SEXO Y REENCARNACIÓN – 2ª Parte

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Sexo y reencarnación 2

Sexo y reencarnación – 2ª Parte

“La Energía sexual emana en esencia de la Creación Divina, a fin de generar la forma física y sustentar a todos los seres” – Libro: Vida y Sexo, Cap. 5- Chico Xavier

Continuando el desarrollo de este tema tan importante en lo que atañe a la importancia del sexo en la reencarnación y en el proceso evolutivo del espíritu, y habiendo analizado el mes anterior las características biológicas, psicológicas y espirituales de la función sexual, vamos a continuar con una breve explicación de las energías sexuales y su forma de utilización, abordando también la importancia de la educación sexual y el enfoque espiritual sobre temas controvertidos como la prostitución, la abstinencia o el celibato.

1.- Energía Sexual y Sublimación

Entre las leyes más importantes que rigen el universo, tanto en su aspecto físico como el espiritual, encontramos la ley de atracción y sintonía. Sabemos hoy por la física que todo vibra en el universo y las energías se sintonizan por similitudes o frecuencias de onda. Esta ley es la fuerza que une los elementos de la materia, tanto orgánicos como inorgánicos, y la energía sexual no es más que uno de los recursos de esta ley universal. 

En las primeras etapas de la evolución, la energía sexual se libera de forma violenta e irreflexiva, debido al escaso desarrollo de la inteligencia, las emociones y los sentimientos. Conforme avanza el ser humano, el sentido moral también se desarrolla y el ser humano tiene la obligación de controlar la energía sexual de una manera digna, sin violentar a otros.

 Cuando, con cierto progreso intelectual y moral como en la sociedad actual, nos dejamos llevar por los instintos primitivos sin tener en cuenta a la persona con la que nos relacionamos sexualmente, mirando únicamente por nuestro interés egoísta y posesivo, deberemos afrontar consecuencias desagradables derivadas de nuestra actuación, que llegarán a nosotros en esta o en próximas reencarnaciones en forma de expiaciones y pruebas por el dolor infligido a nuestro prójimo.

Y con frecuencia, las nuevas situaciones que viviremos nos colocarán en la postura humillante, degradante e indigna que nosotros hicimos vivir a nuestra víctima. Son ejemplos aquellos que abusaron descontroladamente de sus funciones sexuales, humillando a otros, y que volverán reencarnados en el sexo contrario del que abusaron, atrayendo hacia sí mismos, mediante afinidad y la ley de causa y efecto, las experiencias dolorosas que infligieron a sus víctimas de antaño, en la justa proporcionalidad que la ley exige si no han sido capaces de arrepentirse y modificar su actitud.

Teniendo en cuenta la finalidad de las funciones y energías genésicas: procrear, construir, vitalizar, no solo en formas biológicas sino también en ideales que son igualmente creaciones de la vida a través de nosotros, nos daremos cuenta de la importancia de la sublimación sexual o transmutación de las energías sexuales. Esta es otra forma de usar las cargas magnéticas de la energía sexual, y consiste en transubstanciar el contenido energético de la función sexual derivándolo para mejorar nuestra vitalidad y evolución personal. La disciplina mental favorece la sublimación sexual, y esto es un hábito que puede ser adquirido mediante el esfuerzo.

El desplazamiento de las energías sexuales para ampliar la potencia del funcionamiento cerebral, es algo que todos podemos hacer utilizando una simple meditación que nos ayude a disciplinar el pensamiento, ya que la función sexual se ve condicionada por nuestra vida mental.” Libro: “Sexo y Conciencia”, Divaldo  Franco

Esta última cuestión supone la liberación de las energías sexuales, aumentando las potencialidades creativas, mentales y psíquicas personales, mejorando la salud y acercándonos a la serenidad y la plenitud cuando, recurriendo a la disciplina mental, somos capaces de dirigir esas energías en la práctica del bien y de la entrega al prójimo.

Ejemplos de esto último tenemos multitud en las experiencias místicas de oriente y occidente, donde a través del éxtasis espiritual, santos como Francisco de Asís, Teresa de Ávila y muchos otros experimentaban descargas de amor psíquico similares a los orgasmos sexuales.

2.- Educación y control afectivo-sexual

La educación consiste en fomentar los hábitos positivos en la persona para que pueda desarrollar por sí misma el día de mañana los mejores recursos personales, el mejor equilibrio y control sobre sí mismo y sus emociones y pensamientos. En el ámbito espiritual la educación en los valores superiores del espíritu, como el perdón, la caridad, la humildad, la sencillez, el amor al prójimo y la renuncia preparan al ser para una existencia plena, útil y acorde a sus compromisos espirituales previos a la reencarnación.

Una buena educación sexual basada en el aspecto trascendente y creativo de la función sexual, donde la ternura, la afectividad y los sentimientos recíprocos estén en la base de la relación, permite la integración de las dos polaridades psicológicas de las que hablamos en el capítulo anterior (Ánimus y Ánima). Esto ofrece el equilibrio, la satisfacción y la plenitud de la función sexual, liberando las energías sexuales que se complementan y se integran para una relación armónica y saludable que proporciona paz, salud mental-emocional y felicidad interior. El sexo sin sentimientos, sin amor, sin ternura, simplemente como liberación de las energías por el placer inmediato que ofrece, es un aspecto limitado de las capacidades de la función sexual. En un próximo artículo profundizaremos sobre ello. La afectividad es, pues, el factor diferenciador que otorga al sexo su completa función de energía creadora.

