Trabajo Interior

Naturaleza: Fuente de vida

La Tierra es la casa temporal donde transcurre nuestra peregrinación evolutiva, lugar que Dios nos presta para nuestro desarrollo espiritual. Mientras más crezcamos mejor lo comprenderemos, y en ella veremos el reflejo de la belleza y la bondad de Dios.

“Mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor”

Albert Einstein

En ella encontramos todo lo que podemos necesitar para vivir; es una madre que nos lo ofrece todo, es generosa en sus dádivas. Nos provee de todos los elementos necesarios para que puedan sobrevivir todas las especies que habitamos en ella, tanto en el aire, en el mar, como en la tierra.

Los humanos no somos sus dueños, tan sólo representamos una más de las especies que habitan en ella, llegando a veces a ser la más dañina y mortífera de todas, como consecuencia de nuestro egoísmo, defecto que nos hace actuar de forma irresponsable.  Gozamos de una libertad que usamos desmedidamente, sobreexplotando y destruyendo nuestro entorno natural, el medio ambiente.

Proveyó a la naturaleza de los tres reinos, mineral, vegetal y animal, para que pudiéramos utilizarlos y cubrir nuestras necesidades, siempre y cuando ese uso fuese hecho con equilibrio y con mesura, aprovechando únicamente aquello que nos fuera necesario.

El Evangelio Según el Espiritismo nos dice que “Así caminan paralelamente al progreso del hombre, al de los animales, sus auxiliares, al de los vegetales y al de la habitación, porque nada es estacionario en la naturaleza.” Capítulo III, ítem 19.

A todos nos gusta ver las macetas de flores en un patio, los terrenos llenos de trigo dorado al sol, los animales sueltos por el monte, un frondoso árbol lleno de pájaros, caminar por el campo generoso y pleno de vegetación variada y exuberante, o pararnos a mirar el mar en toda su grandiosidad, tanto si se encuentra sereno como bravío.

No podemos olvidar que estamos en un planeta todavía de expiación y prueba, y por lo tanto, habitado por personas con imperfecciones morales, entre las que destaca el egoísmo, lacra que provoca en nosotros una necesidad de consumir desproporcionadamente, tanto si lo necesitamos como si no; esto nos induce a que queramos apropiarnos de todo, como si lo creado fuera sólo para nosotros y para ese momento.

Este abuso irresponsable causa un daño irreparable sobre los recursos que nos ofrece la naturaleza, no permitiendo su renovación y crecimiento; que no se respete su espacio y desarrollo natural, provocando que miles de especies desaparezcan y que al mismo tiempo se agoten los recursos de que disponemos, sin permitir que lleguen a renovarse. Sabiendo que más tarde o más temprano se producirán consecuencias, tales como la extinción de plantas, desaparición de grandes extensiones de arboleda, etc.

Libro de los Espíritus, pregunta 705: ¿Por qué no siempre produce la Tierra lo bastante para abastecer de lo necesario al hombre?

-Porque el hombre –ingrato- la descuida. No obstante, es ella una excelente madre… La tierra produciría siempre lo necesario si el hombre supiera contentarse con ello. Si la Tierra no basta a todas sus necesidades es porque el hombre emplea en lo superfluo lo que podría destinar a lo necesario… no es la Naturaleza la imprevisora, sino el hombre, que no sabe.

La vegetación nos produce el oxígeno indispensable,  para poder vivir. En la naturaleza está la base de nuestra alimentación y también la farmacopea que deriva de los depósitos de la naturaleza, etc.

