LA DISCIPLINA COMO CANALIZADOR DE CAMBIO

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La disciplina como canalizador de cambio

La disciplina como canalizador de cambio

En esos momentos de la vida en los que necesitamos realizar algunos cambios, y una vez marcados los objetivos a conseguir, necesitamos evitar esas continuas y habituales distracciones que suelen surgir, teniendo en cuenta que argumentamos numerosas justificaciones que no son más que manifestaciones de la comodidad, que tiende a evitar todo aquello que supone esfuerzo. Pero sin esfuerzo no hay avance, nunca hay mejora.

Tenemos problemas internos que podemos y debemos resolver, no solo de carácter sino también de adaptación, que se manifiestan en forma de tensiones, miedos, o incluso en estados de ansiedad y depresiones, con todo lo que ello supone de perjuicio para nosotros.

Hacer frente a esos retos y dificultades con comprensión, deseo de aprendizaje, ilusión y voluntad de superación, pondrán en acción esas fuerzas internas que tenemos y que necesitamos para conseguirlo. No obstante, el deseo de cambio por sí solo no es suficiente, porque en cualquier mejora de nuestra personalidad que emprendamos es necesario tener como punto de partida el deseo firme de hacerlo, el conocimiento ilustrativo de su realización y un método organizado y bien orientado.

La primera pregunta que deberíamos formularnos siempre es: ¿Para qué hago esto? Si no tenemos claro cuál es el motivo por el que deseamos cambiar, es difícil hacerlo. Necesitamos conectar las circunstancias y valores que nos motiven hacia cualquier cambio que deseemos introducir en nuestra personalidad o en nuestra vida. Saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir es una necesidad inaplazable.

Una vez alcanzada la concienciación de lo que se quiere lograr es preciso tener la continuidad que solamente podemos conseguir con el firme desempeño de la disciplina, en la que suele estar gran parte de nuestro éxito, por lo que conviene aprender a aplicarla, sobre todo en esos momentos de desánimo que es normal surjan en el transcurso del tiempo. Iniciar cualquier labor sin la continuidad necesaria hasta alcanzar la meta deseada suele terminar siendo desmotivador.

Incluso podemos hablar de la autodisciplina, que consiste en seguir las normas o trabajos que nosotros mismos hemos establecido en un momento determinado por la necesidad de realizar una determinada labor, cambio de actitud, modificación del carácter, etcétera. Es válida para cualquier logro que deseemos conseguir porque podemos ejercerla en cualquier área de nuestra vida (el trabajo, las finanzas, los estudios…).

Esta autodisciplina que debemos mantener significa que, cuando hay que hacer algo, sencillamente hay que hacerlo, sin más, sin tener en cuenta en absoluto las emociones que nos puedan estar embargando en ese instante. Implica no dejar lo que tenemos que hacer porque estemos tristes, cansados o desmotivados, porque no podemos dejarnos arrastrar por esos estados. Y aunque no exista la misma apetencia de otras veces hay que seguir igualmente; luego vendrá la recompensa del resultado y la satisfacción de haberlo hecho a pesar de las dificultades y contratiempos. En caso contrario, será el arrepentimiento y la pesadumbre de no haberlo conseguido lo que abrazará nuestro estado de ánimo.

La disciplina es muy útil para mantener una regularidad y conseguir que los días en los que se hace lo deseado sean más que aquellos que se quedan en blanco. Con el tiempo, a medida que desarrollemos ese hábito, veremos cómo todo resulta más sencillo, porque las dificultades siempre las encontramos en los primeros momentos, precisamente por el esfuerzo que conlleva romper aquello a lo que estamos más acostumbrados. Es imposible pasar de ser una persona indisciplinada toda la vida a conseguir serlo en unas pocas semanas, pero a medida que vayamos rompiendo esas resistencias que venimos arrastrando de nuestro pasado todo será más sencillo.

Como la disciplina también es una manifestación de energía interna de la persona, al mismo tiempo que se aplica son convenientes los descansos necesarios para recargar esa fortaleza interior. Emprender cambios para mejorar nuestra vida no puede ser visto como una obligación porque no lo es, pero si no tenemos ciertos periodos de reflexión para motivarnos y salir más fortalecidos, suelen presentase los abandonos, pues se termina sintiendo como una carga excesiva que nos desanima. Pero una vez realizadas esas pausas siempre hay que continuar, y comprobaremos por nosotros mismos que, a medida que vamos avanzando, cada vez tenemos más energía y menos necesidad de descansar para recuperarla. Cualquier mejora de nuestra vida que emprendamos ha de tener la convicción de ese aliciente motivador de nuestro deseo.

