RECONSTRUIR LO QUE FUE DEMOLIDO

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Reconstruir lo que fue demolido

“Puesto que el Alma no se halla sin cuerpo y no obstante no es cuerpo sino espíritu, entonces puede estar en un cuerpo o en otro, y pasar de cuerpo a cuerpo.” Giordano Bruno – Juicio de Venecia 1592

Como hemos visto en los artículos de meses anteriores, la ley de las vidas múltiples o sucesivas está presente permanentemente en la doctrina del cristianismo primitivo y en las grandes culturas, religiones y sociedades de la antigüedad.

¿Qué ocurrió, pues, para que perdurara su enseñanza en oriente y no así en occidente? ¿Hubo algún momento en la historia del pensamiento en occidente de recuperación de esta idea universal? ¿Qué datos nos ofrece la estadística actual en el mundo occidental acerca de aquellos que aceptan la reencarnación como una ley universal?

Comenzando por contestar la última pregunta, es incuestionable cómo la creencia en la Reencarnación en oriente es mayoritaria, pero en occidente alcanza cifras enormes, incluso entre aquellos que profesan distintos credos, religiones o creencias diferentes. Esto no hace más que demostrar el carácter universal de esta Ley Universal. Se puede ser musulmán, luterano, católico, evangelista, etc., y creer en la reencarnación. La empresa Gallup realizó en el año 1990 una encuesta al respecto con los siguientes datos: el 21% de protestantes (incluyendo luteranos, bautistas y metodistas) y el 25% de los católicos cree en la Reencarnación.

Los datos son reveladores. Más de una quinta parte de los estadounidenses adultos cree en la Reencarnación, y eso incluye una quinta parte de los cristianos. En Europa las cifras son similares. Otro 22 por ciento de los estadounidenses dicen que no saben qué pensar al respecto, lo que indica estar abiertos a creer en ella, puesto que no la rechazan. Algunas estadísticas afirman que son millones los europeos y estadounidenses que creen en la Reencarnación; muchos de ellos son cristianos, pero siguen creyendo en algo que la Iglesia condenó hace 1500 años.

La respuesta a la primera pregunta viene a continuación del famoso concilio de Constantinopla del 553 d.C., donde se prohíbe a los cristianos la creencia en la reencarnación bajo pena de persecución y acoso permanente. Esta actitud siguió permanente en la edad media, llegando incluso hasta el renacimiento, donde la inquisición, como brazo armado de la Iglesia frente a la herejía persiguió, masacró y condenó a la hoguera u otros tormentos a aquellos cristianos que se desviaban de su ortodoxia y política.

Es evidente que la persecución como heréticos de determinados principios del mensaje de Jesús y el porqué del rechazo de la Reencarnación por parte del cristianismo oficial y ortodoxo tuvo varios motivos; pero el principal fue este: socavaba la autoridad de la Iglesia. Si se aceptaba la Reencarnación, la salvación ya no se vinculaba a la relación con la Iglesia sino a la relación directa con Dios.

Ya mencionamos algunos ejemplos en artículos anteriores, como por ejemplo la persecución y exterminio del pueblo cátaro en la Francia medieval del siglo XIII, un pueblo con una cultura y creencia singular que aceptaba la reencarnación como uno de sus principios básicos.

Otro ejemplo, al inicio del renacimiento, fue precisamente la condena del filósofo y teólogo, Giordano Bruno, que fue quemado en la hoguera en Roma por la Inquisición a comienzos del año 1600 por defender, entre otras cosas, lo siguiente: “El propósito de la Reencarnación es darnos la oportunidad de aprender a trascender la condición humana. El Alma puede llegar a unirse con el infinito, que es Dios, porque todo está inter-conectado”.

En la actualidad, muchos físicos cuánticos, cosmólogos y astrofísicos suscribirían las últimas palabras de Bruno acerca de la interconexión del Universo al respecto de las partículas subatómicas en un espacio holográfico.

