Psicografías

AFLICCIONES Y EXPERIENCIAS

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Como ya expliqué con anterioridad, la muerte de mi madre en la tierra fue sin duda uno de los momentos de profunda catarsis interior. Ante la evidencia de la fragilidad de la vida en la tierra, las circunstancias en que se había desarrollado mi vida material, siendo ella la instructora y educadora de mi carácter terreno, todo mi mundo afectivo y emocional se conmocionó sobremanera.

Gracias al conocimiento espiritual pude superar lo que esta aflicción supuso para mi alma. Y gracias también a mi trabajo continuado, pude tener la íntima satisfacción de comprender que ella estaba bien, que velaba por mí como cuando era pequeño, desde el lugar donde se encontrara. La certeza de la inmortalidad, y del reencuentro con los seres queridos; con todos aquellos que nos aman, cuando retornamos a la vida espiritual, era para mí el bálsamo que calmaba mi mente y serenaba mi corazón con la esperanza futura de volverla a encontrar y abrazar.

La confirmación a esta impresión y certeza interior vino algunos años después; cuando, a través de un compañero y hermano de ideal, de extraordinarias facultades mediúmnicas, mi madre se le presentó, afirmándole lo que ella misma me intuía y me inspiraba: que se encontraba muy bien, que seguía trabajando y velando por toda la familia desde el otro plano de la vida.

Esta confirmación, a la que siguieron otras, fueron una bendición para mi alma, a las que recurría con frecuencia para adquirir fortaleza cuando los sufrimientos de la enfermedad física o los entorpecimientos del mundo que me rodeaban, amenazaban con debilitar mi fe y mi resistencia psicológico-espiritual.

De mi padre apenas tuve conocimiento humano; no así espiritual, pues un episodio extraordinario a este respecto me aconteció cuando, ya con conocimiento de causa, percepciones espirituales y conciencia despierta, pude entender con claridad la situación espiritual de aquel que fue mi padre en la tierra.

Este hecho propició en mí la reflexión de lo poco que sabemos de las circunstancias, trayectoria y recorrido evolutivo de los espíritus; y además me vacunó contra la tendencia de juzgar las cosas por las apariencias, algo muy común de todas las personas en nuestra andadura humana.

Los juicios de valor que realizamos sobre nuestros seres queridos, nuestros familiares, amigos, conocidos, etc. son siempre inexactos, pues con absoluta certeza, al no conocer las causas espirituales que inciden sobre cada alma encarnada, sus expiaciones, sus pruebas y compromisos; no tenemos los elementos necesarios para valorar con objetividad las circunstancias o actuaciones que realizan los demás. Por ello, con tanta sabiduría, Jesús decía “no juzguéis y no seréis juzgados”. Esta fue una de las enseñanzas que aprendí en lo que respecta al papel que mi padre jugó en mi vida material.

Otra de las aflicciones que pusieron a prueba mi calma interior y mi equilibrio espiritual fue, sin duda, el suicidio de un familiar querido. Inicialmente las preguntas se agolpaban en mi mente, pues era incapaz de comprender las razones que habían llevado a este ser querido a realizar este atentado contra su propia vida. Es cierto que alguna anomalía mental existía de antemano, pero apenas grave y mucho menos circunstancias materiales extremas o trágicas que fueran capaces de degenerar en tal hecho. Máxime cuando esta persona tenía su propia famillia, hijos, esposo, que sin duda eran una aparente fuente de estabilidad afectiva.

Una fase de culpa personal, que duró un tiempo no muy largo, anidó en mi interior; preguntándome sino podría yo haber evitado este acto cobarde y criminal; pues en aquellos momentos ya era consciente de las consecuencias que el suicidio tiene para el espíritu, el sufrimiento mental y espiritual, la enorme gravedad de daños que esto causa en el periespíritu, afectando así las penosas condiciones que han de afrontarse en el espacio y en la próxima vuelta a la tierra, hasta reparar esta falta con la ley de la vida.

