Enfocando la actualidad

CLONACIÓN

Las interpretaciones que se realizan sobre la clonación de humanos son otra cuestión que todavía no podemos valorar desde el punto de vista científico al no haberse producido. Pero sí podemos expresar nuestras reflexiones al respecto sobre las posibilidades, a favor y en contra de esta situación y también sobre la concepción ética y el reto moral que supondría para la especie humana.

A la luz de los conocimientos espirituales sobre la inmortalidad del alma, y sobre todo acerca de la individualidad y personalidad propia de cada ser humano, la clonación se presenta como todo un reto filosófico y espiritual que precisamos entender con claridad para no llevarnos a engaño respecto a sus posibilidades.

Es cierto que genéticamente es posible reproducir a voluntad, partiendo de células madre, organismos biológicos similares en cuanto a su estructura celular y biológica. Y utilizamos el término similares y no iguales porque hasta los mismos genetistas que han llegado a profundizar en el fenómeno admiten ahora que esta clonación parte de células idénticas pero el desarrollo de las mismas se va modificando a medida que el organismo crece y se desarrolla, con lo cual estamos ante dos estructuras biológicas, celulares y fisiológicas distintas, por mucho que se parezcan y por mucho que su carga genética sea la misma en un porcentaje muy alto de sus genes.

La epigenética, esa nueva ciencia que perturba el mito de la herencia genética como único y exclusivo patrón del desarrollo celular del individuo, nos confirma también lo explicado en el párrafo anterior. Nunca dos organismos celularmente iguales en origen tiene porqué ser iguales en su desarrollo, ya que cada cual se ve afectado por condiciones externas, ambientales y de otra índole que cuestionarán y marcarán su desarrollo de una forma diferente.

Esta ciencia está confirmando la individualidad y personalidad independiente de cada organismo vivo, aunque su patrón biológico de origen sean idénticos, su desarrollo y evolución posterior será indudablemente distinto.

Si esto puede ser aplicado a los animales, como en el caso de la famosa oveja “dolly”, que no puede acontecer en el hombre en el caso de que la clonación pudiera llevarse a efecto desde patrones fisiológicamente posibles. En el hombre se incrementa la dificultad de la identidad, ya que no sólo la carga genética de sus células embrionarias obedece a un patrón biológico, sino también psíquico y espiritual procedente de su trayectoria evolutiva.

Bajo esta premisa, la clonación, aunque genética, biológica y fisiológicamente fuera posible, avanzamos con rotundidad la imposibilidad de la misma desde el punto de vista psíquico y espiritual. Psíquico porque el periespíritu (cuerpo intermedio entre el espíritu y la materia) trae consigo la herencia de su pasado y sus experiencias en las vidas anteriores y en el plano espiritual, y parte de las mismas las impregna en las células fetales desde el momento en que el mismo constituye el modelo organizador biológico del feto.

Y espiritual porque, a la luz de las leyes que rigen el proceso evolutivo del ser, cada personalidad que animamos en cada vida física pasa a formar parte de nuestro acervo individual, intrínseco, único y diferente de cualquier otro ser humano. Así pues, no existen dos espíritus iguales, y por lo tanto no pueden existir dos hombres iguales; aunque su carga genética y celular sea prácticamente la misma.

Tenemos un ejemplo en los gemelos que comparten prácticamente al 100% las condiciones genéticas en su formación y desarrollo y que posteriormente pueden ser personas con condiciones morales, psíquicas e intelectuales totalmente contrarias. Esto nos demuestra que no es la parte biológica, la materia, la que condiciona la individualidad del ser humano sino el espíritu y su psiquismo, es decir, la parte espiritual, la que ordena, organiza, moviliza y desarrolla el ser otorgándole sus propias características en base a su nivel evolutivo y a su trayectoria inmortal y a su propia herencia psíquica y espiritual de su pasado. Junto a ello se unen las características de la herencia biológica de sus antecesores que condicionan también su desarrollo pero no lo determinan.

Esta reflexión sobre la clonación nos confirma que el debate ético sobre su conveniencia o no, sobre su idoneidad o perjuicio para la raza humana, habrá que centrarlo únicamente en su sentido moral. Es decir, si con esta técnica se consigue mejorar la especie no sólo en el apartado biológico sino en el psíquico y moral, estaremos ante un avance extraordinario; por el contrario, si lo que se pretende conseguir obedece a intereses espurios, egoístas, económicos, amorales o de afán de dominio, estaremos ante otra nueva aberración en el uso de la ciencia, no para mejorar al hombre, sino para utilizar a la misma como herramienta de poder y dominio sobre los demás.

En la comprensión de la trayectoria evolutiva del ser humano; en la finalidad del progreso del espíritu creado por Dios, y en la necesidad de avanzar hacia mayores y mejores sociedades, más justas, más fraternas, más libres y menos egoístas, encontraremos la respuesta a esta disyuntiva de la clonación y a sus repercusiones futuras.

A lo largo de la historia, cuando el hombre ha jugado a creer que es el dueño de la vida, e intenta situarse por encima de su creador, su orgullo le impide vislumbrar sus errores y se enroca en sus propios defectos, creyendo que puede comprender y dominar en su totalidad las leyes de la naturaleza. Con el paso del tiempo esta actitud se demuestra como un grave error que al final le obliga a rectificar. Tal es la verdad en la historia de la ciencia, cuando se han dado por verdades absolutas cuestiones que el paso del tiempo demostró su obsolescencia y sus equivocaciones. Pues como dijo en una ocasión alguien lleno de sabiduría:

“Las Verdades científicas de hoy son los sofismas del mañana”

Antonio Lledó Flor

© 2015 Amor, paz y caridad

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