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EL SUEÑO DEL SULTÁN

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Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. 

Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño. 

¡Qué desgracia Mi Señor!, exclamó el Sabio, Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad. 

¡Qué insolencia!, gritó el Sultán enfurecido, ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. 

Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: 

¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes. 

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. 

Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: 

¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. 

Recuerda bien amigo mío, respondió el segundo Sabio, que todo depende de la forma en el decir.. uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. 

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas. 

La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado. 

A los “sultanes” en minúscula” les recomendamos escuchar, ya que ni ellos son sultanes, ni bestias los otros. Muchos señoritos se escuchan sólo a sí mismos y los demás son sólo, eso, “los demás”, pañuelos de usar y tirar o tornillos. Así podrán ganar más dinero y ser más felices junto a los que le rodean. 

Familiares y o compañeros de trabajo. 

O ¿trabajadores, carne de cañón? 

De ti depende. 

LA SOLEDAD INTERIOR

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La soledad que se siente
cuando el alma siente pena,
es tristeza que enajena
y te aparta del presente.

Te hace verlo todo negro
olvidando realidades,
inventando soledades
para ocultar nuestro ego.

Como el que quiere evadirse
y aquel que teme perderse,
es excusa el deprimirse
por no luchar y enfrentarse.

Soledad sólo se siente
si no se piensa en el otro
y si apartas de tu mente
el superar los escollos.

Es tan sólo una palabra
inventada sin sentido
en un mundo como el nuestro
olvidarla es… beneficio.

A veces miras tu vida
con unos ojos tan férreos,
que puede causarte herida
el ver tantos agujeros.

Todo eso hay que superarlo
ocupando cuerpo y mente
en el trabajo incesante
de mejorar tanto y tanto.

Y ese vagar triste y solo
sin un motivo aparente,
con sólo invertir la mente
te sentirás de otro modo.

Cuántas cosas por hacer
que al mirarnos olvidamos
cuántos detalles dejamos
mirando nuestro placer.

Lucha siempre en bien ajeno
y olvida lo que tú quieres,
piensa que tal como eres
no lograrás nada bueno.

Mejorar siempre es la meta
y aprender para ayudar
porque es muy bello el saber
si lo sabes emplear.

Olvídate de tu orgullo,
perdona si alguien te ofende,
no te veas pobre y débil
cuando eres rico y fuerte.

Rico de tantas virtudes
como el Padre nos ha dado
con la chispa, y aptitudes
para cambiar el pasado.

Con las vidas que el nos da,
las fuerzas que tenemos
y la ayuda que recibimos,
nada habrá que no logremos.

Y es que hay tanto por hacer
que se hace corto el camino
donde el amor y el deber
complementan nuestro sino.

No hay que dejarse engañar
por esa dulce apatía,
que con triste algarabía
nos trata así de anular.

Esa lucha que tenemos
y ese vacío interior,
si queremos llenaremos
entregando el corazón.

Pues no existen las soledades
sino inquietudes mal encaminadas.

MARÍA MARTÍNEZ

TENER FE

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TENER FÉ
 
Tener fe es “ACEPTAR” lo que Dios permite en nuestra vida aunque no lo entendamos, aunque no nos guste. Si tuviéramos la capacidad de ver el fin desde el principio tal como Él lo ve, entonces podríamos saber por qué a veces conduce nuestra vida por sendas extrañas y contrarias a nuestra razón y a nuestros deseos.
 
Tener fe es “DAR” cuando no tenemos, cuando nosotros mismos necesitamos. La fe siempre saca algo valioso de lo aparentemente inexistente; puede hacer que brille el tesoro de la generosidad en medio de la pobreza y el desamparo, llenando de gratitud tanto al que recibe, como al que da.
 
Tener fe es “CREER” en lugar de recurrir a la duda, que es lo más fácil. Si la llama de la confianza se extingue, entonces ya no queda más remedio que entregarse al desánimo. Para muchos creer en nuestras bondades, posibilidades y talentos, tanto como en los de nuestros semejantes, es la energía que mueve la vida hacia grandes derroteros. Pero todavía hay una forma mas elevada de creer. Saber que nuestra vida está en las manos de Dios y que Él es quien cuida de nosotros.
 
Tener fe es “GUIAR, DIRIGIR” nuestra vida, pero no con la vista, sino con el corazón. La razón necesita muchas evidencias para arriesgarse, el corazón necesita sólo un rayo de esperanza. Las cosas más bellas y grandes que la vida nos regala no se pueden ver, ni siquiera palpar, sólo se pueden acariciar con el espíritu.
 
Tener fe es “LEVANTARSE” cuando se ha caído. Los reveses y fracasos en cualquier área de la vida nos entristecen, pero es más triste quedarse lamentándose en el frío suelo de la autocompasión, atrapado por la frustración y la amargura.
 
Tener fe es “ARRIESGAR” todo a cambio de un sueño, de un amor, de un ideal. Nada de lo que merece la pena en esta vida puede lograrse sin esa dosis de sacrificio que implica desprenderse de algo o de alguien, a fin de adquirir eso que mejore nuestro propio mundo y el de los demás.
 
