Editorial

PROPOSITOS PARA EL NUEVO AÑO

     Cuando comienza un nuevo año, los deseos de conseguir una verdadera fraternidad entre las personas se renuevan y cobran fuerza en cada uno de nosotros. Aunque pueda parecer una utopía, no podemos evitar sentir en nuestro interior esa inquietud, pues realmente a todos nos gustaría que así fuera. Sin embargo, la vida cotidiana nos muestra día a día lo laborioso que es conseguir ese ideal.
     Pero la inquietud existe en nosotros, y eso es prueba fehaciente de que podemos aportar nuestro granito de arena para avanzar en ese tan largo camino. Aunque hacerlo de forma generalizada no está a nuestro alcance, sabemos que particularmente sí lo podemos intentar y lograr llevarlo a la práctica. Las circunstancias nos van a ser muy adversas, pero tenemos la seguridad de que el esfuerzo vale la pena y que los logros que se consigan, por pocos que nos puedan parecer, compensan con creces las dificultades y obstáculos que se nos puedan presentar.
    Es más, sabemos que contamos con el apoyo incondicional de un mundo espiritual que constantemente vela por nosotros y nos ayuda en nuestra noble intención, que nos alienta en los momentos de flaqueza, que nos da ciento por uno en nuestras pequeñas consecuciones; es, en suma, ese amigo verdadero que nunca nos falla y cuya labor es difícil definir con simples palabras.
     No es un camino fácil, nuestra propia superación debe ser constante y la renuncia cada vez mayor; pero no es un esfuerzo aislado: junto a nosotros, hay muchas personas que piensan como nosotros y se unen en los mismos ideales, sintiendo y practicando diariamente la inquietud común del mejoramiento interior con vistas a ayudar a los demás altruistamente.
    Debemos buscar el apoyo y la unión con esas personas, con esos hermanos en ideal, pues de esta forma lograremos una acción conjunta, un mismo ejemplo que cobra mayor fuerza y llega con más facilidad a los demás, haciéndose notar cada día más. Es entonces cuando nos comprometemos, cuando asumimos la responsabilidad de realizarlo y empezamos a entrever, aunque quizá todavía de una manera algo indeterminada, la importancia y necesidad de su consecución. El tiempo, y con él las experiencias vividas, van concretando y precisando esa inquietud, haciéndonos cada vez más consecuentes y responsables con ella.
    Y es en ese grupo de personas con quienes compartimos este ideal de fraternidad, donde primero nos ejercitamos y comprobamos la validez de nuestro esfuerzo, sirviéndonos de plataforma para luego emprender la tarea más difícil: continuar esa labor de mejoramiento interior en todos los ámbitos de nuestra vida diaria, conviviendo con las personas que no nos comprenden o que incluso no participan de nuestras intenciones.
    La unión hace la fuerza, pero no solamente la fuerza conjunta de un grupo de personas, como normalmente pensamos, sino también la fuerza y el entusiasmo particulares de cada uno de sus componentes. La certeza del respaldo del grupo a que pertenecemos nos proporciona seguridad en nuestras acciones y nos estimula para continuar esforzándonos .
    El mutuo apoyo, la común inquietud y, sobre todo, las vivencias compartidas, constituyen bases muy sólidas que nos sirven a todos para comenzar a plasmar en la realidad aquello que es nuestra mayor ilusión: la fraternidad.
    Cuando comienza un nuevo año… la fraternidad puede dejar de ser una utopía, al menos para cada uno de nosotros.
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