Enfocando la actualidad

TIEMPO Y ESPACIO

Ambas, tiempo y espacio, son dimensiones físicas que desde la teoría de la relatividad de Albert Einstein permanecen invariablemente relacionadas y afectan a todos los “eventos físicos” del universo.

Remarcamos la característica de “físicos” debido a que; con el avance de la física cuántica y de partículas desde Einstein hasta aquí, son muchas las cuestiones sin resolver al respecto de las propiedades de la materia y la energía en sus elementos más primarios. Así pues, las dimensiones de los micro-universos que van descubriéndose, son cada vez más complejas y difíciles de interpretar, (Universos paralelos, Teoría de cuerdas, Sub-partículas atómicas, Interacción no local, Principio de Incertidumbre, etc..)

Observemos que en todo momento estamos hablando de dimensiones físicas, mientras que lo que nos interesa realmente explicar son otras dimensiones que existen igualmente, algunas de ellas probadas ya por la ciencia, como la importancia de la modificación de la materia en función de la conciencia del observador. En este caso, es el sujeto que observa el experimento cuántico, el que modifica el resultado del mismo si deja de observarlo.

“Mens agitat Molem” (La Mente mueve la Materia)
Virgilio -Poeta Latino S. I a.C.

Pues bien, si el tiempo y el espacio son susceptibles de modificación a través de la mente del individuo y de la conciencia del mismo, no debe en absoluto extrañarnos que estas dos dimensiones (espacio-tiempo) tengan también su expresión distinta y diferente en función del estado de conciencia del que la experimenta. Se llega así, perfectamente a comprender, que las dimensiones de espacio y tiempo son absolutamente relativas; son categorías que se adaptan dependiendo del observador.

Además, cuando se vive en un cuerpo físico percibimos el tiempo y el espacio de determinada forma en función de nuestros sentidos físicos. Pero cuando traspasamos el umbral de la muerte y pasamos al mundo espiritual, el tiempo y el espacio adquieren para el alma o conciencia del individuo características totalmente diferentes en cuanto a percepción, dimensión y formas de manifestación.

Pongamos algunos ejemplos; cuando tenemos un cuerpo físico solemos distinguir dos tipos de tiempo, el cronológico y el ontológico. El primero es aquel que inexorablemente marca el reloj marcando segundos, minutos, horas, días, semanas, años, etc. El segundo (ontológico) es la percepción interior del tiempo transcurrido: hay veces que esperando algo, una hora se nos hace eterna y en otras ocasiones un largo tiempo nos da la impresión de haber pasado con brevedad.

“El tiempo físico nos es extraño, mientras el tiempo interior es nosotros mismos.”

Alexis Carrel – Nobel de Fisiología 1912

La trascendencia espiritual del espacio-tiempo para el alma humana; para el ser inmortal que sobrevive a la muerte, es también relativa, directamente proporcional a su grado de adelanto y evolución espiritual. En la amplia jerarquía de los mundos, tanto físicos como espirituales, estas dimensiones son notablemente diversas y diferentes.

Otro ejemplo: el tiempo cronológico es relativo porque no es igual en ninguna parte del universo; pues en el caso de la tierra depende de la rotación de la misma alrededor del sol (365 días y 6 horas = Un año). Este hecho, exclusivo de la tierra, en otros planetas es radicalmente diferente.

En el aspecto espiritual del alma, a mayor adelanto, pasa a formar parte de estados elevados de conciencia y de planos superiores de luz y elevación donde el tiempo y el espacio apenas tienen efecto alguno sobre sus voluntades, pensamientos u acciones.

Siendo el pensamiento el vehículo del movimiento del espíritu, este alcanza una velocidad extraordinaria, y como ya han demostrado en física: “a velocidades cercanas a la luz el tiempo discurre más despacio y el espacio se contrae.” Y siendo la conciencia la esencia del alma humana; a mayor perfección y elevación espiritual, los cuerpos espirituales de los espíritus más avanzados son simplemente más sutiles, y su voluntad de manifestación, movimiento y acción es mucho mayor de lo que podamos imaginar.

Para estos espíritus adelantados, que han conquistado la iluminación mediante su propio esfuerzo, apenas existen barreras temporales, espaciales, gravitatorias, electromagnéticas, etc.. Son conocedores de la esencia espiritual del universo, se identifican con la obra divina, participan en la organización, proyección y elaboración del progreso de las humanidades en distintos planetas habitados. Para ellos no existen barreras temporales, físicas, psíquicas, de tiempo ni de espacio, de ninguna índole.

Así pues, confirmando la teoría de la relatividad, hemos de aseverar que también en el mundo del espíritu esta no sólo es relativa sino que apenas importa para el trabajo espiritual que las almas de los hombres realizan en esos planos. No siendo apenas un obstáculo para su trabajo y compromiso. A mayor evolución, más capacidad, más trabajo, más responsabilidad, más luz, más dicha y felicidad, más amor…..

“El Inconsciente no tiene tiempo. No hay problemas acerca del Tiempo en él. Parte de nuestra Psique no está en el tiempo ni en el espacio. Estos son solo una ilusión, Tiempo y Espacio, y así en parte de nuestra Psique el tiempo no cuenta para nada.”   Carl Gustav Jung – Médico Psiquiatra

En definitiva las dimensiones del espíritu inmortal no se ven en absoluto constreñidas por las dimensiones físicas que ahora comenzamos a comprender a través de la ciencia desde hace apenas un siglo. Pues, creado a imagen y semejanza de Dios, el espíritu humano posee en su naturaleza, en forma de germen, los atributos propios de la divinidad, que deberá ir conquistando con el transcurso de su evolución y grado de adelanto, a través de los mundos físicos y las esferas espirituales cuando supere con suficiencia la etapa de la reencarnación.

Nada ni nadie puede contener el espíritu iluminado, perfecto y evolucionado; las condiciones, la diversidad y las dimensiones de la materia no le afectan, pues es principalmente energía; y por ello nada le obstaculiza ni le impide llegar a donde se proponga.

Antonio Lledó

©2016, Amor, Paz y caridad

“El espíritu es como el viento, sopla donde quiere y oís su voz; pero nadie sabe de dónde viene ni a donde va.”

Jesús de Nazareth – Ev. San Juan Cap III

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