se consiga llegar a la solución, y nos olvidamos de que ese proceso ha de ser la otra persona quien libre y voluntariamente lo realice, porque nosotros no podremos afrontar por ella esas dificultades.

Ayudar no consiste únicamente en dar a los demás lo que ellos esperan o desean de nosotros, en ocasiones hay consejos que quizás pueden no gustarles, pero hay que dárselos, a pesar de que renieguen de nuestra amistad o se rebelen. El día de mañana, si son sinceros consigo mismos, comprenderán por qué actuamos así en aquella circunstancia.

Recordemos que ayudar en un momento dado a alguien no significa que seamos mejores o superiores a él, no hemos de albergar ese pensamiento en nuestro interior, porque de otro modo nuestros sentimientos, cuando demos ese apoyo, no serán limpios, no actuaremos porque los demás lo necesiten sino para sentirnos por encima de ellos, mas como un estímulo para nuestro orgullo y vanidad que por el puro deseo de ser útiles a los demás.

En ocasiones, resulta difícil que los demás puedan demostrarnos que desean servirnos de apoyo, sobre todo cuando podemos malinterpretar los consejos que nos dan o su aparente indiferencia ante nuestros problemas. En estos casos ha de ser el tiempo el que nos ayudará a valorar sus verdaderas intenciones y la amistad sincera que nos han brindado.

Son muchas las circunstancias que nos pueden conducir al sentimentalismo. Una de ellas es a causa del comportamiento de ciertas personas que considerábamos buenos amigos y que el tiempo se ha encargado de demostrar que únicamente se servían de nuestra amistad de forma egoísta; circunstancia que podría repercutir en nuestro interior a varios niveles, en primer lugar, sin comprender por qué esa persona ha actuado de esa forma, y después al sufrir más de lo debido por la situación en la que se pueda encontrar.

Si nos encontramos atravesando alguna dificultad o prueba, desearíamos encontrar a alguien que, sin verse afectado por el mismo sufrimiento que a nosotros nos aqueja, supiera ofrecernos una solución adecuada, sin esos sentimentalismos que empeoran las cosas, dado que únicamente nos sirven para autocompadecernos, sino más bien dándonos esos consejos que aunque en un primer momento nos «duelan» o nos hagan «rebelarnos» ante el dolor físico o moral, nos ayuden a ser humildes y a reconocer nuestros errores, y permitan orientarnos con firmeza hacia la recuperación del ánimo perdido, la confianza en nuestras posibilidades internas y la fe en la Justicia Divina.

El refranero popular español tiene una máxima que nos aclara lo anterior: «quien bien te quiere te hará llorar». Es decir, que en realidad un verdadero amigo no está para «regalarnos el oído», para adularnos en todo lo que hacemos, sino más bien para advertirnos de aquellas cosas que no nos convienen, de los errores que cometemos y darnos el suficiente apoyo para que solucionemos esos problemas internos que son en realidad los causantes de todas las dificultades externas que nos depara la vida. No significa que nos vayan a enjuiciar o a actuar con dureza y sin contemplaciones con nosotros. No confundamos los términos y analicemos los verdaderos sentimientos e intenciones que nos mueven en todos nuestros actos.

Los verdaderos sentimientos que albergamos en nuestro interior no siempre sabemos o podemos manifestarlos abiertamente a nuestro alrededor; hemos de saber el momento más conveniente, la respuesta que los demás nos van a dar, y actuar en consecuencia. Sin embargo, el fondo, la intención, ha de ser siempre positiva, sin apariencias ni engaños. Por esa razón, y para nuestro autoconocimiento, hemos de formularnos preguntas tales como: ¿en qué posición me encuentro o siento con respecto a los demás?, ¿me creo superior a ellos y pienso en que únicamente debo de ayudar, pero nunca en recibir ayuda, y por ello actúo con cierta prepotencia y dureza?, ¿me considero inferior e intento, desesperadamente, simular o aparentar unos sentimientos y comportamientos que no son reales para dar una imagen de superioridad?

