FENÓMENOS PSÍQUICOS

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Fenómenos psíquicos

ANÍMICOS Y MEDIÚMNICOS

Se han postulado tres hipótesis para explicar los fenómenos psíquicos. La primera alude a la existencia de una facultad extrasensorial. La segunda sostiene que la existencia de seres no materiales puede explicar la existencia de dichos fenómenos. La tercera hipótesis combinaría las dos anteriores.

Los fenómenos psíquicos son sin lugar a dudas una evidencia de la existencia en el hombre de un “principio espiritual inmortal” que aporta una serie de cualidades y características diferenciadas de la materia. Es más, son la prueba evidente de cómo la  mente humana sobrepuja la materia y su agente principal (el espíritu), a través de su voluntad y pensamiento, puede operar por la mente que dirige hasta producir fenómenos inexplicables desde un análisis meramente material, pero perfectamente normales y coherentes con las leyes naturales que rigen en la dimensión espiritual.

No son los fenómenos psíquicos ni extraordinarios ni fenómenos sobrenaturales o paranormales, antes al contrario, el desconocimiento de las causas que los producen hace que hayan sido catalogados como milagrosos, cuando, simplemente obedecen a leyes que no rigen en la dimensión material sino en la espiritual; de ahí que la ignorancia de estas mismas leyes sea la clave de su catalogación.

En la frase que inicia este escrito tenemos la opinión de investigadores independientes a la hora de establecer el origen de los fenómenos psíquicos. Pero como ya avanzamos en un capítulo anterior al hablar del Espiritismo, la Metapsíquica y la Parapsicología, como ciencias encargadas del estudio de esta fenomenología, el mejor y más preciso estudio del origen y desarrollo de los fenómenos psíquicos lo encontramos en “El Libro de los Médiums” de Allán Kardec.

Siendo así que la Metapsíquica diferencia los fenómenos anímicos como subjetivos y los mediúmnicos como objetivos, si bien los cataloga perfectamente, sin embargo no extrae de ellos las consecuencias éticas o filosóficas de los mismos. Y la parapsicología, limitada y constreñida por las repeticiones necesarias en laboratorio para probar la veracidad de los fenómenos, se encuentra con el entorpecimiento de que cada persona con estas facultades no reacciona de igual forma ni percibe de la misma manera, por lo que es imposible establecer una regla general en el proceso de prueba y de evidencia.

Los fenómenos psíquicos fueron claramente definidos por Kardec en dos grupos, anímicos y mediúmnicos. Los primeros tienen su origen en el alma humana, es decir, en las capacidades magnéticas, energéticas y espirituales de la persona que los manifiesta. Los segundos obedecen a las capacidades de personas de servir de intermediarios entre ellas y almas o espíritus de personas que pasaron por la Tierra y que pueden expresar su pensamiento e individualidad desde el otro lado de la vida.

Si nos atenemos a la frase que encabeza este escrito, comprobaremos que los fenómenos anímicos son precisamente aquellos que aluden a la existencia de una facultad extrasensorial por parte de la persona. Son los casos de personas que poseen capacidades de telepatía (comunicación cerebro a cerebro), clarividencia (percibir acontecimientos o realidades visuales que la mayoría no captan), precognición (captar imágenes del futuro sin tener información sobre él), retrocognición (visualizar acontecimientos del pasado sin saber previamente de los mismos), psicoquinesis (influencia mental sobre objetos), psicometría (a través de objetos, muebles, habitaciones, casas, etc., conocer informaciones sobre episodios o los dueños de esos objetos que acontecieron en el pasado y que nadie conoce), bioelectromagnetismo, etc.

Son muchas las facultades anímicas del alma humana, y la mayoría de las mencionadas ya han sido probadas y demostradas repetidamente por la ciencia y en laboratorio con sujetos con estas capacidades. Es pues muy sencillo confirmar que los fenómenos anímicos, mal llamados “paranormales” porque no implican ninguna anormalidad en las personas que los tienen, son cualidades y capacidades del alma humana que se distinguen claramente de las características biológicas o psicológicas de la persona.

Estas capacidades tienen que ver más con la mente y el desarrollo espiritual del individuo que con ninguna cualidad bio-psicológica. Debemos entender que la mente no es material y su capacidad de influenciar la materia está demostrada ampliamente. Esto quiere decir, como en el caso de la psicoquinesia, que a través de la mente se puede magnetizar, imantar, inducir, sugestionar e incluso influenciar no solo a otras mentes, sino también la propia estructura molecular de la materia.

Las certezas de la inducción hipnótica son una evidencia, las influencias del pensamiento (producto de la mente) positivo o negativo sobre las moléculas materiales, como por ejemplo el agua (experimentos llevados a cabo en Japón), logrando expresiones moleculares saludables o enfermizas de los átomos del agua son otra evidencia. Esto último ya se pudo comprobar fehacientemente hace décadas, en relación a las plantas y el reino vegetal en general, al respecto de la influencia de los pensamientos optimistas y positivos en el resurgir de la planta o del deterioro del vegetal a consecuencia de ambientes cargados de pensamientos mórbidos, pesimistas y negativos en general.

La influencia de la mente sobre las energías que produce, controla y dirige  (pensamientos, emociones, deseos principalmente) permite la interacción con el bioplasma de los seres vivos, afectando y modificando su estructura electromagnética; a esto se le denomina “psicotrónica” (psi=mente y trónica=energía).

