La Vida en el Mundo Espiritual

¿NOS PUEDEN VISITAR LOS FAMILIARES FALLECIDOS?

Para muchas personas resulta determinante conocer la posibilidad de recibir la visita de familiares  y amigos que ya  fallecieron  y que se encuentran actualmente en el plano espiritual.

Para los estudiosos de la materia, entre los que se encuentra el movimiento espírita, estas visitas representan algo cotidiano. A lo largo de las siguientes líneas, intentaremos conocer y ampliar su problemática y casuística.

(Espiritismo según la R.A.E.: Doctrina fundada por Allan Kardec en 1857, que estudia la naturaleza, origen y destinos de los espíritus y sus relaciones con el mundo corporal).

Las manifestaciones de esos seres familiares, amigos, personas conocidas o desconocidos, podríamos denominarlas como: Apariciones, visiones, comunicaciones o cualquier otra índole de manifestación, y se suelen afrontar de diferente modo, siempre acorde a las creencias particulares de cada persona, religión y filosofía. Estas creencias particulares y colectivas, vienen determinando el modo en que vemos a esos seres, su imagen, su semejanza y características. De tal modo, que si una persona profana en estos conocimientos, tuviese la visita de algún familiar fallecido, muy bien podría interpretarlo con sorpresa o incluso miedo, llegando a creer que pudiera tratarse de la imagen de un fantasma o de un demonio. Influiría en ello su percepción más o menos nítida y la posibilidad de haber identificado a la persona en cuestión. La práctica nos dice que quién recibe esa visita, casi con seguridad, reaccionará negativamente y no podrá aprovechar esa especial circunstancia.

El católico, casi con certeza, aceptará como buena, únicamente, la visita de un ángel, de un ser luminoso, una virgen o un santo, o cualesquiera de las imágenes del santoral. Otra imagen desconocida o que difiriera de sus creencias, sería rechazada y considerada obra del diablo.

Para el espirita, habituado a este tipo de intercambio, sería un acontecimiento feliz y deseado. Sabedor de esta posibilidad real de intercambio y consciente de su realidad, mantiene con estas personas, los afectos y relaciones de vidas anteriores y en ocasiones llega incluso a exigir la oportunidad de contactar con ellos.

Este proceso como bien sabemos, puede conseguirse, habitualmente, mediante dos vías, que son: A través de los médiums preparados para dicho intercambio y, o bien a través del sueño.

Para cualquiera de las dos modalidades, y al margen de la situación personal y evolutiva de las personas que desean contactar, existen circunstancias determinantes y detalles característicos que debemos conocer y que deben ser tomados en consideración para un adecuado desarrollo de los contactos.

Existen personas unidas al credo espírita, que están convencidas que esos seres protectores, con los que guardan estrecha relación del pasado, están siempre a su disposición, sin importar la hora y el momento; que están a la espera de sus peticiones para resolver los problemas cotidianos. Los valoran como unos consejeros desinteresados, sin darse cuenta que al igual que los humanos encarnados, tienen también libre albedrío y una necesidad de evolucionar. Únicamente, nuestro Ángel de la Guarda, nuestro espíritu protector y compañero de viaje, tiene esa responsabilidad. Él le habla a nuestra conciencia, nos intuye y ayuda en los momentos cruciales.

Es responsabilidad de los humanos encarnados hacer uso de su capacidad de albedrío y tomar las determinaciones que afectarán su vida, pues tan sólo el ejercicio de la voluntad y las disyuntivas que la vida depara, permiten al individuo desarrollar sus facultades y continuar progresando en su evolución personal y colectiva.

Entendamos que esos familiares ya no están viviendo entre nosotros, en esta dimensión de vida. Ellos tienen también el suyo propio, plano que es diferente al nuestro, pero a la vez, muy cercano. Allí deben progresar y ocupar el lugar que les corresponde en el concierto universal. No les otorguemos pues, un rol que no es el suyo; ellos ya dejaron atrás su ropaje de carne y huesos, su cuerpo físico, y ahora se dedican a diferentes trabajos, imprescindibles para su desarrollo evolutivo.

No obstante, debemos incidir en la posibilidad real de recibir visitas de esas personas cercanas, pues ellas también conservan el deseo de ayudar a sus familiares y conocidos, a los que dejaron atrás en el la Tierra; quieren conocer la situación de esas personas y les añoran, se sienten comprometidos con ellas y desean ayudarles.

Para poder descender desde sus planos luminosos hasta el plano físico de la Tierra, necesitan una preparación previa adecuada. Por ello, les resulta problemático atender las llamadas de sus familiares y conocidos, y cuando lo hacen, se trata de situaciones muy puntuales y muy concretas, pero siempre contando con la imprescindible autorización.

Al igual que nosotros, ellos están en proceso de evolución, tienen un camino trazado desde sus últimas existencias y han de asumir sus aciertos y errores, sus experiencias, y prepararse para superarlos en una nueva encarnación. Se trata de un largo tiempo de trabajo y asimilación, hasta que, finalmente, consigan la determinación necesaria para emprender nuevas vidas llenas de retos y objetivos, experiencias que les servirán de rescate de las deudas pendientes.

Estas personas, ya sin el lastre de las cosas terrenas y habiendo conseguido un elevado grado de conocimientos en su estancia en ese nuevo mundo -el plano espiritual-, ya no se sienten vinculados a los familiares encarnados, saben que tienen otras prioridades, y que se deben a su propio trabajo evolutivo.

Cada persona se encuentra en el lugar que debe ocupar para obtener experiencias y realizar los trabajos necesarios para su crecimiento, siempre adaptados a su situación personal, nivel alcanzado, méritos y deméritos. Tal como vienen señalando, ellos son conscientes de que no deben intervenir en las vidas de los encarnados y sí buscar el desarrollo de sus propios valores eternos.