Tener fe es “VER” positivamente hacia adelante, no importa cuán incierto parezca el futuro o cuán doloroso el pasado. Quien tiene fe hace del hoy un fundamento del mañana y trata de vivirlo de tal manera que cuando sea parte de su pasado, pueda verlo como un grato recuerdo.
 
Tener fe es “CONFIAR” pero confiar no sólo en las cosas y en las personas, sino en el Dios que obra, actúa y habla a través de las personas. Muchos confían en lo material, pero viven relaciones huecas con sus semejantes. Cierto que siempre habrá gente que lastime y traicione tu confianza, así que lo que tienes que hacer es seguir confiando y sólo ser más cuidadoso con aquel en quien confías dos veces. 
 
Tener fe es “BUSCAR” lo imposible: sonreír cuando tus días se encuentran nublados y tus ojos se han secado de tanto llorar. Tener fe es no dejar nunca de desnudar tus labios con una sonrisa, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes cuándo tu sonrisa puede dar luz y esperanza a la vida de alguien que se encuentre en peor situación que la tuya.
 
Tener fe es “ANDAR” por los caminos de la vida de la misma forma en que lo hace un niño. Tomados de la mano de nuestro padre. Tener fe es dejar nuestros problemas en manos de DIOS y arrojarnos a sus brazos antes que al abismo de la desesperación. Fe es descansar en Él para que nos cargue, en vez de cargar nosotros nuestra propia colección de problemas.
 
“Que en tu vida haya suficiente fe para afrontar y esperar que las situaciones difíciles cambien, y la necesaria humildad para aceptar que muchas veces el que tiene que cambiar, eres tú”
 
José Luis Prieto

PALABRAS DEL CORAZÓN

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Sigue tu destino adónde sea que te lleve.

Hay un momento en la vida, en que comprendes que ha llegado el tiempo de   cambiar, y si no lo haces, nada jamás podrá cambiar. Comprendes que si al   fracasar, no tienes el coraje de comenzar de nuevo, la vida seguirá sin ti.  La dicha no nos acompaña siempre y nuestra vida a veces se torna diferente de lo que nos imaginamos.

No siempre nuestros días brindan lo que esperamos. Sin comprender por qué, a  veces toman rumbos tan imprevisibles que ni en tus sueños se hubieran  asomado. Pero igual, si no te animas a escoger un camino, o a realizar un  sueño, estás en gran peligro de vagar sin rumbo y perderte. Más bien que  preguntarte con mil ansias por qué tu vida se ha tornado como es ahora,  acepta el camino abierto que te espera.

Olvídate de lo que fue, no te confundas. Eso ya pasó. Sólo el presente  importa. El pasado es ya una ilusión, y el futuro todavía no existe. Pero vivimos hoy. Mide tus pasos uno a uno, sin perder la fe, guardando tu valor  y confianza. Con tu frente alta, no temas soñar, ni mirar las estrellas.

Un poco más de paciencia, tu vigor volverá y encontrarás tu vía. Una senda más bella y serena de lo que has soñado te llevará adonde quieras que te lleve, cumpliendo todos tus deseos. No pierdas confianza en tus fuerzas, y toma esa nueva vía. Verás que está llena de alegría, de aventuras y deleite como en tus sueños no imaginaste. Cree en ti.

Todos tenemos adentro una brújula que nos conduce adonde anhelamos. No olvides confiar en tu brújula, consúltala a menudo, porque el conocer su presencia te dará fortaleza para lo que la vida te depare. No permitas que te desvíen. Pídele la verdad a tu corazón, y te dará la respuesta y el discernimiento para tomar las decisiones que son para ti. Ama a todos, y no esperes agradecimientos. Haz  lo mejor que puedas. Vive cada día en su plenitud. Nadie puede leer el futuro.

Recuerda: para todas tus preguntas, allí en tu fuero interno, a la vera del camino, habrá respuestas más claras, soluciones aceptables. Hace falta paciencia, y confianza, para alcanzar la meta, solucionar problemas, y realizar sueños. Aunque por momentos parezca que ya no puedes seguir, conozco tu fortaleza, y sabrás sobrellevar todo lo que la vida te depare.

Cree en ti.

CUESTIONARIO BÁSICO

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Cuestionario básico del conocimiento espiritual

2014

Presentación

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Los motivos que nos mueven a confeccionar este monográfico especial son diversos. En primer lugar, pretendemos refundir en breves páginas toda una serie de ideas, conocimientos y experiencias que, a nuestro juicio, son fundamentales para todo aquel que desee adentrarse en el estudio de cualquier filosofía, escuela o tendencia espiritual.

Por otra parte, consideramos que existe mucho desconocimiento con respecto a todo el movimiento espiritual que en estos últimos tiempos se está produciendo; muestra de ello es la aparición de infinidad de grupos de personas de la más diversa índole con inquietudes éticas, espirituales y solidarias; y que, desafortunadamente, no siempre se encuentran bien orientados debido al exceso de informaciones, unas certeras y otras totalmente desviadas, que confunden notablemente a la persona neófita.

