Trabajo Interior

CARIDAD PRINCIPIO DE VIDA

“Amar a tu prójimo como a ti mismo.”(Mateo 22:39)

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley”.  Mateo (7:12)

En estos dos postulados Jesús, define de una manera muy sencilla, en que consiste la caridad. Explica cuál debe ser nuestro comportamiento hacia el prójimo. Son las dos llaves que abren todas las puertas de la vida.

Leyendo la doctrina del Maestro aprendemos que su moral, se basa fundamentalmente en la caridad y la humildad, virtudes estas que si las trabajamos interiormente, estaremos luchando contra el egoísmo y el orgullo, dos lacras que nos entorpecen mucho y no permiten que aprovechemos el tiempo en nuestro progreso en la tierra.

La caridad es hija del amor y estos son complementos de la ley de justicia, porque amar al prójimo es hacerle todo el bien que nos sea posible y que querríamos que se nos hiciese a nosotros  mismos.

Todos los deberes del hombre están resumidos en esta máxima: “Sin caridad no hay salvación”

Hoy en día donde reina el egoísmo, donde el amor se dirige hacia uno mismo, en sus necesidades materiales como pueden ser el dinero, el poder y los placeres. Personas estas, que no pueden tener el cariño, el respeto, la simpatía de los demás, pues su actitud provoca el rechazo de los que le rodean. Provocando poco a poco su aislamiento.

Son personas que en la dureza de su corazón, no ven las necesidades que le rodean por pequeñas que sean, que no son capaces de ofrecerse para cualquier carencia donde pudiera ser útil. Donde las energías internas que tenemos no las saben poner al servicio de los demás, evitando que el amor se desarrolle dentro de ellos.

En el libro de los espíritus de Allan Kardec  encontramos en el ítem 886 ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad, tal como Jesús la entendía?  – Benevolencia para con todos, indulgencia hacia las imperfecciones de los demás, perdón de las ofensas.

Esta virtud, es un movimiento interno del alma que engrandece y  nos enriquece como personas, porque consigue que nos olvidemos de nosotros mismos para fijarnos en  todos los que nos rodean, y poner  en acción todas las capacidades positivas que tenemos en favor de los demás, desarrollando en nuestro interior sentimientos de amor y amistad, que hará que sintamos internamente paz y alegría.

En nuestro peregrinar por la tierra, vamos haciendo germinar dentro de nosotros todos esos valores que tenemos guardados en nuestro interior, y algunos, para desarrollarlos correctamente, necesitan a la vez de la inteligencia y el corazón; entre esos valores está la caridad, que viendo que hay una necesidad, utiliza la inteligencia para valorar cuál es la forma más positiva de darla, y el corazón nos impulsa a proporcionarla.

Podríamos decir que la caridad es el alma de la vida.

Debemos de tener en cuenta que el mérito al practicar la caridad reside en la forma de hacerla. La acción crematística es importante porque ayuda en tiempos de necesidad a ofrecer cuidados y atenciones necesarias como: dar de comer al hambriento, cubrir al que no tiene abrigo, atención médica al enfermo… Pero cuando se hace con jactancia, con orgullo, de cara a la galería, para que vean lo bueno y generoso que es uno, incluso con poca delicadeza para quienes la necesitan; consiguiendo que se sientan peor de lo que ya están; no solo no tiene ningún  mérito sino que tampoco la podríamos llamar caridad. Comportamiento que endurece el corazón y que convierte ese sentimiento del amor en algo vulgar, estado que no les deja ver el paisaje de alegría y felicidad que les reportaría el darse a los demás sin condición.

Y como desconocemos nuestro pasado, ni tampoco podemos juzgar a nadie, puede ser que ese pobre indigente con el que te tropiezas, fuera un compañero-amigo querido de jornadas terrestres pasadas, Pensemos en el arrepentimiento que podremos sufrir al darnos cuenta del error, cuando dejemos nuestra envoltura carnal, ante la posibilidad de  ayudar a ese hermano pero no lo hicimos, y que tanta necesidad tenía.

