Bajo la Luz del Espiritismo

IGUALDAD DE DERECHOS ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER

La lucha de las mujeres por la igualdad de derechos es una problemática en constante actualidad. Las mujeres, y las más de las veces sobradas de razón, se sienten discriminadas en multitud de aspectos; se sienten discriminadas en sus salarios, en sus comportamientos y en la valoración que se tiene hacia ellas, especialmente desde el colectivo masculino. Al margen de la exigencia de igualdad de derechos, desean poder vivir y realizarse dentro de las mismas ocupaciones, dentro de los mismos desempeños y obtener idéntica capacitación que los hombres, es decir, tener las mismas posibilidades y alcanzar la igualdad en todos sus aspectos, pudiendo conseguir idénticos puestos de responsabilidad.

Esta problemática no se puede, ni se debe, tomar a la ligera, debe ser estudiada en profundidad y desde una óptica espiritual, único método que podría dar luz sobre esa igualdad que demandan. Pero sin perjudicarlas, ni a ellas ni al conjunto de la sociedad, dadas las repercusiones que implica.

¡Qué duda cabe de que ésta sociedad evoluciona! ¡Quién duda hoy de los avances sociales, aunque sean lentos! Día a día, la distancia que separa las clases sociales es más pequeña, especialmente en los países occidentales, aun cuando en determinados países existan fuertes diferenciaciones, especialmente en Oriente Medio, donde la diferencia cultural y sobre todo religiosa es máxima.

En este artículo deseamos profundizar en todo aquello, positivo o contraproducente, que se aleja de las leyes naturales, de esas leyes que rigen el destino del ser humano y que proporcionan a cada individuo las condiciones y experiencias que le hacen diferente. ¿Existe mucho camino por recorrer? ¡Cierto! Y en ese camino, los espíritas deben poner en valor los conocimientos espirituales, pues esos conocimientos son la única guía en estos momentos que la civilización se encuentra inmersa en pleno cambio de catalogación planetaria, con todo lo que ello representa.

El mundo y esta sociedad están cambiando, y así debe ser y así sucederá, pues tal es la ley de evolución, progresar constantemente con el impulso de las leyes universales, las leyes instauradas por el Gran Arquitecto desde la creación del universo para establecer seguridad y equilibrio a toda su creación. Y estos cambios deberán nacer desde una sólida base espiritual y moral.

¡No todo sirve! ¡No todo cambio resulta adecuado o conveniente! Difícilmente, el individuo podrá pasar de las cadenas de la represión al desenfreno del libertinaje; todo guarda su justa medida, sus parámetros, su métrica y su equidad. No hacerlo equilibradamente llevaría de vuelta a la barbarie y al retroceso de los valores y la ética, los fundamentos de las relaciones humanas. Cabe preguntarse:

¿Por qué las diferencias entre sexos?

¿Por qué unas personas nacen en países ricos y adelantadas socialmente, mientras que otras nacen destinadas a pasar miserias y calamidades? ¿Cuáles son las causas de este trato dispar?

¿Qué significado encierran tantas diferencias sociales, tanta aparente injusticia e insolidaridad que se ponen de relieve desde el nacimiento?

Difícilmente podrá encontrarse una respuesta adecuada si se desconocen las causas originarias de esta desigualdad. “Todos los seres humanos somos iguales ante la ley, no ante la ley de los hombres, que por defecto es imperfecta. Somos iguales ante la ley de Dios, que nos ha creado iguales a todos sin excepción. Todos tenemos los mismos objetivos, los mismos derechos, así como las mismas obligaciones; no hay diferencia ninguna, todos somos creados iguales y con las mismas metas a conseguir, pero esto no se nos debe escapar, iguales como espíritus creados para alcanzar la perfección”. Y para ello necesitamos infinidad de experiencias de todo tipo, de multitud de situaciones y circunstancias diferentes, a fin de ir demostrando los valores que llevamos dentro”.

“Dios creó iguales a todos los Espíritus, pero cada uno de ellos ha vivido más o menos tiempo y ha adquirido también más o menos experiencia. La diferencia reside, pues, en su grado de experiencia y también en su voluntad, que es el libre arbitrio. De ahí que unos se perfeccionen con más rapidez, lo que les da aptitudes distintas. La diversidad de aptitudes es necesaria a fin de que cada cual pueda contribuir a las miras de la Providencia dentro del límite del desarrollo de sus energías físicas e intelectuales. Lo que uno no hace, lo realiza el otro. Así cada cual desempeña su rol con provecho. Puesto que todos los mundos son solidarios entre sí, es muy necesario que los que moran en los mundos superiores, que en su “mayoría han sido creados antes que el vuestro, venga a habitar la Tierra para daros el ejemplo. 

Libro de los Espíritus, capítulo IX; pregunta 804 sobre la ley de igualdad.

Sabemos a ciencia cierta que el espíritu carece de sexo, y este es un factor determinante para analizar las causas de muchas situaciones de la vida cotidiana. Situaciones que sin este condicionante podrían ser fuente de malentendidos y, en consecuencia, la vía para actitudes erróneas. Debemos entender que el espíritu puede encarnar bien hombre o mujer, dependiendo siempre de sus necesidades evolutivas, de su necesidad de desarrollar unos determinados valores, valores activos o pasivos, masculinos o femeninos.

