Evolución del espíritu

LA EVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU

INTRODUCCIÓN A LA EVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU

 

“Desde el mismo instante que un espíritu nace a la vida espiritual, debe hacer uso de sus facultades para poder avanzar.”

El Génesis, Unión del espíritu con la materia, ítem. 12, Allan Kardec.

 

Abordamos una nueva sección cuyo título es, a la vez, sugestivo y apasionante: La evolución del espíritu.

Es una temática sobre la que bien merece seguir ampliando conocimientos y buscar nuevos detalles, pues  existen grandes lagunas sobre sus peculiaridades, especialmente en lo referente a la evolución del individuo a lo largo del tiempo y sobre todo durante las primeras etapas de su evolución.

Quien redacta este artículo no desea, en modo alguno, sentar cátedra sobre esta materia, pero sí aportar la información existente, en base a sus propias conclusiones.

Partimos de la base que los espíritus superiores, en sus mensajes al codificador y sus colaboradores, han facilitado mínimos detalles sobre la creación del espíritu, concretamente citan: “No sabemos nada al respecto, allí reside el misterio.”

¡Escaso margen y conocimientos muy limitados! No obstante, tengo la convicción de que, en la medida que el individuo continúe evolucionando, este y otros muchos misterios irán desvelándosele paulatinamente. Si bien esto no ayuda a desvelar y profundizar en esta disciplina, seguimos moviéndonos dentro de unos limitados conocimientos. Como en cualquier otro estudio, el uso del discernimiento, de la lógica y de la razón resulta imprescindible para  conocer un poco más sobre dicha materia.

Al margen de los conocimientos transmitidos por el codificador, la literatura espritista es relativamente escasa en información sobre esta disciplina. Pero esta limitación, más que un freno, debería convertirse en un acicate para escarbar en las arenas del conocimiento. Así pues, apreciados lectores, os animamos a continuar utilizando el análisis y el discernimiento para ampliar el conocimiento.

Dentro de esta disciplina de estudio, contamos con escasas aclaraciones mediúmnicas recibidas en contados trabajos, comunicaciones que, bajo el crisol de la lógica y de la razón, han permitido ampliar estos conocimientos.

Evidentemente, los estudiosos de estas materias carecen de base para realizar un profundo estudio de la materia, pero sí lo suficiente como para detenerse en cuestiones primordiales sobre las que sí existe clara confirmación, tales como:

A)  La naturaleza y los atributos del espíritu.

¿Cómo habrán sido los primeros pasos del individuo, de ese espíritu en proceso de evolución en los mundos primitivos?

B)  Voluntad, intuición, libre albedrío, conciencia:

¿Cómo ha ido adquiriendo estas cualidades?

¿Qué representan para el individuo el instinto y el psiquismo?

¿Dónde termina su inocencia y dónde su maldad?

¿Cómo surgen las tendencias del ser hacia el bien o hacia el mal?

¿Por qué unos individuos toman antes el camino del bien?, y ¿por qué otros se retardan?; y ¿cuáles son las consecuencias?

¿Pueden progresar en su evolución unos espíritus antes que otros?

¿Qué pruebas determinan el ascenso evolutivo del espíritu?

¿Necesariamente, todo individuo debe cometer maldades para evolucionar?

¿Cómo se produce el salto desde un mundo primitivo a un mundo de expiación y prueba?

¿Disponen de ayuda los espíritus primitivos para realizar ese proceso con garantías?

El proceso de evolución del espíritu, con sus numerosas y diferentes encarnaciones mientras camina por los mundos, bien merece ser objeto de especial atención.

Esta andadura no implica un salto cualitativo del trabajo interno (sin duda el más importante de todos), dado que este debe ser realizado inexcusablemente por cada individuo, pero le ayuda a comprender que está trabajando para la propia auto-liberación, que está trabajando para eliminar esos defectos que son contrarios a su proceso evolutivo, y en paralelo, aclararle que ese camino depende exclusivamente de sí mismo, de su esfuerzo y tesón, que le permitirán continuar y acelerar su ritmo evolutivo.

Todos somos alumnos en la cátedra de la vida y podemos aprender sus lecciones y aprobar el curso al primer intento. Pero si el tiempo no se utiliza bien, llegará el momento de repetir curso. Y, a vista de la situación actual, no puede negarse que este sea un mundo de repetidores.

Observando la obra del codificador “el Génesis”, vemos cómo aborda las diferentes hipótesis del principio del alma y de los procesos que pudo sufrir hasta poder evolucionar y formar parte de esta y otras humanidades, y a este respecto dice:

“Este sistema plantea numerosos problemas, cuyos proes y contras no sería oportuno discutir en este momento, así como tampoco sería correcto examinar aquí las diversas hipótesis existentes sobre ello. Sin buscar el origen del alma ni las etapas que debió franquear, nos ocuparemos de ella desde el momento de su entrada en la Humanidad, cuando dotada del sentido moral y del libre arbitrio, comienza a responsabilizarse de sus actos”.

Afortunadamente, determinadas ciencias, tales como la psiquiatría, la neurología, la psicología y la genética, junto con las nuevas terapias y el estudio del genoma humano, avanzan a pasos de gigante, reconociendo científicamente la existencia de una conciencia espiritual que rige los procesos del ser humano y de su personalidad, y que descartan la intervención del cerebro y la mente como principios directores del ser humano. Descubren que están sujetos a una conciencia, a una inteligencia inconcreta, donde residen los pensamientos, los sentimientos y los procesos inteligentes del ser humano.

De igual manera, se está llegando a la conclusión de que el universo no es una obra salida de la nada, porque de la nada no sale nada, o de un proceso cósmico fatal o casual, debido a una explosión galáctica, sino como fruto de una inteligencia superior como causa del mismo.

Hasta hace pocas décadas resultaba impensable que estas ideas pudieran nacer del área científica; resultaba inadmisible que la ciencia oficial aceptara postulados tan claros sobre el origen de la vida y del universo. No obstante, seguía admitiendo que el ser humano era un accidente temporal, fruto de la evolución de las especies.

Hoy, la ciencia está acercándose a Dios cada vez más, y acercando al hombre a la comprensión de que su existencia tiene un para qué y un porqué; está haciéndole consciente de su intervención en el universo.

Mientras tanto, los círculos religiosos siguen anclados a su memoria atávica, mantienen vigentes conceptos propios de edades caducas, y difícilmente admiten avances significativos que puedan ofrecer a sus seguidores conceptos y nuevas ideas que se adapten a la mentalidad del hombre del siglo XXI. Este inmovilismo está creando un fuerte rechazo en las nuevas generaciones, a las que ya no atraen esas creencias obsoletas que no responden a sus inquietudes y necesidades. Estas generaciones son espíritus nuevos que ya asimilaron los conceptos de la verdad única y no les satisfacen las rutinas de siglos pasados.

 

La evolución del espíritu por: Fermín Hernández Hernández

©2017, Amor, Paz y Caridad

 

 

… el Espiritismo y la ciencia se complementan mutuamente. La ciencia sin el Espiritismo es impotente para explicar ciertos fenómenos, contando solo con las leyes que rigen a la materia; así́ como el Espiritismo, sin la ciencia, carecería de apoyo y control.

La Génesis, los Milagros y las Profecías según el Espiritismo, Cap. I: 16.A. Kardec.

Anteriores Artículos

REFLEXIÓN ACERCA DE LA REENCARNACIÓN

Siguientes Artículos

VIAJEROS DE OTROS MUNDOS

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.