Trabajo Interior

LA VALENTÍA: CLAVE DE NUESTRO TIEMPO

La valentía es una virtud que el ser humano va desarrollando a medida que, fiel a sus principios, no se amedrenta ante las dificultades, obstáculos e impedimentos que se le puedan presentar; siempre discerniendo cual es el mejor modo de llevar adelante ese proceder, valorando la forma de salvar todas las trabas que le van surgiendo en el camino de la vida.

Hoy en día, lo que predomina es ser políticamente correcto, en el momento que te sales del pensamiento mayoritario quedas señalado, marginado o expuesto a las críticas, a las burlas e incluso puede que a la agresividad del círculo social en el que te desenvuelves.

Es más fácil callar y dejar que las ideas y comportamientos que la sociedad va implantando, por amorales que sean, vayan cogiendo fuerza y queden como actitudes normales de conducta.

Es difícil mantenerse firmes, en silencio y ocultando los principios, las ideas, cuando nos encontramos envueltos en acciones que chocan de frente con nuestra filosofía de vida, obligándonos a ir contra corriente de lo que propone la sociedad.

Pero hay realidades que se manifiestan en las cuales tenemos que reaccionar aunque los miedos nos hablen, animándonos a dejarlo pasar; entonces hay que apartarlos y continuar por la senda que nos hemos marcado. En esas circunstancias es cuando tenemos que mostrar el valor para exponer nuestra posición en las diferentes situaciones que la vida nos pone delante, y en donde no nos podemos callar, demostrando con hechos nuestra postura libre y pacífica.

Tenemos por naturaleza tendencia a la comodidad. Esto significa que guardamos dentro de nosotros todas las enseñanzas que vamos atesorando a lo largo de las innumerables existencias vividas, pero la materia las tiene adormecidas y olvidadas. A veces se da un hecho, una palabra, alguna situación… en definitiva, un impulso externo a nosotros que las despierta, las estimula de súbito, y entonces aparecen, facultades y aptitudes que ignorábamos que tuviéramos, que nos sorprenden incluso a nosotros mismos, extrayendo una personalidad algo distinta a la anterior, y que no nos permite mostrarnos displicentes ante ciertos desafíos de la vida.

“Saber discernir qué podemos asumir como propio y qué resulta inaceptable.”

Del libro “La Ética”, de Adela Cortina.

Muchas veces es la cobardía la que nos lleva a una vida mas cómoda, dejando sin realizar el proyecto que nos habíamos trazado, cuya consecuencia mas directa será un retraso  significativo para nuestro espíritu, amen de lo que podríamos endeudarnos, pues el silencio y la inacción, en ocasiones, hacen más daño que equivocarse a la hora de actuar en un sentido u otro. La tibieza, o ponerse de perfil, o como hoy en día se dice, la postura de “no mojarse”, de no querer pillarse los dedos, es una de las peores actitudes que podemos mantener en la vida, porque significa que nos escondemos, que no nos importa nada de lo que suceda a nuestro alrededor excepto el propio bienestar por encima de todo, y por supuesto no tomar ninguna posición aunque con ello puedas hacer daño a tu prójimo más cercano.

“No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino”

(Confucio).

La conciencia siempre nos avisa sobre el camino más correcto, sin atender a comodidades ni actitudes negligentes; nos marca una ruta que libremente debemos aceptar si queremos seguir por una senda certera y recta. Si no es así, podemos tener remordimientos que nos van a causar sufrimiento espiritual, porque se nos da la oportunidad de ayudar y la rechazamos, aun sabiendo cuál es la actitud correcta que deberíamos haber tomado. Situación esta que, en vez de romper ataduras que nos estancan en la materia, nos anclan más en la misma.

Hemos de ser conscientes de que, además de luchar contra nosotros mismos, tenemos la batalla contra la habilidad e inteligencia de los hermanitos negativos que, para llevar sus planes a cabo, encuentran instrumentos apropiados para alcanzar sus funestos objetivos, siendo nuestras debilidades e imperfecciones morales las que nos hacen instrumentos fáciles de manejar, pudiendo sucumbir ante la tentación de estos hermanos.

Pensar que nos faltan las fuerzas para rechazarlos nos hacen presas fáciles para ellos, con el consiguiente arrepentimiento cuando tropezamos. Cuando nos sentimos amenazados lo mejor es pedir por ellos. Pedir el perdón del Padre para el que hiere, el que persigue nuestro fracaso disculpándolo, pues en su momento llegará a ser un hermano fraternal, ya que su final es el de todos: ser perfectos, aunque no sepamos el tiempo que le llevará conseguirlo.

No hay que pensar que las pruebas son superiores a nuestras fuerzas, lo único que hace falta es movilizar los recursos internos, la determinación, el coraje para ponerse manos a la obra. La fuerza de voluntad nos ayuda a sobreponernos, a  tomar decisiones,  a actuar en situaciones en las que se puede salir dañado, o incluso, en casos muy excepcionales, perder la vida si fuera necesario, como ocurrió en otras épocas por las creencias que sostenían los primeros cristianos.

Jesús de Nazaret es el principal ejemplo, crucificado por sus ideas innovadoras en unos tiempos muy convulsos. También Mahatma Gandhi es un ejemplo de valentía, pues fue asesinado por unos ideales que defendió pacíficamente. Otros como Sócrates, Juana de Arco… y también personas anónimas que llevaron sus principios de fraternidad y paz hasta las últimas consecuencias.

La fe nos hace sabedores de que el Padre nunca nos deja a la deriva, sino que está pendiente de nosotros, dándonos la ayuda que pedimos en la forma que Él cree más correcta.

La valentía se manifiesta de muchas maneras en distintas situaciones y hay que tener en cuenta que no estamos hablando de grandes hechos, sino de pequeños gestos, acciones que tenemos que ir resolviendo según se nos van presentando. Es el ejercicio del deber, de nuestra integridad, la rectitud en nuestros principios, después de reflexionar cuál es la mejor manera de actuar, de analizar si lo que vamos a decir o hacer nos afecta solo a nosotros, o por el contrario afecta a terceras personas.

Estamos en momentos donde las creencias vacilan, las pasiones consiguen que el espíritu se hunda más en la materia, y esto hace que la conciencia y el carácter decaigan en medio de tanta insolidaridad y falta de caridad por los demás. Por eso debemos ser fuertes, superando las adversidades que la vida nos ponga delante; no avergonzarnos de nuestras creencias y ponerlas en práctica,  logrando vencer los temores o dudas que nos puedan surgir, actuando con decisión y firmeza.

Que sea la perseverancia la que conduzca nuestro caminar por el manto terrestre, estando atentos a ayudar a quien lo necesite; alertas y vigilantes a esos pensamientos que nos pueden hacer caer en cualquier momento, y estar dispuestos a enfrentarse a cualquier situación que se nos presente, sin hacer daño a los demás.

 

Gloria Quel

©2017, Amor, Paz y Caridad

 

“La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía.” (Aristóteles).

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