SINTONÍA ENTRE PENSAMIENTO Y SENTIMIENTO

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Sintonía entre pensamiento y sentimiento

SINTONÍA ENTRE PENSAMIENTO Y SENTIMIENTO

En los dos capítulos anteriores hemos profundizado en algunas de las características, desarrollo y consecuencias de nuestros pensamientos (la cualidad de la mente) y nuestros sentimientos (la expresión del alma) lo suficiente como para comprenderlos a un nivel que nos permita trabajar para conseguir una orientación lo más positiva posible en la vida. En este vamos a adentrarnos en la extraordinaria interrelación que tienen los unos con los otros, así como en esas etapas en que parece que no tengan esa conexión tan alta para comprender su porqué.

Los pensamientos pueden ser constructivos o destructivos, altruistas o egoístas, optimistas o pesimistas, pacíficos o bélicos; tienen tan amplio abanico como tendencias emocionales tenemos cada uno, porque van íntimamente unidos a nuestra emotividad. La calidad de los mismos y de los sentimientos condiciona nuestras realidades porque el efecto combinado de ambos nos impulsa con más fuerza a tener actuaciones de su misma naturaleza, y ya hemos visto que nuestro comportamiento es decisivo en cuanto al resultado beneficioso o perjudicial que obtendremos en nuestra vida.

La persona que tiene un sentimiento de fracaso a lo largo del día, tendrá numerosos pensamientos como: “Esto no lo voy a conseguir”, “qué tontería hacer algo que no va a dar resultado”, “seguro que me sale mal”, “para qué voy a ir a esa entrevista de trabajo si no me van a seleccionar… Y un largo etcétera. Podríamos decir que entra en un bucle donde pensamiento y sentimiento se alimentan entre sí y se autocondicionan a esa sintonía de vida, negativa en este caso, impregnando todo cuanto hacemos de sensaciones de desarmonía y abatimiento.

Los pensamientos positivos movilizan sentimientos positivos, al igual que los sentimientos negativos generan pensamientos negativos, y viceversa en ambos casos. Están tan íntimamente unidos que los unos condicionan y fortalecen a los otros. Este que parece un aspecto trivial es más decisivo de lo que parece en nuestra vida, y demuestra el porqué nuestra naturaleza interior tiene tanta energía y predomina sobre las primeras intenciones de cambiar nuestras actitudes y comportamientos. Recordemos que lo que hay en nuestro interior es lo que empuja continuamente para salir reflejándose en nuestro hacer diario, y ese interior está compuesto por pensamientos y sentimientos que con el tiempo se alinean en una misma naturaleza, fortaleciendo nuestros deseos y tendencias.

Si esta tónica general permaneciera inalterable significaría que los cambios de ideas,  carácter, comportamiento, etcétera, se mantendrían sin cambios en el tiempo, pues viene a ser como la pescadilla que se muerde la cola: nunca puede cambiar de rumbo. Pero como la vida es una continua evolución, los acontecimientos, experiencias, pensamientos, sensaciones y demás circunstancias que vivimos representan momentos coyunturales de cambio personal que tardamos más o menos en aprovechar, según la predisposición de cada uno, cuando se presentan.

Cómo cambiar esa sintonía.

Hay etapas de nuestra vida en las que pensamientos y sentimientos tienden a separarse, especialmente cuando interviene un elemento muy importante de nuestra personalidad que es la CONCIENCIA, ya que ésta es una realidad activa que interviene para reorientar algunos conceptos y comportamientos. Esto suele ocurrir cuando la persona ha alcanzado una determinada madurez interna, porque esa mayor sensibilidad interior que experimenta hacia determinados aspectos de la vida tiende a una necesidad más profunda de reconocimientos y vivencias, de más amplios aspectos espirituales, porque comienza a mirar mucho más hacia dentro que hacia afuera. Y es precisamente en esta circunstancia en la que nos vamos a centrar para aprovechar su inercia en nuestro beneficio.

Esa mirada hacia nuestro interior suele marcar un antes y un después en nuestra vida, ya que desde el mismo momento en que comienza esa introspección, la mente experimenta un ligero cambio de sintonía, teniendo cada vez más pensamientos de autocrítica hacia determinados sentimientos y deseos, tendiendo a ordenar algunas conductas que comienzan a verse como inadecuadas e incorrectas. También se razona sobre determinadas emociones y tendencias que comienzan a dejar sensaciones de insatisfacción cuando antes no ocurría, pues manteníamos mayor inconsciencia sobre nuestros actos y sus consecuencias en la vida.

Son instantes en que los pensamientos comienzan a distanciarse de nuestras tendencias  habituales, porque esa fuerza interior ha comenzado una batalla para modificar la naturaleza de los sentimientos que la conciencia ve como negativos y perjudiciales, ya que conduce a actos que, al comenzar a verse desde otra perspectiva, generan cierto malestar interno.