Es por ello que se hace preciso conocer unas nociones básicas dentro del conocimiento de las ciencias del espíritu y el psiquismo humano, que nos ayuden a valorar si las ideas que sustentamos pueden ser positivas para nuestra búsqueda o por el contrario nos llevan a la confusión y desorientación.

Exhortamos al lector a estudiar las ideas que aquí se exponen con auténtico espíritu crítico; analizando y reflexionando hasta llegar a sus propias conclusiones (que le supondrán necesariamente la aceptación o negación de una serie de conceptos); una invitación al análisis por sí mismo, sin condicionamientos previos, prejuicios o dogmatismos de ningún tipo.

Redacción

 

EDITORIAL

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VIDA EN PLENITUD

A menudo, aquellos estudiosos e interesados en la ciencia del espíritu y de la trascendencia del hombre después de la muerte debatimos sobre cómo se llega a esa cuarta dimensión; las diferentes condiciones en que uno se adentra en esa nueva vida espiritual en función de su nivel evolutivo y de adelanto moral.

La información que se nos ofrece a través de la mediumnidad de aquellos que nos han precedido hasta esa cuarta dimensión, o de muchos otros que no conocemos pero que nos traen evidencias y vivencias del otro lado, nos sirve para hacernos una idea, para tener la certeza de que esta vida en la tierra no es más que un reflejo de la vida en el espacio. Donde también allí, al igual que aquí, existen grupos sociales y familiares, ciudades, sociedades, instituciones de socorro y de auxilio, institutos de investigación y avances de la ciencia, etc. Cualquier estructura social, institución o colectivo que existe en la tierra, con anterioridad ha existido en el espacio. (*)


Existe abundante, amplísima y evidente información que a través de los siglos se nos ha legado sobre ese otro plano de vida; y esta información siempre ha llegado a la tierra de diversas formas, pero a través de personas de capacidades poco comunes para el tiempo en el que vivían; pongamos como ejemplo desde las sibilas de la antigua India y de la Grecia clásica, de los sacerdotes Egipcios, de los augures romanos, etc..

Más recientemente, una de las grandes obras de la literatura universal como La Divina Comedia de Dante Alighieri basa su argumento en el relato del ingreso en el plano espiritual, recorriendo el espíritu los distintos planos de vida que allí existen, y guiado al mismo tiempo por un protector que le sirve de amparo y de orientación en su camino hacia las regiones más elevadas. Desde el advenimiento del espiritismo, en el siglo XIX, la literatura mediúmnica es un exponente claro de todas estas informaciones que nos presentan la realidad de la vida en el espacio, donde todos llegamos al finalizar la jornada terrena. Tenemos pues información contrastada, explicativa, amplia y precisa.

No obstante, cuando vivimos en la tierra, sometidos a la inmersión de la materia, nuestro ser espiritual ve mermados todos sus sentidos y percepciones hasta grados realmente de mínimos. Apenas nos valemos de la inteligencia, de la intuición y de la inspiración para poder entender, comprender o presumir cómo es y cómo será la vida en ese otro plano, que en realidad constituye nuestro hábitat, pues la vida del espíritu es la auténtica, dónde más tiempo pasamos comprendiendo y estudiando nuestra realidad consciente como seres eternos en el camino del progreso.

Aquí es donde queremos focalizar nuestra reflexión de hoy; no es lo mismo vivir que conocer, experimentar que saber. Sabemos mucho sobre la cuarta dimensión, sobre cómo se llega y se vive en ella, pero con cuerpo físico nos es muy difícil acceder a esos planos de vida y experimentar las sensaciones e impresiones que nuestro espíritu libre de las ataduras del cuerpo físico puede sentir. Solamente a través del desdoblamiento cuando dormimos, o mediante la proyección astral, podemos salir a ese espacio y experimentar algunas vivencias que nos hacen comprender la amplitud de esa dimensión.

 No obstante, en el primer caso, apenas recordamos conscientemente la experiencia, pues despertamos del sueño con apenas algunas percepciones o impresiones muy débiles, así como los recuerdos que de ellas se derivan. Y en el segundo caso, cuando provocamos el desdoblamiento, a pesar de experimentar sensaciones agradables, estamos muy lejos, muy distantes de la plena consciencia que vive el ser espiritual cuando ya no tiene materia y se encuentra en ese plano de vida plena. E incluso, si se nos permite, cuando nuestra condición moral no es muy avanzada, esta proyección astral que provocamos para llegar a ese otro plano, no es nada recomendable, e incluso peligrosa, pues por afinidad y frecuencia mental y emocional, nuestra desordenada y perniciosa vibración nos llevará hacia planos afines a nuestros pensamientos y sentimientos, donde encontraremos seres de la misma condición, con intenciones nada nobles ni dichosas, corriendo riesgos innecesarios.

