“Mantengo que la ciencia está reprimida por supuestos que tienen siglos de antigüedad y se han consolidado como dogmas…El sistema de creencias que gobierna el pensamiento científico convencional es un acto de fe, encallado en la ideología materialista del siglo XIX”
Dr. Rupert Sheldrake, Biólogo y Genetista – Libro: “El Espejismo de la Ciencia”
Esta importante opinión de uno de los investigadores más reputados dentro del campo de la biología actual pone de manifiesto la tendencia que tantísimos grandes pensadores, científicos e investigadores de este siglo están ya confirmando: “el cambio de paradigma dentro de la ciencia”. Este cambio de paradigma que ya está llegando, se encuentra fuertemente respaldado por los avances y descubrimientos de la ciencia de vanguardia en distintas disciplinas (biología, psicología, neurología, física, cosmología, filosofía, etc.)
Y cada día, con mayor profusión y expresión, son innumerables los estudios e investigaciones que ponen en evidencia los supuestos “dogmas científicos” mantenidos por las academias, universidades e instituciones que, desde un inmovilismo preocupante al servicio del utilitarismo de las investigaciones, rechazan profundizar en las causas reales para priorizar los intereses económicos que las mismas puedan ofrecerles, colocando diques de refuerzo en todo aquello que tenga que ver con el conocimiento de la realidad si no está amparado por el pensamiento materialista-positivista dominante en el paradigma científico desde el siglo XIX.
El materialismo es simplemente una superstición sostenida por materialistas dogmáticos. Tiene todas las características de una profecía mesiánica, con la promesa de un futuro sin problemas. “Sostengo que el misterio humano está increíblemente degradado por el reduccionismo científico, con su base en el materialismo para considerar todo lo del mundo espiritual en términos de patrones de actividad neuronal. Dicha creencia debe ser calificada como una superstición”.
Sir John Eccles. Neurofisiólogo y Premio Nobel
Son los “nuevos sacerdotes de la ciencia” que, lejos de aceptar el reto de la investigación y la mente abierta, colocan los dogmas y los supuestos materialistas previamente aceptados sin permitir la investigación ni el estudio sobre los nuevos descubrimientos que se realizan, a fin de no hacer peligrar el statu-quo del pensamiento materialista dominante.
Grandes investigadores vienen alzando la voz desde hace un siglo, desde Albert Einstein, Max Planck, Werner Heissenberg, Kurt Gödel, John Eccles, Nikola Tesla, Carl Jung, etc., hasta los actuales notables y brillantes Brian Lipton, Francis Collins, Rupert Sheldrake, Eben Alexander, Anthony Flew y muchos otros.
Son ya tantas las evidencias de que “la materia no es la causa sino el efecto” de un mundo constituído y gobernado por la energía, que sería prolijo enumerar la multitud de experimentos, pruebas y conclusiones que confirman la frase del padre de la física cuántica Max Planck cuando afirmó:
“La materia no existe como tal…Considero que la conciencia es fundamental. Veo la materia como derivada de la conciencia. No podemos ir más allá de la conciencia”
Si atendemos únicamente a los nombres y autoridades relevantes en el mundo de la ciencia mencionados arriba, comprobaremos que notables neurocirujanos ya niegan que la mente sea un epifenómeno derivado del cerebro y afirman que la conciencia es inmaterial y trascendente al plano físico.
Al mismo tiempo, ya el padre de la psicología analítica con sus definiciones sobre el inconsciente colectivo, ponía las bases para la integración de un universo plenamente relacionado y vinculado desde el pasado hasta el futuro, donde el ser humano está notablemente influenciado por esas energías y tendencias originadas por sus ancestros y que hereda en su patrimonio psicológico vida tras vida.