A pesar de todo ello, en occidente, la ley de las Vidas Sucesivas siguió siendo parte de muchos movimientos esotéricos y ocultistas. Tanto es así que llegamos al siglo XIX, donde gnósticos, teósofos, espiritistas y otras muchas corrientes de pensamiento espiritual llevaban en sus principios esenciales la Reencarnación como la base de la evolución del alma en su peregrinar a través de las vidas y los mundos, a fin de crecer espiritualmente y conseguir la plenitud y el desarrollo de las cualidades latentes que el espíritu lleva consigo desde que es creado.

Precisamente la divulgación de la filosofía espírita de Allán Kardec por todo el mundo, esa gran doctrina desconocida, ninguneada y despreciada por los ignorantes que apenas la conocen, fue mucho más eficiente que otras corrientes en la divulgación de la Reencarnación. El Espiritismo, por su carácter ecléctico y abierto a todo el mundo, no estaba reservado para iniciados como otras corrientes esotéricas, sino que fue divulgado y aceptado por muchas personas de variada condición social a ambos lados del atlántico.

De esta forma, a mediados del siglo XIX, cuando se publica en Paris “El Libro de los Espíritus” de Allán Kardec (18 de Abril 1857), el concepto de la Reencarnación se populariza en occidente, entre todos aquellos que aceptan la nueva “doctrina filosófica y moral”, según definición del profesor Rivail (Allán Kardec) en su propio testamento.

Varias coincidencias en la historia y una anécdota viene a mostrarnos la importancia de la aparición del Espiritismo respecto a la divulgación de la Reencarnación y de otros postulados como la existencia de Dios, inmortalidad del alma, el contacto con el más allá o la pluralidad de mundos habitados.

Todos estos postulados fueron defendidos por algunos pensadores antiguos como Orígenes de Alejandría, medievales, como el monje irlandés Roger Bacon (murió en la cárcel condenado por la Iglesia) y renacentistas como Giordano Bruno igualmente, cuatro siglos antes de la publicación de Kardec. La intención de todos ellos, y de otros muchos, fue recuperar para la cristiandad los auténticos postulados del cristianismo primitivo enseñados por Jesús, entre los que destacaba la reencarnación.

Y precisamente, cuando conminaban a Allán Kardec a explicar cuál era la base de la nueva filosofía del Espiritismo, tomaba muchas precauciones para dejar bien claro que era una doctrina eminentemente “Cristiana en su parte moral”, con un código ético basado en las enseñanzas del Maestro Jesús, en aquellas máximas que habían sido tergiversadas, anuladas o mal interpretadas por la Iglesia a lo largo de la historia de los últimos dos mil años.

Para ello elaboró una obra titulada “El Evangelio Según el Espiritismo”, donde codificó, interpretó y explicó las máximas morales del Maestro de Galilea bajo los principios y aclaraciones que las entidades espirituales le ofrecieron, a fin de restaurar todo principio o postulado que fue ocultado, mal interpretado o tergiversado. La Reencarnación era uno de esos principios ocultados al pueblo cristiano de occidente.

La anécdota tiene que ver con esta intención de recuperar para la historia del pensamiento de occidente estas verdades espirituales como la Ley de las Vidas Sucesivas, y hace referencia a la respuesta textual que el Espíritu de Verdad le da a Kardec cuando este le pregunta acerca de su misión en la Tierra. La respuesta es la siguiente:

“En cuanto a tí, Rivail, tu misión es esta: reconstruirás lo que fue demolido”

La demolición hacía referencia a las bases del cristianismo primitivo y el auténtico y puro mensaje de Jesús, del que la Reencarnación era base incuestionable.

Reconstruir lo que fue demolido por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

“El Alma humana aparece muchas veces en el escenario de la vida física, en cuerpos diferentes. Es una de las grandes verdades de la Ley Eterna”.

Conversación de Jesús con el príncipe Judá de Ithamar
Libro: “Arpas Eternas”

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