La vivencia del plano espiritual, es mejor alcanzarla con la propia elevación que nos acontece al reformar nuestro carácter y elevar nuestras condiciones morales; a mayor elevación, pensamientos, sentimientos y acciones nobles, nuestro espíritu alcanza la frecuencia vibratoria que le permitirá experimentar momentos de dicha inigualables al penetrar en ese otro mundo de Vida Plena; anticipando lo que será nuestro hábitat el día de mañana cuando retornemos a la patria espiritual de la que procedemos.

Y sin necesidad de provocar experiencia alguna, nuestros guías y protectores facilitarán la vivencia de una mayor consciencia de ese otro mundo, a pesar de los inconvenientes de la materia, de la pesadez de las vibraciones que encarcelan al espíritu. Estas experiencias no sólo fortificarán nuestra determinación en el compromiso adquirido y su ejecución en la tierra, sino que nos llenarán de dicha y de paz y felicidad interior al reafirmar nuestra condición de espíritus encarnados que se hallan en el camino correcto de su redención y progreso moral.

El acceso a ese plano de vida, guiados por los mentores que nos asisten, y en las debidas condiciones, expandirá nuestra consciencia hasta límites insospechados; alcanzando el conocimiento y la comprensión extraordinaria de la palabra VIDA en PLENITUD. Pues, liberados de los entorpecimientos materiales y en el camino del servicio y del amor al prójimo, aquellos que nos acompañen sabrán presentarnos las claridades y lucidez necesaria a nuestro entendimiento para seguir luchando al regresar a la materia. Bajo el amparo de vibraciones de amor y de alegría, nuestro ser inmortal se sentirá en ese plano de vida como si nunca deseara abandonarlo; reconociendo sus limitaciones en la tierra pero aceptando el compromiso del servicio y de la renuncia al regresar a sus obligaciones y tareas para consigo mismo y con la humanidad.

Fuente inenarrable de bondades, recibiremos desde ese plano de vida las impresiones necesarias y la ayuda de aquellas potencias espirituales que nos infundirán el ánimo y el coraje necesario para enfrentar todas las pruebas, por duras que sean, permitiéndonos una vida en la tierra plena; con plena consciencia de nuestra realidad inmortal y de la realidad que nos espera cuando volvamos con el deber cumplido al mundo del que procedemos.

A. Lledó


(*) «Como es arriba es abajo»

ENCUENTRO ESPIRITA EN RAFAL (ALICANTE)

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Durante la jornada de ayer día 28 de septiembre se celebró un nuevo encuentro entre grupos, una nueva convivencia de confraternización promovida esta vez por nuestros queridos compañeros del Centro Espírita “La Luz del Camino”.
Alrededor de 80 personas nos congregamos en un albergue magnífico, en la pequeña población de Rafal (Alicante). Grupos de Alicante, Murcia, Cocentaina, Alcantarilla, Muro de Alcoy, Villena, y los propios organizadores de Orihuela, nos dimos cita para compartir durante unas horas, momentos de convivencia fraterna, en el que la cordialidad y el diálogo fueron las constantes en todo momento. 

Tras las presentaciones iniciamos la convivencia, con un diálogo abierto, en el que, en primer lugar y en nombre de sus compañeros, Antonio Pina, nos dio la bienvenida para posteriormente dar paso a algunas reflexiones muy oportunas respecto a la necesidad de dichos encuentros, haciendo un balance de los realizados hasta ahora en otras poblaciones, y aportando el dato de cuando nació la iniciativa, y fue en las últimas Jornadas del Mediterráneo, este mismo año, donde surgió la idea de continuar con el contacto entre los distintos grupos que así lo desearan, ante la buena sintonía y predisposición que allí se creó. 


Miembros de los diferentes grupos convocados en dicho albergue aportaron su idea respecto al momento actual, de cuáles son las necesidades en este momento y de sus diferentes maneras de enfocar sus actividades y expectativas de futuro, en un ambiente de respeto, receptividad y de participación, sin olvidar a los jóvenes que también trasladaron sus impresiones y necesidades.

Cabe destacar también la buena organización de nuestros compañeros de Orihuela, nos referimos a aquellas personas que se encargaron, (mientras otras dialogaban en un espacio habilitado para tal fin), de la preparación de la comida posterior y de que todos los detalles para que la convivencia fuera un éxito, como así ha sido.

En definitiva, ayer se dio un nuevo paso; poco a poco se va consolidando la convicción de que todos los grupos nos necesitamos unos a otros, cada uno con su impronta e idiosincrasia. Aportando y valorando la experiencia de cada uno al servicio de los demás, en un clima de amistad y de concordia que cada vez se hace más patente.

Nos gustaría concluir esta pequeña crónica, recordando a aquellos compañeros que tuvieron la intención de venir pero por diversas causas no les fue posible, nos referimos a los queridos compañeros de Valencia y del Centro de Estudios Espíritas de Benidorm.

¡¡Nuestra más sincera enhorabuena a todos!!


