LA MENTE QUE SOBREPUJA LA MATERIA

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La mente que sobrepuja la materia

“La mente es un producto de la conciencia que interactúa con el cerebro. El cerebro es tan sólo el soporte de la mente.” Dr. Steve Taylor – Psicólogo

A nivel humano ya está más que demostrado que la mente tiene poder para cambiar el cuerpo alterando las estructuras y procesos físicos del mismo a través del subconsciente. La neuroplasticidad, el efecto placebo, las capacidades de psicoquinesis, telequinesis, curaciones espirituales, hipnoterapia y muchas otras evidencias científicamente comprobadas afirman el poder de la mente sobre la materia.

Cada vez más astrónomos, cosmólogos, físicos, matemáticos, filósofos, biólogos, psicólogos, etc., están abordando el estudio de la realidad desde un punto de vista integral, holístico y sistémico. Se demuestra, en cada nuevo descubrimiento, que detrás de la perfección de las Leyes Físicas, de las Leyes que dan Origen a la Vida y el Universo, la materia es el efecto y no la causa. Muchos de los científicos de mente abierta abogan por una Causa Primera, una Fuerza Universal Única, como origen de la realidad.

En esta línea del nuevo pensamiento científico, la energía, la mente y la conciencia son el origen de la realidad (*), la que da forma a la misma y la que interactúa creando los sistemas adecuados para la función que debe proyectarse hacia afuera. Siendo la mente del hombre la que da forma a la realidad que nos circunda, la ciencia de las matemáticas, eminentemente inmaterial y procedente de la mente humana, es la clave en la demostración de aquello que podemos alcanzar a comprender.

“Lo verdaderamente extraordinario es que el Universo sea comprensible”

Albert Einstein – Físico

Son muchas las investigaciones científicas desarrolladas en diferentes disciplinas sobre el conocimiento de la realidad, las que están cambiando el paradigma y la visión de la ciencia y el universo y de la supremacía de la mente sobre la materia en este principio del siglo XXI. Algunas de ellas ya son de notable actualidad. Podríamos citar los avances de la Física respecto a la Teoría M, que definitivamente intenta integrar el concepto macro-cósmico de la Teoría de la Relatividad de Einstein con el concepto micro-cósmico de la Cuántica basada en las partículas elementales, que son el sustrato subyacente de la materia y que son eminentemente energía en vibración, afectadas por la “Conciencia del Observador”.

Si la física, tiene confirmada que la conciencia es capaz de modificar y alterar una partícula, mediante la presencia del observador, convirtiéndola en energía y viceversa; la matemática nos pone en evidencia que la Teoría de Sistemas avanza con paso firme, al presentar el mosaico de la realidad como un Todo; deslegitimando el fraccionamiento, dejando en evidencia la concepción materialista de la división aparente y abogando por una visión holística e integral.

La incertidumbre (caos) de algunos sistemas se presentan en superficie, pero internamente poseen la auto-organización y el equilibrio entre su propia entropía y su capacidad de supervivencia, equilibrando materia y energía sin llegar a su autodestrucción. Sistemas abiertos como la célula (intercambian materia y energía con su entorno), cerrados como un televisor (intercambia solo energía) y aislados como una caja fuerte (no comparten ni materia ni energía).

Otra importante evidencia del nuevo paradigma científico y de la comprensión de la realidad nos la ofrece la biología molecular. Más concretamente los estudios de resonancia mórfica y campos morfogenéticos, donde se pone en evidencia que los sistemas biológicos vivos son capaces de procesar materia, energía e información mediante una memoria de la especie biológica que trasciende (periespíritu en el hombre y psiquismo en el animal) inclusive el tiempo y el espacio, colocando de nuevo en evidencia el pensamiento materialista y obsoleto de la ciencia reduccionista, que solo contempla la materia como causa y origen de la realidad y según el cual, cuando la materia se desagrega o muere no hay continuidad.

Estas investigaciones demuestran que, aunque la materia del ser vivo desaparezca o muera, su experiencia, su energía e información pasarán a formar parte de ese campo de resonancia mórfica que es una memoria recurrente, capaz de aglutinar las experiencias de cualquier especie, y de la que se beneficiarán los nuevos miembros de la misma que nazcan de nuevo o que se encuentren en otros lugares al mismo tiempo, adoptando características ya desarrolladas por miembros de su especie.

