PRIMERA EXPERIENCIA

0
69
Primera experiencia

He ido relatando las experiencias vividas a lo largo de mi dilatada vida. Quizá quede alguna más que quiera seguir dormida en mi memoria, pero, como ya dije, si Dios permite que aflore, la contaré.

He querido dejar esta que voy a relatar para el final, y como veréis, quizá debería haber empezado por ella, pero he considerado ahora precisamente porque fue la primera, y yo solo tenía nueve años.

Era el año 1939. Había terminado la guerra, pero para mí comenzó una contra la muerte.

Un día de casi finales de mayo, me levanté un poco mareada; fui al baño y, casi al momento de meterme en el agua, caí al suelo sin conocimiento. Me llevaron al hospital con una fiebre de cuarenta grados. El diagnóstico: fiebres tifoideas.

Estuve unos días sin recobrar el conocimiento, creo que fueron cuatro o cinco. La gravedad de mi estado fue considerada irreversible y así se lo comunicaron a mi madre. Dadas las circunstancias, le permitirían quedarse conmigo en el hospital, pues consideraban que no salvaría aquella noche. Sin embargo, y como mucho tiempo después me contó, algo en su interior le decía que aquello que estaba sucediendo tenía que ser una prueba más de la que ya había sufrido (la reciente muerte de mi padre), pero que Dios no permitiría que perdiera también a su hija; me puso en Sus manos y se fue a casa a orar y descansar.

Al día siguiente, cuando regresó al hospital se encontró a médicos y enfermeras rodeando mi cama: yo estaba sentada, totalmente recuperada; absolutamente atónitos, no comprendían aquel súbito cambio, pero lo que realmente no entendían era lo que nos decía:

Quiero volver con mi amiguita. Se llama “Chatita”, y es muy guapa; hemos estado en un jardín muy bonito y hay muchos niños. Quiero ir a jugar…

Cuando volví a casa, mi madre me preguntó que cómo era mi amiguita; yo le dije que era como yo, pero que brillaba mucho. A partir de aquel momento, ya nunca me volvió a mencionar aquel hecho: era demasiado niña para comprender ciertas manifestaciones y corría el riesgo de que me obsesionara con aquella vivencia; llegado el momento, me lo podría explicar.

Con el devenir del tiempo, los acontecimientos y avatares de la vida, y al ir dejando de ser niña, los recuerdos de aquella experiencia se fueron difuminando (este concepto lo aprendí más tarde), y aunque nunca la olvidé del todo, sí que nunca volví a hablar de ella, quizá por el temor a que pudieran objetar que aquello no fue otra cosa que una fantasía debida a la altísima fiebre.

Un día, pasados algunos años, en uno de nuestros trabajos mediúmnicos, se manifestó un ser, y con una voz y acento infantil, dijo:

-Soy Chatita…

(Continuará)

Primera experiencia por: Mª Luisa Escrich

© Amor, Paz y Caridad, 2019

Publicidad solidaria gratuita