SER MADRE

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Ser Madre

Ser Madre

Los hijos son un préstamo que los Planos Superiores ofrecen por medio de la consanguinidad,  siendo la tarea principal de los padres inculcarles los valores de la educación. Las consecuencias pueden ser funestas si dejamos sin realizar esos deberes.

 La sabiduría divina sabe lo que necesitamos, y es el ser humano quien más tarda en alcanzar el desarrollo corporal y madurativo. Esto es así  porque el Espíritu asume, poco a poco, el control de la propia materia que le ha de servir para su proceso evolutivo, resultando más fácil las posibilidades de afianzamiento del aprendizaje y la consecución de los hábitos que lo guiarán durante toda la existencia planetaria.

La maternidad es saber constituir con el alma, mente y corazón, determinado número de obligaciones elevadas, deberes y responsabilidades con grandeza de sentimientos, acentuado amor, humildad testimoniada, renuncia constructiva y misión educadora.

(Walter Barcelos,  anuario espírita 2015 -Pág. 65).

En el Libro de los Espíritus podemos leer en la pregunta 890:

El amor materno ¿es una virtud o un sentimiento instintivo, común a los seres humanos y a los animales?

– Lo uno y lo otro. La Naturaleza ha dado a la madre el amor hacia sus hijos en interés de su conservación. Pero en el animal ese amor se limita a la atención de las necesidades materiales y cesa cuando los cuidados de la madre se tornan inútiles. En el ser humano, en cambio, persiste toda la vida y lleva consigo una dedicación y una abnegación que son virtud. Incluso sobrevive a la muerte y sigue al hijo más allá del sepulcro. Bien podéis ver que hay en él algo más que entre los animales.

Cuando se tienen hijos, una de las decisiones que se debe tomar, siempre que las circunstancias lo permitan, es la de quedarse en casa para cuidarlos, o por el contrario elegir la vida profesional. Será una reflexión meditada la que conducirá a tomar la decisión más adecuada.

Si finalmente decide quedarse en casa, los hijos tendrán a la madre con ellos en todo momento para aquello que necesiten; esto servirá para ir profundizando en un vínculo afectivo insustituible con grandes beneficios para los hijos. Esa cercanía les da seguridad y les permite desarrollarse emocionalmente con más facilidad, lo que le posibilita a la madre, por su parte, conocer a la perfección a sus hijos y saber lo que necesitan en todo momento. Un conocimiento de sus retoños que le ayudará a captar el estado de ánimo en el que se encuentran solo con mirarlos, lo que le facultará para darles ese apoyo emocional que puedan necesitar en cada oportunidad.

También por medio de la educación y formación de los hijos se ayuda a que la sociedad se construya en valores de convivencia, en el desarrollo de un clima necesario de respeto, tolerancia y libertad.

En una ocasión le preguntaron a Katherine Ellison, autora del libro Inteligencia maternal, sobre la afirmación de que las mujeres que tienen educación universitaria y no trabajan fuera de casa, defraudan a la sociedad; ella contestó: “Se podría decir también que las mujeres que tienen una educación superior e ignoran a sus hijos están haciendo daño a la sociedad”.

Ser madre significa transformar totalmente la propia  vida, es decir,  el tiempo y la forma de pensar desde el momento en que se tienen los hijos. También supone renuncias y sacrificios que se hacen gratamente, porque el corazón está puesto en ellos y se dedican las fuerzas de cada día para sacarlos adelante, educarlos  y enseñarles a vivir. Las madres conocen mejor que nadie a sus hijos y saben de sus defectos y virtudes; reconociendo sus limitaciones es como mejor pueden ayudarlos.

 Desde el momento del nacimiento de un hijo, la madre es conducida a un cambio en sus objetivos de vida. Porque en ese momento del nacimiento, la responsabilidad para con el hijo recién nacido se vuelve fundamental. Sus cuidados modifican completamente los hábitos que se tienen hasta ese momento. Precisa de un cambio en la conducta y actividades hasta entonces realizadas, y es en ese momento cuando aparece la renuncia personal por el bien del ser desprotegido y frágil que necesita de todo tipo de cuidados; un ser que empieza a desarrollarse, en espera del cuidado, la protección, la educación, el apoyo y la orientación de su madre junto con su padre.

El gozo que produce cuidarlo y darle la asistencia que en cada momento pueda necesitar, ya sea material, emocional o moral, llena de satisfacción y alegría a los padres, aunque sea un deber ocasionado por la responsabilidad recibida. La madurez psicológica se muestra ante la conciencia del deber adquirido, y siendo honesto y coherente con uno mismo, proporcionando a la descendencia el equilibrio y seguridad que les proporcionará una auténtica relación afectiva.

