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EL ANIMISMO, ESE GRAN DESCONOCIDO

El buen desarrollo de la mediumnidad tiene dos grandes enemigos que, por su importancia, incidencia y transcendencia en las comunicaciones, debieran ser perfectamente conocidos por todos. El más notorio de ellos es la actuación de entidades mistificadoras; el menos, por ser más desconocido y olvidado, es el animismo del médium. Y sobre esta  habitual casuística inherente al propio médium, es sobre la que vamos a detenernos para conocer mejor sus manifestaciones y, sobre todo, la incidencia y repercusión tan decisivas que tiene a veces en los grupos espíritas.

En la actividad mediúmnica, “el animismo” puede ser definido como una intervención de la propia personalidad del médium, que interfiere y distorsiona  las comunicaciones de los espíritus, al introducir elementos impuestos por sí mismo, como si fueran parte de los mensajes transmitidos por éstos. Se trata de un acto que afecta en los intercambios del mundo espiritual con el físico, modificando sus mensajes o introduciendo conceptos e ideas que, en realidad, no han salido de los espíritus del mundo invisible.

Es un tema ciertamente delicado y complejo  por lo que requiere que cada uno de nosotros saque de sí mismo lo mejor para realizar un análisis imparcial y objetivo, manteniendo una actitud de comprensión y respeto a la dificultad que ya de por sí supone el desarrollo de cualquier mediumnidad. Para ello conviene resaltar algunos aspectos bastante significativos.

  1.  No es un defecto del médium sino que forma parte del propio fenómeno mediúmnico y que debemos valorar como tal.  Todos los médiums, excepto los mecánicos o inconscientes,  en sus comienzos (salvo excepciones notables) presentan animismo. Se trata de algo habitual y normal porque el médium no es un elemento ajeno ni pasivo en las comunicaciones con los espíritus ya que se trata de un acto complejo en el que intervienen multitud de factores, desde la naturaleza del espíritu comunicante hasta el médium que, al no estar carente de pensamientos, sentimientos y deseos, impregna con ellos todo aquel trabajo que realiza. Es un intermediario que en cierto modo podríamos decir que ejerce de intérprete en dichas comunicaciones cuyos mecanismos debemos estudiar, conocer y comprender lo mejor posible.
  2.  A pesar de la transcendencia que tiene, es una faceta poco conocida y menos valorada. Su estudio no ha estado en un lugar relevante y por tanto no se le suele prestar la atención debida. Es un error que debe corregirse porque interfiere, de forma transcendente y decisiva en algunos momentos, en las comunicaciones del mundo espiritual con el mundo físico.
  3. Siendo algo natural y consustancial en la comunicación de los espíritus, la importancia debemos darla en aquellos casos o momentos en los que represente situaciones de relevancia, que aún no resultando llamativos, son el germen de errores que terminan deteriorando o impidiendo el trabajo que deben realizar los integrantes de ese grupo.
  4. No podemos individualizar su responsabilidad ya que ésta  corresponde y está repartida entre todos los componentes del grupo al que pertenece. Su trabajo es complejo y nada fácil por lo que necesitan de gran apoyo.

La acción e intervención del animismo es bastante difícil de detectar pues sus manifestaciones son tan sutiles que complican muchísimo su identificación. Si a ello añadimos un análisis casi inexistente en la mayoría de grupos sobre las comunicaciones de los desencarnados y la creencia de que todas las palabras del médium son cien por cien de los espíritus, pensando que esta delicada y compleja comunicación es igual a la que realizamos a través de un teléfono, desde el que se habla directamente con la persona que hay al otro lado de la línea, sin interferencias de ningún tipo, cuando no es así en absoluto, nos encontramos ante uno de los deslices más habituales de los médiums y el causante principal que desorienta a numerosos grupos espíritas en el mundo.

La principal causa que lo genera está en los pensamientos, sentimientos y deseos del médium, algunos de ellos perfectamente escondidos en los pliegues del subconsciente, que son fuerzas motoras que generan actos conscientes e inconscientes, por el vigor y el impulso habitual de su propia naturaleza, contra los cuales no es nada fácil luchar. Cualquier deseo oculto del médium, si no es conocido y controlado, lo más normal es que termine surgiendo, de la forma más habitual en estos casos, mezclándose en la comunicación espiritual, lo que dificulta su detección.

Para intentar plasmarlo en un ejemplo práctico, imaginemos que una persona con mediumnidad tiene una conversación de cierta transcendencia con otros componentes del grupo y el resultado de la misma le deja notoriamente descontento al no compartir las conclusiones, se marcha dándole vueltas al asunto, molesto ante las decisiones adoptadas y con cierta rebeldía que le genera un pequeño conflicto interno. Con posterioridad y a través de la mediumnidad que ejerce esta misma persona, alguno o varios de los espíritus comunicantes, hablan del tema y la mayoría de sus palabras apoyan sin condiciones su propia postura. En este caso, nos encontramos ante una situación verosímil de posible animismo, siendo necesario analizar lo que ha dicho más detenidamente porque existe la razonable probabilidad que la postura interna y el deseo del médium presione inconscientemente la salida de su opinión y termine entremezclándose con las palabras atribuidas en su totalidad a los espíritus, o puede ocurrir incluso que, al notar la presencia de un espíritu, comience a hablar realizando un acto de comunicación totalmente anímico.