Orientar sobre control sexual, o la educación de la función sexual a aquellos que todavía se debaten en las sombras del instinto más primitivo con violencia y anhelo de posesión y dominio, es como explicar a una persona analfabeta conceptos de física avanzada. A medida que el espíritu avanza en mayor progreso moral y espiritual se capacita para sublimar sus deseos y emociones más groseros en sentimientos de afecto, y es entonces cuando se está en condiciones de asumir con garantías el control de la función sexual. A ello contribuye sobremanera el progreso de las sociedades, donde instituciones como el matrimonio suponen un compromiso de lealtad y un vínculo que deja atrás otras formas de relación basadas en la poligamia de los tiempos antiguos o la promiscuidad sexual de los actuales.

“Es difícil educar en sociedades sin orientación sexual, sin nociones de planificación familiar, de cuidados sobre su propio cuerpo y con su energía sexual” Libro: Sexo y Conciencia -Divaldo Franco

Una sociedad avanzada en materia de control de sus emociones e instintos más primitivos es una sociedad mejorada en su aspecto moral, donde el respeto por el otro, por sus sentimientos y sus necesidades nos aleja del egoísmo ancestral y la visión dominante que se presentan en el disfrute único del placer, sin tener en cuenta lo que la pareja necesita o demanda de nosotros. Fomentar el cariño y el amor a través de una relación sexual sana, evitando las aventuras y los caprichos promiscuos que llevan a la deslealtad, la traición y el sufrimiento a la pareja es algo imprescindible en la buena educación sexual.

3.-Abstinencia, Celibato, Prostitución y Adulterio

P: “¿El celibato voluntario es meritorio a los ojos de Dios? R: No, y quienes viven así por egoísmo, degradan a Dios y engañan al mundo. P: ¿Pero y las personas que adoptan el celibato como sacrificio para consagrarse al servicio de la humanidad? R: Eso es diferente; hemos dicho “por egoísmo”; el sacrificio personal sí es meritorio cuando tiene como objetivo el bien. A mayor sacrificio, mayor mérito”. Libro de los Espíritus – It. 698-699

La asunción voluntaria de la abstinencia o celibato sexual en una reencarnación tiene mérito o no en función de las intenciones con que se acepta. Si es por obligación, como ocurre en las normas de algunas religiones o instituciones, nunca será por libre albedrío de la persona, y es muy probable que sea perjudicial para el equilibrio psicológico y mental de la persona en cuestión. Esto es algo que vemos con frecuencia en casos de abusos sexuales por parte de determinadas personas religiosas, que no lograron trasmutar sus deseos e impulsos sexuales y terminaron por abusar de inocentes, aprovechándose de sus posiciones de dominio o ascendencia sobre ellos.

Por otro lado, cuando las personas, independientemente de sus creencias, adoptan la abstinencia sexual o el celibato convencidas y entregándose a una vida de servicio al prójimo, las energías sexuales son transmutadas para una mayor capacidad creativa, mental y de trabajo, con lo que logran para sí mismas un proceso de sublimación como el que hablábamos al comienzo de este artículo, y con ello, eligiendo por amor al prójimo este camino, se elevan a las cimas más altas de plenitud y superación espiritual. 

En estas personas, el flujo de la energía sexual no está paralizado sino que se dirige y canaliza hacia los objetivos de naturaleza espiritual. La abstinencia y el celibato sexual decididos libremente no significan una anestesia de los sentimientos, antes al contrario, suponen un esfuerzo de transformación de las tendencias que, dirigido hacia el bien mediante una vida de abnegación, promueve la iluminación personal y el progreso espiritual.

Bajo el enfoque espiritual, obviando las condiciones socio-económicas que muchas veces impulsan a las personas a elegir el camino de la prostitución, debemos aceptar que tanto esta posición degradante como el adulterio son lacras morales derivadas muchas veces de “disturbios sexuales” cuyo origen no está siempre en esa vida, sino que procede de actitudes erróneas llevadas a cabo en vidas anteriores. La ley de causa y efecto es perfecta, y como ya hemos explicado, a veces nos coloca en la posición de víctima en una existencia cuando precisamente fuimos verdugos en una vida anterior y, sin habernos arrepentido del mal realizado, se producen las circunstancias en las que debemos experimentar el daño causado a otros, en la misma proporción y parecidas circunstancias.

Por eso lo importante, espiritualmente hablando, es la actitud que tomamos frente a estas dos cuestiones. Y la más sublime directriz en este sentido fue dada por Jesús cuando, interpelado por los fariseos con doble intención respecto la mujer adúltera que iba a ser lapidada en base a la aplicación de la ley de Moises, el Maestro contestó: “Quien esté libre de pecado, lance la primera piedra”.

(Continuará)

Sexo y reencarnación 2 por: Antonio Lledó Flor

©2021, Amor, Paz y Caridad

 

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