LUZ PERENNE

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Luz perenne

LUZ PERENNE

“Cuanto más investigaba esta luz interior, más paralelismos advertía con la Luz de la física. La Luz de la física no posee masa y no forma parte del mundo material. Lo mismo ocurre con la conciencia, es inmaterial. La Luz física es fundamental para el universo, La Luz de la conciencia (Alma) es primordial, sin ella no existiría la experiencia”

Peter Rusell – Físico y Psicólogo Experimental en su Libro Ciencia, Conciencia y Luz

En este caminar del alma que ya domina la materia cuando está encarnada, nuestro ser alcanza certezas y plenitudes incomparables cuando regresa a la patria espiritual o se desplaza a mundos superiores para seguir aprendiendo, avanzando, preparándose para nuevos retos y objetivos.

Cuando se llega a este punto de progreso, cada vez que el alma supera sus expectativas su interior alcanza dimensiones impensables para nuestra comprensión humana actual. Tanto es así que lo que relatamos no es más que un pálido reflejo que ha llegado hasta nosotros por los ejemplos de aquellos que llegaron a ese estado, por las informaciones que desde el otro plano de la vida se nos ofrecen, e incluso por los comentarios y vivencias que pusieron por escrito algunos que convivieron o supieron de las experiencias y percepciones de aquellos que alcanzaron ese estado.

Pero, sin duda, la evolución de la trayectoria del alma no se detiene en mundos como el nuestro. Sabemos con certeza, por la filosofía de Kardec, que el espíritu recorre infinitos mundos en su camino de ascensión hacia la plenitud y la perfección. Y se nos ofrece el conocimiento de que, a mayor progreso, la auténtica realidad del ser se va despojando de aquello que ya no le hace falta.

Así pues, la naturaleza de nuestra alma es espiritual, y cuando la materia ya no es objeto de progreso para ella, va poco a poco despojándose de ella, en multitud de mundos superiores, donde se vuelve poco a poco más sutil, adaptando sus condiciones a las necesidades evolutivas del ser inmortal que es espíritu como su creador.

De esta forma, el alma va recorriendo mundos progresando y evolucionando, al tiempo que utiliza su naturaleza periespiritual hasta volverse prácticamente inexistente, en cuanto al cuerpo material se refiere, en los mundos felices o divinos. Aquí el espíritu es tan director de su propio progreso que ya no se ve sometido a las necesidades de materia alguna, y al igual que en las etapas iluminativas que desarrolló en la tierra tuvo que realizar esfuerzos para conseguir dominar la materia, ahora nada de eso acontece; el tránsito de estado espiritual a alma encarnada es apenas imperceptible y apenas obedece a necesidades evolutivas de última trayectoria que no podemos todavía comprender.

Esto es ya la antesala de una nueva etapa evolutiva del alma, aquella en la que ya no le es preciso reencarnar y su progreso y evolución será a partir de ahora como espíritu puro, en búsqueda de la “angelitud” y la sublimación con el Creador.

Esta nueva etapa, en la que se abandonan las reencarnaciones en los mundos físicos, permite al alma humana alcanzar estados de lucidez impensables para la comprensión que tenemos actualmente. Se convierte así en un ser de luz perenne, tanto en su vivencia interior como en su acción exterior. Todo aquello que desarrolla, planifica, proyecta o consigue se ve impregnado por su propia personalidad. Pues, lejos de entender que con la evolución espiritual y el acercamiento a Dios se pierde la individualidad, es preciso reafirmar justo lo contrario. Son tan inmensas las cualidades de la divinidad impregnadas en nuestras almas que, llegados a estos estados de progreso permanente, el espíritu ha desarrollado unas cualidades o atributos más que otros; pero todos ellos son la sublimación de las virtudes que podamos imaginar en la Tierra.

Estos atributos desarrollados identifican y personalizan la individualidad de cada espíritu superior, pues como hemos explicado, nadie es igual a otro, las almas son únicas, diferenciadas y capacitadas por ellas mismas de proyectarse en la plenitud cuando llegan a estos estados en que ya no necesitan reencarnar en mundos físicos.

Es ahora cuando aparecen en todo su esplendor las cualidades y atributos divinos que diferencian a unas almas de otras; así pues, existen espíritus puros cuya cualidad más destacada es por ejemplo la justicia; otros destacan en el amor, algunos otros en sabiduría, otros en voluntad, etc. Esto no quiere decir que llegados a esos estados no posean el resto de cualidades; todos ellos albergan en su interior un desarrollo extraordinario de los otros atributos de la divinidad, pero su propia personalidad o individualidad les distingue en alguna cosa por encima de otras.

Así, en esos grados de luz perenne donde llevan a cabo sus proyectos bajo las sugerencias de los arquitectos siderales que sustentan galaxias y sistemas planetarios facilitando su evolución, se disponen a colaborar con lo mejor de ellos mismos en el auxilio al progreso de humanidades planetarias. 

Su grado de adelanto les permite, a veces, en el recorrido de su alma hacia la plenitud, comprometerse con la evolución de mundos atrasados, convirtiéndose así en aprendices de los gobernadores espirituales de cada planeta. Tarea encomendada a espíritus angélicos que dirigen con sabiduría y amor millones de almas encomendadas a su cuidado.

Estas etapas evolutivas les van preparando y predisponiendo para aprender la magnitud, sabiduría y profundidad de las leyes divinas que rigen el universo, y sus almas, ya iluminadas y muy cercanas a las de un ángel, vislumbran con gran claridad cómo se organiza el Universo en base al Amor, Ley de leyes que gobierna el fin último de todo el plan divino.

Preparándose y colaborando con los responsables y gobernadores espirituales planetarios aprenderán la tarea de gobernar con sabiduría y proyectar hacia delante las humanidades llevándolas hacia el bien, hacia el fin trascendente de toda alma creada por Dios:  alcanzar la perfección y la felicidad. 

Esta tarea, en la que se emplearán milenios, les ofrecerá nuevas oportunidades de crecimiento, iluminación y sublimación, gozando y experimentando el plan divino a través de su propio esfuerzo y amor incondicional hacia los que venimos detrás de ellos, a años luz de distancia y de progreso espiritual.

Luz Perenne por: Antonio Lledó Flor

2019, Amor, Paz y Caridad

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