Este es uno de los momentos en que se tiende a romper esa sintonía de forma muy clara, porque no es positiva para nosotros y nos genera innumerables situaciones de desagrado. Cuando se es consciente de que debemos cambiar algún sentimiento, los pensamientos comienzan a distanciarse de él, alimentados por la mayor claridad y calidad que tiene y está manifestando nuestra conciencia. Son etapas de la vida que conviene saber aprovechar muy bien porque, en caso de saber encauzarse adecuadamente, pueden representar grandes impulsos de mejora para quien los experimenta. Estos son momentos en los que podemos apoyarnos de forma decisiva en la meditación consciente y acertada por las numerosas ventajas que hemos visto puede aportarnos, máxime en instantes de sensaciones, emociones y pensamientos que tienden a hacernos ver la necesidad de introducir cambios en nuestro diario vivir.

Aunque estas dos estructuras de la personalidad vayan tan íntimamente unidas, en todas las personas suele haber un mayor predominio hacia un lado u otro, dependiendo de que haya desarrollado más el pensamiento o la emotividad. Hay quien tiende más a razonarlo todo y quien antepone el sentimiento al intelecto. Dentro de esta normalidad, esa irrupción de nuestra conciencia siempre irá más dirigida hacia el factor que más desarrollado tiene cada persona, porque es con el que le resulta más fácil conectar; de aquí que en unos casos sean los pensamientos los que comiencen a distanciarse de los sentimientos o viceversa, comenzando la ruptura de esa sintonía. Esta circunstancia lo que persigue es elevar nuestra vibración interna para lograr unas mejores condiciones de vida.

Todo cambio que implique la modificación de cualquier aspecto negativo por uno positivo es un paso hacia adelante muy beneficioso. Son momentos en los que se experimentan nuevas sensaciones que hay que saber apreciar y valorar. Nunca sentiremos la misma emoción con pensamientos y sentimientos de rencor que de conciliación, ni de egoísmo que de altruismo. Todo es diferente en ellos. Si pasamos de sentimientos y pensamientos de rencillas hacia una persona, a pensar en cómo resolver ese malestar con un sentimiento de unión, nuestras percepciones y nuestras vivencias serán muy distintas, pudiendo entonces apreciar, en primer lugar, la esencia más pura y limpia de ese sentimiento, más expansivo, beneficioso, feliz, etcétera, así como todas las evocaciones más alegres y satisfactorias.

La conectividad de la vida

 Nuestras aspiraciones y esfuerzo han de ir orientados a que pensamientos y sentimientos tengan una naturaleza y afinidad positivas porque estaremos en la mejor de las situaciones para desarrollar una existencia plena y feliz. Hay sentimientos que son una verdadera bendición para  la vida y nuestra mayor aspiración ha de ir dirigida hacia su vivencia.

 Poner nuestros pensamientos y sentimientos en la sintonía adecuada y necesaria para conseguir los logros deseados es esencial. Cuando esa armonía se mantiene en el tiempo crea un automatismo, y es este el que activa todos nuestros sentidos, haciendo que estos trabajen a favor de la exigencia que se les hace.

Toda nuestra energía estará dirigida hacia el equilibrio y la elevación de nuestro comportamiento, lo que eleva a su vez nuestra vibración personal hacia la satisfacción, la plenitud y la felicidad. Por otro lado, esa sintonía es la que hace que, por afinidad, captemos vibraciones de esa misma índole, uniéndonos a la armonía del propio Universo, lo que a su vez atrae esas energías positivas que están vivas y presentes a nuestro alrededor, apoyándonos con más energía porque existe una conectividad total entre la vida visible y la invisible que nos rodea.

La vida es mucho más de lo que observamos o lo que podemos percibir en primera instancia. Hay muchos aspectos que nos pasan desapercibidos y que nos son desconocidos, lo que no quiere decir que no existan, no estén presentes ni nos afecten de forma importante, unas veces para mal y otras para bien. Si no solemos conocer los verdaderos beneficios o perjuicios de aquello que hacemos y podemos observar, ¿cómo podemos comprender el alcance de aquello que permanece invisible a nuestras habituales percepciones? ¿Conocemos todo lo que nos influye y afecta en la vida?

El Universo está lleno de vida, es energía en constante evolución; lleno de fuerzas inconmensurables e indescriptibles con las que podemos conectar cuando somos capaces de transcender el “yo”, el “ego” material, y vivir el “yo” superior. Esto se consigue cuando pensamientos, sentimientos y comportamiento están alineados en un sentido positivo, pues este estado amplia todas nuestras capacidades, expandiendo nuestra conciencia para conectar con esas fuerzas y energías ocultas que tienen gran influencia en el devenir de nuestro desarrollo personal. Podremos vivir momentos sorprendentes para nuestro limitado pensamiento, instantes de emancipación del alma, donde los sentimientos aportan energías internas inimaginables hasta entonces.

Conectar con esas energías elevadas que conforman y armonizan el Universo es como encender una luz en la oscuridad, canalizar conocimientos capaces de orientarnos en los momentos más difíciles y generar más fortaleza en nuestro ánimo, engrandeciendo las posibilidades de triunfo en cualquiera de los aspectos o facetas que lo necesitemos.

Sintonía entre pensamiento y sentimiento por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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