Trabajo Interior

LA INDULGENCIA SURGE DEL AMOR

En la oración del Padre Nuestro nos encontramos con esta petición: “Perdonad nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Ese es el mensaje que nos dejó el Nazareno, un mensaje de amor y perdón, actitud que nos ayuda a llevar una vida donde la práctica de la caridad es fundamental.

Recordemos que nuestras acciones positivas o negativas tendrán un similar efecto, tanto si es en la presente encarnación como en futuras encarnaciones, ya que cosechamos lo que sembramos, porque la Ley de Justicia Divina actúa para todos sin excepción.

Tengamos presente que la queja, el enfado, la irritación no sirven de argumento para responder a una ofensa, un agravio, un daño… Es el perdón el que nos ayuda a superar problemas; nos evita, por ejemplo, que nos recreemos en un asunto que sólo nos hará perder el tiempo y se posen sentimientos malsanos en nuestro corazón, lo que nos puede complicar la existencia si no aprendemos a pasar página.

Una de las dimensiones que tiene el perdón es la indulgencia. La indulgencia, que es generosa y bondadosa, que se ocupa de obviar las acciones negativas de los otros, a no ser que sea para ayudar. Al igual que con los defectos que, aunque los ve y se da cuenta, no hace aprecio de ellos y los soslaya. En el caso de que se vieran expuestos mencionaría motivos para minimizarlos, pues a esta cualidad le gusta sobresaltar lo bueno de las personas. Es una virtud que atrae la calma, la serenidad, ya que surge del amor.

Debemos tener en cuenta que el análisis interno realizado con cierta regularidad, el ir conociéndonos poco a poco, descubriendo nuestro fuero interno, nos muestra las limitaciones, las carencias o hábitos improductivos que podamos tener, reflexiones que nos llevan a darnos cuenta que en absoluto somos mejores que los demás.

La indulgencia tiene una doble vertiente, una que dirigimos hacia nosotros, el auto-amor, y otra que va dirigida hacia los demás; y las dos son igual de importantes.

La primera sería la indulgencia hacia nosotros. Cuántas veces cargamos con el arrepentimiento de una mala acción, cuyo resultado ha sido el sufrimiento, daño o dolor al prójimo; además, si resulta que ese daño infligido ha sido a una persona dentro de nuestro círculo más cercano, el cargo de conciencia es más profundo todavía. Este estado de desequilibrio nos impide progresar, ese error cometido lo llevamos en la conciencia y esa carga nos paraliza. Por eso es bueno saber perdonarse, y el arrepentimiento que sentimos nos sirva de palanca que nos impulse a realizar bien las cosas, con buena voluntad, posibilitando el poder levantarse, cambiar ese comportamiento negativo que nos lastra, impidiéndonos avanzar por el camino de la perfección.

“Concédete el derecho de errar; sin embargo, exígete el deber de corregir” (Joanna de Ângelis).

Por lo cual, el conocernos internamente nos ayuda a corregir los defectos que tenemos y a modificar hábitos perjudiciales que hayamos desarrollado, y de esta forma nos resultará más fácil darnos a los demás. La introspección que hagamos nos ayudará a aprender y comprendernos, lo que nos proporcionará la posibilidad de ponernos en la piel del semejante. Este cometido lo podremos realizar siempre y cuando seamos objetivos, además de firmes para sacarlo adelante con responsabilidad, disciplina y estando vigilantes en cuanto a la condición de pensamientos y sentimientos que puedan aflorar.

La segunda sería la indulgencia hacia los demás. Recordemos que una de las funciones más importantes que tiene el perdón es el olvido, sin el cual la herida no termina de curarse; y otra es la de ayudar, porque para que esa ayuda sea íntegra y desinteresada, tenemos que estar limpios de los más pequeños hilillos de resentimiento que puedan albergar nuestra mente y nuestro corazón. Ante todo, no podemos olvidar que también nosotros cometemos faltas que hacen daño a los demás, y hay que repararlas.

Estamos en el sendero de regenerarnos espiritualmente, pero todavía cometemos muchos errores, de los cuales podemos aprender; por eso, la indulgencia es una virtud tan hermosa, porque no rechaza sino que comprende.

La indulgencia como virtud nos ofrece la benevolencia ajena ante nuestros propios errores; si la falta es de los demás, entonces nos demanda condescendencia. Por lo tanto, ante el error, sea de quien sea, junto con la indulgencia aparecerá siempre la comprensión.

Hoy en día vivimos en una sociedad egoísta, materialista, donde los valores superiores se van perdiendo y todo importa poco, donde el egocentrismo impera menospreciando a los demás. Estamos viviendo una época donde la crítica y la censura son públicas, y mientras más se vilipendie, mejor. Esta conducta es el pan de cada día. Empecemos a obviar estas actitudes que tanto daño hacen y sepamos valorar lo bueno, lo noble, lo positivo que existe en nuestro prójimo. No nos dejemos llevar por esa corriente de críticas indiscriminadas, sin un ápice de caridad; pongámonos en el lugar de los demás y valoremos y comprendamos sus circunstancias. El odio y el rencor son un fuego en la mente y en el corazón que ciegan la reflexión e impiden la calma, envileciendo la acción.

Recordemos que antes de hablar mal de alguien o resaltar alguna característica negativa del semejante, mirémonos al espejo, ya que, como hemos dicho en alguna ocasión, las faltas que vemos en los demás suelen ser proyecciones de las nuestras.

Seamos prudentes y demos ejemplo de cómo se debe comportar un ser humano de buena voluntad, viendo siempre lo bueno de las personas. Quien perdona se libera de ataduras, puesto que no sabe de remordimientos, ni malos sentimientos, obteniendo tranquilidad de conciencia y de espíritu. El que actúa guiado por el amor llega antes a los objetivos marcados, cumpliendo con su destino.

Una manera de ayudar a los que nos ofenden es pedir al Padre bondad y misericordia por ellos. Así como rogar perdón por nosotros cada vez que nos equivocamos, aceptando nuestra culpa y no justificando nuestra acción. No caigamos en el egoísmo de hacer culpables a los demás de nuestras equivocaciones o las circunstancias que nos rodean, actitud que nos perjudicaría mucho en nuestro caminar por la senda que nos lleva a la transformación espiritual.

La indulgencia surge del amor por:    Gloria Quel

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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