Mensajeros de las estrellas

¿ES EL MOMENTO DEL CONTACTO?

  Como ya es sabido, vivimos sometidos a una leyes físicas que rigen y velan por un perfecto equilibrio, que hacen posible la vida en la Tierra; si nos extrapolamos al exterior y pensamos en otros planetas la lógica nos indica que el mecanismo debe de ser idéntico, sólo que adaptado a las condiciones físicas de cada planeta; por lo tanto dichas leyes no pueden ser opuestas o contradictorias, y en conjunto forman un mecanismo perfecto con una sabia finalidad. Por otra parte, el ser humano es el único que tiene la capacidad de pensar, decidir y modificar el medio en el que se desenvuelve. Su obligación primordial es la de entender su realidad trascendente, y como consecuencia inmediata, armonizarse con el entorno, facilitando y contribuyendo para que su “casa” sea el hogar de todas las criaturas que la pueblan.

  Además, como ya hemos comentado en otras ocasiones, en este vasto Universo es imposible que estemos solos, y aunque muchas personas lo han podido constatar en avistamientos u otro tipo de manifestaciones; no obstante, la falta de pruebas físicas que pudieran confirmar definitivamente dicha realidad que casi todo el mundo intuye y afirma. En cuyo caso, ¿hemos de culpar al azar, mala suerte o a la falta de suficientes recursos tecnológicos la causa de que no hayamos podido descubrir vida en otros planetas?

  Vayamos por partes y miremos hacia nuestro interior, hacia nuestra realidad como humanos. Si, es cierto, hemos avanzado científicamente y tecnológicamente, sin embargo la falta de valores morales que gobiernen a esta humanidad. Los grupos de poder: políticos, militares y sobre todo económicos son los que marcan la hoja de ruta del devenir humano. Dichas élites pertenecen a un sistema establecido, tienen sus prioridades y persiguen unos intereses concretos. Son la consecuencia de nuestro atraso evolutivo y la imagen visible de nuestros defectos, pasiones y debilidades; no son una raza aparte.

  En el devenir de la historia y salvo algunos ejemplos memorables, no hemos sido capaces de profundizar en nuestras relaciones humanas, en la convivencia pacífica, en el amor y el afecto hacia el semejante, buscando un sentido trascendente a la vida, viviendo en armonía con la naturaleza, con respeto hacia lo que nos rodea. Pensando en el beneficio de hoy nos hemos olvidado del mañana; destruyendo bosques, ríos, especies animales. Contaminando la atmósfera con gases nocivos, vertiendo basuras, desechos tóxicos, sin importarnos las consecuencias. Hemos olvidado el autoanálisis, la autocrítica constructiva y no nos hemos preocupado por desarrollar el sentido de la responsabilidad, inculcándolo también a nuestros hijos, sin abrirles una puerta a la esperanza que les ilusione y les empuje a luchar. Y al final hemos optado por la solución más fácil, culpar a los demás.

  Ante este escenario, imaginemos por un momento la posibilidad de contactar con otra civilización en un planeta de similares características al nuestro. ¿Qué les podríamos aportar?, ¿haríamos negocios con ellos? ¿Acaso dicho contacto serviría para tapar nuestra miserable realidad humana en la que nos desenvolvemos?, ¿conseguiría ese nuevo reto interplanetario hacernos olvidar el alarmante deterioro de nuestra amada Tierra?

  Por otro lado, si dicha humanidad fuese más atrasada, lo tendríamos más fácil. No nos engañemos con espejismos. No trataríamos mejor a los de fuera que a los de nuestro propio planeta. Empezando por el choque de intereses de las grandes potencias, pues todas querrían su protagonismo y sacar tajada de la nueva aventura.

  Ahora mismo y en el momento evolutivo en el que nos encontramos, un contacto físico con extraterrestres no nos podría aportar nada que no tengamos o no sepamos. En nuestro mundo tenemos todo lo que necesitamos, sólo falta administrarlo bien y sin egoísmos. Por lo tanto, nuestra urgencia no es científica o tecnológica sino moral y de falta de rumbo. El desarrollo de los valores ético-morales están escritos en nuestra conciencia, también los grandes maestros de la Humanidad han venido al mundo en determinados momentos para aclararnos las dudas y poner luz sobre las sombras. No es el momento, lo cual no significa que no deba llegar en el futuro.

  En definitiva, la lógica y el sentido común nos lleva a comprender que no sólo existen leyes sabias a nivel físico que podemos palpar y medir, sino que existen otras que nos demuestran el sentido trascendente de la vida, en un proceso continuo de progreso, etapa tras etapa, y que nos demuestra que no estamos, por lo general, preparados todavía para nuevos retos en el exterior. Aquellos que nos visitan porque ya han vivido un proceso similar al nuestro, comprenden las dificultades, suplen las carencias científicas y tecnológicas que poseemos con su presencia, para nosotros espontánea, demostrando que hay vida fuera de nuestra esfera azul, del mismo modo en que se producen manifestaciones muy variadas que demuestran la existencia de la vida después de la vida material. Es cuestión de estar atentos y razonar abiertamente y sin prejuicios sobre el tema. Ellos no vienen a avasallar o imponer nada, nos dejan la libertad para pensar y decidir.

  En conclusión, con nuestro comportamiento diario demostramos que no estamos todavía preparados para contactar con otros mundos hasta que no aprendamos a convivir en paz y armonía. Somos responsables del hábitat al que pertenecemos, estamos aquí para aprender a vivir en paz y solidaridad unos con otros, también para desarrollar valores que nos dignifiquen y nos engrandezcan. Sólo así podremos ser merecedores de alcanzar nuevos retos que nos permitan, en un futuro más o menos próximo, el contacto con otras civilizaciones del espacio exterior.

J.M.M.C.
© Grupo Villena 2013
 
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