Una idea, concepto o hecho que ha podido adquirir el médium a lo largo de su vida, al haber tenido una experiencia determinada que haya supuesto un fuerte impacto anímico por la importancia que para él representa, también es probable que se asiente en su psiquismo y salga de forma habitual en los mensajes, desarrollándola incluso en el tiempo como algo natural unido a los mensajes de los espíritus desencarnados, cuando en realidad se trata de conceptos y pensamientos propios.

Es probable que un animismo excesivo y decisivo, surja en cualquier momento durante el ejercicio de la mediumnidad, especialmente cuando más confianza y descuido hay. Si no se detecta a tiempo suele ser la causa de la desorientación de numerosos grupos espiritistas que basan sus directrices de trabajo fundamentalmente en las comunicaciones con los espíritus. Es necesario ser muy conscientes del peligro latente que encierra la confianza ciega en los mensajes recibidos y especialmente el pequeño o gran endiosamiento que se suele tener y mantener en la figura de algunos médiums. Incluso nos encontramos con situaciones que, al no haber sido detectadas a tiempo por descuido, tolerancia, etc., suelen hacerse tan habituales que el guía espiritual o protector del médium, tiene serias dificultades para comunicar por él o incluso, lo que es peor, ha sido hábilmente sustituido por algún espíritu mistificador.

El animismo, así como también las mistificaciones, pueden detectarse estando en una situación permanente de alerta, sin confianzas ciegas ni fanatismos indebidos, dándose cuenta de cuándo las comunicaciones dejan de tener la esencia de momentos anteriores, no aportan nada positivo, los mensajes son contradictorios y contrarios con la esencia misma de la comunicación con los espíritus, generan desunión, ensalzan la vanidad de los integrantes del grupo y especialmente del propio médium, el cual cada vez va acaparando más protagonismo, cierta intransigencia ante ideas contrarias a las suyas y un fuerte rechazo ante el análisis de “sus comunicados o mensajes” y un largo etcétera de manifestaciones vanas, pueriles e impropias del trabajo de desarrollo espiritual y de entrega al prójimo. Los buenos espíritus suelen fomentar la unión del grupo, alertar de peligros latentes, se basan en los principios del amor y del progreso, tienen contenido y clarifican la labor del grupo.

De aquí la importancia de que todas las comunicaciones recibidas, se analicen debidamente desde la objetividad. Y cuanto mayor sea la relevancia y la transcendencia del contenido, todavía mayor debe ser nuestra prudencia. Hay una gran responsabilidad en ello.

Cuando se detecte un animismo de relevancia no se debe silenciar, es conveniente dialogar con naturalidad para identificar su ocurrencia y poner la solución adecuada, aclarando la situación a tiempo. De no hacerse así, la orientación del grupo puede verse perjudicada hasta tal punto que termine ocasionando serios problemas de convivencia, de pérdida de valores y objetividad con todo lo que ello significa y conlleva.

Para evitar este y otros riesgos, el médium no debe ser el único orientador del trabajo de cada grupo, esta labor debe ser ejercida por todos sus miembros, aportando cada uno lo mejor de sí mismo en beneficio de todos y unificando criterios de actuación. De hecho, podemos comprobar que cuando ocurre lo primero, con el tiempo y en numerosas ocasiones, suele llegar la desunión y desorientación de sus integrantes. Es más fácil que falle una persona que lo haga un grupo entero.

Este es uno de tantos motivos que avala y por los que siempre se dice que toda persona con sensibilidad psíquica debe basar su vida en el conocimiento y el amor, estando comprometido con un trabajo interno cuyo objetivo principal debe consistir en la eliminación de sus imperfecciones morales, orgullo, vanidad, resentimiento, maledicencia y un largo etc. y debe alejarse de todo aquel deseo inadecuado de una vida de elevada espiritualidad.

Es tarea del médium, ilustrarse, educar su mediumnidad y perfeccionarse moralmente, y vigilarse para que, a medida que avance el ejercicio de la mediumnidad, el canal vaya siendo cada vez más limpio y  menos susceptible a las influencias del propio subconsciente. Este es el cambio y la dirección que todo médium ha de recorrer. Debe ser un instrumento de canalización lo más limpio posible  de imperfecciones morales y, por tanto, de deseos personales impropios de su ejercicio. Fácil de decir pero, por desgracia, bastante más complicado de hacer.

Una vez más vemos que la unión de un grupo a través de la relación y la convivencia es algo más que necesaria pues con el tiempo se torna decisiva.

Todo esto no tiene que crear inseguridad sino sencillamente una situación de alerta permanente, muy beneficiosa para todos en general y para el Espiritismo en particular.

El animismo, ese gran desconocido por:   Antonio Gomez

© 2017 Amor, Paz y Caridad

 

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