Si nos dedicamos a destruir la selva, los campos, a la tala indiscriminada de árboles, provocando incendios intencionados para luego destinar esas parcelas a un uso lucrativo, por rebeldías…  aun cuando fueren simplemente descuidos, solo traerán eliminación y destrucción  de la vida en el suelo y vegetación, matanza de animales, contaminación de las aguas…

No debemos derrochar ni contaminar el agua. ¿Puede importar más el afán lucrativo de las industrias químicas que la contaminación que provocan, resultante del aire y de las aguas no tratadas? Ello implica la muerte para el ecosistema, que subsiste en esas mismas aguas en donde existen filtraciones o escapes de líquidos químicos enormemente contaminantes, ya sean en charcas, lagos, ríos… que llegan incluso al mar. Además tenemos que sumarle todo tipo de deshechos que lanzamos al mar sin ningún tipo de miramiento, que perjudican y dañan el fondo del mismo, con lo que supone de agresión a todas las especies marinas.

Al mismo tiempo no podemos considerar la caza como un deporte; tampoco debemos matar más animales de los que necesitamos para alimentarnos.

Y así podríamos seguir citando acciones destructivas -como explosionar bombas atómicas bajo tierra o en el fondo del mar para medir su grado de destrucción-, que se realizan a lo largo de nuestro querido planeta, sin apercibirnos de las consecuencias negativas que todas estas acciones nos pueden acarrear por su efecto dominó.

Efectivamente, no podemos quedarnos de brazos cruzados, aunque lo demande nuestra comodidad e inconsciencia, creyendo que lo han de resolver los demás.

          

Cuando el último árbol sea cortado, el último rio envenenado, el último pez  capturado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come.

Proverbio indio Cree.

Hay que respetar a todos los seres que pueblan el planeta, pues todos tienen una función muy importante en el desarrollo del equilibrio que debe mantenerse siempre en la naturaleza, el equilibrio que Dios le ha concedido.

San Francisco de Asís decía: “La preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior son inseparables”

Tenemos que darnos cuenta de que, si cumplimos con las leyes de la naturaleza y las respetamos, ella nos dará sus recursos con generosidad.

Es en ella donde nos percatamos de cuán perfecta es la obra de Dios, que refleja su amor y magnanimidad hacia nosotros y la justicia de sus leyes.

No somos sus dueños como queremos creer, sino usufructuarios de la misma, y no debemos romper el orden que construye el equilibrio existente en la misma, pues según la ley de causa y efecto, toda acción o movimiento procede de una causa o impulso, es decir, la pone en acción.

Son nuestros defectos los que nos llevan al desastre en la naturaleza, haciendo un uso inadecuado de la misma. Y cuando encontramos la respuesta en forma de lluvia ácida, efecto invernadero, sequía persistente, ríos inundando zonas ocupadas por el hombre… es cuando lloramos y nos sentimos víctimas de la misma, y nos preguntamos ¿por qué a estas alturas no la dominamos todavía?, sin que nazca en nosotros ningún sentimiento de culpa por la desaparición de esta protectora que nos cuida y nos da sus recursos para poder vivir.

Reflexionemos sobre cuál es nuestro grano de arena a la hora de ayudar para mantener el planeta limpio y en armonía. Que nuestra buena voluntad por cooperar nos ayude a entender cuáles son nuestros deberes, y de ese modo, mantener un equilibrio que la ayude a ella y a nosotros en la ruta del progreso.

Tenemos que tener presente que el bien lo hacemos cuando tenemos un saludable interés en cumplir la ley divina, actitud esta que nos aporta progreso y felicidad; sentimos la protección y la justicia para nosotros y nuestro prójimo y todas las criaturas que están en la senda que vamos recorriendo.

Cuidemos la naturaleza y ella nos cuidará a nosotros, tratémosla con todo el cariño y el  cuidado que se merece, y disfrutemos de ella.

Todos somos responsables de cuidar el planeta y debemos saber cómo actuar en nuestro  vivir cotidiano. Reciclar, reutilizar o reparar; respetar, en una palabra, son pequeños actos por los cuales contribuimos a mantener la Naturaleza. Vivamos en equilibro con ella, pensemos que es la obra de Dios, y que nos la ofrece con todo su amor para nuestra evolución espiritual.

             “Muchos han vivido sin amor. Ninguno sin agua”  W.H. Auden

Naturaleza: Fuente de vida por: Gloria Quel

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