Nuestro comportamiento además de estar regido por la honestidad y sinceridad con uno mismo y con los demás, debe acogerse al altruismo y el respeto hacia nuestros semejantes. Sin embargo, tengamos presente que si deseamos ayudar, hemos de hacerlo lo mejor posible, y para ello hay que valorar las necesidades que tienen los demás, no caer en sentimentalismos, y tampoco en la dureza ni en el frío razonamiento, pues así enjuiciaremos a los demás, impidiendo que afloren los verdaderos sentimientos de ayuda, que sí son positivos y que hemos de fomentar al máximo a nuestro alrededor.

F.M.B.

LA ENVIDIA

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Aparece un hombre de genio: es bondadoso, fuerte, magnánimo, útil para todo. Como el alba surgiendo del Océano, dora con los rayos de su ilustración las frentes de la multitud, aporta una idea al siglo que le espera, cumple su misión y trata de engrandecer lo espiritual, de disminuir las miserias y desea el progreso y es feliz si consigue que se piense algo más y se sufra algo menos.

¿Creéis que le van a coronar? Pues le silban. Escribas, sabios, retóricos, la aristocracia, el populacho, todos le silban a la vez, produciendo siniestra algarabía. Si es orador o ministro, le silban; si poeta, todos exclaman a coro: «Es absurdo, falso, monstruoso: causa indignación”.

Para sus contemporáneos y para las generaciones vinientes, va sembrando la gloria y recoge la afrenta. El progreso es el fin que persigue; el bien le sirve de brújula y piloto; se aísla en el puente del navío; los marineros ponen la proa hacia distintos puntos, y para llegar mejor al puerto; dijérase que se desvían de él. El hace lo mismo, y oye vituperios e imprecaciones; la ignorancia que todo lo sabe, lo denuncia todo; si se dirige hacia el Sur, se equivoca; si se encuentra con la tempestad; ¡cuántos se alegran!

Bajo tan enorme peso, al fin dobla la cabeza. Pasan los años y muere. Entonces la envidia, ese demonio vigilante, se le acerca, le reconoce, le cierra los ojos, se cuida de clavarle las manos en el ataúd, se inclina para convencerse de que verdaderamente está muerto, y enjugándose los llorosos ojos, exclama:
«¡Era un gran hombre!».

VICTOR  HUGO

LIBREPENSAMIENTO Y ESPIRITISMO (II)

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[infobox]Librepensamiento y espiritismo, en Amalia Domingo Soler, escritora sevillana del siglo XIX

Por: Amelina Correa Ramón

[Publicado en Archivo Hispalense (Sevilla, Diputación de Sevilla), Tomo LXXXIII, nº 254, septiembre-diciembre de 2000, pp. 75-102.][/infobox]

En recuerdo de Amalia Domingo Soler al cumplirse  105 años de su desencarnación.

De este atraso intelectual que dominaba España Amalia Domingo culpaba en gran medida a la Iglesia Católica. Así, movida por su rechazo visceral del dogmatismo y del fanatismo que coartaba la libertad de raciocinio, la escritora va a mantener desde Barcelona algunas polémicas con figuras representativas de la curia, que llegarán incluso a hacerse célebres. En concreto, la popularidad de los debates que sostuvo con el padre Sallarés (en 1884) o el padre Fita (en 1885), motivaron la publicación de diecinueve artículos de la sevillana, que fueron recogidos posteriormente en el volumen Impresiones y comentarios sobre los sermones de un Escolapio y un Jesuita, editado en Cienfuegos (Cuba). Además, en defensa de sus ideas espiritistas ya había contendido años antes con el Padre Llanas, refutándole sus Conferencias.

Pero quizás la más célebre de estas controversias fue la polémica que sostuvo con el canónigo Vicente Manterola, que había predicado en noviembre de 1878 una serie de sermones moralizantes contra el espiritismo en las iglesias barcelonesas de Santa Ana y Santa Mónica.

La autora respondió publicando en el periódico Gaceta de Cataluña una serie de artículos, en número de seis, en los que reaccionaba con contundencia contra los dogmáticos argumentos de Manterola, negando absolutamente la intervención diabólica que él consideraba esencia del espiritismo.

El canónigo publicaría al año siguiente la recopilación de sus sermones con el título de El Satanismo, o sea la Cátedra de Satanás, combatido desde la Cátedra del Espíritu Santo (1879). El subtítulo de este libro resultaba, además, bien elocuente: Refutación de los errores de la escuela espiritista.

