EN LA ANTIGÜEDAD

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En la antigüedad

En la antigüedad

El concepto de la Reencarnación, también llamado de las “Vidas Sucesivas”, está implícito en todas las culturas, civilizaciones e imperios de la antigüedad. Estudios realizados por antropólogos dejan entrever igualmente que, mucho antes de la aparición de las religiones, en épocas primitivas y junto a la aparición del Homo sapiens sapiens, el sentido religioso de aquel hombre primitivo presentaba dos ideas principales: “la inmortalidad del alma” y su “vuelta a la vida posterior”.

Este es el motivo de los ajuares funerarios que preparaban los hombres de las cavernas a sus propios muertos, como si fueran a realizar un largo viaje. Y también es la explicación a los enterramientos que se realizaban en las necrópolis en “posición fetal” a aquellos que morían. Sin saberlo a ciencia cierta, aquellos ancestros nuestros colocaban a sus seres queridos que fallecían como si intuyeran que fueran a nacer de nuevo en el vientre de una mujer.

Estas y otras muchas casuísticas nos hablan del sentido trascendente del hombre primitivo cuando todavía no existían las religiones, que aparecerían milenios después. La primera de las religiones oficiales, de las que tenemos noticia, que aborda el tema de las vidas múltiples son los libros sagrados de la India. En los Vedas, y más concretamente en el Bhagavad Gita, hace unos 5000 años, Krishna dialoga con su discípulo Arjuna diciéndole:

“Así como el alma que reside en el cuerpo material pasa por la infancia, la juventud, la madurez y la vejez; así a su debido tiempo, pasa a otro cuerpo y en otras encarnaciones volverá a vivir y desempeñar una nueva misión en la Tierra”

La sociedad y cultura del Antiguo Egipto era eminentemente religiosa, hasta el punto de que consideraban al Faraón la representación de un Dios en la Tierra. Su creencia en la inmortalidad del alma y la reencarnación ha sido probada por multitud de estudios históricos realizados. Tanto es así que unos 2500 años antes de Cristo la escuela de Hermes Trismegisto ya afirmaba:

“Las almas bajas y malas permanecen encadenadas a la Tierra por múltiples renacimientos; pero las almas virtuosas suben volando hacia las esferas superiores”

El príncipe Sidharta Gautama, que fue conocido más tarde como Buda, después de alcanzar la iluminación hablaba a sus discípulos lo siguiente, unos 600 años antes de nuestra era cristiana:

“La única diferencia entre vosotros y yo es que yo recuerdo mis vidas anteriores”

El mismo Pitágoras aprendió el concepto y la idea de la reencarnación de los Caldeos y los Magos Persas, con los que asimiló elevados conceptos de espiritualidad superior y de capacidades mentales que amplió con sus viajes a Egipto. En su escuela de la Magna Grecia enseñaba a sus discípulos e iniciados la Reencarnación, y aunque hubo posteriormente quien indicó que Pitágoras hablaba de Metempsicosis (la creencia de reencarnar en un animal como castigo por haber sido malvado), el maestro Pitágoras jamás sostuvo tal concepto. A sus discípulos más adelantados les explicaba:

“Una vida en la carne, no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma”

Los Celtas sostenían como principio de verdad la Reencarnación; quizás por ello, algunos siglos después los Cátaros, en Ocitania y el Languedoc, rescataron la antigua tradición celta, y junto a la influencia de un cristianismo primitivo adaptado a la medida de la época medieval, mantuvieron sus propias creencias, declaradas heréticas por la Iglesia, que fundó la inquisición para acabar, exterminar y propiciar la desaparición de la “herejía cátara” en el siglo XIII. El pueblo Celta, representado por los Druidas, sostenía:

“El Ser se eleva desde el abismo y asciende por etapas sucesivas hasta la perfección, encarnándose en el seno de las humanidades sobre los mundos de la materia, que son otras tantas estaciones de su largo peregrinaje”

La religión judaica basada en Moisés creía en la Reencarnación. El historiador judío Flavio Josefo (siglo I) no solo la mantenía como principio sino que afirmaba que esta era la creencia de los esenios, los fariseos y los cabalistas judíos. 

Además, los profetas judíos predicaban la reencarnación, como por ejemplo Malaquías, que afirma en una profecía: “He aquí, yo os enviaré de nuevo al profeta Elías, antes de que venga el día grande y tremendo del Señor”. A consecuencia de esta profecía y de la convicción entre los hebreos de la Reencarnación se produce el hecho de una comisión enviada por el clero judaico del Sanedrín a Juan el Bautista para preguntarle si él era el Mesías o el profeta Elías reencarnado (San Juan, Cap. I).

Posteriormente, este hecho será confirmado por el propio Jesús cuando, a preguntas de los discípulos, les dice: “Y si queréis oírlo, él es Elías que había de venir (que estaba anunciado). El que tenga oídos que oiga” (San Mateo, XI-14). En el artículo siguiente hablaremos con mayor profundidad del concepto de la Reencarnación en el cristianismo. Baste ahora como referencia esta cita.

Incluso en el imperio romano, politeísta y milenario, sus más grandes filósofos y pensadores defendían la ley de las vidas múltiples. Virgilio, en la “Eneida”, afirma que cuando el alma reencarna pierde el recuerdo de sus vidas pasadas. Cicerón, Epícteto y muchos filósofos romanos estoicos la afirmaban como propia ley de vida. Incluso el gran escritor Ovidio afirma: “Las almas van y vienen. Cuando vuelven a la Tierra, dan vida y luz a nuevas formas”.

Podríamos seguir citando innumerables ejemplos, citas y personajes notables de la antigüedad que dejaron constancia de la importancia y creencia de la Reencarnación en los pueblos antiguos, y necesitaríamos todo un tratado para enumerarlos.

 Pero sin duda, antes de terminar este esbozo histórico de la presencia de la Ley de las Vidas Sucesivas en los pueblos de la antigüedad, la mayor expresión y afirmación rotunda de la antigüedad sobre la Reencarnación nos viene de la cuna de la cultura y la civilización occidental. La antigua Grecia de Sócrates, Platón y Aristóteles, junto a multitud de filósofos que les siguieron varios siglos antes de la era Cristiana, defendían la reencarnación como una Ley que actuaba en la Evolución del Alma de forma incontestable para todos los seres humanos. 

Tanto es así que para referirse a ella acuñaron el término griego “Palingenesia”,  Palín ( de nuevo) y Génesis (nacimiento). Toda la filosofía socrática sobre la inmortalidad del alma descansa en la trascendencia de la misma después de la muerte y en su vuelta a la vida mediante nuevas existencias en la carne. E igualmente su discípulo Platón, Aristóteles y tantos otros tenían como principio inalterable la naturaleza del ser humano en la dualidad cuerpo-alma y en la sobrevivencia de esta después de la muerte, así como en su pre-existencia al nacimiento.

 Es por ello que antes de beber la cicuta el año 399 a. C., Sócrates recomendó a sus discípulos que cuando falleciese no dijeran “enterramos a Sócrates”, sino “enterramos el cuerpo de Sócrates”.

Terminamos este breve y sintético recorrido histórico para continuar en el próximo artículo con la presencia del concepto de la reencarnación en el cristianismo primitivo y su distinción con el concepto de la resurrección.

En la antigüedad por: Antonio Lledó 

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