Libre albedrío

INFLUENCIAS Y DETERMINISMO

El libre albedrío es la libertad de la que todos gozamos  para obrar, según sea nuestra voluntad. Intervienen muchos factores para tomar una decisión, puede influirnos de una manera determinante el que queramos conseguir algo con premura, un deseo, un capricho, cualquier objetivo a corto plazo que hayamos planificado. Las tendencias, los gustos, los defectos morales, la educación, la cultura adquirida, los amigos, etc., todos estos son agentes que pueden influirnos a la hora de toma de decisiones, pero nunca serán factores determinantes, porque por encima de ellos está también nuestra voluntad, el raciocinio, la ética y la moral, la legalidad, es decir contamos con cosas a favor y  en contra. Y  por supuesto, también influye notablemente el grado de evolución alcanzado en nuestro proceso evolutivo.

Son un sinfín los factores que intervienen, de un modo u otro, a la hora de dirigir nuestras acciones, pensamientos y sentimientos. Todos ellos vamos a decir que son factores condicionantes, pero no son determinantes. Al final toda persona hace lo que quiere hacer, generalmente hace lo que cree que es más importante para conseguir sus fines y propósitos, o para alcanzar aquello que desea, que cree que le va a reportar más placer o felicidad.

En este sentido, tiene una gran importancia la educación recibida, los buenos hábitos y métodos de vida, y especialmente  el grado de responsabilidad que posea un individuo y su sentido común.

Por poner un ejemplo, un chico joven es libre para decidir si desea comenzar a trabajar y dejar los estudios, o por el contrario, iniciar una carrera universitaria. Sus padres le orientan, le aconsejan, incluso sus profesores también pueden ayudarle a tomar dicha decisión, pero será el quien deba decir la última palabra. Si le obligan a estudiar, en ese caso no será una decisión por la que optó libremente, por lo tanto no es del todo responsable del resultado final de esa opción.

Pero si decide optar por una carrera universitaria, ha de ser consciente de todo lo que ello significa. Ha sido libre para tomar una decisión transcendental para toda su vida futura, y esa libertad conlleva una gran responsabilidad. Sus padres se sacrifican por él poniendo a su disposición todos los recursos necesarios para llevar a buen fin ese proceso de estudios. Pero, ha de saber que en la propia elección,  está comprometiéndose  a realizar un gran esfuerzo y dedicación personal para llegar a alcanzar los objetivos finales.

El hecho de escoger esa opción, supone un sacrificio, y una renuncia a otras muchas cosas, que no son compatibles entre sí. Podemos pues comprobar, lo complicado y sutil que puede ser la cuestión del libe albedrío, somos libres para escoger, pero no para desprendernos de las obligaciones que suponen las decisiones. El hecho de ser responsables, y  cumplir con los objetivos y metas que nos hemos propuesto, o hacer todo lo contrario, puede marcar nuestro futuro en un sentido positivo o negativo, y depende exclusivamente de nosotros.

Son por tanto numerosas las partes que pueden influirnos tanto para decidir, como para obrar, pero la decisión siempre es nuestra, pudiendo escoger cualquiera de los caminos que se abren ante nosotros. Por la fuerza de voluntad y por el uso de la razón podemos determinar siempre que opción escoger. Como es bien conocido, la siembra es libre, la cosecha obligatoria.

Ante un mismo hecho, cada persona actúa de una forma distinta. No somos autómatas, somos de libre albedrío, y además es la formación y el grado de adelanto espiritual el que marca y determina la manera de actuar de cada uno individualmente.

Desde el momento, en el que  tomamos una decisión, nuestro libre albedrío está ya condicionado y hemos de ser consecuentes. ¿Qué significa esto?, que la libertad conlleva al mismo tiempo una responsabilidad. Somos por supuesto responsables de todos nuestros actos, y estos tienen unas consecuencias, y estas acarrean que en muchas ocasiones no podamos, simplemente hacer lo que nos plazca.

Con el proceso evolutivo del espíritu ocurre algo muy parecido. Es el ser espiritual, en ese otro plano de vida, que es nuestra verdadera patria,  donde  toma muchas de las decisiones y se marca los objetivos a alcanzar en su próxima existencia. Estos objetivos están priorizados por las necesidades más imperiosas que como espíritu tiene, según el grado de evolución alcanzado,  la ambición de progreso que tenga, y el karma más inmediato al que deba rescatar. Como espíritus en proceso de evolución hemos de comenzar a entender que no nos podemos desprender de los hilos que nos atan a circunstancias del pasado.

Recordemos las palabras del Maestro Jesús: “lo que atares en la tierra, tendrás que desatarlo en la tierra”.

Otras veces, esa nueva vida que ha de tomar el ser espiritual, viene marcado por un determinismo grave, fruto de la siembra realizada anteriormente, quizás de siglos y vidas repletas de faltas y errores muy dañosos para nuestros semejantes, que por decirlo de algún modo ha madurado ya y no se puede postergar por mas tiempo, es entonces cuando venimos marcados por destinos mas o menos dolorosos, vidas difíciles y de sufrimiento de las que por mucho que nos empeñemos no podemos evadir. Esta cuestión es muy importante y será objeto de un estudio más pormenorizado más adelante.

Con lo cual en muchas ocasiones nuestro libre albedrío, no comienza aquí en la tierra, comenzó a la hora de tomar la decisión de una nueva encarnación, para la cual nos trazamos una trayectoria, que engloba desde la familia en la que nacemos, la sociedad en la que vamos a crecer y educarnos, y todas las situaciones y pormenores que, de una forma u otra  van a condicionar y limitar en gran medida nuestro desenvolvimiento. Hemos de precisar, que no partimos de una tabla rasa, sino que la propia elección de las pruebas, retos y experiencias que van a dibujar esta próxima encarnación viene también en gran parte determinada por el pasado del que no podemos escapar.

 Aquí y ahora, podemos no recordarlo, o no querer afrontar los sacrificios y los esfuerzos necesarios para salir victoriosos de esta empresa que supone una nueva vida, podemos incluso rechazar y huir de las responsabilidades. Esto es muy fácil de detectar, es cuando la persona se rebela ante su destino, y no quiere realizar ningún cambio en su interior que le permita afrontar con más facilidad sus experiencias para corregir viejos hábitos.

Somos de libre albedrío, sí, pero eso no nos da derecho a hacer lo que nos apetece sin más, sin sufrir las consecuencias positivas o negativas de nuestros actos.  Las leyes universales que rigen el proceso evolutivo del espíritu, disciplinan nuestro transito por la vida, regulan el resultado de todas nuestras acciones y en su momento nos piden cuentas,  evalúan e interpretan con exactitud absoluta el grado de ajuste que necesitemos después de nuestro paso por la tierra, y no sólo eso, si también de lo que seguimos haciendo en el plano espiritual.

Las leyes de nuestro Padre tienen como misión devolvernos el equilibrio libremente perdido, son leyes  reeducadoras que están ahí para que restablezcamos la armonía que perdimos al haber escogido caminos equivocados, a costa en muchas ocasiones de condicionar y limitar el libre albedrío.

Fermín Hernández Hernández
© 2014 Grupo Villena

 

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