Nuevos tiempos

LA DONACIÓN DE ORGANOS  (1ª Parte)   

  

  Los avances tecnológicos y científicos nos han llevado a considerar posibilidades que en otra época eran imposibles. Hoy día esta bastante aceptada la donación de órganos como una opción más de las que existen para ser solidarios con los demás;

sobre todo cuando consideramos que una vez hemos dejado de existir, ya no importa el destino de unos elementos del cuerpo que ya no nos van a ser útiles, pero al mismo tiempo lo pueden ser para otras personas que están pasando momentos de salud muy delicados y difíciles. No obstante existen informaciones contrastadas sobre los procedimientos de actuación que la mayoría de la gente desconoce y que no se las plantean cuando, de buena fe, pretenden donar sus órganos. 
 
  En esta primera parte del tema nos centraremos en dichos protocolos así como posibilidades actuales de donación. Sin embargo, hemos de valorar seriamente el concepto de “muerte” desde el punto de vista científico-material y desde el punto de vista espiritual, pues difieren extraordinariamente como iremos explicando a lo largo de estos dos artículos. 
 
  Existen dos grandes alternativas; hacer las donaciones en vida o después de muerto. Las que son en vida ofrecen numerosas ventajas ya que, tras el exhaustivo análisis y meticuloso estudio del donante, el órgano que se va a trasplantar es el mejor posible. Por lo general suele ser un segmento hepático o riñón compatible con el receptor. En estos casos el mérito es aún mayor pues el “buen samaritano” como se suele denominar, es plenamente consciente de su entrega y sacrificio, a sabiendas del riesgo (pequeño por lo general) en la calidad de vida que le pueda aguardar en el futuro. Este es un gesto muy especial motivado generalmente por casos cercanos de familiares o personas muy queridas enfermas y con alto riesgo para sus vidas. 
 
  Sobre las donaciones después de muerto las posibilidades se amplían: Hígado, corazón, riñones, páncreas, pulmones, partes del intestino. Sin embargo y con el debido respeto a todas las opiniones y opciones personales, es en este punto donde no siempre existe una información clara y definitiva que nos aporte seguridad a la hora de tomar una decisión; ya no sólo desde el punto de vista espiritual (que explicaremos más adelante) sino también científico. También hay que añadir que al receptor no se le garantiza una expectativa de vida normal así como la necesidad de chequeos médicos exhaustivos durante el resto de su vida. 
 
  Vayamos por partes; el paciente que ingresa en el hospital, bien sea por enfermedad o accidente grave, desde el momento en que se le diagnostica la muerte cerebral pasa a ser un donante potencial. Si el propio paciente lo dejó por escrito o la familia autoriza se activa el protocolo para la extracción de los órganos que están sanos. A partir de ese momento se mantienen las constantes vitales en funcionamiento del “muerto” y se le aplica anestesia general para la extracción. La pregunta es obvia, ¿cómo es posible que a una persona muerta se le pueda mantener en vida, aunque sea artificial, y se le aplique anestesia general para la extracción? ¿Cómo puede ser considerado alguien como muerto cuando cerca del 100% de su cuerpo permanece aún caliente, indemne y supuestamente funcional? ¿Equivale la muerte cerebral a la muerte real? 
 
  ¿Cómo es posible que a “pacientes embarazadas” declaradas cerebralmente muertas se les pueda mantener con vida hasta que dan a luz a niños vivos y sanos? ¿Puede una muerta dar a luz? ¿Se puede decir que alguien esta muerta como persona pero no biológicamente? Como dice el cardiólogo holandés Pim Van Lommel: “La vida y la muerte no pueden solaparse. Una persona está viva o muerta, pero nunca las dos cosas a la vez”. 
 
  Cuando hablamos del “proceso de la muerte” significa que tiene fases, y que se pueden prolongar durante días o semanas. Como es lógico, la extracción quirúrgica de los órganos no sólo altera ese proceso bruscamente sino que puede tener consecuencias graves; por lo general, desconocidas para la mayoría de personas que no tienen un conocimiento espiritual. 
 
  Obviamente para quienes creen que después de esta vida no existe nada este debate puede parecerles estéril, sin embargo están registrados bastantes casos de pacientes que han sido diagnosticados como muertos cerebralmente o en coma irreversible y no obstante se han recuperado, lo cual demuestra que todavía no hemos avanzado lo suficiente como para realizar un diagnóstico definitivo 100%. La prueba radica en que a medida que los científicos avanzan en el estudio y profundización de este tema, cada vez existen mayores dudas razonables sobre la línea divisoria entre la vida o muerte. Otro dato a significar es que dependiendo del lugar del mundo en el que nos encontremos el concepto de muerte cerebral puede diferir. 
 
  Las investigaciones de numerosos científicos como el que hemos mencionado anteriormente así como Raymond Moody, o la doctora Elisabeth Kübler Ross por citar los más populares, han estudiado las denominadas “Experiencias Cercanas a la Muerte”. Miles de pacientes que habían sido declarados clínicamente muertos y que posteriormente se habían recuperado; narrando vivencias fuera del cuerpo mientras los médicos trataban de reanimarlos, llegando a la conclusión de que hay algo que sobrevive al cuerpo; algunos le llaman “consciencia” otros le llaman “alma”. Para llegar a este punto han necesitado una mente abierta y han debido de superar las barreras que suponen los prejuicios materialistas establecidos sobre la Vida y el Mas Allá, ante una realidad tozuda que en lugar de alejarlos de las tesis espiritualistas les han acercado inexorablemente a ellas. 
 
  Por otra parte, la ciencia nos permite otra alternativa como es LA DONACIÓN DE TEJIDOS. Esto es posible aunque el cuerpo lleve 24 horas en el depósito. Incluye piel, córneas, válvulas cardíacas, segmentos vasculares (arterias y venas), huesos, tendones, cultivos celulares, etc. Pero también choca frontalmente con las leyes espirituales que nos rigen. La más importante y fundamental, la necesidad de mantener durante al menos tres días el cuerpo sin alteraciones para que el proceso de la muerte, o también llamado “desencarnatorio” se produzca de un modo natural, ya que intervienen factores y elementos que no son mensurables por la ciencia académica actual. Sobre esto último ahondaremos también en el próximo artículo. 
 
  Por lo tanto, como hemos visto a lo largo de esta exposición la donación de órganos no es un tema baladí, lo hemos de estudiar y analizar seriamente desde todos los ángulos para que, sea cual sea nuestra decisión, la tomemos con pleno conocimiento para afrontar las consecuencias. 
 
  Vamos a concluir esta primera parte con algunos pensamientos del propio cardiólogo Pim Van Lommel al respecto: “Nos deberíamos plantear el verdadero significado de la enfermedad y del miedo a morir”. “Es científicamente imposible determinar hoy por hoy con exactitud cuándo la vida ha abandonado el cuerpo” “No todo aquello que es médicamente posible es automáticamente necesario o tiene sentido”. “¿Cuál es la relación entre cuerpo, alma y mente? 
 
  Continuaremos desarrollando este tema el próximo mes.
J.M.M.C.
Bibliografía recomendada: “CONSCIENCIA MÁS ALLÁ DE LA VIDA” (Pim Van Lommel)
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