El amor de una madre es un amor sincero que perdura a lo largo del tiempo; es sacrificado, pues siempre antepone las necesidades del hijo a las propias; es perenne y se manifiesta en la forma de relacionarse con sus retoños, pues su compromiso le lleva a ser los brazos que les cobija, les protege, y que sigue sus pasos desde su más tierna edad, hasta incluso cuando tienen que marchar del hogar para seguir su camino.

“Como Dios no podía estar en todas partes, tuvo que inventar a las madres”.

Proverbio judío.

Se debería tener presente que antes de encarnar se desarrolla una planificación, con asistencia de generosos y sabios mentores que nos sugieren, teniendo en cuenta los errores y aciertos en vidas pasadas, los hijos que deberían bajar en un plazo preestablecido a nuestro hogar; reencuentro beneficioso espiritualmente para todos los que integran el núcleo familiar. Pero en ocasiones, algunas mujeres, estando en la Tierra se olvidan de los compromisos y responsabilidades contraídas, decidiendo poner obstáculos y limitaciones a la maternidad.

La renuncia personal a la maternidad es en muchas ocasiones un obstáculo espiritual a salvar. A lo largo de la vida se le presenta a la mujer la opción entre el amor incondicional, proyectado hacia los demás, o el amor “condicional”, focalizado en torno a la vida profesional y personal, circunstancia que les lleva, en ocasiones, a la renuncia de los hijos.

En muchas situaciones son la precariedad laboral y la necesidad económica las que actúan como elementos disuasorios. Hoy en día, en esta sociedad desarrollada pero materializada, consumista y egoísta, es donde surgen mujeres que simplemente quieren una vida agradable, donde la libertad e  independencia sin ningún tipo de ataduras están arriba en su lista de prioridades. Mujeres que piensan que su tiempo no lo quieren emplear en hijos y en las dificultades que eso conlleva, sino en disfrutar de compañía de amigos, de su pareja; en viajar, en hobbies

Otra aspecto que también se presenta en la sociedad hoy en día, generando grandes dificultades, es ese movimiento feminista radical que ha eclosionado de forma espectacular en poco tiempo, en el que se pretende masculinizar a la mujer. Movimiento guiado por numerosos orientadores del feminismo, los cuales engañan y confunden a las mujeres en cuanto a sus obligaciones en el seno de la colectividad, creando una rivalidad ficticia entre hombres y mujeres que destruye el buen entendimiento que debe existir entre ambos sexos, necesario para que la sociedad crezca en oportunidades para todos, desarrollando cada uno el papel que le corresponde; convivencia solidaria y no excluyente.

Otra cuestión importante es el problema del aborto. Esta es una práctica que hoy es largamente aceptada en muchos países, con respaldo de la ley. La mayoría de las mujeres que lo hacen no son conscientes de su significado real. Por lo que una mujer que se queda embarazada, y no entra en sus planes tener un hijo o tiene grandes dificultades para criarlo, hacen uso del aborto, sin ser conscientes de las repercusiones psicológicas y espirituales que en el futuro tendrán. Es un acto terrible porque se deshace de él; y lo realiza la persona en la que más debe confiar, su madre.

El aborto jamás resuelve o suprime los errores cometidos por imprevisión, puesto que da lugar al  crimen del niño por nacer, que agrava el proceso evolutivo de aquel que lo comete.

En el Libro de los Espíritus podemos leer en estas dos preguntas:

  1. El aborto provocado ¿constituye un crimen, sea cual fuere el grado de desarrollo del proceso de gestación?

 – Siempre hay crimen, desde que trasgredís la ley de Dios. La madre, o cualquier otra persona, cometerán en todos los casos un crimen al quitar la vida al niño antes de su nacimiento, porque ello equivale a impedir al alma que afronte las pruebas cuyo instrumento debía ser el cuerpo.

  1. En los casos en que la vida de la madre corre peligro si el niño nace, ¿es un crimen sacrificar a este último para salvar a aquélla?

  – Resulta preferible sacrificar al ser que no existe y no al ser que existe

El médico, ante el dilema de salvar a la madre en peligro de muerte o al hijo no nacido, debe decantarse por mantener a la madre con vida,  porque en el caso de tener ya hijos, éstos no se quedan huérfanos, y en el caso de querer tener más hijos, puede darse el caso de que repita con la misma madre. Además, la madre podrá cumplir con los compromisos que trajo al encarnar. Siempre se tiene que optar por la vida que existe antes que por la que no ha comenzado.

Seguiremos analizando la importancia de ser madre en el próximo artículo.

Ser Madre por: Gloria Quel

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