A la publicación de este volumen contrapuso la escritora sevillana cuarenta y seis nuevos artículos, que luego fueron recogidos en la obra titulada, con una inversión intertextual, El Espiritismo refutando los errores del Catolicismo romano (1880).

La enérgica y contundente respuesta de Amalia Domingo Soler al canónigo Manterola motivó una profunda admiración entre los seguidores de la creencia espiritista. De hecho, en 1881 fue homenajeada y obsequiada con una escribanía de plata por los adeptos de Tarragona, que admiraban así “su inteligente acierto e incansable actividad en la propaganda de los principios y doctrinas que sustenta el espiritismo”.

Con la propuesta de ampliar dicho homenaje a un ámbito más amplio, y recordando que la autora “jamás ha vendido su pluma”, se sumó la revista El Buen Sentido (Lérida), que, con la firma de su director, José Amigó y Pellicer, publicó lo siguiente:

Admiradores del celo propagandista, en que no tiene rival, de doña Amalia Domingo y Soler, de su sencillez, de sus relevantes prendas de carácter, de sus bondadosos sentimientos, la conceptuamos acreedora a una honrosa distinción, no de parte de unos cuantos correligionarios de una sola ciudad, sino de todos los de España, y aun de los de todo el mundo. Atacaba impunemente en Barcelona, desde el púlpito, al Espiritismo el Obispo don Vicente Manterola, sin que una voz varonil, entre tantos hombres ilustrados como profesan el Espiritismo en la capital de Cataluña, recogiese aquellos ataques y los rechazase públicamente; hubo de ser una mujer la que con valentía rebatiese todas las acusaciones por medio de la prensa, y esta mujer fue Amalia.

Secundada la iniciativa lanzada por José Amigó por toda la prensa espiritista, comenzando por el alicantino La Revelación, se propuso dotar a la autora de una pensión vitalicia que viniera a mejorar “la precaria situación en que vive, apartando de su espíritu los cuidados con que las indispensables necesidades de la vida le distraen y perturban, para que, más libre e independiente, pueda sostener el vuelo de su admirable inspiración y la lucidez de su inteligencia, al dedicarse a sus literarias tareas”. Sin embargo, si bien en un primer momento las donaciones fueron muy generosas, con el tiempo fueron decayendo hasta desaparecer por completo. Así pues, la proyectada pensión vitalicia quedó finalmente reducida a 3139’28 reales, según recogía El Buen Sentido en su número de diciembre de 1884.

Cuatro años más tarde, en concreto entre los días 8 y 13 de septiembre de 1888, tuvo lugar en Barcelona un acontecimiento de gran importancia que contó con una gran concurrencia y repercusión en la opinión pública: la celebración del primer Congreso Internacional Espiritista. Convocado por el Centro de Estudios Psicológicos barcelonés, asisten grupos, centros y sociedades españoles hasta un número de sesenta y ocho, además de otros cuarenta y dos americanos y europeos. En el mismo se encontraban representadas también veintisiete publicaciones periódicas. Las conclusiones se establecieron con las firmas de quince personas, entre presidente honorario, presidente (el vizconde de Torres Solanot), vicepresidentes y secretarios. Entre todos ellos, la única presencia femenina es la de Amalia Domingo Soler, que participa activamente como vicepresidenta del Congreso.

Desde 1894 Amalia Domingo fue redactora jefe de Luz y Unión. Revista mensual, órgano de expresión de la asociación espiritista barcelonesa Unión Kardeciana de Cataluña, que dirigía J. Esteva Marata. La asociación llevaba el nombre de uno de los librepensadores considerados fundadores del Espiritismo, el francés Allan Kardec, seudónimo en realidad de Léon-Dénizarth-Hippolyte Rivail (Lyon, 1804-París, 1869), cuyas obras y doctrinas alcanzaron gran difusión en la España del último tercio del XIX. La escritora dedicará de hecho varios poemas a lo largo de su vida a esta figura que ella consideraba crucial y pionera de una nueva etapa de la humanidad. Veamos un ejemplo de su rendido entusiasmo:

Allan Kardec, filósofo eminente,
se asemejó a Colón, que tras los mares
vio las palmas de un fértil continente
y escuchó de otros hombres los cantares;
y Allan Kardec, que fue constantemente
el sabio explorador de nuevos lares,
también veía rodar por los espacios
planetas con techumbres de topacios.

