SOMBRA…MÁS SOMBRA

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Sombra...más sombra

Sombra…más sombra

No pasa un solo día que no reciba alguna carta contándome algún suceso doloroso y suplicándome que averigüe el porqué.

No siempre puedo complacer a mis hermanos, unas veces porque no tengo médiums disponibles o porque los espíritus se niegan a contestar categóricamente, y otras, porque no creen prudente ocuparse de historias terribles, y me dicen: “No te acerques demasiado al fuego, que puedes quemarte”. Y efectivamente, más de una vez me ha sucedido ponerme enferma escribiendo algunos relatos de crímenes cometidos en la noche del pasado.

Hace algunos días me escribió un espiritista, quien entre otras cosas me decía lo siguiente:

“Vivían en un matrimonio con tres hijos, la esposa próxima a dar a luz su cuarto vástago, y la madre de ella. “Una noche, estando los niños y la anciana acostados, el esposo fuera de casa, estaba la señora cosiendo tranquilamente en el comedor, junto a una mesa en la cual había un gran quinqué lleno de petróleo; no se sabe por qué, la señora se levantó, tomó el quinqué y cayó de su mano, derramándose el petróleo que se inflamó instantáneamente, procuró apagar las llamas, con tan mala suerte, que ardieron sus faldas, loca, sin saber lo que hacía, se lanzó a la calle pidiendo socorro. A sus gritos acudieron los vecinos, y uno de ellos, la cubrió con una manta de lana, pero las llamas, de más de dos metros de altura, eran tan voraces, que hirieron a varios individuos, y la primera víctima sólo sobrevivió cuatro horas, sufriendo agudísimos dolores, pero como conservó todo su conocimiento, encargó a su familia y vecinos que la perdonaran y que velaran por sus pobres hijos, muriendo resignadamente diciendo: ¡Señor, señor, cúmplase tu santa voluntad!”

Madre excelente, hija cariñosa, esposa amantísima, y todos, unánimemente, decían que no merecía morir como ha muerto. He preguntado a un Espíritu, y él valiéndose de una buena médium, me ha dicho lo siguiente:

“El Espíritu demostró tener más virtudes que defectos, en una de sus pasadas existencias perteneció al sexo fuerte y adquirió justo renombre por ser un gran orador sagrado, una lumbrera en la cátedra del Espíritu Santo, un ministro de Dios de conducta intachable, probo, generoso, compasivo, esclavo de sus deberes profesionales, sin que una mancha cayera nunca sobre su blanca vestidura, tan desprendido, tan desligado, al parecer, de los goces terrenales; sin embargo, aquel santo varón, modelo de buenas costumbres, estranguló a sus cuatro hijos en el momento de nacer. Desde muy joven, se apoderó de una pobre campesina, hermosa, sencilla y buena, obediente y sumisa a los mandatos de su señor; de una cabaña escondida entre montes, pasó a una casita oculta en un bosque centenario, y allí, en compañía de una pobre mujer sordomuda, vivió algunos años adorada de su señor y dueño, que era aquel ministro de Dios de quien no se sabía la menor debilidad mundana”.

“En aquel ignorado retiro él era dichoso, pero siempre temblaba ante la idea de que se descubriera su debilidad, y para evitarlo, cuando ella le dijo que iba a ser madre, menudeó sus visitas para asistir a su alumbramiento, y sin que ella lo notase, estranguló al niño al nacer y lo enterró él mismo, para borrar todo vestigio de su crimen; pero no se quedó tranquilo, así es que, los tres hijos que vinieron más tarde, después de estrangularlos en el momento de nacer, los arrojó al fuego y aventó sus cenizas. Habían momentos en que hasta ella le estorbaba, temiendo siempre que se descubriera sus crímenes; pero era tan hermosa, tan sumisa a su voluntad, que no tuvo valor para asesinarla. Cuando ella murió, él respiró con más tranquilidad, y se entregó a las prácticas religiosas, martirizó su cuerpo, dominó sus indómitas pasiones, y pensaba con horror en aquella mujer que durante algunos años le cautivó con sus hechizos, y en cuanto a sus hijos, los consideraba como frutos del pecado, y creía buenamente que había cumplido con su deber”.

Al volver al Espacio, se horrorizó de sí mismo, no había gozado con sus crímenes, pues los había cometido por sus escrúpulos religiosos, y esto le valió mucho para no ser tan responsable de sus hechos, pero él mismo se condenó a volver a la Tierra para morir entre las llamas cuatro veces seguidas y sufrir más de lo que sufrieron sus hijos.

“He aquí por qué en esta encarnación ha dado comienzo el saldo de sus cuentas, siendo sus hijos los espíritus que el ministro de Dios arrojó lejos de sí; en esta existencia se unieron a su asesino para despertar su sentimiento”.

“Ya ves si tenía una causa poderosa la desgraciada muerte de la madre de familia, que ayer quemó a sus hijos y hoy se ha separado de ellos con el más profundo sentimiento”.
El infinito nos parece corto plazo para demostrar nuestra gratitud a los seres de ultratumba por el bien que nos hacen con sus revelaciones.

Amalia Domingo Soler

Sombra…más sombra por: redacción

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