FIRMEZA ANTE LOS ADVERSARIOS

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Firmeza ante los adversarios

Firmeza ante los adversarios

En el transcurso de la convivencia humana pueden surgir conflictos y discordias que no siempre son provocados conscientemente o, al menos, con la intención de hacer daño a alguien. Otra cosa es la lectura que se pueda hacer de dichas situaciones, con la consiguiente respuesta positiva o negativa. Cada quien es un mundo, y no siempre las reacciones son equilibradas y justas en aras del bien común.

El vivir en sociedad nos confiere unos derechos y unas obligaciones que no todos contemplamos de la misma manera. No obstante, la concordia, el respeto y la tolerancia son algunos de los valores irrenunciables que debemos potenciar y que contribuyen decisivamente para la buena armonía entre las personas. Por desgracia, no siempre ocurre así. Vivimos todavía en un mundo sin un rumbo claro; muy agitado por las desavenencias, por la mala voluntad de algunos, y en general por unas deficiencias morales que, cuando no se controlan, terminan por generar litigios, disputas y enfrentamientos.

En esa línea, y ante la falta de vigilancia, una simple diferencia de criterio o de actuación puede desembocar en una lamentable confrontación, que lo único que va a alimentar son los malos entendidos, las antipatías y un comportamiento poco amistoso y tolerante hacia los demás.

Sin duda, cada quien es muy libre de pensar y de actuar como prefiera; no obstante, es necesario el respeto por unas normas de convivencia. Ser parte de la solución y no del problema cuando este surja, para que no se enquiste y llegue a provocar consecuencias desagradables para todos.

En última instancia, adoptar una buena o mala actitud será siempre una decisión personal.

La mentora Joanna de Ângelis nos habla de cómo debemos comportarnos cuando la situación deriva por caminos irresponsables y de claro desequilibrio.

(*) Quien guarda rencor, colecciona basura moral y, consecuentemente, termina enfermando.

El poso que se genera cuando se almacena en el interior resentimiento o rencor va mermando silenciosamente las energías, y por lo tanto, la salud orgánica.

La salud mental, biológica y espiritual van de la mano; no puede prescindir una parte de las otras.

Si no se soluciona esa deficiencia moral, con el tiempo va generando una perturbación cada vez mayor, y por ley de afinidad atrae a entidades espirituales que se imantan a ese tipo de pensamientos y sentimientos, potenciándolos. Un desequilibrio que, si no se actúa con determinación y la suficiente energía, termina por consumir al resentido, envolviéndole en una espiral muy nociva para su salud integral.

El mal que te hagan no debe merecer tu sacrificio.

El mal le pertenece a quien lo hace; el que lo recibe tiene la potestad de admitirlo o de rechazarlo. Supone un sacrificio baldío dejarse arrastrar por él, ya que consume energías que podrían orientarse hacia el bien común.

Si el mal parte de uno, porque todos somos falibles, hemos de reparar ese mal de la mejor forma posible, como mínimo pidiendo disculpas; este sería un acto de humildad y de empatía.

En cualquier caso, hemos de facilitar siempre una solución al mal, para a continuación proseguir por el camino del bien libre de cargas, sin secuelas o herencias que pudieran alterar la normal convivencia con el prójimo.

Si alguien desea verte infeliz, obra de forma contraria, viviendo con alegría.

Hay ocasiones en que, sin pretenderlo, el mal se instala en el ser desequilibrado, y pasa a convertirse en su aspiración prioritaria observar la infelicidad del “presunto” causante de su desgracia. La reflexión vendría a ser más o menos de la siguiente manera: “Ha obrado mal y tiene que pagar las consecuencias; con lo que me ha hecho no es posible que le salgan bien las cosas. Yo voy a ser testigo de ello”.

No obstante, tal y como nos indica la Mentora Joanna, tenemos el derecho de vivir con alegría. La alegría que nace de la gratitud por tener una nueva oportunidad de progreso cada día, de posibilidades, de experiencias enriquecedoras. Son innumerables las razones que nos deben llevar a sonreír a la vida, disfrutando de sus dones y regalos: La salud, un amanecer, de la naturaleza, de las buenas compañías, de la familia… y un largo etcétera de motivos que nos tienen que ocupar y estimular hacia las realizaciones edificantes, sin mirar atrás.  El camino está delineado, pero es de libre elección recorrerlo bien o mal, aprovechando o desperdiciando las maravillosas oportunidades que la vida nos concede.

Si otro planea perturbarte, insiste en la posición de armonía.

Las dificultades que otros puedan buscar con intención de perturbar han de ser gestionados con entereza moral para neutralizar sus efectos nocivos.

Al mismo tiempo, insistir en la posición de armonía, como nos dice la Mentora, significa por ejemplo renovar los pensamientos a través de las enseñanzas del Evangelio, y también con el recurso inestimable de la oración; solicitando a lo Alto ayuda espiritual, sobre todo para el perturbador, para que sea capaz de comprender su error y termine por desistir de su obstinado empeño; que a fin de cuentas, tan solo le está perjudicando a él.

Si aquel que se tornó tu adversario trabaja por tu desdicha, continúa en paz.

Ese adversario que solo busca lastimar y causar perjuicio, si no modifica su postura, tarde o temprano acabará mal; recogerá lo que ha sembrado, aunque de momento pueda causar inconvenientes y dificultades a la otra parte.

Sin embargo, es necesario trabajar siempre por mantener la paz, en cualquier circunstancia. Tenemos el ejemplo del inigualable Maestro Jesús; a lo largo de su vida fue provocado de diferentes modos, buscándole alguna debilidad, motivos para poder acusarle o debilitarle. Nunca lo lograron, Él permaneció siempre imperturbable, prosiguió su camino en paz y en concordia con todos.

Para quien procura hacer infelices a los otros, el mayor dolor es verlos imperturbables.

El no reaccionar, el mantenerse firme en los ideales, afrontar con serenidad los deberes cotidianos, sin mirar atrás, tal actitud ante las vicisitudes de la vida, sin pretenderlo, neutraliza a quien se había propuesto castigar al que considera su oponente. Sin embargo, es la mejor manera de ayudarlo, de desconcertarlo, para que finalmente se canse, reflexione y comprenda que por ese camino no llega a ninguna parte.

Sé inteligente y no te desgastes inútilmente.

Solo existe desgaste cuando uno se deja llevar por la corriente del desequilibrio y la confrontación, sintonizando con la onda mental del litigante, en una guerra estéril, que lo único que facilita es que los problemas se agranden en lugar de disminuirse. Para ello es necesaria una cierta disciplina mental para permanecer alerta, vigilante, y de ese modo rechazar cualquier provocación o discordia.

Por último, la Mentora Joanna de Ângelis nos insta a ser inteligentes; una inteligencia que no es aquella que acumula conocimientos o títulos académicos, sino la que nace de la experiencia, actuando siempre con rectitud y con la suficiente madurez como para no entorpecer o perjudicar a nadie, más allá del daño que hayamos podido recibir.

José M. Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

 

(*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem 51, de Joanna de Ângelis; psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

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