LA PERSEVERANCIA AYUDA AL COMPROMISO

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La perseverancia ayuda al compromiso

La perseverancia ayuda al compromiso

Vivimos con un importante déficit de sentido del rumbo y de coherencia sobre cuáles son las prioridades en la vida diaria. Pongamos un ejemplo: esta sociedad de consumo en la que vivimos inmersos alienta a usar y tirar aquello que no resulta útil; las modas evolucionan rápidamente a fin de propiciar un mayor consumo y estar, así, sustituyendo continuamente aquellas cosas que ya se posee. Apenas se reflexiona respecto a las razones para dicho cambio, simplemente se hace por continuar la dinámica marcada por las modas transitorias. Se cae, una y otra vez, en la trampa de la publicidad, sin que se determine si resulta, o no, necesario. Es fácil dejarse arrastrar cuando faltan los objetivos trascendentes de la vida. Evidentemente, resulta preferible recibirlo todo ya realizado, volverse permeable a los atractivos externos sin filtrarlos. El pensamiento voluble es el detonante para estar modificando las metas y esto es observable a través de un deseo de inmediatez y escaso esfuerzo.

En el otro extremo de la balanza nos encontramos con la perseverancia, que  es el aliento o la fuerza interior que permite marcarse objetivos edificantes, sin dejarse arrastrar, y llevar a término las cosas que se acometen. Da la capacidad necesaria para mantener el entusiasmo indispensable para conseguir, al fin, alcanzarlos. Esta energía permite superar cualquier barrera u obstáculo que se presente, como pueden ser las dificultades, desánimo, desilusión y el deseo de abandonar el propósito de conseguir los objetivos, cuando estos de forma natural se complican.

La perseverancia es una herramienta muy útil que ayuda a mantener la atención en lo que se quiere conseguir, aunque el avance no sea fácil. En la vida se cae innumerables veces, pero la constancia por mejorar hace que se aprenda de las caídas y reiteremos tantas veces como se necesite para conseguir las metas propuestas. Todo cambio de hábito, sobre todo aquel que está más enraizado y que supone un obstáculo, requiere de un trabajo riguroso, tenaz, en donde los sacrificios personales se hacen imprescindibles para proseguir en la tarea.

“Muchos quieren aquello que tú tienes, pero van a desistir en cuanto sepan el precio que tuviste que pagar”.

Diremos que la perseverancia es continuar siempre adelante, es dedicar tiempo y esfuerzos a las metas propuestas, una vez que se he emprendido la marcha y puesto en acción todos los medios disponibles. No obstante en ese empeño, siempre aparecerán límites que busquen bloquear toda acción; provocados, generalmente, por el miedo o la inseguridad del propio individuo, por sus miedos a no alcanzar el objetivo marcado. No obstante, superando esas limitaciones y viéndolo desde otro ángulo diferente, otro ángulo más positivo, ese miedo disminuirá o llegará a desaparecer. Como bien decía el Maestro Jesús de Nazareth: “La fe mueve montañas”; las montañas de las limitaciones personales, de los pensamientos que lastran toda obra edificante, de aquella obra relevante y significativa que requiere un dilatado esfuerzo.

Es también una capacidad basada en una decisión personal. Por lo tanto, cualquiera que se fije un objetivo superior y luche para conseguirlo tendrá lo necesario para alcanzar el éxito. Pero no siempre es así, pues no todos traen la cualidad de la constancia desarrollada, por lo cual hay que ir adquiriéndola, y eso se consigue ante todo teniendo una actitud positiva y decidida, motor que ayudará a poseer más posibilidades de éxito en todo aquello que uno se proponga.

“El Padre da ciento por uno”; pero ese “uno” hay que ponerlo. O también podemos verlo reflejado en esta otra máxima: “Ayúdate y el Cielo te ayudará”. ¡Cuántos de nosotros desearíamos conseguir resultados sin poner apenas nada de nuestra parte! Sin embargo, esto es imposible. Si observamos las dos máximas anteriores, comprenderemos que hace falta poner la voluntad al servicio de la causa que se persigue; apenas nos piden un esfuerzo, un trabajo para que se vea recompensado por la ayuda espiritual venida de lo Alto.

La perseverancia también potencia el coraje, que es esa fuerza interna que motiva a seguir adelante con los objetivos cuando se complican las circunstancias y no corre el viento a favor… Es un atributo que se va desarrollando a través de cada prueba, incluso de cada equivocación que vivimos a lo largo de la existencia material. Desarrolla la energía interior, la inteligencia, puesto que nos obliga a discernir y tomar decisiones entre escoger lo fácil y cómodo o aquello otro que quizás sea un poco más complicado, aunque prioritario, y que puede suponer un esfuerzo.

