El Amor

AMOR POR LOS HIJOS

Dentro del capítulo del amor, ocupa un lugar destacado el amor por los hijos. Estos no son sólo nuestra descendencia, sino que representan además un compromiso asumido hacia ellos. No solo debemos criarlos, sino que debemos hacerlo transmitiéndoles la educación y los valores necesarios para ayudarles en su desarrollo humano y espiritual.

La familia es la base de la sociedad, es ahí donde se generan las tendencias, los hábitos y las maneras en las que nuestros hijos se van a manifestar después en su entorno social, por tanto es muy importante que sepamos transmitir, a través del ejemplo, sobre todo, y de una buena enseñanza, los valores y la educación, para que sepan comportarse, y puedan tener la fuerza y la convicción necesaria para no dejarse arrastrar por lo que ven y pueden aprender en la calle.

También es verdad que nuestros hijos, traen consigo su bagaje espiritual, son espíritus independientes, y por lo tanto, llevan consigo la carga de su pasado, sus tendencias, virtudes y defectos adquiridos, con lo cual, cada uno de ellos es diferente del resto del mundo, motivo por el cual debemos saber tratar a cada uno según su necesidad, para que podamos corregir aquellos hábitos que no sean adecuados, e incentivar sus cosas buenas.

Por mucho que queramos nuestros hijos, así como traen sus viejos hábitos del pasado, también traen sus proyectos y una misión que realizar, para poder adquirir el grado de evolución que se han propuesto en la vida, por tanto, también debemos respetar ese hecho, y ayudarles a que sepan abrirse camino en la vida, escogiendo de todas las expectativas que el mundo les ofrece, aquello que llevan dentro y que va a determinar su paso por la Tierra.

Hemos de entender que, como espíritus independientes traen sus experiencias, sus proyectos, así como sus pruebas y expiaciones, y por mucho que queramos han de pasarlas, no podemos evitarlo, pero sí que podemos darles la base, por medio del ejemplo, de las enseñanzas y los conocimientos para que sepan tomar las decisiones correctas y asumir sus responsabilidades.

Así como nosotros hemos asumido un compromiso con ellos, que no consiste solo en traerlos al mundo, sino en ayudarles a progresar, ellos también nos pueden ayudar a nosotros, porque tienen cualidades y aptitudes diferentes a las nuestras, y también podemos aprender de ellos. Hemos de estar abiertos a todo, no debemos ser padres dictadores e intransigentes. El ordeno y mando no vale a estas alturas a del siglo XXI, estamos todos aprendiendo constantemente, y una de las muchas cosas que hemos aprendido es a tratarlos con amor, con dulzura y paciencia, sin dejar a un lado la firmeza para que adquieran buenos hábitos, este es el mejor método, para enseñar todo a nuestros hijos, y de ese modo al mismo tiempo estamos aprendiendo también los padres a convivir, con respeto, tolerancia y comprensión.

Aquello que no se pueda conseguir por medio del amor, del cariño y la paciencia, difícilmente se puede aprender por otros medios, me refiero a los métodos de imposición, violencia e intolerancia.

Por lo tanto, en principio debemos resaltar la gran responsabilidad que como padres recae sobre nosotros en todo lo que concierne a nuestros hijos, son una responsabilidad nuestra. No debemos confundir y trasladar a los profesores, por ejemplo, la tarea de educar a nuestros hijos. La escuela está para que nuestros hijos adquieran unos conocimientos que les van a servir de base para poder alcanzar más adelante una profesión, pero nada más, la responsabilidad de que nuestros hijos acudan al centro escolar con la debida educación y respeto hacia profesores y resto de alumnos es nuestra.

Sin embargo podemos observar que en muchas ocasiones falla este principio y nuestros hijos adquieren hábitos, costumbres y modales muy poco apropiados para su edad, convirtiéndose poco a poco en pequeños malhechores. Todo ello como consecuencia de no haberles dedicado el tiempo adecuado y no haberles transmitido una base lo suficientemente sólida para saber que no han de contaminarse de todo lo que hay en el exterior de la familia. La familia como digo es la base fundamental y es donde se deben forjar el carácter y las cualidades de nuestros hijos.

