UN ESPÍRITU, UNA MISIÓN Y UN HOMBRE NUEVO

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Un espíritu, una misión y un hombre nuevo
La vid es el símbolo del espiritismo. Allan Kardec, codificador de la Doctrina Espirita fue instruido a utilizar la rama de vid como emblema de la doctrina espiritista conforme la siguiente instrucción de los espíritus “Pondrás en la cabecera del libro la cepa que te dibujamos, porque es el emblema del trabajo del Creador. Ahí se hallan reunidos todos los principios materiales que mejor pueden representar el cuerpo y el espíritu. El cuerpo es la cepa; el espíritu es el licor; el alma o espíritu ligado a la materia es el racimo. El hombre sublima el espíritu por el trabajo y tú sabes que sólo mediante el trabajo del cuerpo el Espíritu adquiere conocimientos.”

UN ESPÍRITU, UNA MISIÓN Y UN HOMBRE NUEVO

A medida que el tiempo avanzaba, todo tomaba sentido para el antiguo escéptico profesor Rivail, en la misma medida los fenómenos, de dominio público en multitud de salones en Europa y América no pasaban de ser un espectáculo del que algunos se aprovechaban para obtener lucros y rendimientos. El fenómeno era visto como algo de moda que no tenía ninguna consecuencia para las personas más que el pasar un buen rato y preguntar con enorme curiosidad por cuestiones frívolas y nada trascendentes.

No era en absoluto algo que incomodara a nadie, antes al contrario, era la moda del momento y como tal las clases más acomodadas de las sociedades europeas y americanas se desvivían por acudir a los espectáculos públicos de las mesas parlantes o privados en sesiones donde todo tipos de fenómenos se producían (materializaciones ectoplásmicas, transportes de objetos, transfiguraciones, levitaciones, neumatografía, etc.). 

Por supuesto, no todas eran reales o auténticas; la moda estimuló la ambición y avaricia de muchos que, valiéndose de trucos de magia y otros, simulaban poseer facultades mediúmnicas y con ello se enriquecían en notables espectáculos que se vulgarizaron hasta que fueron desenmascarados. A este aspecto le dedicaremos más adelante un artículo concreto donde Kardec defendía la honestidad del fenómeno a pesar de los farsantes y mistificadores que intentaron aprovecharse de la credulidad humana.

Quizás por esta causa y otras de mayor enjundia tuvo lugar el hecho que dio origen a una nueva etapa de trabajo del profesor Rivail. Todo comenzó en su propia casa cuando, enfrascado en su estudio, una noche comenzó a oir golpes que no procedían de ningún lugar determinado. Ante la insistencia y repetición de los mismos en esa noche, algo le inquietó profundamente y al día siguiente, en la sesión programada y dirigida por él en casa de las hermanas Baudin, preguntó a los espíritus el origen de esos golpes. Ellos le contestaron que se trataba de su espíritu guía o familiar que deseaba darle un mensaje y había llamado así su atención, pero que ese mismo espíritu se encontraba allí y si quería podría interpelarlo.

Por supuesto Rivail se animó a preguntar, y en ese momento se le presentó un espíritu que dijo ser su guía indicándole que le llamara “La Verdad” y que le protegería y ayudaría. El nombre hacía referencia a la inquietud de Rivail de buscar la verdad por encima de todo, y el espíritu le confirmó que todos los meses estaría a su disposición en ese lugar durante un cuarto de hora. Respecto al motivo de los golpes de la noche anterior el espíritu le indicó que lo que estaba escribiendo la noche anterior le desagradaba y quiso llamarle la atención, sugiriéndole volver a releer lo que había escrito y el mismo profesor se daría cuenta de los errores cometidos.

Poco tiempo después, y a instancias de un amigo que le presentó multitud de comunicados de una médium de 19 años llamada Ruth Japhet, Rivail aceptó acudir a las sesiones de esta joven médium al comprobar la similitud y coincidencias entre los mensajes que esta recibía y los que él mismo había confirmado a través de las hermanas Baudin. Cuál no fue su sorpresa que en una de las sesiones de esta médium, y sin esta conocer nada del asunto, se presentó el guía de Rivail, “El espíritu de Verdad”, confirmándole lo siguiente: “En cuanto a ti Rivail, tu misión es esta: eres el trabajador que reconstruirá lo que fue demolido”. 