En otro orden de cosas, y como ya se ha mencionado, la autora mantuvo una estrecha relación con la masonería. Además de pertenecer -según parece- a la logia masónica “La Humanidad”, estableció contactos con la “Orden del Gran Arquitecto del Universo” en la década de los años noventa del siglo XIX. También, y con motivo del fallecimiento del librepensador Ramón Chíes, participó con la lectura de un poema en la velada que en su honor celebran las logias de Barcelona.

Desde abril de 1880 hasta enero de 1884 Amalia Domingo Soler había ido publicando en el periódico que dirigía, La Luz del Porvenir, una serie de curiosos textos que, bajo el título de “Memorias del Padre Germán”, decían consistir en comunicaciones del más allá obtenidas a través de un médium y transcritas por ella misma, que ejercía meramente como amanuense. Unos años más tarde estos textos son recopilados en un volumen exento que se publicará en 1900: Memorias del Padre Germán. En el “Prólogo”, la escritora manifiesta:

El espíritu del Padre Germán fue refiriendo algunos episodios de su última existencia, en la cual, se consagró a consolar a los humildes y a los oprimidos; desenmascarando al mismo tiempo a los hipócritas y a los falsos religiosos de la Iglesia Romana; esto último le proporcionó, como era natural, disgustos sin cuento, persecuciones sin tregua, crueles insultos y amenazas de muerte, que más de una vez estuvieron muy cerca de convertirse en amarguísima realidad. Fue víctima de sus superiores jerárquicos y vivió desterrado en una aldea el que indudablemente por su talento, por su bondad y por sus especiales condiciones hubiese guiado la barca de San Pedro a puerto seguro, sin haberla hecho zozobrar.

Todo ello concuerda con la defensa llevada a cabo por Amalia Domingo del cristianismo entendido en su primitivo sentido evangélico. Lo que la autora criticó durante toda su vida fue el sectarismo, la opulencia y la hipocresía de la Iglesia Católica representada por sus jerarquías. Pero siempre demostró una particular admiración por la figura de Jesucristo, al que dedicó multitud de textos, así como por aquellas personas que viven una religión cristiana basada en la caridad y el amor. La escritora, que acostumbraba a frecuentar hospitales, orfelinatos y asilos, hablará con frecuencia elogiosamente de aquellas monjas que se dedican abnegadamente al cuidado de enfermos, de huérfanos o de desahuciados.

Cuatro años después de editarse Memorias del Padre Germán, Amalia Domingo Soler reincide en este tan especial género biográfico de ultratumba y publica ¡Te perdono! Memorias de un espíritu (1904), que recoge las comunicaciones obtenidas a través del médium del Centro Espiritista “La Buena Nueva” con el que colaboraba habitualmente.
En esas fechas la autora, que siempre había tenido una salud delicada, y cuenta ahora con sesenta y nueve años, se encuentra ya cada vez más débil y quebrantada.

Así transcurrirán sus últimos años de vida, entre escritos y colaboraciones espiritistas, hasta su fallecimiento acaecido en su propio domicilio el día 29 de abril de 1909, a las 8 de la mañana. Según su Certificado de Defunción conservado en el Registro Civil de Barcelona, la causa de la muerte fue una bronconeumonía.

Su entierro fue seguido por una gran comitiva fúnebre que acompañó el coche mortuorio desde su domicilio hasta el Cementerio del Sud-Oeste, en la falda del Montjuic. Como homenaje póstumo recibió un epitafio en verso escrito por Salvador Sellés, hermano espiritista de Alicante, al que la escritora había dedicado varios poemas y al que había denominado “poeta del porvenir”.

En el mismo año de su muerte aparece su libro Flores del alma (1909) y, tres años después, sus Memorias de la insigne cantora del espiritismo Amalia Domingo Soler (1912) que, divididas estas últimas en dos partes, presentan una primera redactada por la propia autora, y una segunda, fechada a 10 de julio de 1912, con las revelaciones “que fueron dictadas desde el espacio por ella misma”. También obtenido -supuestamente- a través de comunicación mediúmnica fue el prólogo que antecede a la obra.