El descuido por nuestra parte de este tipo de cuestiones hace mucho daño a nuestros hijos. Muchos padres se preocupan de que no les falte de nada, como suele decirse, y es algo muy loable y digno de alabar, ya que no es fácil en muchas ocasiones conseguir este hecho. No obstante hemos de preguntarnos qué necesitan nuestros hijos, que cosas son las más importantes para ellos, además del necesario sustento. NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE.

Por tanto toda familia debe establecer una serie de principios, para poder generar y potenciar las bases de la sociedad que deseamos para nuestra humanidad. La familia es una  micro-sociedad, lo que encontramos en ellas es lo que hay fuera de ellas. Por lo tanto además la familia debe ser el refugio, “bien entendido” para nuestros hijos en donde puedan encontrar el abrazo, la comprensión y la fuerza que necesitan para enfrentarse en el día a día ante las pruebas que la sociedad les depara.

Tan importante es la parte material, como la espiritual para nuestros niños, si no se alcanza un equilibrio entre ambas corremos el peligro de convertir a nuestros hijos en pequeños déspotas, que solo valoran las cosas materiales y que nos van a exigir más y más cada día, sin ni siquiera ser conscientes de lo mucho que cuesta a los padres mantener en pie la “casa” con todo lo que   ello conlleva. Si no les transmitimos los valores éticos y morales, se van haciendo cada día más egoístas, porque es algo que está ahí, intrínseco en la materia, y en el entorno social, con lo que espiritualmente habremos fracasado en ese aspecto tan importante.

Nuestros hijos son lo que más queremos en este mundo, queremos para ellos lo mejor, queremos verlos felices, con salud, queremos evitar que sufran, que lloren, etc., y esto a veces nos lleva al sentimentalismo, y nos excedemos en darles todo lo que nos piden.

Amar a nuestros hijos no significa darles todo lo que quieren, sino en saber qué es lo que necesitan, es ponerles también las limitaciones y el freno a lo que por sus instintos y tendencias traen del pasado, para eso estamos ahí, lo mismo que hay que saber darles, hay que saber también quitarles. Complacerles a veces es muy fácil, y nos quitamos un problema del medio.

Decir no es más difícil, hay que explicarles, hay que hacerles entender, es una labor constante, una labor del día a día, que requiere mucho tiempo y esfuerzo por nuestra parte  y en ocasiones porque volvemos cansados del trabajo, por un programa de televisión que nos apetece ver, les quitamos el tiempo que necesitan a nuestros hijos, y dejamos de transmitirles la educación que deben adquirir.

Por fortuna en estos tiempos contamos con una gran ayuda por parte de educadores, la sociedad ha avanzado mucho, la psicología ha desarrollado infinidad de técnicas y métodos para que sepamos cómo corregir y ayudar al crecimiento de nuestros hijos, si queremos podemos formarnos y adquirir los medios y los conocimientos para ayudarles de la mejor manera, sin miedo a equivocarnos, sobre todo cuando estos presentan problemáticas difíciles.

En base a estos argumentos hemos de entender que nuestros hijos, vienen para recibir de nosotros una gran ayuda en cuanto a la adquisición de buenos valores y principios, que hemos de transmitirles con el ejemplo, y sobre todo con amor, un amor desprovisto de sentimentalismo, cuando haga falta, y un amor que no esté basado en el materialismo, sino en el respeto y comprensión de todos.

Hemos de ver a nuestros hijos no sólo como niños, sino como un carácter en formación, por un lado, y por otro con todo lo que traen del pasado, lo cual debemos descubrir a tiempo para poder corregirle aquellas faltas que manifiesta y que desde pequeñitos sí se pueden corregir. Por lo menos por nuestra parte que no sea.

Fermín Hernández Hernández

2016, © Amor, paz y caridad

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