Evidentemente, el cuerpo físico del hombre es más fuerte, más rudo; su instinto, su sensibilidad es, por naturaleza, diferente al de la mujer, y a la hora de programar una vuelta a la carne, una vuelta a otro cuerpo físico, puede elegir hacerlo como hombre o como mujer, de acuerdo a sus necesidades. Si quiere desarrollar los valores pasivos, tales como la ternura, el cariño, la entrega y la dedicación familiar, entonces resulta definitorio el cuerpo femenino que le habrá de brindar mejores condiciones para ello.

Al espíritu le es indiferente utilizar un cuerpo de hombre o de mujer, sabe que ha de pasar por todas las pruebas y experiencias que cada rol presenta, e ir atesorando las cualidades íntimas que como espíritu lleva inherentes, y que para ello unas veces experimentará como hombre y otras como mujer. Y cuando desde el plano espiritual programe una futura existencia, no lo hará caóticamente, sino que analizará con detenimiento las condiciones de su retorno a la carne, buscando aquellas que más se adecúen a sus necesidades y carencias. Es en ese proyecto que tomará las decisiones más coherentes para sus aspiraciones como espíritu.

Dios, Infinita Sabiduría, Amor y Justicia, ha creado unas leyes universales que igualan a todas sus criaturas. Nadie recibe privilegios y a nadie priva de las experiencias necesarias para su progreso evolutivo. Resultaría absurdo e incongruente que el Supremo Hacedor crease espíritus hombres y espíritus mujeres, sería inconcebible que Él, que no es hombre ni mujer, que es energía cósmica, infinita en sus perfecciones, discriminase Su Propia Obra. Todo espíritu ha sido creado a su imagen y semejanza, no en cuanto a la forma, porque Dios carece de forma, sino en el espíritu. Sus criaturas son asexuadas, es decir, carecen de sexo; son chispas divinas puestas a evolucionar, para que por sí mismas, por su esfuerzo y trabajo, vayan acercándose a la fuente de la que proceden y con todas sus potencialidades desarrolladas.

Todas las personas, absolutamente todas, nacen un sinnúmero de veces, nacen bien hombres, bien mujeres, porque para su evolución es necesario que así suceda. Y así sucede, pues cada condición ayuda al desarrollo y puesta en práctica las cualidades íntimas de cada criatura. Por esa ley de evolución, todos experimentaremos la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad, y todas las condiciones que la vida humana ofrezca. Y esto no debería sorprender a nadie, pues cada circunstancia llega a su debido tiempo. Impera la ley natural que impulsa al individuo al auto-descubrimiento personal y la evolución de ese ser espiritual que se esconde dentro de cada cuerpo físico.

El desconocimiento de esta gran ley, la ley de igualdad, otra de las grandes leyes universales que rigen los destinos humanos, puede llegar a confundir y a tomar decisiones equivocadas ante decisiones trascendentes. ¡Cuántos seres hay que, comprendiendo su necesidad de alternar sexos en las vidas futuras, lo demandan conscientes de su necesidad de evolucionar equilibradamente! Saben que carecen de determinadas cualidades, mientras que ya dominan otras. Simplemente ocurre que, cuando acceden a un cuerpo físico, sus deseos e intenciones quedan veladas, olvidan los condicionantes de su planificación en el mundo astral y se rebelan, luchan contra su nueva condición humana y rechazan la necesidad de cambiar de sexo, de cambiar hábitos, conductas y actuaciones. La comodidad de lo aprendido y lo cotidiano les arrastra y les bloquea ante la nueva situación, les paraliza en su aprendizaje de nuevos comportamientos y actitudes.

Inclusive, este cambio de rol conduce a muchos seres al rechazo de su nueva condición sexual. Una serie de vidas continuadas dentro de un mismo sexo suele imponer condicionantes al manifestarse con un sexo diferente. Y vemos ese rechazo llevando a infinitud de personas a vivir confundidos sobre la nueva orientación sexual. Gestos, ademanes, sensibilidades, viejas actitudes, esas cualidades que se auto-transfieren de una vida a otra puede delatar el sexo que fuimos en el pasado, si fuimos hombres o mujeres y si vivimos un rol masculino o femenino.

Si no se alcanza una mínima y conveniente planificación y preparación antes de encarnar, bien podrían ocurrir situaciones de esta índole. Y esta falta de preparación motiva que personas que han nacido en un cuerpo masculino se sientan mujeres y no se adapten a su nueva condición, y viceversa. Este rechazo a la nueva condición sexual propicia, en muchos casos, que el individuo busque cambiar de sexo, de alterar su cuerpo físico, y esto es algo que la medicina actual puede fácilmente conseguir. No obstante, desde estas páginas respetaremos siempre cualquier postura que se tome al respecto, pues serán, en todo momento, decisiones y consecuencias estrictamente personales (ley de causa y efecto, karma o acción y reacción), si bien debemos insistir en que estas decisiones deben tomarse desde el conocimiento espiritual de la propia condición.

Igualdad de derechos entre el hombre y la mujer por:  Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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