La duda de si podría haber hecho algo para evitarlo, derivó en ese estado interior de zozobra hasta que pude comprender y ser consciente de dos cuestiones importantes; la primera, que somos de libre albedrío y que no podemos vivir la vida de los otros, pues cada uno de nosotros somos responsables ante las leyes de Dios únicamente de aquello que hacemos por nosotros mismos en el uso de ese libre arbitrio que Dios nos concede.

Y la segunda cuestión llegó cuando entendí, en profundidad, las relaciones de víctima-vedugo que la obsesión de espíritus desencarnados ejercen sobre otros a los que consideran sus enemigos. Aquí supe que, las inducciones mentales, hipnóticas y perturbadoras que los vínculos del pasado ejercen sobre espíritus que se encuentran imantados por el odio, a veces derivan en el suicidio de la parte más débil; aquella que se encuentra con materia y no es consciente de sus vínculos y errores del pasado. Este fué el origen de la perturbación mental que llevó a mi familiar al suicidio.

Esta experiencia me permitió comprender cuan importante es el perdón; el amor al prójimo, y especialmente a nuestros enemigos. Pues el perdón libera las cadenas del odio, permite asumir los propios errores y ser conscientes de que aquello que hacemos mal a los demás hemos de repararlo antes o después, con amor o con dolor. Entendí la insistencia del maestro por el “perdonar a vuestros enemigos”; pues así nos liberamos de los lazos perturbadores del rencor, la venganza y los resentimientos.

A través de la oración, la humildad, el perdón y el amor hacia aquellos que pretenden cobrar sus deudas del pasado con nosotros, podemos cambiar la tendencia, debilitando el odio, transformando nuestra relación por la comprensión, la compasión y la tolerancia; haciendo ver al espíritu obsesor lo inútil de su actuación, el endeudamiento y sufrimiento que ello le reportará en el futuro y permitiéndole romper las cadenas del odio invitándole al perdón mediante nuestro amor hacia él.

Estas lecciones de vida, derivadas de experiencias y aflicciones, y vividas en primera persona; fueron de gran provecho para mí años después, cuando, en mi trabajo de orientación y auxilio espiritual, muchas personas acudían hasta mí para solicitar explicaciones a sufrimientos similares, (abandonos de seres queridos, suicidios sin causas aparentes, etc.)

Además de las explicaciones lógicas, justas y racionales que encontraba en la filosofía espírita de kardec; en muchas ocasiones pude confirmar y reafirmar a aquellos que me preguntaban, las causas de las circunstancias acaecidas, cuando el mundo espiritual, valiéndose de mi mediumnidad, confirmaba la situación espiritual de la víctima, del verdugo, de ambos o la inexistencia de los mismos. Pues no todas la veces eran producto de obsesión, también la propia actitud de la persona ante la vida originaba las causas de ese atentado contra su propia vida.

Para aquellos que apenas conocen el mundo del espíritu y la influencia que ejerce sobre aquellos que nos encontramos encarnados, ruego, encarecidamente, tomen el esfuerzo de aprender, de leer las obras de la codificación espiritista. Allí encontrarán las respuestas a multitud de interrogantes que sin duda les agobian cuando el dolor, el sufrimiento o la incertidumbre ante la falta de explicaciones agitan la mente y el corazón.

Mi consejo no es que crean en lo que lean, sino que reflexionen acerca de los hechos que acontecen en su vida y, con pensamiento crítico, poniendo la razón en primer lugar, analicen las respuestas que el espiritismo les ofrece y las comparen, sin prejuicio alguno, con las que obtienen de otras filosofías, religiones, creencias, pensamientos o del infausto y triste azar. La única forma de llegar a la verdad es mediante una fe razonada, lo que les llevará no a la creencia, sino a la convicción.

Si son capaces de aceptar mi invitación, y puesto que no aspiro a honor alguno, ni a reconocimientos ni glorias mundanas, pues ya no tengo materia, habré logrado una de mis aspiraciones al escribir esta serie de reflexiones sobre mi vida; la de seguir divulgando desde este otro lado la verdad de la vida en cuanto a la inmortalidad del alma, la existencia de Dios y la perfección de su justicia.

Benet de Canfield

Aflicciones y experiencias por: Psicografiado por Antonio Lledó

©2017, Amor, paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad,

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