COMUNICACIONES SERIAS

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Comunicaciones serias

COMUNICACIONES SERIAS

Amados míos, no creáis a todos los espíritus, mas probad que los espíritus son de Dios; porque muchos falsos profetas se levantaron en el mundo(San Juan, primera Epístola, cap. IV, v. 1).

Esta hermosa recomendación del hermano evangelista, reflejada en esa primera Epístola, está recogida en el Evangelio según el Espiritismo, como todos sabemos, pero no siempre recordamos. En el punto 7 del capítulo XXI, los propios espíritus, a través de Allan Kardec, nos lo recuerdan.

No voy a reproducir todo el contenido de este apartado, tan solo los puntos que considero más apropiados de acuerdo con el propósito de este artículo. Por ejemplo: «No pidáis al Espiritismo ni milagros ni prodigios, porque declara formalmente que no los produce». Aquí hace referencia a los falsos profetas encarnados y que «estuviesen tentados a explotar esos fenómenos», es decir, explotar en su provecho aquellas cualidades mediúmnicas que pudieran poseer.

Más adelante, nos alertan contra otra categoría más peligrosa: Los «espíritus embusteros, hipócritas y pretendidos sabios…»; es por eso que San Juan nos lo advierte. Por suerte, el estudio continuado de la doctrina nos da los medios para no dejarnos sorprender. Finaliza este punto precisamente con las palabras del Maestro Jesús: «Se conoce la clase de árbol por su fruto; un mal árbol no puede dar buenos frutos».

No pretendo en absoluto ser maestra, ni mucho menos sentar cátedra; tan solo contaros otra de mis experiencias de mi pasado en el campo del Espiritismo, y que recordé mientras repasaba El Libro de los Médiums, el capítulo referente a las reuniones «instructivas», en las que, como ya sabemos, «los espíritus buenos no dicen sino lo que saben; se callan o confiesan su ignorancia sobre lo que ellos no saben».

Cierto día en que nos reuníamos, uno de nuestros compañeros llegó un tanto preocupado. Nos hizo saber que un cuñado suyo había pasado una mala noche, con fuertes dolores de cabeza y mucha fiebre; el propio enfermo le preguntó si los espíritus podrían hacer algo por él. Nuestro compañero nos transmitió su petición. Recordaréis, aquellos que habéis leído mis experiencias, que os hablé de don Julio, gran médium y el único entre nosotros con conocimientos espíritas; pues bien, al oír la petición de nuestro compañero no dijo ni una palabra; nos preparamos como siempre y comenzamos el trabajo…

También quiero recordaros que en aquellos tiempos, dadas las circunstancias de la época, carecíamos de libros espíritas para su estudio; por lo que, todo cuanto aprendimos sobre la doctrina, todas las enseñanzas que recibimos, fueron directamente de los espíritus a través de preguntas que ellos mismos nos animaban a hacerles y las respuestas que nunca se cansaban de darnos. En su momento, el hermano guía de nuestro grupo nos dijo:

-Aquí hay un hermano que tiene permiso para contestar a vuestras preguntas-. Una vez que el espíritu nos hubo deseado la Paz de Dios, nos animó a preguntar.

 –Hermano  -dijo Julio-, uno de nuestros compañeros está muy preocupado por su cuñado, que se encuentra al parecer bastante enfermo; y a petición suya, desea saber si podéis hacer algo por él.

La respuesta fue otra pregunta:

 –¿Habéis llamado al médico?-

Todos, excepto Julio, nos quedamos en suspenso. El espíritu prosiguió:

 –Mis queridos hermanos, Dios, en su infinita sabiduría, proporciona a sus hijos todos los medios para su desenvolvimiento en La Tierra; así se van desarrollando las inteligencias, adquiriendo los conocimientos apropiados a cada necesidad, y una de esas necesidades es la Medicina y aquellos que la aplican. Id a vuestros médicos; nosotros no hacemos milagros. Sin embargo, eso no quiere decir que no ayudemos a esos médicos dedicados a cuidar de vuestra salud; influimos en ellos más de una vez para que el diagnóstico sea el acertado y el remedio que propongan sea el efectivo. Nada más por hoy, queridos hermanos. Que Dios nos bendiga a todos.

Amigos míos, aquel día pudimos constatar que el espíritu que se había manifestado era en verdad un Espíritu del Señor, un espíritu serio.

Años más tarde,  cuando por fin pude tener en mis manos los libros de la Codificación, fui recordando y comprobando que la mayoría de las comunicaciones que obteníamos eran proferidas por espíritus serios; y digo serios, no sabios, aunque ya de una cierta elevación. En El Libro de los Médiums, en el apartado Distinción de los buenos y los malos espíritus, en el punto 4, número 267, leemos: «Los espíritus superiores tienen un lenguaje siempre digno, noble, elevado; todo lo dicen con sencillez y modestia; jamás se alaban ni hacen ostentación de su saber ni de su posición sobre los otros…».

Queridos amigos, mi deseo al contaros aquella maravillosa experiencia y lo que aprendí de ella no es otros que el de recordar siempre, dentro de los centros espiritistas, la necesidad de estar alerta en cuanto a las comunicaciones de los espíritus, recordando así mismo las palabras del maestro Kardec: «Prefiero rechazar cien verdades que aceptar una sola mentira».

En estos tiempos tan convulsos se hacen más imperiosos la observación y el análisis.

Esto es solo mi opinión de acuerdo con mis experiencias.

Un fraternal abrazo

María Luisa Escrich

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