Redacción

SEGUIR ADELANTE

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Es natural: cuando un gran dolor se abate sobre nosotros, la tendencia es quedar paralizado, encogido.
 
Parece que todo se detiene. El aire es pesado y la melancolía, esta en todo lugar, hace que las agujas del reloj se arrastren. En el corazón, la soledad, miedo, angustia y sufrimiento.
 
En ese momento, la mayoría de nosotros tenemos ganas de dejar todo de lado, para dormir, olvidar y desaparecer.
 
Pero la vida continúa Y nos reclama una aptitud: es necesario continuar.
 

El estómago pide comida, el cuerpo se revela con sed, la familia debe ser sustentada.Todo sigue normalmente.

¿Pero cuál es la forma de proceder cuando nada parece tener sentido? ¿Si un enorme vacío se encarga de todas las cosas?
 
En primer lugar debemos ser conscientes de que hay otras personas que dependen de nosotros, ya sea física o emocionalmente.
 
Los niños, esposa, esposo, padres, hermanos, amigos. Toda esta multitud sufre con nosotros. Y, por amor a ellos, es necesario luchar para superar toda nuestra amargura.
 
Si un hijo muere, otros se quedan. Y son los que esperan nuestros gestos de amor, atención, sonrisas.
 
Y si no hay otros hijos, existen otros parientes, y amigos que nos quieren bien.
 
Si perdemos algo, todo lo que sea muy importante, incluso el trabajo de toda una vida, es tiempo de buscar nuevos horizontes, nuevas oportunidades, nuevas perspectivas.
 
El mundo está lleno de innovaciones a nuestra espera.
 
Mas, para eso debemos estar abiertos al mundo con los brazos dispuestos a abrazar las bellezas que la vida ofrece.
 
Y es necesario saber que no estamos solos en el sufrimiento. El dolor que nos lacera también mata a millones de personas.
 
Cada uno lleva su dolor. A menudo en secreto. Muchas veces, sin nadie con quien compartir.
 
A pesar del dolor, el Mundo continua girando, todo sigue su ritmo normal. Y de nada vale desear que todo pare para vernos llorar. O para consolarnos.
 
Tenemos dentro de nosotros una inmensa fuerza para resistir a todo, para soportar todas las pruebas. Es algo que viene de Dios.
 
Jesús nos enseñó que Dios no da pruebas superiores a nuestras fuerzas. Sí, porque Dios ha puesto en nuestros corazones la fortaleza que nos levanta.
 
Es el espíritu de lucha que viene cuando estamos abatidos. Es la fuerza que, de pronto se apodera del alma y nos hace sonreír de nuevo.
 
Es un regalo de Dios. Disfruta. Esta energía está viva en tú alma. Que se agita como un pájaro en espera a que lo liberes
 
¿Cómo lograrlo en nuestra intimidad y despertarla?
 
No es ningún secreto y todos, sin excepción, pueden conseguir. Se llama oración.
 
Deja tu corazón hablar con Dios. Ábrele tu interior. Confiésale tus penas, angustias, tristezas.
 
Y ten la certeza. Él, el infinito Amor y la Misericordia plena, no te dejará sin respuesta.
 
La afirmación es de Jesús, al decir que el Padre no da piedras a Su hijo que pide pan.
 
Confíe. Dese esta oportunidad de fe, con ella tratando de fortalecer tus esperanzas, renovar tu Espíritu para el bien, consolidar tu coraje para reanudar la caminata, conquistar fuerzas para proseguir con valentía y sin miedo.
 
Haga esto para usted, y principalmente por sus afectos. Ellos precisan mucho de usted.
 
Recuerde que Jesús cantó un Himno de esperanza y de consuelo para la Humanidad, con Sus hechos y dichos, y Se volvió a nosotros, diciendo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
 
Venid a Mí todos los que están cansados de las luchas del mundo y Yo os haré descansar.
 
Piense en eso.
 
Redacción del Momento Espirita.
 

ENCUENTRO CON DIOS

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Señor, tantas fueron las veces que mis ojos miraban el cielo en busca de respuestas.
 
Observé los dolores del mundo y me pregunté dónde está Tu justicia, dónde Tu bondad, dónde Tu infinito amor.
 
Además, me pregunté: ¿Qué eres Tú? ¿Dónde vives?
 
Sin embargo, aquel día tenía de llegar. Y llegó. Y nosotros nos encontramos.
 
El hospital estaba especialmente frío aquella noche de otoño.

Yo hacía mis visitas, observando el cuadro de cada paciente por el cual yo, como médico, era el responsable.

Entonces, fui sorprendido por la madre de uno de mis pacientes, que gritaba desesperadamente mi nombre.
 
Su hijo, que contaba siete años en esa época, tenía crisis continuas de convulsiones. Su cuerpo frágil, afectado por el cáncer, se debatía en la camilla.
 
Después de estabilizarlo y, teniendo en cuenta mis cuarenta años en el área de la oncología, sabía que la muerte no tardaría en llegar para aquel frágil muchacho.
 
