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EVITAR LOS PROBLEMAS

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Evitar los problemas

Siempre ha valido de muy poco ocultarse de la realidad porque ésta, tarde o temprano, termina por reclamar nuestra atención.

¿Qué ganamos cuando tratamos de evadirnos y olvidar los problemas que se nos plantean casi a diario? Lo único que conseguimos es incentivar nuestra comodidad, anular la propia capacidad de reacción ante las dificultades y aumentar nuestro ya débil carácter cuando surjan situaciones futuras.

Nunca ha dado buen resultado «dejar las cosas para mañana», pues el mañana nunca llega y siempre encontramos nuevas excusas para posponer el trabajo.

Si conseguimos adoptar una actitud optimista y animosa nada más comenzar el día, observaremos que a través del esfuerzo gradual podemos afrontar la práctica totalidad de los asuntos que se nos plantean, y si además organizamos nuestras actividades, obtendremos un mayor rendimiento en todo lo que realicemos.

Una organización adecuada nos permite darle la importancia debida a cada trabajo, sin despistar nuestra mente y no ir de un asunto a otro mientras el anterior no esté debidamente solucionado.

Querer solventarlo todo a un tiempo no es posible porque somos personas limitadas y hemos de conocer cuáles son nuestras auténticas posibilidades, para que desarrollemos éstas con el debido control y equilibrio. Si somos desorganizados notaremos que nuestras fuerzas decaen por no aplicarlas debidamente, derrochando nuestras energías sin orden ni concierto y lo que es peor, lo dejaremos todo a medias, con la fatal impresión de no tener capacidad para afrontar tanta cantidad de trabajo.

Por numerosas que sean nuestras dificultades diarias, problemas, adversidades, ocupaciones, si somos capaces de ordenarlas correlativamente y las vamos afrontando de forma continua y progresiva, una después de otra, observaremos que podemos resolver buena parte de las mismas.

Debemos de concentrarnos en cada actividad que realicemos y poner nuestros cinco sentidos en ella, deseando vivamente solucionarla lo mejor posible. La buena voluntad y el corazón nos facilitarán la labor, porque cuando una actividad se realiza con esa ilusión deja de parecemos dificultosa y rápidamente nos la encontramos hecha.

Somos cómodos por naturaleza y podríamos decir que los problemas resultan extremadamente provechosos pues exigen que los solucionemos con brevedad y eso significa que nos hemos de guardar esas posturas acomodaticias y dar paso al esfuerzo y a la actividad.

El ritmo de vida al que nos somete la sociedad del siglo XX muestra ante nuestra vista infinidad de situaciones, muchas de las cuales sí son auténticas necesidades, mientras que otras son necesidades ficticias que fomentan un consumismo desmesurado. Por esa razón hay que determinar con vehemencia aquello que es importante para nosotros y descartar lo superfluo.

Tengamos presente que si por una parte no resulta conveniente evitar las dificultades que se nos plantean, de igual forma tampoco es positivo que vayamos provocando situaciones que se transformen en problemas, pensando que cuanta mayor cantidad de situaciones difíciles tengamos que solventar mayor será nuestra mejora interna.

Lo anterior es un error que hay que evitar, hemos de ser prácticos y sensatos y no crearnos mayores problemas que los que de por sí ya tenemos. Un ejemplo puede resultarnos clarificador. En muchas ocasiones tenemos ciertas aspiraciones de tipo económico que si no sabemos delimitar pueden llevarnos a dedicar nuestra vida única y exclusivamente a atesorar riquezas, y lo que es peor mientras estamos enfrascados en esos logros, nos olvidamos de otros mucho más importantes: la educación de nuestros hijos, tiempo libre para nuestra familia y amigos, posibilidad de participar en actividades sociales, culturales, religiosas… que redunden en el beneficio de la comunidad, por poner algunos ejemplos.

Vemos, cómo de qué forma tan sutil, podemos llegar a olvidarnos de nuestros compromisos espirituales y preocuparnos solamente por aspectos puramente materiales, que si bien son importantes no lo son tanto como para absorber el cien por cien de nuestro tiempo.

Es preciso colocar en una escala de valores todas las metas y objetivos que se nos pueden plantear, descartando muchos de ellos y transmutándolos por otros más convenientes y provechosos. Las situaciones diarias nos someterán a prueba presentándonos nuevas posibilidades de cambio, sepamos analizar y discernir qué es necesario y supérfluo para no distraernos y perder un tiempo precioso.

La curiosidad y la búsqueda de nuevas sensaciones nos puede llevar a graves problemas si nos dejamos conducir por las tentaciones y los deseos egoístas. No es preciso caer en el error para saber que por ahí no debemos caminar. En toda actuación, pensamiento y sentimiento, es necesario que sopesemos las consecuencias, positivas o negativas, que de ellos se van a derivar. Nos evitaremos muchísimos problemas si procedemos con cautela y prudencia.

Todas las realizaciones son importantes, así pues establezcamos una lista de prioridades y abordemos cada trabajo con la debida concentración y energía, observaremos de este modo cómo somos nosotros los que dominamos a las situaciones y comenzamos a caminar por la vida satisfechos de nuestras actuaciones y somos útiles a los que nos rodean.

Evitar los problemas por: F. M. B.

1992 © Amor, paz y caridad

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