Estas afirmaciones que prueban la preexistencia (pasado) y la inmortalidad (futuro) de una parte trascendente del ser humano, que podemos llamar alma o conciencia, vienen siendo confirmadas por la ciencia de vanguardia en genética y biología molecular con las investigaciones sobre la “resonancia mórfica” (que no es otra cosa que la memoria colectiva que todos heredamos de nuestra propia especie), y tienen su sanción en las investigaciones que definitivamente delimitan el “determinismo genético” que nos han querido vender como una evidencia científica y que desde el año 2000, con el descubrimiento del genoma y las investigaciones sobre la preponderancia de la epigenética sobre la herencia genética en el desarrollo y mantenimiento celular, confirman lo que la espiritualidad viene sabiendo desde hace siglos y la moderna psiquiatría y neurología está comenzando a confirmar: el ser humano, mediante sus pensamientos y emociones, crea su propia realidad y esta afecta a su salud en todos los ámbitos de su vida y desarrollo, principalmente en lo fisiológico y psicológico.
“Las personas necesitan darse cuenta de que sus pensamientos son más primarios que sus genes, porque el ambiente, que está influenciado por nuestros pensamientos, controla los genes. ¿Conoces el poder del pensamiento?«
Dr. Bruce Lipton, Biólogo Molecular, autor de “La Biología de la creencia”
De lo anterior se infiere la importancia que hoy día está alcanzando la investigación de la medicina psicosomática por encima de la medicina organicista. La primera estudia la influencia de la mente, pensamientos y emociones en el equilibrio mental y en la somatización de enfermedades físicas (el siglo XX fue catalogado como el siglo de la depresión en patología), siendo así que los estudios confirman que el 70% de las enfermedades que son diagnosticadas tienen su causa y origen en problemas mentales o emocionales.
Todos estos ejemplos nos conducen a afirmar que la mente y el espíritu que la gobierna son el principal agente responsable del equilibrio, armonía y salud de la persona. Al tiempo que confirman la realidad trascendente del ser humano, que no es solo materia sino principalmente energía, alma, conciencia, espíritu…, el nombre es lo de menos. Lo invisible, lo inmaterial, lo trascendente (mente, pensamientos, emociones, sentimientos, reflejos condicionados, herencias inconscientes, etc.) son elementos “absolutamente inmateriales”, confirmando así la naturaleza espiritual y trascendente del ser humano.
“El cerebro no produce la conciencia, al igual que no produce las ondas sonoras cuando escuchamos música; es justo al contrario: somos conscientes a pesar del cerebro”.
Dr. Eben Alexander, Neurocirujano, Libro: “La Conciencia Infinita”
Esto es “asistir al enterramiento del materialismo”, característica principal del nuevo paradigma científico que ya está en marcha y que todavía deberá imponerse con el paso del tiempo. Y precisamente esto es lo que vienen vislumbrando y comprobando estos grandes hombres de ciencia al descubrir cómo la realidad que da origen a la materia es la energía, es inmaterial, es invisible, es trascendente e inmortal. Recordemos el principio de la termodinámica: “la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”.
La física actual nos habla de que el Universo es un campo de energía e información donde todo está interconectado. El ser humano, con su acción dentro del universo al que pertenece, forma parte de ese todo por el que se ve influido y al que a su vez influencia. Esta interconexión de mentes vibrando en multitud de sintonías no es más que la confirmación del gran adelantado de su tiempo, el genio Nicola Tesla, que afirmaba:
“Si quieres conocer los secretos de Universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”
El materialismo se bate en retirada en las bases principales de explicación de la realidad del mundo visible e invisible. Las fuerzas reaccionarias al cambio dentro del mundo científico, las universidades y los intereses espurios de las corporaciones que las financian todavía persistirán y lucharán contra los esfuerzos de aquellos buscadores de la verdad dentro del mundo de la ciencia y que, lejos de los prejuicios y actitudes dogmáticas como las que imputaron a las religiones antiguas, mantienen sus postulados a todas costa en un materialismo embrutecedor que ya no ofrece explicaciones convincentes a las demandas de los investigadores de mente abierta que evalúan las evidencias por encima de las creencias, sean éstas supuestos científicos adoptados como dogmas y divulgados de tal forma por los sistemas de enseñanza, que muy pocos cuestionan porque los creen verdaderos, sin siquiera preguntarse por las evidencias que los demuestran.