La caridad tiene dos vertientes, la material y la espiritual, si la primera es importante, la segunda más; en tanto en cuanto la podemos ejercer todos, puesto que no se necesita “tener”  sino “ser” para practicarla, y sin embargo es la más difícil de realizar. A veces hay que callar ante alguien que sabe menos que tú. No hacer aprecio ante las ofensas; una frase de consuelo, un abrazo de cariño; pensemos que  una sonrisa a tiempo ayuda a disipar cualquier borrasca que pueda aparecer en el horizonte…. Nuestra disposición a realizarla en ambas vertientes, será las que nos hagan personas verdaderamente caritativas

San Pablo, Epístola I a los Corintios, 13, 4-7.

“La caridad es generosa, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera”.      

Que en nosotros crezca la caridad depende únicamente de nuestra voluntad. Es necesaria su acción, porque podemos hacer posible cualquier iniciativa que salga de nuestros  sentimientos, ya que el servicio requiere de renuncia y altruismo, y esta cualidad puede ser nuestra guía en todo lo que hacemos, para que sea siempre el bien.

Si profundizamos en la lectura de la parábola del buen samaritano, que nos dejó el Maestro nos daremos cuenta, de la misión sublime que es la caridad.

La aspereza de las pruebas también se sobrellevan mejor si tenemos gente de bien en nuestras vidas, porque tanto la rebeldía, la amargura, el sufrimiento, las frustraciones, etc., compensadas con palabras de consuelo, de ánimo; también el saber que estamos amparados, nos da fuerza para sobrellevarlas.

Si sabemos que esta virtud es el amor en acción, dinámico, que nos ayuda a poner en movimiento todas nuestras energías positivas a disposición del prójimo. Utilicémoslas en las diferentes vertientes de nuestra vida:

Con uno mismo: En el sentido de prepararnos en pensamientos y sentimientos para hacer mejor el bien al prójimo. Tenemos que sentir y vivir las cosas que pretendemos enseñar, a través de una disciplina activa y constante.

Dice San Agustín: ¿Me preguntas cómo debes amar al prójimo? Mírate a ti mismo y, según te ames a ti, así debes amar al prójimo. No te puedes equivocar.

En la familia: tener actitudes positivas con los miembros del grupo familiar,  cooperando con ellos, comprendiendo y esforzándose por no perturbar la armonía general, donde el aprendizaje sea tal vez más profundo, ya que sabemos que nadie se halla en un grupo familiar por casualidad.

En el trabajo: realizar el mejor cumplimiento de nuestras funciones, sabiendo que prestamos un servicio al prójimo poniendo en práctica todo nuestro saber y capacidades que poseemos, siendo honesto y honrado con los demás

Ejercitando la caridad, desarrollamos el amor y los primeros beneficiados somos nosotros mismos que potenciamos nuestros valores positivos que nos eleva el espíritu,  engrandeciendo la humanidad del corazón. Ella es la manifestación de la humildad, de la paciencia, es el trabajo amoroso realizado hacia el semejante y que no menoscaba su dignidad. Es el trabajo por el que conseguimos mantener el pensamiento, el sentimiento y nuestro proceder a disposición del  prójimo.

Este camino nos lleva a la transformación interna, que nos invita a fomentar otros valores que tenemos guardados, como pueden ser: la generosidad, la simpatía, la gentileza, la delicadeza…y sobre todo la buena voluntad.

Estas batallas internas que tenemos, hacen que estemos alerta, consiguiendo ir mermando los defectos y esta determinación íntima nos ayuda a resistir los ataques de esos hermanos negativos que resultan impotentes ante nuestra fortaleza.

Mensaje de Vicente de Paúl. Publicado en la revista espírita- periódico de estudios psicológicos en Agosto de  1858: “La caridad es la virtud fundamental que debe sostener todo el edificio de las virtudes terrestres; sin ella las otras no existirían. Sin caridad no hay ni fe, ni esperanza, porque sin caridad no hay esperanza en un futuro mejor, ni interés moral que nos guíe. Sin caridad no hay fe, porque la fe es un rayo puro que hace brillar a un alma caritativa; es su consecuencia decisiva”.

                                                                                                           Caridad principio de Vida por:   Gloria Quel

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