Es algo parecido al inconsciente colectivo y los arquetipos o modelos psicológicos elaborados y presentados por el padre de la psicología analítica, Carl Gustav Jung. Hablamos de lo mismo desde los distintos enfoques que las ciencias nos presentan (biología, psicología, teoría de sistemas, cosmología, etc.).

El determinismo genético ya quedó ridiculizado por los mismos propagandistas de los genes ciegos y la aleatoriedad de las causas que dan origen al comportamiento humano. Este determinismo negaba el libre albedrío del alma humana al considerarnos meras máquinas, esclavas de los caprichos de nuestros genes. El descubrimiento del genoma humano puso boca abajo esta teoría materialista, falaz y equivocada, al poder comprender que la influencia de los genes es mucho menor de lo que se decía, y que en ningún caso puede competir con la conciencia, la voluntad y la libertad de acción del ser humano que, por sí mismas, puede variar las condiciones de su comportamiento y su futuro.

De estas evidencias científicas se extraen varias conclusiones filosóficas. La primera, que el libre albedrío está siempre presente en la vida del hombre, y que la predestinación no existe. El futuro no está escrito, las posibilidades y probabilidades son infinitas y están directamente relacionadas con nuestra manera de actuar y pensar aquí y ahora. Con ello se confirma que somos los dueños de nuestro destino y que podemos modificar las causas que darán origen a los efectos que recogeremos en el futuro. El filósofo Aristóteles, hace 2500 años afirmaba:

“El Todo es mayor que la simple suma de sus partes” 

Otra de las conclusiones filosóficas de la incertidumbre, que aparentemente rige los campos energéticos de los que aflora la materia, es aquella que nos lleva a entender que todo en el Universo está relacionado y que nosotros formamos parte de ese campo universal como una parte que refleja la totalidad. La interconectividad es un principio básico de la Física cuántica; todo en el Universo está conectado por campos de energía. Y en el campo mayor (el Todo) las partes contienen un reflejo de la totalidad sin llegar a serlo, pero el Todo siempre es mayor que la suma de las partes.

Ese Campo Universal, Conciencia Universal o Mente Divina, son términos para referirnos a lo mismo: la causa primera que da origen a la realidad. El Universo es mental, decía hace cinco mil años la escuela de Hermes Trismegisto. Y así es en realidad. La mente es inmaterial y abarca todo el Universo físico y espiritual. Podríamos llamarla la Mente de Dios, como causa primera de todo lo que existe. Este último razonamiento nos lleva a comprender que la realidad tiene su origen en la Mente Divina, y que no debemos confundir con la obra que esa Mente ha creado. Así como un cuadro no es su pintor, la obra de Dios no es Dios mismo.

“La esencia de la mente no es el cerebro sino la energía espiritual o Conciencia Universal” Dr. Steve Taylor – Psicólogo

Y todo ello acontece en este cambio de paradigma que está desterrando la explicación de la materia como único origen y fuente de todo lo que existe, desde el hombre y la naturaleza a los procesos que dan lugar a lo que comprendemos del Universo y sus leyes, llegando a la evidencia de que la realidad es una, integradora, holística y sistémica, en la que la Mente Humana tiene su influencia como conciencia individual y cuyo origen es procedente de la Mente Divina o Conciencia Cósmica, a la que pobremente llamamos Dios.

“Es la Mente de Dios la que sobrepuja la materia y el Universo”

Todo esto pone en cuestión que la realidad que la ciencia está descubriendo en este siglo XXI se acerca a pasos agigantados a la comprensión de esa Energía y Fuerza creadora que magníficamente explicaron a Kardec en el item nº1 del Libro de los Espíritus, cuando estos afirmaron que Dios es la Causa primera e inteligencia (Mente) suprema del Universo. Y a continuación, en el item nº 4, preguntó: “¿Dónde podemos hallar la prueba de la existencia de Dios?”. La respuesta fue la siguiente:

En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no sea obra del hombre y vuestra razón os responderá”

La mente que sobrepuja la materia por: Redacción

2020, Amor, Paz y Caridad

(*) Realidad inaprensible de una Mente Superior que la crea y la proyecta y a la que llamamos Dios.

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