Por lo tanto, cuando se está en la línea correcta, no puede existir espacio para la queja; los problemas se han de observar como oportunidades, y la confianza en Dios ha de ser constante y permanente.

Venimos al mundo para aprender, rescatar deudas del pasado y reeducarnos en aquello que fallamos o no tuvimos la suficiente voluntad en otras existencias. Este es un hecho que no podemos ignorar. Desde el momento en que nacemos traemos un programa, un proyecto espiritual a desarrollar; interiormente lo conocemos y así nos comprometimos, lo que ocurre es que, cuando tomamos contacto con la materia, hacemos caso omiso, nos dejamos arrastrar por nuestras tendencias del pasado, y esa convicción interior, esa voz de la conciencia, la acallamos con distracciones o con argumentos en contra de las realizaciones edificantes.

Son aquellas cosas que nos decimos a nosotros mismos, culpabilizando a la sociedad, al entorno o a las circunstancias, delegando o posponiendo para un mañana mejor. Como si ese mañana no dependiera de los esfuerzos actuales, sino más bien del azar o de lo que construyan o trabajen otros. ¡Ilusión y verdadera utopía! Olvidamos que los auténticos cambios parten de uno mismo; o dicho de otro modo, las tareas que nos competen son intransferibles, cada quien ha de cumplir con su parte si desea alcanzar la plenitud y la felicidad.

Por lo tanto, una persona perseverante, que tiene claro cuáles son sus objetivos, no teme al fracaso. Sabe que cualquier intento errado es sólo un tropezón en el camino y una nueva lección que aprender. Además, la lucha contra su inferioridad se gana cuando no se desiste, porque las metas al final se conquistan si se permanece y se pone voluntad en ello. La capacidad de lucha resulta muy útil cuando se trata de defender principios o resistir adversidades.

“La tentación de rendirse será mucho más fuerte justo antes de la victoria”.

Lo opuesto a la perseverancia es la pereza, esa debilidad que disminuye la atención y atenúa la voluntad. La falta de motivación hace indolentes ante el trabajo a las personas que viven inmersas en este hábito negativo; es hermana de la dejadez, la apatía, la flojedad, la pasividad, el desinterés, factores que les impiden incluso ponerse metas, por pequeñas que sean, pues todo lo dejan para mañana. Les empujan a buscar siempre lo fácil y tomar atajos en cuanto pueden, haciéndoles perder el interés con facilidad; ante la más mínima dificultad, abandonan.

La falsa perseverancia se puede presentar con otras caras no tan positivas, como puede ser la obstinación, cuando nos empeñamos en transitar por caminos que no conducen a nada positivo y que incluso pueden llegar a ser perjudiciales. Esa ceguera, producto muchas veces del orgullo y del egoísmo, impide tomar el rumbo correcto, perdiendo un tiempo precioso, e incluso, en casos más extremos, provocar el fracaso de los objetivos. Es la carencia de humildad la que impide escuchar otras opiniones, otros puntos de vista, demostrando también una falta de flexibilidad para variar el rumbo si fuese necesario. Por lo que podríamos decir que la terquedad es sorda.

La perseverancia es una virtud a cuya merced todas las demás virtudes dan fruto. (A. Graf)

Todos venimos a la Tierra con un proyecto de vida a desarrollar, y no todos somos conscientes de ello; pero cuando encontramos el camino, cuando conseguimos encontrar el sentido de la vida, es cuando verdaderamente ponemos todos nuestros recursos internos en marcha. Tanto los pensamientos como los sentimientos los dirigimos para conseguir los objetivos propuestos.

“…la índole de una empresa es evaluada por la profundidad de su contenido, por el bien que esparce y por la firmeza con que soporta todas las fuerzas opositoras…”. (Joanna de Ângelis)

Resulta conveniente mantener una actitud de cambio, sentir que si se propone, pronto aparecerá la capacidad y los recursos para conseguir el cambio, la mejora personal. Si las intenciones son sinceras y encaminadas hacia el progreso íntimo, aparecerá, entonces, la ayuda de ese ángel cautelar que siempre acompaña a todo individuo, y que no es otro que el guía espiritual, aquel que marcará el rumbo y los pasos a dar. Nadie mejor que él conoce nuestro pasado y los compromisos adoptados antes de encarnar.

 “Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo  recoger sus frutos”. Thomas Carlyle

La perseverancia ayuda al compromiso por:  Gloria Quel

© Amor, Paz y Caridad, 2019

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