Varios libros más aparecieron de manera póstuma: Cánticos escolares expresamente escritos para la Escuela Dominical (s.f. [1924]); Consejos de ultratumba (s.f.); Las grandes virtudes. Cuentos para niños (s.f.); además del antológico -citado varias veces- Sus más hermosos escritos. De manera especial, se puede destacar su muy interesante Cuentos espiritistas (s.f. [1926]), que reúne sesenta y cuatro cuentos de temática monográfica que consiguen captar rápidamente el interés del lector.

Su idea de la mujer

En una ordenación social rígidamente establecida, donde la mujer quedaba confinada al hogar como máximo horizonte de realización, y con un modelo de feminidad que se definía por el prototipo de madre, esposa y ama de casa, Amalia Domingo Soler se atrevió a levantar la voz y enfrentarse a las convenciones. Así, además de predicar con el ejemplo y llevar una vida activa e independiente, se manifestó contra la imposición de unos roles sociales fuertemente codificados que dividían a los individuos según formasen parte del sexo masculino o femenino, y que se presentaban como un reparto natural e incuestionable en función de diferencias biológicas y fisiológicas insalvables.
En este sentido hay que recordar que, dentro de su contundente defensa de la necesidad de extender y mejorar la instrucción pública, Amalia Domingo hizo especial hincapié en el deber de facilitar la educación a la mujer, educación que tan deficiente venía siendo en España. Ella consideraba que al género femenino le está reservada una importante misión. En sus palabras:

La mujer es el talismán de la civilización […].

Cuando la mujer deje de ser instrumento de opresión, dejará de haber oprimidos y opresores, y sólo entonces podrá la humanidad marchar resueltamente, sin desviaciones ni desmayos, en persecución de los ideales de felicidad que hoy, por considerarlos imposibles delirios de la imaginación o aberraciones del deseo, constituyen su desesperación y su tormento.

El pensamiento de la autora concuerda en gran parte con los ideales regeneradores de la época, de inspiración krausista, que concedían un papel primordial a la instrucción para conseguir el tan necesario progreso del país. Los krausistas, conscientes de la importancia de la participación de la mujer en la vida social, la incluyeron en sus proyectos educativos. Sin embargo, habría que matizar que, si bien es verdad que se produjo este avance notable en la incorporación del género femenino a la instrucción pública, el componente negativo se revela al realizar un análisis más profundo de las razones que motivaron la actuación de los krausistas, quienes, en el fondo, no creían desinteresadamente en la igualdad de los sexos, sino que confiaban en la colaboración de unas mujeres formadas como madres educadoras para contribuir a su plan de regeneración nacional. Así pues, no se puede perder de vista que, incluso desde una óptica progresista, su papel en la sociedad se concebía primordialmente en función de la maternidad.

Pero incluso esta aparente contradicción de la ideología progresista regeneradora, se aprecia palpablemente en los escritos de Amalia Domingo Soler, quien concede de igual modo un papel muy importante a las mujeres como educadoras de sus propios hijos:

… la mujer es el factor más importante del progreso moral de las sociedades humanas, por su incontrastable influencia sobre el corazón de los hijos, muy superior a la del hombre en la primera época de la vida, que es cuando se forma y moldea, digámoslo así, el alma de la criatura racional; mientras la mujer sea sierva por su ignorancia, el hombre será esclavo por sus pasiones.

Se ha explicado con anterioridad la admiración que Amalia Domingo sentía por la también escritora Rosario de Acuña, a pesar de algunas divergencias en su concepción de la manera de llevar a cabo la necesaria renovación social. De hecho, Domingo reconoce a Acuña como una máxima autoridad entre las librepensadoras en la importante lucha contra la ignorancia y superstición femeninas, a la vez que elogia su esfuerzo por conseguir que, con la razón ilustrada, la mujer pueda alcanzar su regeneración. Así pues, también en esta cuestión cabría establecer puntos de contacto entre ambas pensadoras.