“El materialismo es falso”
Kurt Gödel – Matemático
El mayor genio de las matemáticas del siglo XX y considerado por muchos el maestro más grande de la lógica desde Aristóteles (Kurt Gödel) afirmó y confirmó, mediante su teorema matemático de “incompletitud”, que: “Mi teorema demuestra que la mecanización de las matemáticas, es decir, la eliminación del espíritu y de las entidades abstractas, es imposible”. Demostró que el pensamiento humano está más allá de cualquier conjunto de axiomas, y que esto apunta a la existencia de una Inteligencia Absoluta que está en el trasfondo del entendimiento humano.
Gödel, compañero de Einstein en Princeton pero mucho más joven, siguió afirmando a raíz de sus investigaciones matemáticas lo siguiente: “Dios no sólo existe, sino que está presente en cada uno de nosotros, en cada acto de creatividad. Esto fundamenta la creencia en la trascendencia humana, la presencia del alma”.
Poco más podemos hacer más que celebrar que, por fin, multitud de valientes en el campo de la investigación y de la ciencia se adentren en el camino de lo trascendente e inmaterial, que lógicamente es enemigo del materialismo imperante como dogma, y que terminará por destruirlo. Antes o después, los hechos y no los supuestos terminarán por hacer claudicar el viejo y obsoleto paradigma del siglo XIX donde sólo existía la materia como explicación de la vida y de la realidad.
Hoy día, el científico que se tenga como tal lleva mucho cuidado en realizar afirmaciones rotundas a este respecto, salvo que desee quedar en ridículo ante sus colegas. Y la prueba evidente de ello es la multitud de estudios e investigaciones en todos los campos de las disciplinas científicas, que además se ven avalados por las “asignaturas pendientes” que no han querido acometer los científicos materialistas, negando la mayor al no querer investigar, y mediante el escepticismo llevado al cinismo más grave, dejar al albur del tiempo la resolución de los problemas del origen de la vida y de la conciencia humana.
“Hay dos maneras de engañarse. Una es creer lo que no es cierto; la otra es negarse a creer lo que sí es cierto”.
Soren Kierkegaard – Filósofo
Estamos en la alborada de un nuevo paradigma dentro de la ciencia que poco a poco descubrirá la realidad espiritual del alma humana, su trascendencia e infinitud. Este será el primer paso para admirar la obra extraordinaria de la causa primera, origen de la vida y de la mente humana, inteligencia suprema a la que pobremente llamamos Dios y cuya presencia origina el universo físico y espiritual lo sustenta y lo mantiene en constante evolución y progreso.
Todo a su tiempo. Actualmente, el negacionismo, el escepticismo y el exclusivismo de aquellos que se creen en posesión de la verdad y que todo es materia están colocando las bases del cambio con su inmovilismo.
Nada permanece, todo se transforma y la historia de la humanidad demuestra que, al igual que en otras épocas (con copernico, galileo y newton se produjo un cambio de paradigma en la ciencia que llegó hasta el siglo XIX), todo evoluciona y progresa hacia mejor, y la ciencia y los científicos comprometidos con la búsqueda de la verdad no tienen otro compromiso que su conciencia y su honestidad. Esta es la salvaguarda que llevará al conocimiento científico a abrazar el conocimiento espiritual que desde hace milenios ya contempla estas verdades como esenciales en la naturaleza y la realidad del hombre inmortal.
Materialismo e inmortalidad por: Antonio Lledó
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“La comprensión convencional de la realidad, tal como la explica la ciencia materialista, es completamente falsa y engañosa”
Eben Alexander, Neurocirujano y Físico, Libro: “La Conciencia infinita”






