Trabajo Interior

LA DISCIPLINA MORAL

Quinto Horacio Flaco (65 a C.- 8 a C.): “Aquel que tiene el valor de decir no, una y otra vez a sus deseos y para despreciar los objetos de su ambición. Aquel hombre es integral, pulido y sin puntas.”

La disciplina hoy en día se le da un significado de dureza, de autoritarismo, se relaciona con obligación, castigo, limitación…

Cuando se habla de este valor se piensa rápidamente en una limitación a la libertad, código de prohibiciones supuestamente arbitrarias, también en la disciplina castrense, o la que se vive dentro de los conventos de clausura, etc.

Analicemos que cada sentimiento, pensamiento o acción que realicemos se manifestará de alguna manera en el futuro, pues son actos que quedan hechos y llegan a los demás causando un perjuicio o por el contrario un beneficio. Si sabemos que existe la ley de Causa y Efecto, consecuencia de la ley de la Justicia, también sabemos que tarde o temprano repercutirán, esos actos, en nosotros. Por lo cual, la mejor forma de actuar es con buena fe, aceptar la voluntad del Padre, hacer todo el bien que podamos a los demás, evitar resentimientos…

Conseguimos estos objetivos a base de ir depurando, nuestras imperfecciones, a lo largo de la vida que tenemos dentro de la envoltura material, consiguiendo poco a poco, mediante nuestro esfuerzo ser mejores y más felices.

Y es gracias a la disciplina que nos impongamos, la manera más efectiva de conseguir los objetivos que nos trazamos en esta vida.

Platón (s. V-IV a C.) decía: “La victoria más grande e importante es conquistarse a uno mismo.”

Cada día desde que nos levantamos vamos tomando decisiones, y nos tenemos que hacer responsables de las consecuencias resultantes. Ser personas disciplinadas en un constante ejercicio de ir escogiendo los buenos hábitos, porque son buenos y nos hacen mejores, es una lucha que tenemos que ejercer contra nosotros mismos. Este ejercicio de empeño y perseverancia nos llevaran a conseguir consolidar las actitudes o valores perdurables, pues atrae la constancia, la voluntad, el coraje, la predisposición y como no, la buena voluntad aunque sin esta última, nada es posible. Trabajo que nos ira fortaleciendo para llevar acabo el cumplimiento de nuestros compromisos. Ampliando nuestra elevación espiritual.

En ocasiones nos sentimos con la necesidad de cumplir con los compromisos que nuestro espíritu nos reclama. Siendo el obstáculo mayor que nos podemos encontrar para realizar los compromisos,  la propia materia con la que hemos bajado, si el espíritu no tiene la suficiente fortaleza para imponerse a la materia es difícil realizarlos, pues la tendencia de ésta es a la comodidad, y cuando tenemos que cumplir un compromiso que suponga un esfuerzo superior al que estamos dispuestos a dar o al que tenemos acostumbrada la materia, tendemos a posponerlo o si empezamos nos inclinamos a abandonar.

Por eso es importante que nos impongamos una autodisciplina correctora que nos ayude a ir modificando esos comportamientos malsanos que nos susurra la comodidad y que en muchas ocasiones nos entorpece para actuar como seria nuestra obligación, por los compromisos adquiridos.

Dejamos pasar oportunidades de mejoramiento moral, siempre que dejamos de hacer un bien a los demás. El estar pendientes del prójimo, supone un esfuerzo hacia afuera que nos hace dejar nuestras necesidades a un lado. Esfuerzo que en ocasiones no estamos dispuestos a realizar por nuestros semejantes.

Esta forma de actuar nos retrasa el crecimiento espiritual y nos vamos lastrando porque dejamos compromisos, pruebas, responsabilidades…para próximas encarnaciones, por tanto en vez de restar, vamos sumando deudas en nuestro bagaje espiritual para el futuro, lo que provoca un estancamiento en nuestro crecimiento espiritual.

Porque no hay que pararse en lamentar las acciones incorrectas que hacemos, sino hacer una reflexión y trabajar para erradicarlas de nosotros, sabemos que el pasado que hemos tenido es la raíz de nuestro presente, por lo tanto,  nuestro presente será la raíz de nuestro futuro, hagamos por mejorarlo trabajando, para modificar nuestras taras e imperfecciones. Porque si no vamos extirpando o controlando los hábitos perniciosos que tenemos, éstos se van haciendo más grandes.

Cuando bajamos al manto terrestre con propósitos, ilusiones, con ganas de cumplir  el programa espiritual que nos hemos trazado, nos encontramos con obstáculos que previamente conocíamos. A veces las tendencias materiales, los deseos inmediatistas nos hace que restemos importancia al verdadero trabajo interior, dejándonos llevar. Esto nos puede ocasionar un gran coste a nuestros proyectos de elevación espiritual, un abandono de sí mismo, una gran pérdida de tiempo ante la falta de motivación que debilita la fuerza de voluntad necesaria para crecer, cayendo en una ociosidad, en una dejadez que entorpece y retrasa enormemente el progreso; circunstancia que luego nos puede costar muchas encarnaciones recuperar. De ese modo, lo que no hemos querido hacer por comodidad, desinterés, rebeldía… esta apatía o falta de atención espiritual, deja la puerta abierta para que se fortalezca el  egoísmo, retrasando más el trabajo de perfección espiritual.

Para evitar esta situación lo mejor es estar alerta, en estado de atención espiritual continua y exigiéndonos poco a poco pequeños sacrificios que nos ayuden a mejorar. Estos actos se consiguen mediante el trabajo constante, la perseverancia en los hábitos perniciosos que queremos erradicar. Esto es muy importante, pues se consigue convertir los actos positivos que realizamos conscientemente en hábitos espontáneos, una vez que los hemos asimilado, realizándolos sin pensar, sin esfuerzo alguno; de esta manera conseguimos ir mejorando nuestro trabajo espiritual aquí en la Tierra.

Aristóteles (s. IV a C.): “Somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito.”

Con este trabajo disciplinado que realizamos, le damos la forma que queremos a nuestro comportamiento, para ir facilitándonos cumplir con las promesas realizadas, sin penas, sin rebeldías, sin resistencia…

El trabajo interior bien hecho, nos facilita entender que todo bien que hagamos con agrado, con alegría, con amor, nos facilita una felicidad interna que nos hace dar gracias  al Padre por la oportunidad que se nos presenta, por cada ocasión que nos surge  para ayudar a los demás, y que a su vez supone ir dando pasitos  de esfuerzo hacia nuestra perfección espiritual.

Ser perseverantes, aunque los resultados inmediatos nos muestren para desilusión nuestra, lo difícil que es llevarlos a cabo. Que la evolución es lenta, y que la lucha de cambiar interiormente está en la firmeza, la voluntad que le pongamos, aunque nos desanimemos al principio  porque vemos que los resultados no llegan. Pero siendo constantes y con la predisposición necesaria, veremos que un día cualquiera, esos hábitos negativos habrán cambiando.

El conocernos a nosotros mismos nos ayuda en estas luchas internas que tenemos, que hacen que podamos llegar al equilibrio interno y en este trabajo, la disciplina es una herramienta muy útil para poder conseguirlo.

Francisco de Asís: “Vencerse a sí mismo, es el gozo perfecto.”

 

                                                                                                                         Gloria Quel

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