CÓMO SE DESARROLLAN LOS SENTIMIENTOS

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Cómo se desarrollan los sentimientos

CÓMO SE DESARROLLAN LOS SENTIMIENTOS

La afectividad es la capacidad que tenemos de vivir los sentimientos. La experimentamos continuamente, desde antes incluso de nacer, porque está tan introducida en nuestro ser que conforma la esencia de nuestra vida. Es la energía más poderosa de nuestro interior y el dinamismo que nos empuja a actuar.

Esas vibraciones son armónicas cuando los sentimientos buscan el bien general de la vida o desarmónicas cuando van encaminados hacia el mal en sus múltiples facetas. Los sentimientos vienen a ser la base de nuestras relaciones sociales porque nos ayudan a expresarnos y a comunicarnos. Como tenemos la capacidad de percibir la naturaleza de su expresión, terminan generando empatía o rechazo en base a su nobleza, sinceridad y honestidad. Sea cual sea su condición, los primeros afectados seremos siempre nosotros, porque esas energías que generan están en nuestro interior, equilibrando o desequilibrando nuestra vida.

Todos tenemos sentimientos que necesitamos desarrollar más para mantenernos en paz y armonía interiormente, y afrontar los diversos retos que surgirán con mayores capacidades para superarlos. Mantener unos sentimientos equilibrados y dispuestos a su desarrollo es la base sobre la que puede sustentarse el resto de estructuras de nuestra personalidad. Ser mejor persona es tener mejor afectividad, y esto influye enormemente en nuestro equilibrio y felicidad, y en nuestro entorno.

Nuestras acciones dependen en gran medida de nuestros sentimientos. Según su condición, en general altruista o egoísta, así se verán reflejados en nuestro modo de hacer, con todas las connotaciones de bienestar o malestar que llevan consigo.

¿Cómo son los sentimientos?

 Vamos a diferenciar dos tipos distintos de sentimientos, basándonos en su naturaleza y la incidencia que ejercen en nuestra vida:

Sentimientos negativos:

Miedo, hostilidad, tristeza, frustración, ira, celos, culpa, etcétera. Son todos aquellos que bajan nuestras vibraciones y desgastan nuestra energía, con lo que esto conlleva. Todos ellos dañan a la persona que los siente, así como también a aquellas con quienes nos relacionamos. Podemos pensar que algunos como la tristeza solo afectan a la persona que se siente triste, pero no es así porque quienes la quieren sufren por verla en ese estado. No obstante, dentro de ellos y por su naturaleza podemos definir dos tendencias afectivas con una ligera diferencia.

Por un lado están los que generan predisposiciones de soledad y abatimiento de forma muy directa y dañina para quien los experimenta, como por ejemplo el miedo, la tristeza o la frustración, que crean ambientes nada propicios para el desarrollo de la propia persona y son un tremendo lastre en su vida, ya que son sentimientos muy limitantes. Y por otro, aquellos que tienden a desunir a las personas, generando ambientes de continuos conflictos, insatisfacciones e infelicidad, como por ejemplo la hostilidad, la ira o los celos, porque son sentimientos que habitualmente llevan a la confrontación.

El resultado de tener y mantener cualquiera de estos sentimientos negativos y de los ambientes desfavorables que crean es dañino porque conducen a la soledad y al sufrimiento.

Sentimientos positivos:

Amor,   afecto,   tolerancia,   confianza,  bondad,  paz,  felicidad, alegría, amistad, gratitud, esperanza, etcétera. Son todos aquellos que suben nuestra vibración, dan seguridad y nos fortalecen. Tienen la cualidad de unirnos a los demás con paz, armonía y satisfacción. Son sentimientos de integración que rompen todas las barreras entre los seres humanos y amplían los horizontes de la convivencia y los grandes logros que solo la unión es capaz de alcanzar. Siempre tienen un resultado beneficioso para todos, pues tienen como principio el bien, lo que permite entrar en sintonía con las necesidades de los demás y nos aleja del tan dañino egoísmo. Actuar bien y hacer el bien nos hace sentir bien interiormente, lo que amplía el conocimiento de la vida e incluso aumenta la intuición.

Solemos escuchar o leer con frecuencia que somos nosotros los que elegimos tener unos u otros sentimientos. Esta afirmación es cierta, pero hasta determinado punto. Por un lado, en nuestra personalidad tenemos más acentuados unos que otros, y estos tienen su fortaleza, lo que nos condiciona de forma decisiva en la mayoría de los casos. Por otro, sucede que somos los últimos en darnos cuenta del perjuicio que ocasionan los sentimientos negativos, porque solemos tenerlos como algo natural y normal en nuestra vida, sin llegar a comprender el alcance de los perjuicios que causan y nos causan, como tampoco terminamos de entender a un nivel interno y profundo los beneficios de los sentimientos positivos.

La realidad nos demuestra que tenemos el poder de decidir cuáles sentimos, pero una vez se ha instalado en nosotros algún sentimiento negativo es imprescindible realizar el esfuerzo necesario para eliminarlo porque no se va a quitar por la simple condición de pensar que nos perjudica y queremos eliminarlo, pues requiere trabajo y dedicación. A pesar de las dificultades siempre que tengamos deseos de mejora personal, iremos avanzando y mejorando nuestra vida.

Cómo eliminar los sentimientos negativos.