Según escribió Francisco Cuenca en 1925, en su Biblioteca de autores andaluces contemporáneos, Amalia Domingo Soler “Se afanó mucho por el avance cultural de la mujer e inspirada siempre en altos principios de moral, en todas sus obras predomina el fulgor de la sinceridad y de la convicción al servicio de los más puros ideales humanos”.
En la misma línea de la tenaz lucha que sostuvo contra la intolerancia, el fanatismo y la hipocresía que ella juzgaba representativas de la Iglesia Católica, su opinión era que la mayoría de las religiones habían contribuido negativamente a la situación femenina:

Las religiones positivas, códigos de tiranía moral, han envilecido a la mujer y ofrecídola al hombre como mísero juguete de su sensualidad, seguras de que por este medio, por la ciega sumisión de la una y el enervamiento del otro, sería eterna su dominación en el mundo.

De hecho, la autora se compadecerá profundamente de su propio sexo, al que la Iglesia y la sociedad han negado un status de igualdad con el hombre, también en el acceso a la cultura y a la educación:

¡Pobre mujer! Algunos padres de la Iglesia llegaron hasta negarle el alma. ¡Con cuánto trabajo viene conquistando el honroso puesto que en la familia le reserva el porvenir! Ella, que en todos tiempos ha empujado la civilización suavizando los sentimientos del hombre, se halla, sin embargo, en la infancia de su progreso, víctima de la violencia y la injusticia.

Amalia Domingo, consciente de la “dualización” artificial que gravita como una losa sobre las mujeres, y de la responsabilidad que corresponde a la Iglesia (y en general a las religiones) en esta asunción de un imaginario fuertemente arraigado en la mentalidad del hombre occidental, expone lúcidamente:

La misma religión católica, cuando dice a la mujer que la ha redimido y exaltado al exaltar a María sobre todas las criaturas y hacerla igual a Dios, la engaña para seducirla y por la seducción tiranizarla con más fuerza. Porque María no es el ideal de la mujer perfecta: es un ser privilegiado, sobrenatural, inmaculado desde su nacimiento; exenta, como esposa, de los deberes conyugales, exenta, como madre, de las leyes de la maternidad: al elevarla a tanta altura, lo que ha hecho es separarla de la mujer por un abismo. De un lado, una diosa; de otro, una criatura inmunda. Tanto es así, que apenas hay doctor de la Iglesia que no haya vomitado sobre la mujer la infamia y el desprecio; unos la han llamado sentina pestilencial, órgano del diablo, bestia feroz, hija de mentira, vaso de corrupción; otros, causa del mal, puerta del infierno, espantosa tenia, áspid, dragón, cabeza del crimen, silbido de la serpiente, y algunos concilios han llegado hasta rehusarle el alma. Y el hombre, por su parte, halagado en su egoísmo y en su orgullo, ha tomado a la mujer como las religiones se la han dado hecha, sin ocuparse de iluminar su entendimiento, ennoblecerla y levantarla del lodazal en que el fanatismo la retiene.

Por tanto, para la escritora sólo mediante la educación, mediante la instrucción pública, mediante la erradicación del fanatismo y del seguidismo religioso podrá la mujer liberarse y aspirar a desarrollar activamente un papel digno en la sociedad. Esto será lo propugnado insistentemente en sus escritos y conferencias por Amalia Domingo Soler, así como por otras compañeras suyas, pioneras en la lucha por la consecución de un mundo más justo e igualitario.

En conclusión

Toda la trayectoria literaria y biográfica de Amalia Domingo se caracterizó por la apasionada defensa de un librepensamiento basado en valores éticos como la tolerancia, la educación, la justicia y la igualdad social. Se trataba, en cualquier caso, de desterrar el oscurantismo religioso y la cerrazón intelectual.
En su búsqueda de la verdad la autora creyó sinceramente que el espiritismo ofrecía caminos nuevos, caminos que por cierto serían transitados con considerable frecuencia por otros autores finiseculares en mayor o menor medida, pues, como constata Ricardo Gullón, “[…] partiendo de la realidad del espiritismo, buscarán en él una vía por donde aventurarse en la sombra y en los enigmas que se les proponían como materia para sus experiencias poéticas”.

Por: Amelina Correa Ramón

SER FELIZ

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Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro.  A partir de aquel instante comenzó a buscarla.

Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

 En un recodo del camino vio un letrero que decía:

 «Le quedan dos meses de vida».

 Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo:

 – Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean.
Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.

 Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.

 Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión.  Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.

Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.

 Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: «Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos.»

 Ser Feliz, es una actitud.

 «Cada hombre tiene un tesoro que lo está esperando»

De «El Alquimista» – Paulo Coelho.