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ANTE LAS DIFICULTADES, AVANZAR SIEMPRE

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Ante las dificultades, avanzar siempre

Ante las dificultades, avanzar siempre

Nuestro paso por la Tierra no es una experiencia llena de parabienes, perfumes y rosas. No vivimos en un vergel de felicidad y virtudes, como si se tratase de un cuento de hadas. Nada de eso, la realidad es bien distinta.

Somos espíritus aún muy necesitados de aprendizaje, rescates y esfuerzos continuados para desembarazarnos de la cáscara de inferioridad que arrastramos desde tiempo inmemorial. Dios nos crea sencillos e ignorantes, y traza un camino; pero el libre albedrío permite escoger… y a veces se escoge mal, complicándonos extraordinariamente el viaje hacia la plenitud.

Es verdad que la vida no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de lágrimas. Nadie vive algo que no merezca o necesite. Para llevar adelante todas las potencialidades existentes en el ser, para que esa chispa divina latente adquiera fulgor, necesita el trabajo y el esfuerzo. No existe otro camino.

La mentora Joanna, madre amorosa inspirada por el Maestro Jesús, da valiosos consejos para superar las numerosas dificultades que se presentan en el camino diario. Ideas prácticas que pueden ayudar a alcanzar el éxito en la compleja tarea de evolución personal e intransferible.

(*) Si surge una dificultad, impidiéndote la caminata, no pierdas el tiempo. Detén el paso y bordea el obstáculo.

Hay obstáculos con los que no merece la pena perder el tiempo, están fuera de nuestras posibilidades. A veces se trata de situaciones que no dependen de uno, e incluso no nos pertenecen.

Detén el paso” nos dice la Mentora, para efectuar un rápido análisis de la situación e inmediatamente proseguir, y hacerlo con fe y confianza. Hay que bordearlos y seguir adelante.

Durante la existencia física, no siempre vamos a comprender todo en el primer momento. Tampoco controlar cuanto nos sucede. Madurar implica asimilar, poco a poco, el mensaje, la enseñanza que traen los acontecimientos de la vida y las pruebas que corresponda superar. No se pueden acelerar los procesos naturales, pero tampoco merece la pena estancarse ante la menor dificultad.

Si algún problema inesperado amenaza tu equilibrio, no te aflijas. Silencia la rebeldía y busca solucionarlo conforme a tus posibilidades.

En especial aquellas personas que acostumbradas a controlar todos los aspectos de su vida, personas muy organizadas que les gusta aprovechar el tiempo y vivirlo intensamente, personas que sufren muchas veces por inconvenientes súbitos que rompen la rutina establecida por ellos mismos. Estas situaciones suelen provocar una enorme contrariedad, nerviosismo y desasosiego.

No te aflijas” dice Joanna. El conato de rebeldía hay que apagarlo con pensamientos constructivos, en aras de solucionar cualquier imprevisto que, no obstante, requiere ser resuelto, o simplemente ejercitando la paciencia cuando es solo cuestión de tiempo. Cuando uno trabaja su interior en situaciones de esta índole nunca pierde el tiempo, aunque lo parezca, puesto que está ejercitando unos valores que le serán muy útiles en el futuro.

Si alguien a quien amas ha cambiado de conducta con relación a ti, o te abandonó, mantente sereno.

Duelen mucho los desafectos, las ingratitudes, los cambios bruscos de comportamiento en las personas que amamos, en quienes teníamos depositada una confianza plena. No obstante, el gran reto ante esas situaciones amargas radica en mantener la serenidad interior. El ser humano no puede detenerse mucho tiempo a la hora de analizar el impacto emocional o sentimental que un distanciamiento así o una ruptura puede provocar. También hay que bordearlo y continuar. Cada quien es libre en sus actos, por tanto no nos corresponde forzar ninguna situación contraria a la voluntad de las personas.

También ocurre que inconvenientes de esa naturaleza pueden llegar a ser una bendición, pues ayudan a abrir los ojos ante una realidad que antes quizás negábamos o que podíamos tener idealizada, o que simplemente no veíamos.

Suelen ser unos cambios amargos, dolorosos; cambios que generan contrariedades, pero que son para bien, situando la Divina Providencia las cosas en su lugar, para que no exista un entorpecimiento mutuo, y de ese modo proseguir cada uno por el camino con libertad.

El rebelde y el desertor, con sus actitudes intempestivas, ya han perdido la razón. Permanece pues en paz.

Tanto el rebelde como el desertor tienen un problema que les atañe solo a ellos. Y aunque poseemos libertad para enmarañarnos en sus problemas, en sus actitudes poco edificantes, podemos tomar otro camino más coherente, constructivo y edificante.

No merece la pena alterarse porque otras personas de nuestro círculo social o familiar adopten ese tipo de actitudes, contrarias a la fraternidad o la solidaridad. También aquí hay que mantener la paz y guardar el equilibrio para poder seguir con calma, aunque se pudiera estar rodeado de aguas turbulentas.

Lo que ahora pierdas, lo obtendrás más adelante.

Solo los que poseen una fe sólida, los que persisten en el bien, los que saben en qué dirección caminan, están en condiciones de obtener los objetivos anhelados. No importa cuánto se pueda perder ahora, las ingratitudes, las deserciones, los sinsabores. Todo ello pertenece a las pruebas escogidas −conscientemente− antes de encarnar, para conseguir unos objetivos concretos. Por lo tanto, pese a todo, y aunque el entorno parezca caótico, se debe mantener la serenidad en el camino y la confianza en el porvenir, mantener siempre el paso firme y seguro.

Todo lo que te pase, sabiendo comportarte, será siempre para tu bien futuro.

Las dificultades hay que convertirlas en posibilidades de crecimiento, aprendiendo a comportarse dentro de unos valores ético-morales. La vida conspira permanentemente hacia la plenitud, orienta y conduce hacia la felicidad consciente y plena.

Puesto que poseemos el germen, la chispa divina, con todas sus potencialidades, y la ruta que amorosamente nos traza el Creador, “nada hay que temer”; “estamos en muy buenas manos”. Solo queda ser dóciles, dejarse conducir por las manos sabias de quien creó todo y que nos espera al final del camino, ya perfeccionados y purificados con la pureza primitiva con que salimos de su regazo.

 

 José Manuel Meseguer

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

(*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, ítem 78, de Joanna de Ângelis – Divaldo Pereira Franco.

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