Los sentimientos vienen a ser nuestro punto de vista subjetivo y particular de cómo vivimos los acontecimientos que nos afectan y actuamos sobre esa valoración que hacemos. Son la respuesta de nuestra interpretación ante lo que deseamos o rechazamos, lo que conocemos o desconocemos. Si nuestra valoración es negativa los sentimientos que vamos a tener tendrán esa misma naturaleza. Vienen a representar los valores desde los que actuamos habitualmente.

Esto nos da una primera respuesta: Aprender a vivir de forma diferente lo que nos afecta. Es imposible sentir amor y odio al mismo tiempo, aunque tengamos actos de amor y de odio, sencillamente porque son antagónicos, pero siempre va a predominar uno de ellos sobre el otro. Cambiar nuestra visión de los acontecimientos, viviéndolos en sentido positivo, desarrolla los sentimientos positivos porque son los que más se viven. Al dejar de vivir los acontecimientos como algo negativo, los sentimientos de esta misma naturaleza van dejando de surgir.

Desear sinceramente que los demás sean felices, que tengan una vida alegre y satisfactoria y colaborar desde nuestras posibilidades para ello es una práctica muy beneficiosa también para nosotros, porque es muy útil para ejercitar el bien, con lo que conseguiremos alejar el mal y por consiguiente esos sentimientos negativos. La práctica de buenas acciones ayudan a desarrollar los sentimientos positivos y no dar cabida a los negativos, con lo que nuestra naturaleza interior va transformando su irradiación y elevado nuestra vibración hacia el bien común, disfrutando más de la vida. Los sentimientos negativos van desapareciendo en la medida que vamos desarrollando los positivos.

Cómo desarrollar los sentimientos positivos.

Cualquier sentimiento, como por ejemplo la comprensión, se puede desarrollar para armonizar más nuestra vida. Cuanto más y mejor comprendamos al resto de personas menos conflictos emocionales tendremos, al observar los hechos sin hacer valoraciones negativas de las personas que los realizan, que es la base de muchos de nuestros malestares porque nos sentimos atacados en nuestros intereses. Ser comprensivo ante los errores ajenos no significa, en absoluto, compartirlos ni disculparlos, se trata de que la valoración que solemos hacer nos molesta y eso es lo que nos hiere en la vida y lo que nos hace reprochar a la otra persona lo que dice o hace. Con comprensión no hay dolor, porque el entendimiento es superior a la incomprensión, y cuando nos relacionamos con los demás lo hacemos con la empatía necesaria que nos permite hablar sin herir y escuchar sin sentirse mal.

Todas nuestras capacidades se van desarrollando, a un ritmo lento o rápido, según la percepción que tengamos sobre ella y nuestro deseo de hacerlo; los sentimientos no son una excepción, siendo además las cualidades de mayor fortaleza para afrontar la vida. Todos nuestros sentimientos se expanden en la medida que los vamos experimentando y van penetrando en las capas más profundas de nuestra personalidad. Cuanto más vivamos y practiquemos ese sentimiento, más se va a desarrollar.

La caridad, por ejemplo, se desarrolla de muchas formas: Pensando en ella, lo que es, lo que se siente cuando se practica, lo que puede pensar y sentir la otra persona o lo que se experimenta cuando la recibimos. Haciendo actos caritativos, participando en acciones de ayuda a personas necesitadas, colaborando con cualquier asociación altruista; en definitiva, practicándola todas las veces posibles. Vivir hondamente este sentimiento cada vez que se piensa en él y cada vez que se practica para estimularlo y que cada vez sea más intenso y más profundo. Todo ello hace que se vaya desarrollando y teniendo más energía para su manifestación.

Si una persona hambrienta me pide de comer y le doy un poco del dinero que llevo, es un acto de caridad. Si no llevo dinero y estando comiendo comparto la comida con él, es otro acto de caridad. Pero si lo encuentra hambriento y entonces no la comparto y lo dejo sin comer, ¿qué ha ocurrido? Sencillamente que he llegado al nivel donde todavía no ha penetrado en mí la caridad.

Cuanto más difícil nos resulta realizar la acción, más energía (esfuerzo) requiere de nosotros, y ha de ejercerse desde un nivel superior porque necesita que esa cualidad esté más desarrollada. En el ejemplo anterior me resulta fácil dar lo que me sobra, es más difícil compartir lo que tengo, pero ya no estoy dispuesto a dar lo único que tengo, para quedarme sin nada. En cambio, otras personas no dan ni lo que les sobra, mientras hay quien lo da todo quedándose sin nada. Esto nos demuestra que cualquier sentimiento lo tenemos adquirido hasta un nivel determinado y que cuando el requerimiento supera ese nivel, sencillamente no llegamos, no actuamos. La única forma de hacerlo es conseguir un mayor desarrollo de ese sentimiento concreto, practicándolo y ejercitándolo muchas más veces.

De la misma forma se desarrolla el resto de sentimientos positivos, regenerando nuestro interior y dotándonos de una fortaleza cada vez mucho mayor. Esta es una labor diaria porque cambiar nuestra naturaleza requiere dedicación, esfuerzo y tiempo. Pero si no empezamos ya a vivir los sentimientos positivos no avanzaremos nunca en las resoluciones de nuestras mayores dificultades, y nos estaremos perdiendo los mejores momentos y las mejores vivencias de nuestra vida.

Cómo se desarrollan los sentimientos por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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