Como todo lo creado, la Ley de Evolución les impele a seguir luchando por su propio crecimiento espiritual, y el hecho de permanecer excesivamente ligados al plano terrenal les dificulta esa labor. Por nuestra parte, dejando de pensar continuamente en ellos, aliviaremos su carga y les permitiremos dedicarse de pleno a su plan de trabajo y objetivos.

Debemos saber que la mayor parte de las personas fallecidas, habitantes del plano espiritual, carecen del permiso para volver a la Tierra. No podrán obtenerlo hasta tanto hayan conseguido la preparación adecuada; preparación que es diferente para cada persona, por su diferente nivel evolutivo, conocimientos y preparación moral. Y es que las diferentes situaciones de quienes quedaron en la Tierra, familiares, de relación, económicas, etc., suelen variar sustancialmente a lo largo del tiempo. Estas personas necesitan alcanzar las condiciones y fuerza necesarias para asumir los irremediables cambios, pues hasta que no lo consigan, no obtendrán la autorización y podrán acercarse a prestarnos ayuda.

Los deseos de las personas encarnadas no siempre pueden ser satisfechos y, en el plano espiritual rigen otras prioridades; preferencias que obedecen al imperativo del progreso en todos los órdenes de la vida. Por eso, mientras somos seres evolutivos en el comienzo de su andadura, y a la vez, inconscientes de la carga que llevamos a la espalda, estamos obligados a vigilar y corregir constantemente pensamientos y acciones. Resulta a todas luces imperativo, orientar el rumbo hacia lo que realmente necesita el espíritu.

Ciertamente, nuestros familiares y conocidos desencarnados pueden venir al plano físico y comunicar con nosotros a través de un médium, pero debemos ser conscientes, que esto no sucede con tanta frecuencia como quisiéramos, ni es algo que resulte fácil de conseguir.

El desencarnado no puede tener siempre las circunstancias a su favor para venir hasta este plano físico, ni los encarnados, los méritos necesarios para obtener ese regalo.

Sin mérito, y dedicados únicamente a las conquistas materiales, no pensemos que por el mero hecho de pertenecer a un grupo espírita, podemos, en un momento de recogimiento, esperar que el médium y los trabajadores del plano espiritual se desvelen por servirnos. ¡No es el camino!

Son necesarios más estudios y sentido común. Tenemos acceso a infinidad de informaciones espíritas o de cualquier otra índole; lecturas que nos hablarán de progreso, de moral, de la necesidad de un cambio y que nos servirán de guía y ejemplo.

Por ello no resulta imprescindible, en modo alguno, que venga una persona desencarnada y nos lo ratifique de viva voz. Con humildad, podemos atisbar el largo camino que nos queda por recorrer y, haciéndolo, desaparecerán todos los deseos de molestar a personas que ya partieron.

Todas las cosas llegan a su debido tiempo, suceden cuando debe, y sin necesidad de peticiones y esperas, porque el Padre Creador da a todos ciento por uno, premia a quien trabaja y sabe de las experiencias que la vida depara a cada cual.

Estos espíritus evolucionados vienen a vernos sin que seamos conscientes de ello y, si así lo estiman, nos lo harán percibir, y ese contacto será siempre de gran utilidad. Lo harán a través de estímulos, de buenas sensaciones y fuertes ganas de trabajar. Ellos saben las razones de nuestra venida y conocen nuestras pruebas, saben si contamos con buena predisposición y son los primeros en pedir autorización para ayudar, durante el tiempo que resulte necesario. Su respaldo es siempre muy positivo e incluso imprescindible.

Nada escapa a la Ley de Amor y Progreso y a esos mensajeros de gran elevación; a esos seres luminosos que desean lo mejor para nosotros y que están esperando el momento adecuado para ofrecérnoslo. Su ayuda puede ser decisiva en los momentos cruciales, por ejemplo, ante una próxima desencarnación o una situación de obsesión. Están donde les corresponde estar, dedicándose al trabajo común y a la misión que más ayuda en su progreso espiritual y, aunque sepan que en la Tierra tienen seres amados de experiencias anteriores, saben que el progreso es personal e íntimo y que no pueden demorarse, ni abandonar sus tareas en asuntos meramente sentimentales o que no les competen.

Aprovechan nuestras horas de vigilia para transmitirnos ideas, sentimientos, vivencias y emociones, experiencia que nos será de utilidad mientras permanecemos en la cárcel del cuerpo físico, con sus grandes limitaciones: Este método, no atenta, en modo alguno, contra fanáticos ni fantasiosos. Ellos vienen, prudente y recatadamente durante sueño, se acercan amorosamente y nos hacen partícipes de su felicidad, nos recuerdan los compromisos adquiridos y nos entregan consejos e instrucciones, mensaje que cual semilla, al despertar, ponemos a crecer.

De ese modo, activaremos los mecanismos que mejorarán nuestra actitud y, sin ser conscientes de ello, estaremos recibiendo mucha más ayuda y consejo de lo que imaginamos, pero, todo ello, siempre, en el silencio de la noche y al amparo del cariño y los nobles sentimientos.

Es a todas luces muy importante también, conocer que existen personas desencarnadas de baja condición moral, muy materializadas y apegadas a los vicios terrenos, que captan nuestros deseos y pensamientos, y que no dudarán en hacerse pasar por familiares desencarnados; intentarán complacer nuestras peticiones insanas y crear una equivoca influencia, colaborando con los dañinos habitantes de bajo astral. Y estas influencias podrían llegar a convertirse en un foco de problemas.

TODO LO DEMÁS VENDRÁ POR AÑADIDURA

¿Nos pueden visitar los familiares fallecidos? por: Fermín Hernández Hernández

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