Cuando surgen esas ocasiones en las que mentalmente intentamos “negociar” con nosotros mismos los argumentarios necesarios para no hacer lo propuesto, por tal o cual circunstancia, conviene rechazarlo de plano y seguir manteniendo la decisión de hacerlo. Entre otras cualidades positivas, al conseguirlo por encima de esas excusas se incentiva de forma importante la autoestima. Que se fortifique nos va a venir muy bien, y para ello también hemos de  reconocer y ser conscientes de nuestros esfuerzos, valorando objetivamente nuestros progresos para disfrutar de los avances que vamos consiguiendo. Recordemos que una vivencia positiva de lo que hacemos  siempre incrementa nuestra energía interior y fortalece nuestro ánimo y nuestra ilusión. Buscar satisfacciones en lo que vamos consiguiendo atrae cualidades positivas a nuestro modo de hacer las cosas.

El hecho de que con anterioridad hayamos trazado objetivos que no hayamos logrado no quiere decir que nunca lo consigamos, ni mucho menos. No obstante, sí que debemos dejar en el olvido esas veces en las que no hemos logrado imponer nuestra autodisciplina, con el fin de que no nos resten fuerzas en ningún momento. Si dejamos que ese sentimiento de fracaso anterior sea más fuerte que nuestros deseos actuales, va a resultar imposible mantenernos disciplinados porque las sensaciones siempre son mucho más fuertes que las intenciones. Hacer un olvido selectivo en este caso tiene connotaciones muy positivas.

Aunque no lo parezca, con el tiempo la persona disciplinada es mucho más libre de lo que puede llegar a serlo la indisciplinada. ¿Cómo es esto posible, si ser disciplinado implica trabajo, esfuerzo y obligaciones? Porque es capaz de cambiar en su vida aquello que le dificulta y desfavorece, convirtiendo ese esfuerzo inicial en un hábito que le motiva, porque después lo realizará por simple inercia, sin dedicarle tanta atención ni tanta energía. Al final consigue el desarrollo de lo que buscaba de forma automatizada, con lo que puede dedicar ese tiempo y esfuerzo a otros aspectos de su vida, pues ha alcanzado los logros que necesitaba para ahora vivir mejor. Cualquier objetivo conseguido en la mejora de nuestra personalidad es una liberación muy importante que rompe las ataduras de nuestra esclavitud hacia lo que nos perjudica.

Si soy una persona cuyo carácter tiene la mala costumbre de criticar malintencionadamente a otros, al final todos terminarán cansándose de esta forma de ser porque pensarán, con bastante razón, que cuando no estén haré lo mismo con ellos. Comprendido que este no es un rasgo de mi personalidad que me favorece y me dará muchos problemas, me planteo firmemente y tomo la decisión de modificarlo, eliminando de mis palabras y pensamientos esa crítica nefasta. Ahora necesito empezar a ser disciplinado, trazándome unos objetivos básicos para conseguirlo. Como se piensa antes de hablar, el primer objetivo será parar esa crítica en el pensamiento, antes de darle voz, aprendiendo a silenciarla. Y aunque en cualquier momento tenga esos pensamientos negativos y el deseo de manifestarlos, debo imponerme la disciplina de pensar dos veces lo que voy a decir antes de hacerlo, callando si los pensamientos van en  la dirección equivocada.

Si aprendo a controlarme, poco a poco, con el tiempo, conseguiré cambiar mi forma de ser, conduciendo mi vida desde la insatisfacción hacia la satisfacción. Si es eso lo que estoy buscando y la realidad me demuestra continuamente que depende de mí mismo vivir en la pena o en la dicha, ¿a qué estoy esperando, si nadie va a realizar esa transformación por mí?

Por último, vamos a abordar una parte de este tema que no va hacia nosotros directamente sino hacia una de las grandes responsabilidades que tenemos los padres: La educación de los hijos.

Cuanto más temprana sea la edad de la persona para aprender aspectos importantes de su vida, haciendo frente a sus propias dificultades, mejor le va a ir el día de mañana. La educación de los hijos es una de las cuestiones más difíciles que tenemos los padres, y es por eso que debemos dedicarle la máxima atención que podamos para un mayor beneficio de todos. Somos los responsables de su educación desde el afecto y la confianza. No olvidemos que los niños quieren que se les respete y, de la misma forma, debemos pedirles respeto a ellos para enseñarles que no pueden hacer todo lo que quieran y que aprendan a convivir.

Uno de los grandes logros a conseguir es ayudarles a ser personas disciplinadas, tanto en casa como en el colegio o lugares que frecuenten, pues esto depende en gran parte de nosotros. Tienen poca edad pero son muy inteligentes y se fijan más en lo que hacemos que en lo que les decimos, luego la mejor forma de enseñarles a ser disciplinados es viendo nuestra propia disciplina. Aunque no lo parezca y no lo creamos, son suficientemente astutos como para que les engañemos pidiéndoles que hagan algo que nosotros no hacemos. En cierto modo, los padres somos héroes para ellos; aprovechemos esta ventaja tan grande que nos dan.

Desde que nacen necesitan de nuestra orientación para aprender. Darles la base de una disciplina proactiva en la que vayan participando ellos mismos con ilusión y un enfoque positivo previene muchos problemas de conducta. Además, estos refuerzos fomentan el buen comportamiento, incentivándoles hacia las buenas relaciones entre unos y otros.

La disciplina como canalizador de cambio por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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