LAS MADRES DEL AYER

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Las madres del ayer

En pocas ocasiones hemos conocido algunas de las labores que se realizan en el Mundo Espiritual, labores de gran importancia como a continuación quiero explicar. 

Existen grupos de espíritus formados en su totalidad por hermanas que fueron madres en la Tierra, y algunas que, en otras vidas, formaron parte de estamentos religiosos donde aprendieron la debida disciplina, adecuada a una labor posterior que debían realizar. Una planificación minuciosa, seguida y comandada desde las altas esferas espirituales, para poder sensibilizar conciencias, apaciguar conflictos y verter los sentimientos que solo las madres pueden verter hacia aquellos hijos que lo necesitan. 

Esta irradiación de sentimientos de amor materno fue calando en muchas de ellas, auspiciada, alimentada y dirigida por la Madre de todas las madres, aquella que fue en su momento madre del Maestro en la Tierra; ella es uno de los espíritus de gran elevación que auspicia y fomenta el trabajo que ellas realizan.

 ¿Cuál es ese trabajo? Entre otras muchas cosas, hay algo de vital importancia en estos momentos; son muchas las que colaboran al unísono en recoger aquellos espíritus de niños y jóvenes que fallecen a consecuencia de las guerras que hay en el planeta. 

Antes de que esa labor sea llevada a cabo para poder calmar a aquellos niños que están perdiendo la vida y que van al otro lado en una constante confusión, sin el apoyo de sus padres o progenitores; como digo, antes de que puedan socorrerlos y auxiliarlos, su tarea es la de orar y pedir a lo alto para que familiares del grupo espiritual al que pertenecen estos niños puedan bajar para ayudarles a convencerlos y a llevarlos al lugar que les corresponde. Todo ello desenvolviendo hacia ellos ese amor materno que en su momento desarrollaron con sus propios hijos, y que tanta ayuda, calma, serenidad y alivio produce en los pequeños que apenas comprenden cuál es su situación. 

Este trabajo también viene cumplimentado con una segunda labor, la de aquellos niños que quedan huérfanos y que, a consecuencia de quedar desesperados en el mundo, necesitan una tutela espiritual superior; aparte de sus guías particulares. Muchas de ellas acompañan a estos niños orando a Dios por una mayor ayuda para ellos, para encontrarles familias que los acojan, que los amparen, que los auxilien, y que esa situación de abandono que sufren debido a la pérdida de su familia pueda ser paliada en alguna medida, y pueda ser rescatada para que eso no la condicione en mayor medida el día de mañana, marcando a fuego su vida y las circunstancias negativas que de ello se derivan. 

Este trabajo lo hacen con tanto cariño, con tanta abnegación y con tanto amor, sin duda, debido a una previa preparación.

En este grupo de auxilio existen espíritus que, en épocas pretéritas, conspiraron contra la vida atentando contra inocentes que venían en sus entrañas, a los que les impidieron reencarnar. Posteriormente, conscientes del error, asumiendo los crímenes cometidos y expiando esas faltas, se les ofrece la oportunidad de trabajar en el sentido contrario; eso es lo que muchas de ellas realizan, desarrollar el amor de madre que ya en alguna existencia anterior tuvieron la oportunidad de realizar, y verter todo el cariño hacia otros niños y criaturas que, aunque no sean sus hijos, vienen a serlo espiritualmente, y hacia ellos vuelcan todo el amor que les es posible; para que la experiencia vivida, sea por motivos de deuda o por motivos de prueba, pueda ser superada ayudando a estos niños que parten al otro lado a ser recogidos, o para que sean amparados en la Tierra y guiados hacia manos amorosas que los cuiden y los ayuden a superar el trauma del abandono, y a encaminar su vida de otra manera.

Existen muchos espíritus de elevada condición y jerarquía, que en todo lo tocante y que se refiere al amor maternofilial, vibran en sintonía de verdadera frecuencia amorosa y se identifican pronto con la labor que ellas realizan, ayudándolas de manera extraordinaria.

Muchas veces son dantescas las escenas desgarradoras de separación entre madres e hijos, siendo muy necesarios los recursos espirituales y morales que les fortalezcan para mantenerlas en la fe y en el equilibrio mental necesarios para poder ayudar, porque si se dejan llevar por el horror de las situaciones que tienen que contemplar, su propio desequilibrio no dejaría realizar dicha labor y costaría muchísimo más ayudar a estos espíritus que en edad tan joven parten para el otro lado. Pero gracias a Dios y a la infinidad de espíritus que con gratitud vuelcan en esferas superiores su amor hacia esta tarea, esto no ocurre; este grupo de Madres espirituales, simplemente, son las encargadas del último eslabón, la de proyectar todo ese amor recibido hacia ellos viendo la forma más adecuada de ampararlos, consolarlos, guiarlos y prepararlos para su nueva etapa en el mundo espiritual.

Cuando se trata de buscar auxilio para aquellos que quedan en la Tierra a corta edad, también se recibe esa ayuda y ese amparo en tantos y tantos que vieron sus vidas condicionadas por esas circunstancias tan difíciles, como son aquellos que les faltan las guías de sus progenitores y deambulan por el mundo sin rumbo, sin auxilio, sin amparo, expuestos a todos los riesgos de la maldad humana y que muchos de ellos no logran superar. 

Tengamos muy presente que, cuando se ofrece la caridad a todos aquellos necesitados enfermos del alma o que precisan del auxilio de la luz y del bien, nosotros somos los primeros beneficiados.

  “Haz el bien, y el bien te salvará”.

Las madres del ayer, redactado por: V.V.

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