Todavía, ocurrió algo inusitado: tal vez porque me acordé de mi nieto, sano y feliz, las lágrimas comenzaron a brotar incesantes de mis ojos y, aun esforzándome mucho, no pude contenerlas.
 
Sujeté la mano de aquel niño y, con el apoyo de la madrecita que ahora compartía sus lágrimas conmigo, sentí su pulsación volviéndose cada vez más débil, hasta cesar completamente.
 
Inmediatamente, me puse a pensar en palabras de consuelo para aliviar el corazón de aquella madre que acababa de perder a su hijo. Pero, las gruesas lágrimas que corrían por mi rostro no me permitían consolar a nadie.
 
Y cuán sorprendido me quedé cuando aquella señora, secándose las propias lágrimas, me abrazó y dijo: No llore, doctor. Dios quiso que mi hijo no sufriese más.
 
Dios siempre actúa a nuestro favor, continuó la señora. Somos nosotros que, egoístas, muchas veces no somos capaces de ver Su misericordia en todo lo que nos rodea, incluso cuando sufrimos.
 
Perplejo, no logré acompañar el razonamiento de aquella sabia mujer: ¿Cómo podemos encontrar la misericordia en el sufrimiento?
 
Y ella, como leyendo mis pensamientos, aseveró: Dios es como un padre que trata a su hijo enfermo: permite que el vástago tome la medicina, aunque amarga, pero que traerá alivio y cura para el cuerpo enfermo.
 
Dios permite que tomemos la medicina amarga del sufrimiento, a fin de que sanemos nuestro Espíritu de todo el mal que, quizás, aún pueda en él existir.
 
* * *
 
En la respuesta tan simple de aquella señora, yo Te encontré.
 
En aquella camilla, no sólo estaba el hijo de la resignada mujer. Todos los dolores del mundo, por los cuales yo también lloraba, estaban allí representados.
 
Mientras yo veía injusticia y dolor, ella veía oportunidad y regeneración. Al tiempo que yo perdía un paciente para la muerte, ella entregaba un hijo para la vida. Yo veía el final. Ella, el comienzo.
 
* * *
 
Dios en todo se revela. Bajemos la guardia de nuestro orgullo, de nuestro materialismo, de nuestro egoísmo, a fin de percibirlo.
 
En el verde de los bosques, en el canto de los pájaros, en los que sufren, en los que ríen y dentro de nosotros… ¡Allá está Él!
 
¡Pensemos en eso!
 
En 28.7.2014.

SZYMEL SLIZGOL 

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Este era un pobre israelita de Vilna, muerto en mayo de 1.865. Con una escudilla en la mano había mendigado durante treinta años. En toda la ciudad era conocido por su modo de exclamar: «¡Acordaos de las pobres viudas y de los huérfanos!» Durante este tiempo Slizgol había reunido 90.000 rublos. Pero no guardó un kopeck para él. Aliviaba a los enfermos, que cuidaba por sí mismo; pagaba la enseñanza de los niños pobres, distribuía a los necesitados los comestibles que se le daban. La noche la tenía consagrada a la preparación de tabaco en polvo que vendía para atender a sus propias necesidades. Lo que le sobraba pertenecía a los pobres. Szymel era solo en el mundo. El día de su entierro fue acompañado por gran parte de la población y las tiendas se cerraron.

 SOCIEDAD ESPIRITISTA DE PARIS, 15 DE JUNIO DE 1.865 

 Evocación.- Demasiado feliz, y después de haber llegado a la plenitud de mi ambición, que he pagado muy cara, estoy aquí en medio de vosotros desde el principio de esta reunión. Os doy gracias porque os ocupáis del Espíritu del pobre mendigo, que con alegría procurará responder.

 P.- Una carta de Vilna nos ha hecho conocer las particularidades más notables de vuestra existencia. Por la simpatía que nos inspiráis hemos tenido deseos de dirigiros la palabra. Os damos las gracias por haber venido a nuestro llamamiento, y puesto que tenéis gusto en respondernos, tendremos el mayor placer, para nuestro conocimiento, en conocer vuestro estado como Espíritu y las causas que han motivado el género de vuestra última existencia.

R.- En primer lugar, conceded a mi Espíritu, que comprende su verdadero estado, el favor de que os diga su opinión sobre el pensamiento que habéis tenido con respecto a él; pido vuestros consejos si ella es falsa.

 Encontráis singular que la manifestación pública haya tomado tanta parte para prestar homenaje al hombre insignificante que ha sabido por su caridad atraerse tal simpatía. No digo esto por vos, querido maestro, ni por ti, querido médium, ni por todos vosotros, verdaderos y sinceros espiritas, pues hablo para las personas indiferentes a la creencia. No hay en eso nada de extraño. La presión moral que ejerce la práctica del bien sobre la humanidad es tal, que por materiales que seamos siempre se acata, siempre se saluda al bien, a pesar de la tendencia que se tiene al mal.

