Editorial

MENS SANA IN CORPORE SANO

En función de cómo enfoquemos esta premisa, las prioridades de las personas se decantan hacia uno u otro lado. La definición de salud de la OMS reza que ésta es el completo bienestar físico, mental y social. Esto nos hace suponer que, cualquiera de estos tres factores ausentes en la persona o distorsionados, son proclives a la aparición de la enfermedad.

El bienestar físico es muy importante, el mental todavía más, y el social hace referencia a la interacción de las personas entre sus congéneres; la sana relación que permite al hombre identificarse con su entorno e interactuar, aprender y convivir con los que le rodean, mejorándose él mismo y ayudando a mejorar su entorno.

Desde nuestro punto de vista todo comienza siguiendo las pautas del título que lleva este artículo; primero es la mente, es decir, nuestra forma de pensar y sentir. Sin duda somos lo que pensamos y en base a ello articulamos nuestra vida, nuestras actitudes, nuestra conducta e incluso nuestras relaciones.

“Si no actúas como piensas, terminarás pensando como actúas”
Pascal – Matemático, Físico, Filósofo S. XVI

Aquellas personas que únicamente rinden culto al cuerpo y descuidan su mente, sus pensamientos y emociones, están alimentando la propia ignorancia, al pensar únicamente en lo externo, en lo superficial, en lo material. Mientras que, descuidando nuestra forma de pensar y sentir nos asemejamos más a los animales que al hombre, en la capacidad de auto reflexionar y autoconocimiento que se nos supone a la hora de los procesos cognitivos que nos distinguen de los animales.

Con esto no queremos decir que el cuerpo no sea importante; antes al contrario, como muy bien dice la frase, “el cuerpo es el templo del espíritu.” Y podemos añadir que para que la persona esté bien equilibrada mentalmente es también muy importante que el cuerpo esté sano, bien cuidado, sin excesos que comprometan su funcionamiento. Siguiendo este razonamiento, para que el alma humana encarnada pueda desarrollar las capacidades que se le suponen es preciso cuidar nuestro cuerpo, tenerlo perfectamente engrasado y dispuesto para que pueda ser el vehículo preciso que ayude a nuestro yo interior a cumplir con el compromiso que ha venido a la tierra.

Hemos también de entender que cuando Platón habla de que el cuerpo es la cárcel del alma, se refiere precisamente al efecto reductor que la materia tiene sobre el espíritu cuando se encierra en él en las sucesivas reencarnaciones. Si damos más preponderancia al cuerpo y sus sensaciones, si abusamos del sensualismo sin medida, cayendo en la gula, la lujuria o la concupiscencia de forma grosera y exacerbada, el cuerpo se volverá todavía más pesado para el alma encarnada, de forma que sea una auténtica losa, una verdadera cárcel -como dice Platón-, en la que los impulsos y deseos de nuestra alma inmortal quedarán sojuzgados y apenas serán escuchados por nuestra propia conciencia.

“ Los placeres hedonistas son como calorías vacías: no aportan nada. Todo indica que, a nivel celular, respondemos positivamente a un bienestar psicológico basado en la conexión y el propósito.”
Dra. Barbara Frederickson, de la U. Carolina del Norte

En el equilibrio de un cuerpo sano, dirigido por una mente sana, limpia, noble, llena de pensamientos optimistas, positivos, altruistas y dirigidos al bien común, encontraremos una salud inexpugnable; salvo que algunas circunstancias lo impidan como un necesario reajuste que debamos afrontar por deudas del pasado.

Todo ello viene a colegir que, respetando cualquier opinión al respecto, la mente es la que dirige nuestra vida, y tristemente le prestamos muy poca atención. La mente es el instrumento del que el espíritu encarnado se vale para manifestarse a través de pensamientos y emociones. Estos pensamientos y emociones no son la mente en sí misma sino el producto de ella. Así pues demostrado está que podemos recibir pensamientos que no sean nuestros, que llegan a nuestra mente por vías insospechadas y que condicionan nuestra forma de ser y actuar al no saber distinguirlos de los que son propios nuestros.

Es preciso el conocimiento de las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu para saber que el pensamiento y las emociones son vehículos de manifestación de la mente, -encarnada o desencarnada-, pues cuando trascendemos el umbral de la vida física nuestra mente sigue existiendo, nuestras emociones y sentimientos siguen siendo los mismos, pues pertenecen al patrimonio de nuestro espíritu inmortal.

La salud tiene pues mucho que ver con el equilibrio emocional y mental, con el cuidado del cuerpo y con las relaciones positivas que nos relacionan con nuestros semejantes. El anacoreta que se encuentra aislado en el desierto en plena meditación puede desarrollar hábitos magníficos de control mental, puede ascender a espacios de luz y claridad imposibles para muchos, pero siempre le faltará el equilibrio que se sustenta en el contacto con los semejantes; dónde se ponen a prueba las capacidades, los retos, las pruebas que necesita el alma humana en cada encarnación para seguir progresando espiritualmente y ascendiendo a la plenitud.

El conocimiento necesario de qué somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, que se nos ofrece en filosofías como la de Allan Kardec; suponen un tesoro extraordinario que deberíamos conquistar; aprendiendo, comprendiendo y poniendo en práctica las consecuencias de esa filosofía de vida que es la doctrina espírita y que nos conduce al pleno equilibrio cuerpo-mente-espíritu, bajo las consecuencias morales que nuestras acciones tienen para nuestro desarrollo y nuestro prójimo.

La comprensión de que existe una Justicia Divina a pesar de las desigualdades humanas; una justicia que a todos alcanza antes o después, debería darnos la medida de que todos somos iguales ante las leyes de Dios, y por lo tanto nadie está exento de errar, de equivocarse. No obstante esto no es lo importante, pues esas mismas leyes morales permiten la rectificación, la reparación y el arrepentimiento en nuevas oportunidades de progreso que supone la reencarnación para todos los seres humanos que habitamos en los distintos mundos que pululan en el universo.

Así pues, el correcto pensar y unos sentimientos equilibrados, albergando actitudes nobles y positivas que enriquezcan la vida de la persona y de los semejantes, son el mejor antídoto ante la enfermedad. Sin duda, la práctica del código ético que la doctrina espírita propone, basado en el pensamiento y la doctrina de Jesús, como un nuevo cristianismo primitivo exento de dogmas, jerarquías, ritos; y cimentado en el amor al prójimo, la búsqueda del reino de los cielos en nuestro interior y el esfuerzo constante en el bien moral, ES LA RUTA ACERTADA HACIA EL EQUILIBRIO, LA SALUD ESPIRITUAL, FÍSICA, MENTAL Y EMOCIONAL.

Mens sana in corpore sano por:  Redacción

 ©2017, Amor, paz y caridad

“Una mente sana en un cuerpo sano, es una descripción corta pero completa de un estado feliz en este mundo.”

John Locke – Filósofo y médico S. XVII

 

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