MIGRACIONES ESPIRITUALES

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Migraciones espirituales

Migraciones espirituales

 

“La reencarnación puede ocurrir en la Tierra o en otros mundos, y entre ellos los hay más avanzados unos que otros, donde la existencia es menos penosa física y moralmente, pero donde sólo son admitidos los espíritus llegados a cierto grado de perfección con relación al estado de esos mundos”. 

A.K. C.I.J.D., cap. III

Continuando en cierto modo el tema del artículo del mes anterior sobre la reencarnación en otros mundos, hoy vamos a abordar algunas cuestiones importantes que tienen que ver con los aspectos que condicionan esas mismas reencarnaciones cuando se producen migraciones espirituales, de tipo individual o en masa.

Las primeras acontecen a consecuencia del progreso y adelanto personal de cada espíritu. Cuando ello ocurre, superando los estándares de evolución del mundo en  que se encuentra, ese espíritu puede optar por una reencarnación en un mundo más avanzado, acorde con el grado alcanzado ya por él mismo, y que le permitirá seguir progresando exponencialmente de forma mucho más rápida al incorporarse a una nueva sociedad donde el mal ya no existe y el avance del alma se multiplica, al contar con el ambiente favorable y sin los entorpecimientos de la negatividad, el primitivismo o las pasiones disolventes que influyen en los mundos primitivos o de expiación y prueba.

Las segundas de estas migraciones espirituales que afectan a las próximas e inmediatas reencarnaciones de los espíritus son aquellas que se realizan en masa, es decir, a consecuencia de procesos de transformación o ley de destrucción que tienen como objetivo facilitar la transición de un mundo más primitivo a otro más evolucionado, como consecuencia de los ciclos evolutivos del planeta y la necesidad de acelerar el progreso en mundos de expiación y prueba para transformarse en mundos de regeneración.

En estos casos, como es el que nos ocupa en nuestro planeta Tierra en estos momentos, las desencarnaciones están ligadas a la condición moral de la población del planeta, y las reencarnaciones pueden tener diferentes destinos.

Por ejemplo; muchas de las personas que desencarnarán durante este proceso no tendrán que emigrar a otro planeta, sino que debido a su nivel evolutivo, y a pesar de su imperfección, gozarán de una nueva oportunidad de reencarnar en la Tierra en la nueva sociedad que se aproxima, pero deberán demostrar con su actitud la voluntad de querer pertenecer a ese nuevo mundo mediante el trabajo y el deseo de perfeccionamiento y la asunción de sus responsabilidades espirituales. En el caso de que no lo logren, es muy probable que su próxima reencarnación no tenga lugar en el planeta y deban ser transferidos, junto a aquellos otros que ya lo han sido, a un planeta inferior a fin de realizar allí el adelanto que necesitan para volver a reencarnar en su planeta de origen cuando alcancen el nivel que ese nuevo mundo ya tiene.

Y en este sentido, muchos de aquellos que desencarnan mientras dura el proceso de transformación de mundo de expiación a mundo de regeneración, serán trasladados a un mundo inferior, similar al estado que la Tierra tenía hace miles de años, donde deberán probarse así mismos en nuevas reencarnaciones para ayudar y colaborar en el progreso de esa humanidad primitiva, a fin de hacerla avanzar a estadios de mayor nivel ético-moral y de conocimientos y derechos.

El tercer grupo será el de aquellos que, desencarnados por imperativo de sus propias planificaciones espirituales, quedarán en el mundo espiritual asociado a la Tierra hasta que les llegue el momento de volver a reencarnar para poder formar parte de esa nueva sociedad, ese nuevo mundo de regeneración que, como bien indica su nombre, supondrá la regeneración de la civilización con aquello que supone su propia naturaleza. La naturaleza espiritual e inmortal de cada persona, el respeto a las leyes de Dios y la asunción de las responsabilidades que estas mismas leyes marcan para el progreso y el recorrido del camino hacia la plenitud y la felicidad a la que todos los espíritus creados por Dios están destinados.

Un cuarto grupo de migraciones espirituales son aquellos espíritus procedentes de otros planetas más adelantados que la Tierra y que reencarnan en nuestro planeta para ayudar en el proceso de transición de mundos de expiación y prueba a mundos de regeneración. Son aquellos niños que desde hace varias décadas están reencarnando y evidenciando cualidades y capacidades muy desarrolladas (niños índigo, cristal, etc. son ejemplos). Se trata de espíritus que vienen a ayudar en la formación y desarrollo de las nuevas pautas sociales y avances científico-tecnológicos de vanguardia, y que servirán para la implantación de una sociedad más adelantada que la actual también en lo que a valores espirituales se refiere. Proceden de mundos que ya tuvieron su proceso de transición a planetas de regeneración y todos estos espíritus reencarnan confirmando la pauta universal de solidaridad entre los mundos, en los que los más adelantados ayudan a los que se encuentran más atrasados.

Como vemos, las migraciones espirituales de un mundo a otro condicionarán la reencarnación en el nuevo planeta donde se produzcan o donde se tenga el destino. Si por su escaso adelanto moral se reencarna en un mundo primitivo, el espíritu endeudado deberá luchar contra sus propias falencias e incomodidades, pero incluso así contará con la ventaja de la intuición, el inconsciente y el aprendizaje que trae incorporado, al haber vivido en un mundo superior. Esas nuevas reencarnaciones serán una oportunidad muy importante para alcanzar en poco tiempo el nivel que no quisieron adquirir por no separarse de sus tendencias negativas heredadas de su pasado espiritual, y que ahora, en otras condiciones tienen la oportunidad de revertir y superar.

Pero también aquellos que reencarnen en el mundo de regeneración que la Tierra va a pasar a ser, sean espíritus endeudados y arrepentidos o sean espíritus que se han ganado con su esfuerzo y adelanto espiritual ese lugar, deberán prepararse a conciencia para no fallar, pues una reencarnación en un mundo de regeneración, cuando es la primera vez, supone un reto importante para el alma al tener que desenvolver condiciones a las que no ha estado habituada en mundos de expiación y prueba. 

Es por ello que, además del arrepentimiento, la preparación en el espacio antes de reencarnar y la buena voluntad de aprovechar la oportunidad que se les presenta, gozarán de un entorno favorable, pero a consecuencia de ello el esfuerzo y el mérito deberán alcanzarlo por ellos mismos, con una voluntad firme, una determinación hacia el bien innegociable y un deseo de ayudar al prójimo y transformarse moralmente cuanto antes, a fin de olvidar las reminiscencias primitivas de vidas anteriores que, como un pálido reflejo, todavía quedarán incorporadas en su bagaje evolutivo.

Todo se encadena en el proceso de la evolución del alma, y la reencarnación, como herramienta sublime que nos permite nuevas oportunidades de adelanto, tiene sus propias características y condicionantes en función de dónde vamos a reencarnar, cuáles serán nuestros objetivos a cumplir y con qué ventajas o inconvenientes contaremos para ello.

Seamos pues conscientes de que las leyes divinas articulan para cada situación la respuesta adecuada, y que la vuelta a la carne en cualquier circunstancia, mundo del espacio o situación, siempre vendrá caracterizada por nuestro grado de adelanto moral y la necesidad de progreso que tiene nuestra alma.

Migraciones espirituales por: Antonio Lledó Flor

©2022, Amor, Paz y Caridad

“Por todas partes hay vida; no existe un rincón del universo que no esté poblado… invisibles para los encarnados. En fin, por todas partes hay felicidad relativa para todos los progresos… debido a la categoría donde lo coloca su grado de adelanto”.   Allán Kardec – C.I.J.D. C 

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