 Vamos a vuestras preguntas, que por vuestra parte no las habéis dictado por la curiosidad, sino que las formuláis sencillamente con la idea de la instrucción general. Voy, pues, ya que estoy libre, a deciros con la mayor brevedad posible cuáles son las causas que han motivado y determinado mi última existencia.

 Hace muchos siglos vivía con el título de rey, o al menos de príncipe soberano. En el círculo de mi poderío, relativamente estrecho en comparación de vuestros estados actuales, era dueño absoluto del destino de mis súbditos; obraba como tirano, mejor dicho, como verdugo. De carácter imperioso y violento, avaro y sensual, veis desde luego cuál debía ser la suerte de los pobres seres que vivían bajo mis leyes. Abusaba de mi poder para oprimir al débil, para poner a contribución toda especie de oficios, de trabajos, de pasiones. De esta suerte imponía un tributo al producto de la mendicidad; ninguno podía mendigar sin que por anticipado no hubiese tomado mi buena parte de lo que la piedad humana depositaba en la escarcela de la miseria. Aún más: a fin de no disminuir el número de mendigos entre mis súbditos, prohibí a los desgraciados dar a sus amigos, a sus padres o a sus allegados, la insignificante parte que quedaba a aquéllos pobres seres. En una palabra: fui todo lo implacable que se ha conocido para con el sufrimiento y la miseria.

 Perdí, en fin, lo que llamáis la vida, entre tormentos y sufrimientos horribles; mi muerte fue un modelo de terror para todos los que como yo, aunque en menor escala, tomaban parte en mi modo de obrar. Permanecí en estado de Espíritu errante durante tres siglos y medio, y cuando al fin de este lapso comprendí que el objeto de la encarnación era otro que el que mis sentidos groseros y obtusos me habían hecho seguir, obtuve a fuerza de oraciones, de resignación y de pesares el permiso de ocuparme en la tarea de soportar los mismos sufrimientos, y más aún, que los que había hecho soportar a los otros. Obtuve ese permiso y Dios me dio el derecho, por mi libre albedrío, de amplificar mis sufrimientos morales y físicos. Gracias al socorro de buenos Espíritus que me asistían persistí en mi resolución de practicar el bien y les doy gracias por esto, porque evitaron que sucumbiera en la tarea que tomé.

 He cumplido, en fin, una existencia que ha rescatado, por su abnegación y caridad, lo que la otra tenía de cruel e injusta. Nací de padres pobres; huérfano, muy joven aprendí a bastarme por mí mismo, en la edad en que uno es considerado incapaz de comprender. Vivía solo, sin amor, sin afecciones, y aun al principio de mi vida soporté la brutalidad que había ejercido sobre los otros. Se dice que las sumas recogidas por mi fueron todas consagradas al alivio de mis semejantes; es un hecho exacto, y sin énfasis ni orgullo, añado que muy a menudo, al precio de privaciones bastante fuertes, aumenté el bien que me permitía hacer la caridad pública. He muerto con calma, y confiando en el premio obtenido por la reparación hecha en mi última existencia, estoy recompensado con exceso de mis secretas aspiraciones. Hoy día soy dichoso, muy dichoso de poder deciros que cualquiera que se eleve será humillado, y que el que se humille será elevado.

 P.- Os rogamos nos digáis en qué ha consistido vuestra expiación en el mundo de los Espíritus y cuánto tiempo ha durado ella después de vuestra muerte hasta el momento en que vuestra suerte fue endulzada por efecto del arrepentimiento y de las buenas resoluciones que habéis tomado. Decidnos también a quién debéis este cambio en vuestras ideas, en estado de Espíritu.

R.- ¡Me traéis a la memoria muy dolorosos recuerdos! ¡Cuánto he sufrido!… Pero no me quejo: me acuerdo… Queréis saber de qué naturaleza ha sido mi expiación; hela aquí en todo su terrible horror. Verdugo, como os he dicho, para todo el que tuviera buenos sentimientos, permanecí mucho tiempo, mucho, adherido por mi periespíritu a mi cuerpo en descomposición. ¡Me sentí, hasta su completa putrefacción, roído por los gusanos que me hacían sufrir mucho! Cuando estuve desembarazado de los lazos que me aferraban al instrumento de mi suplicio, sufrí todavía uno más cruel; después del sufrimiento físico vino el sufrimiento moral, y éste ha durado mucho más tiempo que el primero. He sido puesto en presencia de todas las víctimas que había atormentado; periódicamente, y por una fuerza más grande que la mía, era conducido a presencia de mis culpables acciones. Veía física y moralmente todos los dolores que había hecho sufrir. ¡Oh!, amigos míos, ¡cuán terrible es la vista constante de aquéllos a quienes se ha hecho mal! Tenéis de esto un débil ejemplo entre vosotros en el careo del acusado con su víctima. Ahí tenéis, en pocas palabras, lo que he sufrido durante tres siglos y medio, hasta que Dios, movido por mi dolor y mi arrepentimiento, solicitado por los guías que me asistían, permitió que tomase la vida de expiación que conocéis.

