Trabajo Interior

LA LEALTAD

La lealtad, que etimológicamente proviene del latín “legalis” y se traduce como respeto a la ley, no solo a la ley en sentido jurídico, sino también a las normas morales. Significa lo mismo que la fidelidad, un compromiso de sinceridad, respeto, y cuidado hacia algo o alguien, que puede ser otra persona, a las leyes, la patria, la familia, la religión, o a alguna idea.

 La lealtad es inseparable del amor, somos leales siempre y sin condición a aquello a lo que realmente amamos, y protegemos por encima de  nuestro propio bienestar.

Vivimos tiempos difíciles, donde la falta de lealtad asoma por doquier, las ilusiones se centran en la vida terrenal, el vivir aquí y ahora, el tiempo que nos ha tocado vivir. Un tiempo en donde las relaciones de los hombres unos con otros están en crisis. Esto se ve, se vive por el poco valor que se le dan a las palabras que se usan para beneficio propio, donde los compromisos si no son por escrito, no existen. “Donde dije digo, digo Diego”.

Esta sociedad, donde casi todo lo tenemos al alcance de la mano, sin esfuerzo, consigue que pueda aparecer la deslealtad en nuestro comportamiento, usando la mentira como instrumento para conseguir nuestros objetivos, ya que en algunas profesiones, si te comportas con lealtad es imposible prosperar, y en la actualidad todos queremos aumentar nuestros recursos económicos, nuestra parcela de poder o satisfacer los deseos. Lo cual, hace que algunos, incumplan los compromisos adquiridos, traicionen a las personas queridas, compañeros de trabajo o ideales personales, sin ningún tipo de miramiento o remordimiento.

Esta forma de actuar tiene su raíz en el egoísmo que anida dentro de nosotros. Esta sociedad tan materializada nos incita a mirar sólo hacia uno mismo, lo cual lleva a muchas personas a actuar desde el engaño y la doblez. Cuantas veces podemos haber oído: “piensa en ti mismo, y no te preocupes de los demás”, coge lo que puedas de la vida y disfrútala al máximo, que es lo único que vas a tener.

Esta falta de lealtad que existe hoy en día se debe principalmente a la falta de valores como la fe en Dios, la falta de amor hacia los demás y de esperanza en el futuro.

 El Evangelio de Mateo 6:24, Jesús dice “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”   “… el que es fiel en lo poco es fiel en lo mucho” (Lc 16, 10).

La lealtad es una cualidad interna que se consigue con voluntad, superando los miedos. Teniendo presente los principios morales que hemos ido adquiriendo poco a poco a lo largo de nuestro devenir en el tiempo. Siendo fieles a nosotros mismos y a los compromisos aceptados libremente.

Esta virtud desarrolla nuestra conciencia y nuestro corazón; en primer lugar  porque nos ayuda a discernir lo correcto en nuestra actuación y en segundo lugar porque es el amor el que nos indica de qué manera debemos actuar.

Aceptar un compromiso, una responsabilidad, una obligación, y ser fiel a ese acuerdo, es un ejercicio de libertad que hacemos gracias a nuestro libre albedrío que nos da la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Por eso cuando fallamos, el dolor que sentimos por el arrepentimiento que nos causa la deslealtad, es difícil de curar y olvidar. Por lo tanto, antes de comprometernos, es mejor tener prudencia y hacer una reflexión serena de nosotros mismos, para saber si somos capaces de llevar a cabo lo acordado.

El Maestro Jesús, con su forma de vivir nos enseñó hasta qué punto se debe proceder con lealtad. Él llegó hasta la muerte, cumpliendo con la tarea que le encomendó nuestro Padre.

Es mucha la importancia que el mundo espiritual le da a la lealtad o fidelidad. Este valor indica responsabilidad, justicia, rectitud, amor, discernimiento,  honestidad… Por eso Jesús, en su visita terrenal, habló de ella en diferentes parábolas: Parábola de los talentos, el siervo fiel y prudente; el criado bueno y leal en lo pequeño; el administrador fiel… Enseñando la importancia que tiene ser consecuentes con los compromisos que se adquieren. Tanto con los hermanos espirituales superiores, que nos quieren, nos cuidan y se preocupan por nuestro adelanto espiritual; como en el plano terrenal adquiriendo responsabilidades que nos ayudan a desarrollar los valores morales que nos hacen evolucionar.

En muchos momentos de nuestra vida diaria,  podemos tener  comportamientos de lealtad con nosotros mismos y hacia los demás:

En el plano familiar: Estando al lado de nuestro esposo, hijos, padres, hermanos… que por duras que sean las adversidades a las que tengamos que enfrentarnos, saben que estamos para lo que nos necesiten, porque el amor es un sentimiento que nos da la fuerza necesaria para superar las pruebas de la vida por duras que estas sean.

En el plano social: Cortando las críticas que oímos; Silenciando confidencias que nos han hecho; colaborando con el amigo que nos ha pedido ayuda…

En el plano laboral: No haciendo trampas en nuestro trabajo; cumpliendo recta e íntegramente por lo que se nos ha contratado…

El mentir para encubrir, tapar o excusar las faltas de un familiar, amigo o compañero, no es lealtad, es aceptar y hacerse cómplice de los hechos. Dando validez a la mala acción realizada.

Tampoco la podemos considerar sumisión, debilidad o indiferencia. Mantenerse firme o integro en nuestros propios ideales, en una vida llena de obstáculos incluso con adversidades difíciles de sobrellevar, pero que con determinación, voluntad y fe,  podemos ir transitándola hasta el final.

 En ocasiones nos cuesta cumplir con la palabra dada porque la comodidad o el egoísmo se presentan sin darnos cuenta y nos incitan a dejar de cumplir con lo acordado, sintiéndonos atados a la palabra dada, sin acordarnos que  el compromiso lo adquirimos libremente. Debemos de tener claro que vencer al egoísmo, al placer y a la comodidad luchando por tener una conducta recta en el cumplimiento de nuestras responsabilidades, deberes y obligaciones garantiza nuestro crecimiento personal,

Asumir las obligaciones  libremente aceptadas con los demás  cuando no hay dificultades para realizarlas, es fácil, porque no compromete nuestros principios. Pero cuando se requiere un esfuerzo mayor, cuando hay obstáculos que salvar, adversidades penosas con las que lidiar, es cuando ponemos en práctica los valores que tenemos como la voluntad, integridad, justicia, amor… mostramos realmente la coherencia que tenemos con nuestros principios morales.

Si nuestros hijos ven en nosotros comprensión y confianza, demostrando que cumplimos con nuestras responsabilidades y acuerdos. Que defendemos lo que creemos, a quien creemos y amamos, que actuamos según nuestros principios morales, seremos un ejemplo de voluntad, integridad y coherencia, que les ayudará a ir formándose como hombres de bien para el día de mañana.

¡Qué hermosa es la fidelidad!, exclama San Agustín. Y añade: “como brilla el oro ante los ojos del cuerpo, así brilla la fidelidad ante los ojos del corazón”

 

                                                                                                                    Gloria Quel

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