SUPERACIÓN PERSONAL Y CONDUCTA MORAL

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Superación personal y conducta moral

SUPERACIÓN PERSONAL Y CONDUCTA MORAL

La vida está llena de ejemplos de superación personal; la lista es enorme y abarca distintas situaciones difíciles y dolorosas afrontadas por seres con un espíritu de lucha y trabajo notable.

Limitaciones físicas severas, como por ejemplo el caso del australiano Nick Vujicic, un hombre que nació sin brazos ni piernas. Pese a sus enormes dificultades se graduó en contabilidad, se casó y tiene actualmente 4 hijos; además, imparte conferencias en todo el mundo sobre motivación personal y optimismo ante la vida.

O el caso del pintor español Ataúlfo Casado: perdió de forma repentina la visión por retinosis pigmentaria a los 41 años, y se vio obligado a abandonar su carrera como pintor. Él mismo declaró posteriormente lo que pensó en aquel momento: “Le dije a Dios: Has hecho muy bien, y como los ojos son tuyos, ya me dirás qué quieres que haga en mi vida ahora sin ellos”. Sin embargo, un buen día pensó que debía intentar retomar lo que le apasionaba desde niño; desafiando sus limitaciones decidió, con la ayuda de otras personas, volver a la pintura para plasmar las ideas que permanecían en su mente, y al mismo tiempo “hacer felices a los demás”.

Estos dos ejemplos anteriormente mencionados ponen de relieve la respuesta que algunos ofrecen a las contrariedades y los obstáculos, a veces extremos, con que se enfrenta el ser humano. Son situaciones que invariablemente afectan y condicionan sobremanera el modus vivendi. Para unos como una barrera infranqueable, para otros como un campo de posibilidades. A partir de un determinado momento, cada quien adopta la actitud y transita el camino de la forma que decide, en base a su libre albedrío.

Ahora bien, la reflexión que nos propone la mentora Joanna de Ângelis va más allá, puesto que no depende de limitaciones físicas o del entorno. Se trata de un cambio profundo, íntimo, personal, producto de unos ideales superiores que demandan un cambio trascendental.

  • (*)Cuando el hombre decide modificar su conducta moral para mejor, parece enfrentar una conspiración general contra sus propósitos de ennoblecimiento.

No es para menos. La conducta moral depende del mundo interior, es decir, de aquellos pensamientos, sentimientos y emociones que permanecen en la capa más íntima, no expuesta al exterior, y muchas veces ni tan siquiera de una manera consciente para el propio individuo.

Desde el momento en que el ser humano decide una transformación moral, se movilizan los recursos espirituales venidos de lo Alto. El Padre, que ve y comprende todos los pliegues del alma y calibra el grado de sinceridad y de determinación, provee la ayuda espiritual necesaria para tal fin, puesto que la finalidad de la existencia es mejorar en dirección hacia la plenitud. Realmente, todos los acontecimientos de la vida están programados con esa intención clara de progreso.

Es como aquella persona que ha permanecido inactiva físicamente durante muchísimo tiempo y que un buen día comprende la necesidad de practicar deporte para mejorar su estado de salud. A partir de ese momento, moviliza a amigos serviciales, con experiencia, a modo de entrenadores personales para que le ayuden. Estos, como es lógico, le establecerán una hoja de ruta, un programa de actividades para modificar su estado físico, que conllevará sacrificios y esfuerzos constantes. Algo muy distinto a la rutina, a lo vivido hasta ese momento.

  • Todo se altera y se desgobierna.

Es normal, desde el momento en que se abandona el área de confort todo son dificultades o incomodidades. Son como terrenos inexplorados, o cuanto menos, no de la forma y con la visión que se tenía hasta ese momento. El grado de conciencia (sensibilidad) se amplía, y la percepción de las cosas se altera.

  • Las mínimas cosas se hacen complicadas, y el ritmo de los acontecimientos, por algún tiempo, cambian para peor. Ese estado de cosas lleva al candidato a la reforma íntima a retroceder, a desistir. Es natural que así ocurra.

Es una cuestión de enfoque, de actitud, de cambio de costumbres y de hábitos. A partir de ese momento todo se torna complejo, dificultoso. Ese nuevo panorama puede llegar a asustar, a crear inseguridades, dudas y miedos. El entorno social no lo suele poner fácil, sobre todo con aquellas personas que son más cercanas; y hasta, incluso, se pueden llegar a sentir incómodas con ese cambio de comportamiento. Sin olvidar tampoco a los enemigos invisibles, aquellos que viven en el otro plano y que no van a permitir ponerlo fácil, sugiriendo pensamientos pesimistas.

El gran dilema: proseguir o retroceder.

Es la salida del área de confort.

  • Toda transferencia modifica lo habitual.

Son terrenos inexplorados hasta ahora que afectan a lo más hondo del ser y que demandan lucha y atención constantes.

No podemos olvidar que somos los moldeadores de nuestro destino. Actualmente vivimos las consecuencias de lo sembrado en el pasado, y al mismo tiempo, estamos construyendo y hasta modificando el porvenir.

  • En el área de las acciones morales la reacción es mayor, ya que se adentra en las raíces del mal para extirparlo, a fin de dar surgimiento a nuevas y equilibradas costumbres.

Son muchos siglos instalados en atavismos comportamentales. Del mismo modo, las pasiones descontroladas van dejando paso, muy lentamente, a nuevas experiencias, nuevas sensaciones mucho más edificantes. Es tomar las riendas de un caballo acostumbrado a campar a sus anchas, despreocupado y distraído.

A partir del momento en que el ser toma conciencia y se ilumina, ya no vive dejándose llevar por los acontecimientos, de una forma pasiva. Recupera el control de su vida, explorando su interior, yendo al encuentro de sus males, sin esperar a que espontáneamente afloren como le ha estado ocurriendo hasta ahora. Incluso llega a descubrir reacciones propias inadecuadas, que hasta ese momento no había sido capaz de localizar de una manera consciente. La falta de vigilancia le impedía reconocerse para tomar cartas en el asunto.

Toda esa tarea previa que mencionamos es fundamental, imprescindible, para poco a poco adoptar nuevas costumbres que sustituyan a las viejas, y de esa manera sacarlo de la inferioridad, de la atonía donde estaba instalado.

  • No abandones, de ese modo, tus intentos de moralidad y crecimiento interior, debido a las primeras dificultades a enfrentar.

No se debe abandonar los intentos de perfeccionamiento moral. La tarea requiere de una firme determinación, paciencia, constancia, entrega.

La propuesta quedó reflejada claramente en el Evangelio: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. (San Mateo 16, 24).

El que quiera seguir el ejemplo del Maestro ha de “negarse a sí mismo”. Significa exactamente lo que nos propone la mentora Joanna, negar en el sentido de modificar el hombre viejo por el hombre nuevo. Negarse para después afirmar una nueva propuesta de vida, de conducta, de trabajo.

Por todo ello, desistir en el empeño ¡nunca!

Superación personal y conducta moral por: José Manuel Meseguer.

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

(*)El texto en negrita pertenece al ítem 159 de la obra “VIDA FELIZ” de Joanna de Ângelis, psicografía de Divaldo Pereira Franco.

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