Era el  30 de abril de 1856, y en junio de ese mismo año el Espíritu de Verdad volvió a manifestarse mediante la escritura por otra médium distinta de las anteriores, la señorita Aline C. A través de su intermedio le confirmó que era el encargado de organizar y divulgar una nueva doctrina capaz de revolucionar el pensamiento científico, filosófico y religioso. Rivail preguntó y el Espíritu de Verdad le contestó de esta forma, recomendándole discreción máxima:

“Nunca hables de tu misión; podrías malograrla. Ella se podrá justificar por la obra realizada y tú todavía nada has hecho. Si la cumples, los hombres lo reconocerán antes o después , ya que por los frutos se conoce la calidad del árbol”

De repente nos encontramos al profesor Riváil con una misión que debe concretar y un espíritu que le guiará en todos los pasos para que pueda cumplirla. Algo impensable para aquel científico serio, escéptico y que vivía en la incertidumbre permanente de intentar conocer la verdad. Ahora era un hombre nuevo, investido de un trabajo para el que le dieron una serie de advertencias que pondrían de manifiesto las dificultades, los retos, las incomprensiones y traiciones que tendría que soportar si aceptaba el desafío que le habían propuesto.

Más tarde, el insigne codificador del Espiritismo descubriría que no era una cuestión casual. Él mismo, antes de encarnar, había aceptado la misión que se le encomendaba.

¿Cómo comenzar? ¿Por dónde? Rivail, aplicando sus conocimientos pedagógicos y teniendo claro que no era una obra de su autoría sino un simple organizador y codificador de las enseñanzas que se recibían de los espíritus, se propuso un método de comprobación, análisis y experimentación basado en realizar las preguntas que había efectuado a distintos médiums en distintos lugares a otros muchos esparcidos o diseminados no solo en Francia sino en otros países. Realizaba las mismas preguntas y obtenía las respuestas que luego cotejaba y comparaba con las que ya tenía y las que le iban llegando por correspondencia.

Así elaboró, codificó y preparó la que sería la primera gran obra de la Codificación Espírita, “El Libro de los Espíritus”, que vio la luz en París  el 18 de abril de 1857 con enorme expectación. Una obra eminentemente filosófica que ofrecía las respuestas más esclarecidas dadas por los espíritus a las preguntas más profundas de la historia de la humanidad. Dios, la inmortalidad del Alma humana, la Comunicación con los espíritus, la Reeencarnación, la Pluralidad de Mundos habitados, eran los principios filosóficos básicos sobre los que se asentaba la nueva doctrina, y todos ellos con consecuencias ético-morales inexcusables basadas en el ejemplo y las máximas morales de Jesús. Quizás de esto último se deriva la respuesta a la misión que el espíritu de verdad le dió por primera vez a través de las hermanas Baudín, citado arriba: “encargado de reconstruir lo que fue demolido (el auténtico cristianismo)”.

La definición de la “Nueva Filosofía Espiritualista” que adoptó el nombre de Espiritismo para diferenciarse de otras fue la siguiente:

“Ciencia de observación y doctrina filosófica de consecuencias morales”

O lo que viene a ser lo mismo, es “la ciencia que estudia el origen, naturaleza y destino de los espíritus y sus relaciones con el mundo corporal.” Lejos, muy lejos se encontraba Rivail de comprender las consecuencias de lo que la publicación de ese libro le traería. Por lo pronto, a fin de seguir las instrucciones de los espíritus, adoptó un seudónimo por el que sería conocido universalmente: Allán Kardec. El nombre que tuvo en una vida anterior en la Galia, en la que fue un druida, según le informaron aquellos que le inspiraban.

Ya nada fue igual, tal y como cambió su nombre cambió su vida, y por ello desde ese momento el antiguo profesor Rivail dejó paso a un hombre nuevo, enfrentando retos y desafíos que nuca pudo imaginar ni prever, tal y como comprobaremos en próximos articulos. Con sentido común, el viejo profesor preguntó al espíritu de verdad cuál sería el motivo por el cual podría fracasar; la respuesta llegó en la frase que viene a continuación:

La misión de los reformadores está llena de obstáculos y peligros. Te prevengo que será difícil, pues se trata de transformar el mundo entero. No será suficiente publicar un libro o diez quedándote en casa. Deberás enfrentar odios terribles, implacables enemigos tramarán tu fracaso, te las verás con la maledicencia, la calumnia y la traición de los más allegados. Tus mejores instrucciones e intenciones serán despreciadas y falseadas, y más de una vez sucumbirás a la fatiga.

Y el espíritu de verdad no solo acertó, sino que se quedó corto.

Un espíritu, una misión y un hombre nuevo por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad 

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