 P.- ¿Un motivo particular os ha inducido, acaso, a elegir vuestra última existencia en la religión israelita?

R.- No fue elegida por mí, sino que la acepté según el consejo de mis guías. La religión israelita añadía una pequeña humillación más a mi vida de expiación; porque en ciertos países, sobre todo, la mayoría de los encarnados menosprecian a los israelitas y particularmente a los judíos mendicantes.

 P.- En vuestra última existencia, ¿a qué edad habéis empezado a poner en ejecución las resoluciones que habíais tomado? ¿Cómo os ha venido este pensamiento? Mientras ejercíais así la caridad con tanta abnegación, ¿teníais alguna intuición de la causa que os empujaba a ello?

R.- Nací de padres pobres, pero inteligentes y avaros. Joven todavía, fui privado de la afección y de las caricias de mi madre. Sentí por su pérdida una pena tanto más viva cuanto que mi padre, dominado por la pasión de la ganancia, me abandonaba enteramente. Mis hermanos, todos de más edad que yo, no advertían mis sufrimientos. Otro judío, motivado por un sentimiento más egoísta que caritativo, me recogió y me hizo aprender a trabajar. Recobró con usura el producto de mis trabajos, que a menudo sobrepujaban mis fuerzas, y lo que había podido costarle. Más tarde me liberé de este yugo y trabajé para mí. Pero por todas partes, tanto en la actividad como en el reposo, era perseguido por el recuerdo de las caricias de mi madre, y a medida que adelantaba en edad, su recuerdo se grababa más profundamente en mi memoria y lamentaba más la falta de sus cuidados y de su amor.

 Pronto fui el único de mi nombre; en algunos meses la muerte se llevó a toda mi familia. Entonces comenzó a revelarse la manera como debía pasar el resto de mi existencia. Dos de mis hermanos dejaron hijos huérfanos. Conmovido por el recuerdo de lo que había sufrido, quise preservar a estos pobrecitos seres de una juventud semejante a la mía, y no pudiendo con mi trabajo bastar para que subsistiéramos todos, empecé a tender la mano, no para mí, sino para los otros. Dios no debía dejarme el consuelo de gozar de mis esfuerzos; los pobrecitos me dejaron para siempre. Veía lo que les hacía falta: era su madre. Resolví entonces pedir limosna para las viudas desgraciadas que no pudiendo bastarse a sí y a sus hijos se imponían privaciones que las conducían a la tumba, dejando pobres huérfanos que quedaban abandonados y entregados a los tormentos que yo mismo había sufrido.

 Tenía treinta años cuando, lleno de fuerza y de salud, se me vio mendigar para la viuda y el huérfano. Los principios fueron penosos y debí soportar más de una humillante palabra. Pero cuando se vio que distribuía realmente todo lo que recibía en nombre de mis pobres; cuando se vio añadir a ello las horas de mi trabajo, adquirí una especie de consideración que no dejaba de tener encanto para mí.

 He vivido sesenta y tantos años y jamás falté a la tarea que me había impuesto. Tampoco la conciencia me advirtió jamás nada que me hiciera sospechar que un motivo anterior a mi existencia fuese el móvil de mi manera de obrar. Solamente un día, antes de empezar a pedir limosna, oí estas palabras: «no hagas a los otros lo que no quisieras que te hiciesen». Quedé asombrado de la moralidad general contenida en estas pocas palabras, y muy a menudo me sorprendía al o ir que se añadían estas otras: «pero, al contrario, hacedle lo que quisieras que te fuese hecho». Ayudándome el recuerdo de mi madre y el de mis sufrimientos, continuaba trabajando en una senda que mi conciencia me decía que era buena.

 Voy a concluir esta larga comunicación diciéndoos ¡gracias! No soy todavía perfecto, pero sabiendo que el mal no conduce sino al mal, haré de nuevo como lo que he hecho: el bien para recoger la dicha.

 SZYMEL SLIZGOL

Artículo extraído del libro «El cielo y el infierno o la justicia divina», de Allan Kardec.

LA MEDIUMNIDAD ANTE LA CIENCIA

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Conferencia del Dr. Raúl Texeira, que lleva por titulo: La mediumnidad ante la ciencia. Impartida en la ciudad de Villena el día 13 de septiembre de 1999.

Redacción

AMOR PAZ Y CARIDAD AÑO III

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Amor Paz y Caridad año III

Segunda época

 

240En este archivo está recopilado el tercer año de nuestra revista digital, desde el número 25 al 36 correspondiente a los meses de mayo 2012 a abril 2013.

Estos son los títulos de las diversas secciones:

Editorial, Leyes Universales, Crisis ¿Qué Crisis?, Recordando el Pasado, Mediumnidad, Nuevos Tiempos, Página Poética, ¿Evolución o Creación?, Hablemos de…, Valores Humanos, Palabras de Aliento, recopiladas en un pdf para que usted pueda imprimirlas y leerlas donde guste.

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