La mente sobrepuja la materia. En este principio se articulan otros fenómenos anímicos importantísimos como el magnetismo descubierto por Mesmer en el siglo XVII y continuado en las obras de Kardec y otros investigadores. Hoy, los neurocientíficos nos hablan de “plasticidad neuronal” como medio de cambiar la estructura neuronal y las rutas que siguen los pensamientos y las emociones en el cerebro, modificando la capacidad e incluso la salubridad o enfermedad de nuestras neuronas cerebrales. Estamos hablando de lo mismo: una entidad inmaterial como la mente tiene capacidad de modificar una estructura fisiológica como el cerebro material, a raíz de la naturaleza de los pensamientos y emociones que produce y que afectan esa masa de kilo y medio (cerebro) que es el receptor de esos pensamientos y emociones.

No debería extrañarnos, por lo tanto, que los fenómenos anímicos sean una realidad consustancial a muchas personas que los viven a diario, pero que por falta de la información adecuada, mantienen la reserva de sus percepciones para sí mismos, hasta que estas se vuelven tan evidentes y constantes que precisan encontrar una utilidad para las mismas, obligándolos a informarse sobre el origen de lo que les sucede e intentando buscar las respuestas adecuadas para controlar el fenómeno de forma armónica y ordenada, a fin de que no le ocasione perturbación en su diario vivir.

En el caso que nos ocupa, debemos recurrir al aforismo del filósofo Guillermo de Occam, también conocido como “la navaja de Occam”, y que dice así: «En igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable». Y esto es lo que realmente acontece cuando comparamos la explicación que ofrece la filosofía espiritista con otras explicaciones menos claras, más complejas y difíciles de entender al respecto de los fenómenos anímicos.

“Todos estos fenómenos no tienen nada de maravilloso ni sobrenatural, teniendo por principio la existencia y manifestaciones del alma y su supervivencia al cuerpo. Se les considera sobrenaturales porque se desconoce su causa; señalando el Espiritismo la misma, les coloca en el dominio de los fenómenos naturales, alejándolos así de la superstición y de lo sobrenatural.”

A. Kardec, “El Libro de los Médiums

Y qué decir de los fenómenos mediúmnicos, también catalogados por la parapsicología como “Psi-Theta”. Aquellos fenómenos que tiene que ver con seres, entidades, almas o espíritus que por su propio pensamiento y energía, inmaterial, como acontece en los fenómenos anímicos, pueden ejercer igualmente su influencia en otras mentes; la única diferencia es que carecen de cuerpo físico, pero esto no es un obstáculo cuando la comunicación no tiene en cuenta la materia sino el medio espiritual por el que se produce. Son producidos por «mentes sin cerebro».

Ese medio no es otro que los fluidos periespirituales, que son como  “la atmósfera del mundo espiritual” donde se desenvuelven los espíritus. Esta energía del fluido periespiritual es el “vehículo del pensamiento”, por lo que este alcanza velocidades extraordinarias similares incluso a la velocidad de la luz. Este fluido procede de la “sustancia primitiva o energía primera”, que es el origen de todas las manifestaciones, combinaciones y formaciones materiales o energéticas que existen en el universo.

El principio de los fenómenos psíquicos se basa, como ya hemos visto, en las propiedades del fluido periespiritual, que constituye el agente magnético; en las manifestaciones de la vida espiritual, durante la vida corporal y después de la muerte; y finalmente en el estado constitutivo de los Espíritus, y en el rol que estos desempeñan como fuerza activa de la naturaleza. A. Kardec  «El Génesis«

Cuando Kardec habla del rol que cada uno desempeña, lo hace con acierto, ya que está demostrado por las ciencias actuales de la física y la mecánica cuántica que vivimos en campos de energía en los cuales influenciamos y nos vemos influidos; pero el grado de esta interacción es diferente en cada persona, dependiendo de su nivel evolutivo y adelanto espiritual.

Conforme nos vamos depurando y sutilizando, las energías que proceden de nuestra mente son más puras, menos densas, más elevadas y vibran a ritmos y en frecuencias muy superiores que le permiten conectar con otros planos de existencia, recibiendo de ellos fuerzas, cualidades y recursos que amplían nuestro nivel de conciencia y permiten la apertura de capacidades y fenómenos psíquicos más diferenciados y elevados con los que podemos ayudarnos a nosotros mismos y a los demás.

Son esos estados de conciencia diferenciados de los grandes avatares, maestros y místicos de oriente y occidente que, con su enorme poder magnético y energético, lograban proezas que eran catalogadas como milagros, cuando simplemente eran la consecuencia inevitable de su capacidad energética y magnética derivada de su gran adelanto espiritual y su conexión con el pensamiento cósmico, lo que les permitía poner en la materia capacidades y cualidades nunca antes vistas para la mente humana y que exteriormente se catalogaban como milagros o procesos sobrenaturales.

Nada de eso era sobrenatural ni milagroso, sino al contrario, la expresión de la Ley Natural más elevada en la magnitud de la energía más pura que existe: El Amor desinteresado que posee la vibración más alta del rango energético que nadie puede igualar cuando se encuentra conectado con la Fuente Suprema del Amor puro: Dios.

Fenómenos psíquicos por: Antonio Lledó Flor

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